Apología del suicidio

El suicidio está penado en (casi) todas las culturas actuales, en todas las corrientes cristianas, en el Islam, el judaísmo y seguramente en el budismo (aunque siempre me sorprendió la auto-inmolación de sacerdotes budistas poco antes de estallar la Guerra de Vietnam). Parece que el suicidio sólo es bien visto en Japón como muerte honoraria para salvar una deshonra (el seppuku, mal llamado harakiri). El suicidio sigue siendo tabú, sobre todo porque deja dudas, incertidumbre y sentimientos de culpa entre las personas que rodeaban a quien lo comete. Cuánto daño nos hace la culpa.

Auto-inmolación de sacerdotes budistas poco antes de estallar la Guerra de liberación de Vietnam.

Hemos olvidado algo: el libre albedrío, la libre auto-determinación, la autonomía o soberanía del ser, la libertad, la última voluntad del ser, que debe poseer cada persona para consigo misma. A veces vemos al suicidio como un acto egoísta, porque se dice que quien lo comete no considera ni toma en cuenta el sentir y las consecuencias que dejará en la comunidad a la que pertenecía. Pero los egoístas son otros, sobre todo cuando forzamos a enfermos terminales a seguir viviendo, cuando obligamos a alguien a hacer algo (en este caso, seguir viviendo).

En el meollo del asunto lo que tenemos es un profundo miedo a la muerte, a la inanimanidad del ser y a la inmaterialidad, al vacío (a la nada pues). Por oposición nos apegamos a las personas (¿a la humanidad?) o a la existencia física (los bienes materiales, ¿el consumismo en todas sus formas?), y para contrarrestar ese miedo nos creamos un ser todopoderoso, un más allá, una vida después de la muerte (de alguna forma asociada al proceso agrícola: semillas, sembrar, reverdecer, cosechar). El ateísmo es más realista, no sé hasta qué punto apoyado en la ciencia, pero igual de materialista.

Danza Macabra, grabado de Hans Holbein el joven, siglo XVI.

Deberíamos animarnos a celebrar la auto-determinación, el hecho de que una persona haya tomado una decisión tan importante en su vida, influenciado o no por diversidad de factores (nada ni nadie escapa de cualquier forma de manipulación), porque hay que tener valor para cometer suicidio, y para Nietzsche cada quien le da valor a las cosas (¿matamos a Dios o se suicidó?). Significa ir en contra de todo prejuicio, de todo apego a la vida y de las personas que nos rodean y nos quieren, de la comunidad misma, de dogmas religiosos inculcados, dejarles el estigma a los allegados frente a vecinos y conocidos, es lo que Durkheim llamó anomia, fuera de las normas de la sociedad. Suicidarse implica ir en contra de la ciencia médica ante su ética hipocrática, que obstaculiza el acto (los griegos antiguos lo aceptaban y respetaban, para ello tenían un veneno: la cicuta), aunque cada vez hay más partidarios de la eutanasia, otra vez es considerada desde la ciencia médica, desde el hospital, desde la institución, desde el Estado que lo hace ley, que te permiten o no realizarlo. ¡Qué valor ser libre!

Pintura de David, La muerte de Sócrates, 1787, filósofo obligado a beber la cicuta por renegar de los dioses antiguos
y pervertir a la juventud con sus ideas.

El suicidio es un acto de libertad, quien lo comete busca liberarse de algo: de un sufrimiento, de una alucinación, de un problema, de un dolor o del hastío que causa la vida, porque no es necesario estar triste o deprimido para cometerlo (la atracción por tirarte al vacío). Es harto tediosa la frase “enfrenta tus problemas”, pero nadie está obligado ni puede dar solución a todo y es igual de válida la evasión. Lo que deberíamos hacer es un esfuerzo por tomar conciencia y reflexionar sobre nuestra mortalidad, nuestro paso efímero por la vida, nuestro destino es la muerte. Al no comprender aquello podemos caer en una ambición maníaca por trascender, cuánta vanidad y petulancia en pensar que podemos vivir siempre más, un poco más, de sentirnos inmortales y vencer la inevitabilidad de la naturaleza: dejar monumentos, libros que «alguien» lea, hijos, legado, recuerdos, instituciones, cuando todo se lo lleva el carajo, esa ambición sí es lo más egoísta y pretencioso de la humanidad.

El suicidio es un acto de libertad y por tanto deberíamos venerarlo, mejor dicho, celebrarlo, te libera de la vida (por muy placentera que sea). Es en este régimen capitalista que alaba la competitividad, el ser agresivos y pasar por encima de los demás para llegar al éxito, donde no está bien visto “rendirse”: trabaja toda tu vida, “no te des por vencido”. No, también hay que saber satisfacerse con nuestras vidas, por mucho o poco que se haya hecho, pero el sistema bombardea nuestras mentes: consume más, produce más, no carezcas de nada porque aún hay más. Promueve el desarrollo (el progreso) al infinito, como si nuestras fuerzas y las de la naturaleza no tuvieran límites de extracción de energía sin consecuencias. Dejemos al capitalismo sin mano de obra.

Esclavos del trabajo y de la vida.

Es válido también llegar a considerar que nuestras vidas carecen de sentido. Cuando el Sol agote sus fuentes de fusión nuclear se auto-destruirá (el suicidio heliocéntrico), la Tierra se irá al carajo y todo vestigio de civilización arderá en las llamas infernales, ¿qué parte de la humanidad se salvará yendo a otro plantea? ¿Las mejores personas, las más bondadosas, los caritativos o los que posean los medios para lograrlo? ¿Qué hermosos recuerdos de la humanidad rescataríamos, matarse en dos guerras mundiales, genocidios, violaciones, armas bacteriológicas y nucleares, explotación y contaminación de la naturaleza? ¡Qué bonita película! Cuánta consistencia posee el nihilismo. No te sientas mal si en algún momento crees que tu vida carece de sentido.

Tampoco te estoy diciendo que no luches por tus sueños o por tu vida cuando sea necesario. No podemos dejar huérfanos a nuestros hijos, al tenerlos creemos que podemos mejorar este mundo miserable: redimirlo y con ello redimirnos. Dios es quién da la vida y quién puede quitarla, pero eso es dejar nuestras vidas al azar y a la consideración de «alguien» más (cuánta irresponsabilidad de nuestra parte): no nacemos pobres o hijos de un violador porque Dios así lo quiso, existen circunstancias bien determinadas llevadas a cabo por los seres humanos (puede haber ángeles o verdaderos demonios), nacemos porque hubo una concepción (preferimos la consensuada). Liberarnos de Dios no significa olvidarnos de la divinidad de todo ser, nos compete liberarnos de toda injerencia jerárquica para hacerla de igual a igual, partícipe de nuestros actos.

Después de leer un par de veces el libro Psicomagia de Alejandro Jodorowsky, llegué a la conclusión de que no son nuestros padres (los fornicadores, los concebidores) quienes eligen traernos vulgarmente a la vida. En un viaje muy alucinado, profundamente inconsciente, cósmico y divino, somos nosotros quienes elegimos venir al mundo, nuestros padres son sólo el vehículo (lo cual nos devuelve a la eterna encrucijada entre la pre-destinación versus el libre albedrío). Por consiguiente, si cada quién, en un sueño profundo de la inconsciencia de la concepción, decide nacer, decide vivir, entonces está completamente justificado que cada quién decida el lugar, el momento, la fecha y la hora para morir, en un destello lúcido de vigilia. Cuánta irresponsabilidad que dejes al azar o a otra persona tan importante acontecimiento de tu vida: el fin de tus días. Tomemos las riendas de nuestro destino.

Vivimos día a día con una atracción (inconsciente o consciente) por la muerte y viceversa, cuando estamos cerca de la muerte el instinto de supervivencia nos atrae a la vida. Consumimos azúcar, sodio, fumamos tabaco, bebemos alcohol, en exceso sabiendo o ignorando que puede matarnos, nos enamoramos de la persona equivocada, nos contagiamos de enfermedades letales, consumimos sustancias que nos dañan a la larga, nos ensimismamos en prácticas que nos matan psicológicamente o simplemente contaminamos la tierra que nos da de comer, matándonos lentamente cometemos un suicidio fino, delicado y arrogante. La muerte lenta nos ha de causar cierto placer (decía Cabodevilla en Feria de utopías que no existe la muerte natural). Debemos dejar de temer a nuestra muerte y la de nuestros seres queridos (especialmente cometida por suicidio): como cada cumpleaños, haz una fiesta el día de tu muerte y celebra con tus más allegados y queridos porque has tomado la decisión de ya no vivir, invítame, no quiero perdérmela.

En los brazos del dios Dionisos (la embriaguez divina)

Dice Andrew W. K. en esta canción: «Cause we do what we want»:

Arte 10 El remake como eterno retorno

Si desde el arte definimos remake como el re-hacer, re-significar o volver a de(con)struir una obra ya hecha, con la intención de re-apropiárnosla, actualizarla (traerla a nuestro tiempo), re-pensarla (volver a creer o no en ella) y/o para criticarla, entonces nos encontramos metidos en la paradoja del eterno retorno, donde no hay nada nuevo bajo el Sol (en el arte), lo único nuevo son los ojos que por primera vez lo vuelven a ver.

Madero, pintura de Jomanu, intervenida por feministas, México, 2020.

Sin ser pesimistas, lo bonito del remake es la nueva forma, expresión, tipo o significado que le damos. Y ahí podemos divagar en lo que puede denominarse «la aspiración a la modernidad del arte». ¿Cuándo inicia la modernidad en el arte (sin ponernos tan exigentes)? ¿Con el Renacimiento? ¿O proviene de la forma de aprehender, producir y reproducir el arte en el siglo XIX europeo? ¿La modernidad comenzó con el periodo de esplendor artístico del helenismo cuando Alejandro Magno lo difundió por gran parte de Medio Oriente, o con los olmecas o los toltecas en Mesoamérica (si queremos incluir a América en esa historia del arte dentro de la categoría inventada por la modernidad llamada arte prehispánico)? ¿Fueron más modernas las vanguardias de la primera mitad del siglo XX o el arte contemporáneo que llegó para quedarse a partir de los años de 1960? Es que sucede que lo moderno considerado como lo nuevo o último no tiene fin (¿alguna vez lo tendrá? ¿Nos cansaremos de repetir lo nuevo?). Esa característica de la modernidad de irse renovando constantemente (que para algunos lleva al arte a estancarse en lo pos, lo pos-moderno, la pos-vanguardia), va adhiriendo nuevos elementos y nos da la impresión de no tener fin (mucho menos principio) o de no distinguir fácilmente el paso de una etapa a otra.

Escultura La Victoria de Samotracia (destruida, no puede ser de otra manera), periodo helénico, Louvre.

Entonces, cuando Giorgio Vasari dijo que el Renacimiento italiano era «el nuevo nacimiento del arte antiguo (y por antiguo se refería a lo greco-latino)» estaba haciendo un remake y también estaba siendo moderno. Cuando empezó a emplearse el término vanguardia a finales del siglo XIX para ubicar a un grupo, un artista o un estilo que iba al frente de batalla para irrumpir en el futuro (y en la historia) del arte y con ello oponerse o, mejor dicho, superar el arte y el canon renacentista (que quedaba en el pasado) se estaba siendo más moderno. Cuando el arte surgido con la Revolución Mexicana irrumpió en escena, confrontaba al Antiguo Régimen artístico heredado de la Academia de San Carlos del siglo XIX, pero los muralistas de San Ildefonso corrieron a estudiar la técnica del fresco de los murales prehispánicos y coloniales de Tlaxcala y Puebla, estaban haciendo un remake técnico (retomando también los murales de las pulquerías de la ciudad de México y alrededores). Cuando Avelina Lésper entrevistó a la joven artista contemporánea Julieta Aguinaco en la Zona Maco 2013 por su obra de las cubetas con agua, nos podríamos preguntar ¿desde cuándo se le viene cuestionando esa categoría artística a la instalación o al ready-made (sin estar a favor o en contra del arte contemporáneo)? ¿Desde los años de 1960 con las primeras instalaciones o desde La Fuente de Duchamp en 1917?

La ya famosa Fuente de Marchel Duchamp, 1917.

El cuento ya es viejo y sin embargo se mueve hoy en día, cuánta re-hechura de cosas. ¿Las esculturas griegas clásicas no estaban retomando el arte escultórico egipcio y poniéndolo a la orden del día griego?

El remake se convertiría así (junto con la aspiración a la modernidad) en la brújula de la historia del arte (si es que todavía queremos escribir esa historia), pero no ya una brújula plana, sino en forma de espiral tridimensional que repite curvas de una nueva manera y que constantemente se está re-inventando.

Collage con La Mona Lisa, autorretrato de Van Gogh y la Noche estrellada, autor desconocido.

Cuando Picasso presentó su exposición D’aprés en 1971, en donde una de las pinturas eran Las Meninas de Velázquez pero “vueltas a pintar” a la manera cubista, Vigorelli lo cuestionó «¿nos hemos convertido nosotros mismos en una simple selección de copias, reimpresiones e imitaciones?».

«Las Meninas de Picasso» de su exposición D’aprés (acerca de), 1971.

Años antes, en 1951 cuando el ilustrador mexicano Ernesto “El Chango” García Cabral se encontraba en la cima de carrera, reconocido por Diego Rivera como el mejor dibujante, se le preguntó a quién reconocía como su mayor maestro y humildemente respondió: «En realidad, los caricaturistas, y según creo todos los artistas, somos discípulos de todos y maestros de todos», había en sus palabras una reverencia honesta al remake y casi una negación al progreso (modernidad) en el arte.

El Chango junto a una escultura a manera de su caricatura.

Recuerdo haber visto la película El Aro, dirigida por Gore Verbinski en 2002, protagonizada por Naomi Watts, pero todos mis conocidos a los que nos había gustado, corrimos para ver la versión original japonesa, Ringu, del director Hideo Nakata de 1998. Sucedió con la película Vanilla Sky del director Cameron Crowe de 2001, donde salen Tom Cruise, Cameron Díaz y Penélope Cruz, que resultaba ser el remake de la española Abre los Ojos de Alejandro Amenábar de 1997. Y así sucesivamente con infinidad de comedias, tramas y acción del cine que Hollywood ha retomado de varios filmes anteriores. Tengo varios conocidos que despreciaron el remake en dub reggae que hizo el grupo Easy Star-All Stars en 2003 del disco Dark Side of the Moon de Pink Floyd, no podríamos decir que fue superado pero claramente ha sido re-pulido y con ello vuelve a brillar.

Podemos citar todas las fotografías que traen al presente la pintura El almuerzo sobre la hierba de Manet de 1863, pero esta vez con otros escenarios, tan distintos y disímiles en lugar del idílico bosque (Los Simpson son expertos en re-hechuras de este tipo). Circuló en Facebook también la pintura de Ofelia (1852) del prerrafaelista John Everett Millais pero esta vez rodeada de desechos plásticos, basura en el estanque. No creo que Walter Benjamin imaginara semejante avalancha de reproducciones, de nuevas imágenes, a partir de una misma obra de arte en la época de reproductibilidad de los medios digitales y del Photoshop:

https://bruoks.blogspot.com/2010/03/desayuno-sobre-la-hierba-edouard-manet.html

Remake en fotografía y El almuerzo en la Hierba de Manet, 1863

¿Qué instalación nueva será el parteaguas después de las largas telas de Christo Vladimirov Javacheff, de las explosiones de color de la japonesa Yayoi Kusama, del Oxxo de Gabriel Orozco, de las proyecciones audiovisuales en salas de museos o de video-mappings en espacios arquitectónicos icónicos? ¿Qué será lo nuevo que nos sorprenderá? ¿Otro daño a La Piedad de Miguel Ángel como el de 1972, el tiro al blanco al rostro de la Piedra del Sol, los Budas dinamitados en Afganistán o la destrucción de las ruinas de Nínive (en la categoría de arte antiguo) por parte del Estado Islámico? ¿Qué performance mass media nos sorprenderá, pensando en que Jean Baudrillard dijo que la caída de las Torres Gemelas había sido el mayor performance del milenio, podría compararse con el performance de la caída del Muro de Berlín de 1989? ¿O con este multitudinario y globalizado performance llamado contingencia sanitaria por covid-19, remake de las otras pandemias-performance como las de la peste, el cólera y la gripe española?

Los Amantes de René Magritte, 1928, y amantes en la pandemia covid-19, 2020.

¿O un performance a nivel mundial y multitudinario hecho por millones de mujeres en la vía pública al estilo de la Congeladita de Uva, en oposición a los escenarios humanos de Spencer Tunick?

Fotografía de Spencer Tunick en el zócalo de CDMX, 2007.

No sé si afortunada o desafortunadamente se ha ampliado el concepto de arte y se han abierto nuevos canales para otras categorías artísticas, por si acaso nos sentimos decepcionados del arte contemporáneo (“lo último”), Lésper lo critica como arte VIP: video, instalación y performance. Podemos voltear a ver qué nos sorprende en otras categorías, como la historieta, el arte corporal (los tatuajes por ejemplo), las artes circenses, la animación, o una combinación de varias para seguir encontrando lo nuevo en lo viejo y no dejar de ver lo último de lo último, lo más moderno (o más pos-moderno).

                El remake como parámetro del eterno retorno en el arte no tiene porqué desanimarnos (muchos detectan una crisis en el arte contemporáneo, acaparador, elitista y repetitivo), por el contrario, ya la tenemos más fácil (sarcasmo), ya todo fue hecho, sólo tenemos que volverlo a hacer, revivirlo (el revival). Si en cada repetición existe la posibilidad de mejorar entonces seguimos siendo vanguardistas, avanzando de frente al futuro en espiral. La otra es perfeccionar el error hasta pulirlo (el fin de la historia del arte), pero eso equivale a destruir la aspiración a la modernidad del arte (el Manifiesto Futurista de Marinetti proponía destruir los museos), eterna destrucción y construcción.

Litografía del derrumbamiento de una columna durante la Comuna de París, 1871.

Cuando Bansky intentó triturar (destruir) su Girl with Balloon en 2018, y no lo logró, en realidad re-creó su obra (a fin de cuentas la re-hizo, hizo otra obra) y elevó el precio de su valor en el mercado del arte. Eterna destrucción y (re)construcción del arte.

Intento de destrucción de Bansky de su Girl with Balloon, 2018.

Cultura 5 África (ensayo)

La apropiación cultural

Habría que reconocer una avasallante carga de la cultura occidental en el resto del mundo y de las demás culturas, ya algún autor mencionaba que el número y la cantidad sí importan a la hora de imponer una cultura sobre otra. La cuestión radica en hasta qué punto la cultura cristiana-occidental absorberá o predominará por encima de las demás (en caso de que queden). La cultura occidental irrumpe desde finales del siglo XV y propiamente desde el siglo XVI, especialmente con la expansión europea por el globo.

Cuenta con una gran capacidad para ir absorbiendo elementos culturales diversos y diferentes y luego presentarlos como propios. A este respecto se encuentra el texto de Joseph Heath y Andrew Potter, Rebelarse vende, el negocio de la contracultura, 2004, cuando se refieren al ámbito de la música, inicialmente pensada como fuera del establishment y del mainstream, en este caso los autores mencionan el fenómeno del grupo Nirvana, y cómo la industria musical y el merchandising llegan a absorberlo hasta hacerlo propio. Un ejemplo de ello fueron los diseños textiles indígenas que una marca comercial destacada los hizo propios para su venta en tiendas departamentales y de “prestigio”.

Es por ello que intentamos hacer un rescate por aquellas cosas (pensando desde la noción de artefactos culturales de Luis Miguel Isava) y culturas que han quedado fuera de esta historia que Occidente se construyó para imponerse por sobre todas las demás. El filósofo mexicano Enrique Düssel hacía referencia a ello en alguna de sus conferencias cuando mostró que Europa estaba encerrada en su mundo, en su espacio durante la Edad Media, que el mundo medianamente era musulmán y chino, y que sólo Europa lo descubrió (con sus propios ojos, imaginario y concepción) cuando se lanzó a esquivar las barreras islámicas en su comercio con Medio Oriente.

Egipto

África ya figuraba como un continente vasto y diverso, especialmente por su abrumadora y tan variada naturaleza, sus ecosistemas y grupos sociales. Es aquí que deberíamos hacer un repaso por las diversas áreas geográficas del continente africano. En primer lugar, por su importancia histórica, Egipto y el río Nilo que lo baña y atraviesa. Podríamos hacer retroceder el tiempo hasta hace aproximadamente 3,500 años antes de Cristo (obsérvese que la fecha de datación tiene que ver con el fuerte componente del cristianismo, impuesto después de la caída del Imperio Romano) cuando aparecen los primeros signos de una civilización (de una cultura) del Egipto antiguo.

El artefacto cultural que nos ayuda a dar explicación a la construcción de las pirámides del antiguo Egipto, construidas en sucesivas dinastías, tiene que ver con lo que ha llegado a denominarse El libro de los muertos, y en este tema entra la cuestión de la cultura escrita, de la creación de una escritura a partir de jeroglíficos, con un significado que podía interpretarse (o reproducirse otra vez) por quienes conocieran el significado de cada símbolo. Es el campo de la lingüística y de la paleografía a la que atañe esto.

Es en esta época que podemos hablar de un tránsito de un proceso a otro, si queremos, en la historia de la humanidad, con el inicio de una producción agrícola en las riberas del Nilo, con la introducción de la ganadería domesticada y sus efectos en la división del trabajo y de las clases y jerarquías sociales, porque no todos sabían interpretar los signos escritos (contenido conceptual 1.1 del programa).

Con los textos griegos antiguos (posteriores a la civilización egipcia antigua) es que llegaron las primeras nociones e informaciones, porque la escritura del griego antiguo sobrevivió con mayor éxito a ser interpretado y reproducido que los jeroglíficos egipcios. En el siglo II después de Cristo (dC), el geógrafo Ptolomeo habló de las travesías que ya se hacían por el Oceáno Índico en la costa oriental africana y hasta el golfo de Guinea por la costa occidental (del ya clásico libro de Pierre Bertaux, África, 1972), mostrando que ya existían varias rutas comerciales antes que Europa “descubriera” el continente africano.

El libro de los muertos es en realidad una recopilación de varios textos, sortilegios mágicos e inscripciones en tumbas funerarias. Cada persona se mandaba a hacer su libro en papiro, y de acuerdo a la clase social era el acabado del libro. Se introducía en el sarcófago del fallecido, con la idea de que en la otra vida (este elemento pasará a la cultura cristiana-occidental con variaciones) pudiera sortear varias dificultades antes de llegar al paraíso.

El contenido del libro consistía en las indicaciones que cada persona debía seguir en el otro mundo (el Duat, el inframundo, el mundo de abajo) y llegar hasta el juicio que le hacía el dios Osiris (este elemento de un juicio final después de la vida también formará parte de la concepción cristiana de vida y salvación del alma). En resumen, el corazón de la persona era pesado en una balanza contra la pluma de una avestruz (símbolo de la diosa Maat), de aquí la idea de tener un buen corazón para no ser devorado por la bestia Ammyt, en caso de salir airoso, al fallecido en esta vida le esperaba una placentera estancia en Aaru, un campo eternamente fértil (esta última palabra en asociación con la agricultura, la fuente del alimento y por tanto de la energía que movía el cuerpo físico de los egipcios). Y las pirámides cumplirían esa función de preservar la esencia de los reyes (significaban la tumba para el elemento más alto de la clase social en la jerarquía de la antigüedad, los faraones, elemento que perdura en los Estados-nación que destinan un lugar específico para sus caudillos o personajes más significativos) quienes con toda razón partían a los campos de Aaru y residir ahí para siempre.

El juicio de Osiris

África subsahariana

Pero no toda África es Egipto, aunque hay una corriente antropológica y filosófica que ha venido reconociendo el elemento racial negro en la construcción de la civilización egipcia antigua. Pues justo el antropólogo Kabengele Munanga apela a la teoría de ser africano (y negro) el tronco racial de todos los humanos, que partió de alguna parte del África central y en sucesivas oleadas fue poblando diversas regiones, contrario a lo que decía Pierre Bertaux cuando señalaba que la raza negra (y aquí nos enfrentamos al problema de la definición de raza, tan controvertido como recurrente para hacer especificaciones fenotípicas) era de las más tempranas entre todas las humanas. Debido a vestigios humanos prehistóricos, la teoría de Munanga cobra fuerza.

Entonces, aparece en escena ese espacio natural que hoy llamamos desierto del Sahara, que para el año 2 000 aC se desertificó en donde antes corrían ríos y había valles verdes. Todo lo que queda al sur de este desierto es lo que conocemos como África subsahariana (o sea, al sur del Sahara), mal llamada África negra, porque hay grupos humanos que habitan al sur del Congo que no son negros. El Sahara significó medianamente una frontera natural para desarrollar un mayor contacto intercultural, porque las caravanas comerciales (primero a caballo y después en camellos) continúan hasta la fecha.

En el África subsahariana se desarrollaron diversas culturas como grupos étnicos había, se fueron desperdigando por las migraciones y mezclas entre ellos. La primer cuestión que confrontaría nuestra zona de confort de capital cultural (para usar términos del sociólogo Pierre Bordieu, como sería saber leer y escribir en nuestros tiempos) es la ausencia de escritura en las culturas subsaharianas, y tan acostumbrados estamos y lo hemos naturalizado que pareciera lógico que los primeros europeos en entrar en contacto (y antes los musulmanes) tenían dificultad para entender culturas ágrafas (como se refería Levi-Strauss a los grupos humanos sin escritura). La tradición oral tiene un fuerte peso en esta parte del mundo.

Los metales

Siguiendo los objetivos del programa pero adaptados a nuestra temática, el uso y maniobra de los metales para la creación de utensilios es un factor importante en diversas culturas subsaharianas. El espacio geográfico más antiguo (no hablamos ya de las grandes civilizaciones antiguas como China, India, Mesopotamia y Egipto) donde se forjaron metales en el actual país de Etiopía, fue en lo que se llamaba el reino de Cush con capital en Meroe, probablemente con conocimientos traídos de Egipto o de la península arábiga los habitantes de este lugar empezaron a malear los metales.

La metalurgia es el campo que toca a la manipulación de los metales, y centrándonos en el hierro (por su dureza) existe toda una tradición alquímica (de la palabra árabe alquimia) que data de por lo menos el Egipto antiguo. Se cree que se debe a una especie de mezcla entre magia y ciencia (para usar palabras de hoy) que ejercía el dios Thot, quien en su momento figuraría como un sacerdote de carne y hueso, a quien se le adjudica la creación de la escritura jeroglífica (Thot es el escribano en el juicio de Osiris), pero también de varias curaciones a través de la herbolaria (el mundo terrenal), la observación del cosmos (el mundo celestial) y del uso de piedras y metales (el mundo subterráneo). De ahí que la tradición alquímica árabe y latina hayan bautizado y ubicado a varios autores que escribían bajo seudónimos como Hermes Trimegisto (el tres veces grande), si consideramos que Hermes fue la deidad que los griegos antiguos aculturalizaron a partir de Thot. Hermes es el dios de la comunicación por aquello de la escritura. Para los romanos antiguos será Mercurio, y de ahí una asociación alquímica con el metal mercurio y sus cualidades líquidas. La alquimia como especie de proto-ciencia es el antecedente de la química (para este tema está el libro de Isaac Asimov, Breve historia de la química, 1965). La alquimia no se limitaba sólo al manejo y manipulación de los metales, era toda una filosofía y cuerpo de pensamiento y prácticas (desde la perspectiva contemporánea de los estudios culturales, la alquimia sería una expresión cultural) que conducían no sólo a transformar cualquier metal en oro (el metal más preciado) sino a lograr una transformación al interior del alquimista, siguiendo la lógica que integra Micro y Macro universo: “lo que es arriba es como lo que hay abajo”, pensamiento que ha permeado el rezo cristiano cuando dice “así en la Tierra como en el Cielo”, y llega hasta la traslación a modelos representativos para explicar el universo, como aquel que equipara el sistema solar con la forma de los átomos.

Pintura de Remedios Varo, Alquimia y creación.

En diversas culturas subsaharianas la figura del herrero (el hombre que manipula el hierro) es una mezcla de mago y sabio, de casta aparte de las demás y en muchos reinos que encontraron los primeros europeos en el Congo figuraban como reyes de clanes y tribus, al igual que en algunas regiones de los actuales países de Mali y Burkina Faso. El herrero saca el mineral de la tierra, lo transformaba en su horno y lo manufacturaba hasta darle la forma de espada (para luchar), asada (para sembrar) u otro utensilio útil para la vida práctica (el historiador Mircea Eliade dedica un apartado a este tema en su libro Herreros y alquimistas, 1974).

El uso de los metales ha marcado lo que el conocimiento histórico occidental ha llamado Edad de los Metales, en oposición a la Edad de Piedra (dividida en Paleolítico, de paleo, antiguo, y Neolítico, de neo, nueva piedra o nuevo uso de la piedra), en esta concepción de estadios o etapas por las que ha “pasado” la humanidad para llegar a un nivel más “avanzado” (más tarde hablaremos de los estudios antropológicos de las formas de vida de la Edad de Piedra que advierten menores niveles de energía gastada y calidad de vida con respecto a la actual o industrializada, y entonces esperemos cambiar o concientizar nuestra idea de “avanzado” versus “atrasado” en la humanidad). El paso de sociedades nómadas a sedentarias, al empleo de la agricultura como medio de asegurarse el alimento y la domesticación de ciertos animales sigue esta idea evolutiva hacia mejores condiciones de vida (otro tema a debate muy interesante).

Cerremos este texto con una característica que marcará al continente africano en su vínculo con los humanos. En la gran mayoría de los casos, el suelo subsahariano contiene una cantidad mínima de humus. El humus es una mezcla de productos orgánicos que compensan la calidad de la tierra a la hora de sembrar. Este factor determinó (si es que podemos usar esta palabra) los asentamientos humanos, las culturas subsaharianas se basaron por mucho tiempo en el semi-nomadismo, en el uso de la tierra para sembrarla y abandonarla cuando ya no producía lo necesario, y entonces trasladarse a otras tierras (este acto de migración lo podemos trasladar al mundo globalizado y tratar de dar una explicación a las migraciones de los africanos subsaharianos a todo el mundo, en primer lugar a Europa, Asia y por supuesto América, increíbles travesías desde Brasil hasta la frontera de México con Estados Unidos, mi compañero de posgrado, Bruno Miranda, realizó trabajo de campo en un barrio marginal de Tijuana donde se refugian haitianos, brasileños y una diversidad de africanos que buscan cruzar la frontera, la Pequeña África –traducción de la lengua creole-en Tijuana, pues todos estos migrantes son mayoritariamente africanos negros).

Para finalizar, estos dos elementos que mencionamos (la poca fertilidad de la tierra y la ausencia de escritura) que caracterizan al África subsahariana nos pueden dar una idea de lo diferente que es de la cultura cristiana-occidental (e incluso del medio Oriente si pensamos en el peso de la cultura escrita en las tradiciones judías y musulmanas), sumado a ello la falta de vestigios humanos duraderos ante la adversidad climática, y los asentamientos humanos tan poco localizables, pueden darnos una idea de que posiblemente el trabajo histórico e historiográfico sea muy complicado y no podamos entender a las culturas subsaharianas antes de la llegada de los musulmanes primero y de los europeos después (más tarde hablaremos de expresiones culturales religiosas africanas para hacer más complicado y debatible el asunto), o simplemente nos cuesta mucho entender África subsahariana desde nuestros ojos occidentales y entonces requiere hacer ciertos esfuerzos o simplemente estar conscientes de nuestro etnocentrismo (que como mencionamos en la clase de zoom lo hemos retomado de Marvin Harris cuando dice que el etnocentrismo «es la creencia de que nuestras propias pautas de conducta son siempre naturales, buenas, hermosas o las más importantes, y que los extraños, por el hecho de actuar de manera diferente, viven según modos salvajes, inhumanos, repugnantes o irracionales» –no civilizados- de su libro Antropología cultural, 1983).

Arte 3 La época del barroco

Inmediatamente después de la ola artística que trajo consigo el Renacimiento, apareció el término manierismo, que hacía referencia a pintar (hacer arte) a la manera de los maestros renacentistas (las cuatro tortugas ninja, Rafael, Leonardo, Miguel Ángel y Donatello, entre otros). Pero en 1517 se dio el cisma de la Iglesia cristiana, ante las críticas al Papado y a la institución por sus excesivos abusos de poder. Fue Martín Lutero, un sacerdote alemán, quien inició con el movimiento de Reforma en ese año.

Grabado en madera de Lucas Cranach, Martín Lutero, 1546.

Dicho movimiento provocó la escisión de la Iglesia en dos, por un lado los católicos, que seguían obedeciendo a Roma y considerando al Papa como máximo representante de Dios sobre la Tierra, y los protestantes, que siguieron a Lutero y los que después se fueron formando en grupos religiosos que sólo reconocían a la Biblia como máxima autoridad, adaptada según cada dirigente a sus intereses espirituales. Y uno de estos dirigentes protestantes fue Juan Calvino, que difundió desde Suiza toda una doctrina conocida después como calvinismo.

                El elemento católico fue apoyado por las monarquías de Italia, Francia, Austria, España y Portugal (y sus respectivas colonias en América), que para contrarrestar la Reforma iniciada por Lutero comenzaron con la Contra-Reforma. Por su parte, el protestantismo se extendió por varias regiones de Alemania, los países escandinavos, Holanda, Bélgica, norte y algunas regiones de Francia y Gran Bretaña (el calvinismo salió de Suiza a partes de Francia, Escocia y al actual Estados Unidos).

Para los católicos Dios es perdonador (haces penitencia, obras pías, rezas, te arrepientes y eres perdonado), para los protestantes Dios es castigador (de ahí que la corriente puritana protestante no permite pecar, se debe ser puro). Lutero era de la idea de difundir los evangelios al mayor número posible de personas, de modo que leer (y escribir) se volvió una prioridad, así que tradujo la Biblia al alemán (y después se tradujo a otras lenguas), porque antes estaba en latín y únicamente quienes sabían latín (los sacerdotes) la podían leer. A su vez, la Contra-Reforma católica se apoyó en la Compañía de Jesús, o los jesuitas, para motivar un modelo de enseñanza de los evangelios a todo el mundo católico.

El sociólogo alemán Max Weber escribió el libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo publicado en 1905, en donde concluía que la ética del protestantismo, con sus principios de disciplina, trabajo arduo y predestinación (sobre todo en el calvinismo, de ser el pueblo elegido por Dios y ser exitoso o rico eran signo de ello) impulsaron el desarrollo del capitalismo en los países del Norte de Europa. Por oposición, podemos deducir que en el catolicismo el trabajo es un castigo que Dios les impuso a los creyentes por el pecado de Adán y Eva.

De manera que durante los siglos XVI y XVII la tensión religiosa y la lucha por la supremacía de las monarquías absolutistas europeas fueron una constante, y fue en este contexto en el que se manifestó el arte barroco. El barroco bebió de las fuentes artísticas del Renacimiento y del manierismo, pero el impulso ideológico lo recibió también de este fuerte enfrentamiento religioso que dividió a la Iglesia cristiana y que cada monarca absolutista (sus decisiones eran absolutas y tajantes) apoyó según sus intereses. El músico alemán Johann Sebastian Bach, de inclinación luterana, fue el mayor representante de la música barroca de esta época.

http://www.youtube.com/watch?v=z4A6XVTGns4 (arreglo para guitarra de Bourreé de Bach)

El filósofo mexicano de origen ecuatoriano Bolívar Echeverría publicó su libro La modernidad de lo barroco en 1998, donde afirmó que del estilo barroco podía desprenderse una actitud hacia la vida que rechazara el capitalismo. Lo barroco contradiría la supuesta flojera del catolicismo en oposición a la tendencia al trabajo de la ética protestante. El barroco católico nos provoca estados de vértigo, y Echeverría puso como ejemplo la escultura de Lorenzo de Bernini, El extásis de Santa Teresa (c. 1650), para explicarlo: hacernos sentir lo divino, estimular el contacto de lo terrenal con lo celestial.

Detalle de la escultura de Bernini, El extásis de Santa Teresa (c. 1650).

El más destacado escultor del barroco fue Lorenzo de Bernini, que realizó varias obras en Roma (el centro neurálgico del catolicismo). El barroco católico apeló a la creación de imágenes religiosas para mostrar la piedad, la fe y para explicar los evangelios, por oposición al protestantismo, que evitaba la adoración de imágenes. Probablemente por lo anterior predominaron las obras de temas laicos (no religiosos) en la gran mayoría de las pinturas barrocas del norte de Europa. El estilo barroco en la arquitectura se manifestó sobre todo en las fachadas de iglesias y al interior de las mismas, no sólo en Europa, también en las colonias americanas de España y Portugal. En México varias fachadas de iglesias son de tipo barroco (Aguascalientes, Zacatecas, Taxco, Puebla, Tlaxcala y la Catedral de la ciudad de México), en cuanto al mundo de las letras, Sor Juana Inés de la Cruz fue la figura más destacada del barroco novohispano.

Iglesia de Santa Prisca en Taxco, Guerrero, México.

En Brasil destacó el escultor Antonio Francisco Lisboa “Alejaidinho”, especialmente por sus esculturas en la ciudad de Congonhas (una región de donde se extraían metales preciosos).

Escultura de Alejaidinho, el profeta Isaías.

El siglo XVI fue una época de explotación (en nombre de Dios) del Nuevo Mundo por parte de Europa, la mano de obra indígena trabajó y fue educada para producir al estilo cultural y religioso europeo, además de extraerse mucha plata de Nueva España (México) y el Alto Perú (Bolivia), dinero con el que Felipe II empezó la construcción del Monasterio de El Escorial, obra arquitectónica del barroco español y de la opulencia despilfarradora de la monarquía ibérica (Portugal y España se unieron entre 1580 a 1640). El pintor más destacado del barroco español fue Diego Velázquez, quien fue nombrado pintor del rey Felipe IV, periodo en el que pintó tal vez su cuadro más famoso, Las meninas (1656).

Fragmento de la pintura de Diego Velázquez, Las meninas, c. 1656.

Los Países Bajos, que en su mayoría se convirtieron al protestantismo, se rebelaron contra su metrópoli (la España católica) y sus comerciantes, navegantes y armada naval rápidamente surcaron los mares para enriquecerse. Practicaron la piratería, traficaron esclavos africanos y los trasladaron al Nuevo Mundo, se apoderaron de las islas de las especias (Indonesia) y Ámsterdam se volvió el centro financiero de Europa (la primer bolsa de valores). Esto dio pauta a la aparición de mecenas (patrocinadores) del arte y ricos comerciantes holandeses que compraban artículos de lujo.

La vida del pintor holandés Rembrandt retrata muy bien el siglo XVII: la ruptura de la Iglesia cristiana (hizo cuadros para mecenas católicos como para protestantes), el enriquecimiento financiero de Holanda, el inicio del desarrollo de la ciencia separada de lo mágico-religioso y el auge de la pintura barroca. Una de sus obras laicas (no religiosa) es La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp (1632).

Rembrandt, La lección de anatomía…, c. 1632.

Otro pintor del barroco holandés fue Johannes Vermeer, quien trabajó para clientes privados, por lo que se conservan pocas de sus obras, la más famosa es La joven de la perla (c. 1666).

Vermeer, La joven de la perla, c. 1666.

Holanda le arrebató por un tiempo una región de Brasil a la corona ibérica, Pernambuco, donde el pintor Albert Eckhout realizó retratos costumbristas del Nuevo Mundo.

Eckhout, La danza de los tupinambas, siglo XVII.

La etapa final del barroco se ha denominado rococó, y refleja la opulencia despilfarradora de la monarquía francesa, que hacia finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII se convirtió en potencia predominante en el continente europeo, mientras que Inglaterra (Gran Bretaña) se empieza a convertir en la potencia marítima. Los reyes, las clases altas y ricos comerciantes (en gran medida beneficiarios del comercio esclavista) despilfarraban sus fortunas en artículos de lujo y pagaban por obras de arte carísimas, época en que Luis XIV mandó edificar el Palacio de Versalles. Con ello surgió el estilo de vida aristocrático europeo y el gusto por un arte “más refinado” y culto.

Arte 2 Renacimiento (noción de progreso y modernidad en el arte)

Rafael Sanzio en La escuela de Atenas realizado en 1509 representó a varios autores del mundo greco-latino.

Con el Renacimiento inició una nueva forma de aproximarse, aprehender, leer y considerar, entre otras cosas, a los clásicos o antiguos, o sea, a la herencia cultural greco-latina. Retomó a los clásicos, considerados olvidados, para darles continuidad, lo que significó una transformación en la manera de abordar el arte. Por ello, podemos hablar de una aspiración del arte a la modernidad (pensando lo moderno como lo nuevo) y como una noción de progreso en el arte con el inicio del Renacimiento, porque en él surgieron los siguientes factores:

° Con el Renacimiento inicia la Historia del Arte, tomando en cuenta el primer texto de índole histórica y biográfica, el de Giorgio Vasari cuando escribió su libro Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos, publicado en 1550, y hasta ahora no ha habido otra historia, otra narración, otra representación, del devenir del arte de la humanidad que no sea la que ha hecho Occidente, puesto que el Renacimiento surgió en Italia y luego se expandió por Europa, que forman parte de la civilización cristiana-occidental. Las demás formas y expresiones artísticas del mundo se fueron asimilando o injertando a esa Historia (más tarde lo aclaramos).

° Inició una distinción entre autores modernos y antiguos, que pone de manifiesto el enfrentamiento de lo nuevo con lo viejo. Por ejemplo, escritores y filólogos (estudiosos de las letras) nuevos como Dante Alighieri (retomó una parte de la Biblia y la trajo de vuelta), Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio (autor del Decamerón) retomaron los textos latinos clásicos para escribir sus obras literarias de finales del siglo XIV en Italia, y que más tarde irían propiciando el Renacimiento.

Autores antiguos como Aristóteles, Platón, Plinio (uno de los biógrafos de Fidias, el más famoso escultor de la Grecia antigua), Vitruvio (autor romano del tratado más antiguo de arquitectura), por mencionar algunos, fueron retomados por los nuevos autores del Renacimiento. Marsilio Ficino retomó los textos de Platón y fundó el neoplatonismo en la Academia de Careggi en Florencia (fundada en 1459), y gracias a sus textos filosóficos traducidos del griego, inspiraron obras como La Primavera (c. 1480) y El nacimiento de Venus (c. 1483) del pintor Sandro Botticelli.

Sandro Botticelli, La Primavera, c. 1480.
Sandro Botticelli, El nacimiento de Venus, c. 1483.

° El surgimiento de la importancia de la autoría, aparece la figura del artista por encima del artesano y del anonimato. Si bien en la Grecia antigua ya existía la importancia de la figura del artista como el productor de artefactos (la téchne del oficio), por ejemplo el caso de Fidias, el escultor griego más famoso de la Antigüedad, no se le confería el papel de creador de arte que se le dará en el Renacimiento como a Miguel Ángel (y su David, 1504) por citar a uno.

El David de Miguel Ángel, 1504.

Si en la Grecia y Roma antigua la firma del autor servía para reconocer su trabajo, con el Renacimiento sirve para vender su obra y tener prestigio. Si en el mundo clásico se adora a la escultura asociada a una deidad y el trabajador de la escultura pasaba a segundo término, con el Renacimiento el autor de la obra de arte pasa a ser en primer lugar “el artista” creador (casi como una deidad). En la Edad Media el artista o artesano era el instrumento para reproducir o difundir la obra de Dios, los sacerdotes copistas se dedicaban a reproducir (a copiar) los evangelios o los textos clásicos, el Renacimiento los re-creó al dotarlos de un nuevo sentido, les dio un nuevo significado y de ahí el inicio de la re-significación en el arte.

° Esto se debió en gran medida gracias a la corriente del humanismo, que puso de manifiesto la figura del humano como centro de las discusiones terrenales (se tradujeron textos apócrifos de la Biblia donde Jesucristo aparecía más humano que divino, se le vio de otra forma), ejemplo de esto es el dibujo El hombre de Vitruvio (1490) de Leonardo da Vinci, que este artista hizo al retomar el tratado arquitectónico del romano Vitruvio para comparar medidas humanas con medidas matemáticas (el lenguaje racional de Dios para describir el universo, según la época).

Leonardo da Vinci, El hombre de Vitruvio, 1490 (nótese el círculo y el cuadrado como medidas).

Debemos recordar que este rescate por textos y autores griegos antiguos tiene de fondo el avance de los turcos selyúcidas a Occidente, que finalmente toman Constantinopla en 1453, provocando la huida de varios sabios y artistas bizantinos a Italia. Del mismo modo el rescate por ruinas de construcciones que databan del periodo romano, empiezan a develarse para los estudiosos renacentistas. No es casualidad que Giorgio Vasari haya nombrado Renacimiento a este momento por ser «el nuevo nacimiento del arte antiguo», refiriéndose por arte antiguo al arte greco-romano.

° Aunque el arte todavía es por encargo, la noción del arte por el arte, en la cual el artista comienza a distanciarse de un gremio artesanal y de los talleres de oficios. Con el Renacimiento el artista tiene que estudiar no sólo práctica sino teóricamente (de preferencia en una Academia), crear sus propios principios estéticos y distinguir la obra de arte como un objeto diferente del meramente utilitario. A pesar de que varias obras de arte respondían a los encargos de la Iglesia y gente rica (es decir, había una intencionalidad para crear), con el Renacimiento va iniciando la idea de crear arte sin una intencionalidad (religiosa o privada), sino por el mismo afán de tener una finalidad estética.

° Se promovió la dinámica que ha hecho del mercado del arte lo que hoy es. El arte pasó poco a poco (con el andar de los siglos) a ser parte del mercado (la compra, venta, prestigio, cotización y subasta de piezas de arte). La figura de un mecenas del artista, es decir, un patrocinador del arte, ya fueran personas poderosas de la Iglesia, los primeros burgueses ricos (banqueros y comerciantes) o los gobernantes (como la familia Médici que destinó dinero al arte, patrocinó al arquitecto de la cúpula de la catedral de Florencia, Filippo Brunelleschi, s. XV). Con los mecenas privados ya no sólo se produce arte religioso también libera a los artistas de los encargos de los gobernantes

Las ciudades como Florencia, Génova, Nápoles o Venecia se enriquecieron con el comercio con Medio Oriente y África. Surgen los primeros bancos y los préstamos al gobierno. Este mecenazgo medianamente fue retomado del mundo greco-latino, como cuando Pericles de Atenas patrocinó al escultor Fidias para embellecer la Acrópolis, o el emperador Julio César patrocinó a Marco Vitruvio para sus construcciones en la Roma antigua. Pero con el Renacimiento también apareció un público espectador y crítico del arte.

Filippo Brunelleschi, cúpula de la catedral de Florencia, siglo XV.

° El ideal de belleza se retomó de Aristóteles, en el sentido de que entre mayor parecido con la realidad más bella la obra. Aristóteles era de la idea de que el arte debía copiar o imitar la naturaleza para ser más bello. Esta idea greco-latina de la belleza ha permeado hasta nuestros días.

Proporción de medidas humanas masculinas según dos escultores de Grecia antigua.

El canon renacentista para la proporción de las medidas del cuerpo humano se ciñó a los modelos escultóricos greco-latinos y al tipo racial mediterráneo europeo, que poco a poco se transformó en la medida de las 7 cabezas, 7 cabezas y media u 8 (dependiendo de cada artista).

Proporción del cuerpo femenino de 8 cabezas según un tratado de Albert Dürer.

Y he aquí que se mezclaron los dos grandes elementos que le dieron esa vitalidad al arte con el Renacimiento: los temas o pasajes bíblicos o extraídos de los evangelios pero ahora representados con las formas, figuras y modelos greco-latinos. Así, en el David de Miguel Ángel el tema de la obra es bíblico pero la representación es clásica, pasa lo mismo con los murales de la Capilla Sixtina. Las pinturas renacentistas de la madre de Dios, las madonnas, son de temática bíblica pero con modelos italianos (o europeos en su caso) de la época renacentista, es como si hubieran actualizado la versión bíblica.

La virgen con el niño de Bellini, finales del siglo XV.

° La idea del progreso en el arte, a partir del desarrollo de la técnica de la perspectiva en contraste con las representaciones planas del arte antiguo (murales griegos, romanos o egipcios), lo que trajo la impresión de profundidad y de una mejoría en la representación de la realidad. Sobre todo con la publicación del libro de Leon Battista De la pintura en 1436, donde enseña esta técnica, con aplicaciones como en la pintura de Piero della Francesca, La Ciudad ideal (c. 1485), la perspectiva logra “la sensación de espacio mediante el uso de líneas paralelas que convergen en un punto de fuga, provocando la ilusión óptica de profundidad”. Con lo cual, las representaciones artísticas adquirían mayor realismo, mayor parecido con la realidad y con ello más próximo al ideal aristotélico de belleza.

La Ciudad ideal, c. 1485, la técnica de la perspectiva.

° Y finalmente un mayor alcance y difusión de la reproductibilidad de la obra de arte. La construcción de la imprenta de Gutenberg en Europa hacia 1450 (aunque en China ya existía desde 1048), facilitó la reproducción de obras escritas (literarias). Si ya desde el Quattrocento venía desarrollándose la técnica del grabado en madera y después del grabado en cobre en 1430 (luego vendría la litografía en 1796), con estas técnicas, durante el Renacimiento, se empezó a reproducir más de una vez un mismo original (que a la larga cambiará la imagen de la obra de arte y del original).

Asimismo, el uso de la cámara oscura que promovió Leonardo da Vinci como una herramienta de dibujo para bocetos de gran tamaño. Más tarde, esta cámara oscura desembocará en la creación de un artefacto de creación artística: la cámara fotográfica, que con el tiempo vendrá a ser el mecanismo de reproducción visual por excelencia, el más difundido y al que más se acude para reproducir una imagen.

Uso de la cámara oscura o cuarto oscuro como herramienta de dibujo.

El Renacimiento surgido en Italia se extendió rápidamente por varias regiones de Europa, influyendo en todos los campos artísticos. En el norte de Europa, se expresó a través de la escuela flamenca de pintura, que siguió el canon estético renacentista y el de sus maestros en los años posteriores.

Con el Renacimiento, el arte adquiere esta aspiración por la modernidad que lo acompañará hasta nuestros días. Al ser una búsqueda de lo nuevo a través de lo viejo, la aspiración por la modernidad (recordemos lo moderno asociado con lo nuevo) tiene la impresión de nunca acabar, de nunca terminarse. Siempre habrá algo nuevo (mínimo un nuevo significado de lo viejo) y por tanto una constante renovación, no por nada se le llamó Renacimiento, una nueva visión de lo viejo, y por tanto, más moderno.

Arte 1 Introducción a la historia del arte

La Historia del Arte es una disciplina académica que se encarga de la explicación, interpretación, análisis y/o estudio del arte a través del tiempo, épocas, culturas o estilos artísticos. Se suele concentrar en las artes visuales y plásticas en un afán por diferenciarse de otras ramas que tienen que ver con el arte por ejemplo la historia de la literatura, la historia de la música o del teatro y la danza.

Tal como hoy la conocemos, la Historia del Arte inició propiamente con el Renacimiento, especialmente en Italia. El libro que dio pauta para ello fue el de Giorgio Vasari que se llama La vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, publicado en la ciudad de Florencia hacia 1550, porque en él escribió la biografía e historia de varios de los artistas más destacados del siglo XV y del XVI.

Portada del libro de Vasari, La vida…, segunda edición de 1568.

Fue el mismo Giorgio Vasari quien acuñó el término Renacimiento para referirse a un cambio en el ámbito de las artes, el cambio fue del que se hacía en el medievo (la Edad Media) al que se hizo en el Quattrocento (periodo italiano que en español significa Cuatrociento, en alusión al siglo XV, los años 1400) y al que se hizo en el siglo siguiente, el XVI. Lo llamó Renacimiento porque significaba un «nuevo nacimiento del arte antiguo», y por arte antiguo se refería al arte greco-latino, al que se hizo en Grecia y Roma antiguas.

De manera que el antecedente de la Historia del Arte como lo entenderíamos hoy tiene por lo menos 6 siglos, no es tan antiguo como antigua es la humanidad habitando la Tierra y surgió en un lugar específico, Europa (Italia llegó a ser un país propiamente hasta finales del siglo XIX). Además, el concepto de arte que hoy en día compartimos tampoco es bastante viejo, tiene por lo menos 3 siglos (si consideramos que fue conformado hacia el siglo XVIII), cuestiones que veremos a lo largo del curso.

Hoy, en pleno siglo XXI, el concepto del arte ha pasado por varios cambios, sus categorías se han ampliado y han surgido diversas discusiones para definirlas y constituirlas. Pero sería imposible comprender o siquiera explicar lo que hoy en día se considera arte sin pasar primero por una revisión de la historia del arte (una cosas sería la disciplina académica con mayúsculas y otra la interpretación histórica que cada quien da del devenir del arte).

La definición de arte que podremos compartir en acuerdo mutuo sería la que apareció en 2017 en Wikipedia, con ciertas alteraciones nuestras: «El arte es cualquier actividad o producto realizado por el ser humano con una finalidad estética o comunicativa mediante la cual se expresan ideas, emociones o una visión del mundo, a través de diversos recursos […]. El arte designa cualquier actividad humana hecha con esmero, dedicación, [una técnica] o con un conjunto de reglas, entonces se puede hablar de “arte culinario”, “artes marciales”, “arte taurino”, etcétera. En ese sentido, arte es sinónimo de capacidad, habilidad, talento o experiencia, sin embargo se suele considerar al arte como una actividad creadora del ser humano».

Escultura del dios Dionisos joven, Museo del Louvre.

La raíz etimológica de arte nos remite a ars en latín, palabra que tiene que ver con acción, hacer, y se refería a una actividad, profesión o habilidad, que con la llegada del Renacimiento adquirió su connotación de creación, para distinguirlo de otras actividades como los oficios o trabajos. Pero del griego proviene el término téchne, que en la Grecia antigua designaba cualquier oficio, técnica o habilidad que podía ser o no arte (por ejemplo, desde hacer sandalias, espadas hasta esculturas en mármol). Ambos términos se integraron con el tiempo y se modificaron para designar el concepto de arte del Renacimiento, que retomó varios conceptos, ideas y técnicas del mundo antiguo (se referían al mundo greco-latino) para conformar el “nuevo nacimiento del arte” del que habla Giorgio Vasari.

Obra de arte del británico Damien Hirst…

Si no consideramos los cambios y modificaciones que el arte adquirió desde el siglo XX, es fácil caer en la definición del arte que se dio en el Renacimiento o a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, un chip que es difícil cambiar, por eso es importante recorrer (en parte) el camino que ha andado el arte.

La obra de Damien Hirst, La imposibilidad física de la muerte en alguien vivo, 1991.

Cultura 1 Introducción a la historia de la cultura

Todo grupo, conjunto, sociedad o sistema de seres humanos tienen, hacen o crean formas culturales de convivencia, relación o manifestación. El problema es que hoy en día la cultura cristiana-occidental es la que ha predominado por razones históricas, que van desde el uso de la fuerza (el colonialismo y el imperialismo), económicas de tipo capitalista (que penetran en todos los ámbitos de nuestras vidas), religiosas (la difusión del cristianismo como la verdadera y única fe), ideológicas (todo un abanico de formas de pensamiento promovidas desde la industria del espectáculo, el internet, medios de comunicación de masas), científicas y geopolíticas (la posición predominante y hegemónica de los países que la difundieron e impusieron por todo el mundo). Entonces es fácil caer en el error de creer que la cultura cristiana-occidental es la única o la mejor (la ciencia es el argumento más usado), y por eso es muy importante que sepamos que (siendo parte de ella desde México, con todos sus bemoles) tendemos a ver todo con nuestros anteojos de cultura cristiana-occidental, llevamos dentro el chip de la cultura cristiana-occidental. Y es difícil quitárnoslo porque no tenemos otro, de manera que por el momento debemos estar conscientes de las gafas que usamos y, tal vez, poco a poco ir cambiando el enfoque de nuestros lentes.

Pintura de una tribu kikapú (del norte de México) ante el Emperador Maximiliano, c. 1866.

                Entonces, la historia de la cultura es una construcción hecha desde Occidente. ¿A qué llamamos Occidente? A esa civilización que desde hace muchos años tiende a Occidente, forzó la idea de que sus raíces provenían única y exclusivamente de Grecia antigua, pasan por Roma antigua, después asientan sus cimientos en la constitución del cristianismo como el eje religioso de la vida, la Edad Media, el Renacimiento, la expansión por el globo, el racionalismo, la Ilustración, las revoluciones burguesas, el nacionalismo moderno y el imperialismo del siglo XIX y XX. ¿Cuál es el espacio geopolítico del que hablamos? La Europa occidental, que por muy contradictorio que suene, podríamos situar desde San Petersburgo (ciudad enclavada en el Mar Báltico mandada a construir por el zar ruso Pedro el Grande en el siglo XVIII), Alemania, Italia, los Países Bajos, Bélgica, Francia y las que alguna vez fueron las 3 potencias marítimas Portugal, España e Inglaterra (después Reino Unido de Gran Bretaña), éstas últimas la llevaron al Nuevo Mundo y crearon ahí el Otro Occidente, donde hoy en día es Estados Unidos de América (EUA) el más predominante. Pero esta cultura cristiana-occidental ha penetrado varios rincones del mundo, incluso Corea, Japón o China que “figuran” en Oriente para Europa (y en ese “figuran” nos damos cuenta de la arbitrariedad de los lentes que usamos) son partícipes, e incluso ayudan a promover consciente o inconscientemente la cultura cristiana-occidental.

Misionero cristiano en África

                De manera que, como parte de esa cultura, nos trasladamos a los greco-romanos para darle explicación al origen y desarrollo del término y concepto de cultura. Su origen proviene del latín y hacía alusión al cuidado del campo (agricultura) y del ganado, con el propósito de salir beneficiados de su cosecha, de su fruto o de su producción. De ahí se trasladó fácil y rápidamente al campo de la educación, a la formación del espíritu y desde el siglo XVII (con el racionalismo) y después con la Ilustración del siglo XVIII al cultivo del intelecto, con lo cual se hizo una distinción entre una cultura alta o refinada (ser culto) en oposición a una cultura baja o del pueblo (ser inculto). Para el siglo XIX toda persona que tuviera cultura pasó a ser sinónimo de estar bien educado (maneras y códigos de comportamiento al estilo aristocrático europeo occidental), haber tenido una formación académica (estudiar en escuelas y universidades ciencias y humanidades), disfrutar de las expresiones artísticas hechas para las clases sociales altas y pensar y compartir un sentido psicológico del mundo (donde Europa Occidental era predominante).

Para los griegos antiguos no existía un término propiamente dicho para designar a la cultura o lo que ella envolvía, pero sí tenía un nombre para designar a quiénes no eran como ellos, ni pensaban ni actuaban ni hablaban como ellos, eran los “bárbaros” (porque consideraban que hablaban algo así como “bar-bar-bar”) y que por lo general eran pueblos al norte de Grecia. Pero tenían el término y concepto de paideia que se refería a la educación de los niños, que iba desde inculcar valores (que no eran otra cosa que los códigos culturales de comportamiento de los griegos antiguos), técnicos (para saber hacer y realizar actividades manuales, es decir, con las manos) y de pensamiento (que podríamos denominar filosóficos e históricos). Este concepto fue apropiado por los romanos para referirse a la educación, a la formación pedagógica de los niños y los jóvenes, desde lo que hoy llamaríamos las humanidades. Entonces, si integramos ambos conceptos y términos, podemos tener una idea más acabada del antecedente de lo que denominábamos cultura.

Escultura del dios Dionisos joven en el Museo del Louvre

A partir de los años 60 del siglo XX y debido a los aportes de disciplinas académicas como la historia, la antropología, la etnología, la sociología, la filosofía y la psicología nos hemos dado cuenta que la cultura es todo un conjunto de saberes, formas de pensar, de actuar, de moralizar y de manifestar que todo ser humano hace (consciente o inconscientemente) a través de prácticas individuales o colectivas, que los llevan a crear cosas físicas y/o metafísicas. No hay persona que no realice alguna forma o expresión cultural, y en ese sentido todos poseemos cultura (con lo cual se superó la concepción ilustrada y decimonónica de cultura alta que jerarquizaba la cultura occidental por encima de todas las demás), el ser humano es un ser cultural, lo que incluso ha llevado a algunos autores a pensar que el ser culturales es lo que nos distingue de los demás seres vivos. La diversificación del concepto nos ha llevado a hablar de una cultura estudiantil, cultura digital, cultura académica, popular, machista, financiera, empresarial, organizacional, corporal, hablar de subcultura, de contracultura, etcétera.

Txaná Ikakuru, músico y profesor del grupo indígena Huni Kuin (en la Amazonia), tocando lo que parece un acorde
Mi (mayor o menor) en la escala occidental musical.

En este caso, haremos un esfuerzo por apoyarnos en diversas disciplinas (especialmente la historia) para explicar, estudiar y analizar (y criticar) la cultura cristiana-occidental.

Historia 5 Crítica a la Revolución Industrial

El desarrollo industrial y tecnológico alcanzado por la civilización occidental nos ha llevado a pensar que el proceso capitalista de la Revolución Industrial ha sido bueno, adecuado, el único y que significa un enorme progreso para la humanidad. Si bien es un proceso irreversible (no por eso imposible de transformar) es necesario presentar ciertos elementos para contrarrestar la visión que tenemos de la Revolución Industrial, lo que también podría llamarse una visión anti-desarrollista, esto es, hacer una crítica al desarrollo del proceso industrializador del capitalismo, introducido en todas las esferas de la vida. El costo en vidas humanas y en explotación de la naturaleza es muy alto a cambio de los “beneficios” que podríamos considerar como alcanzados.

            El lugar geopolítico donde surgió la Revolución Industrial fue en el occidente de Europa, específicamente en el noroeste, en Inglaterra (luego Reino Unido de Gran Bretaña), se trasladó rápidamente al norte de Francia, Países Bajos, Bélgica, Alemania, norte de Italia, Estados Unidos, a la actual República Checa, después a varios países del resto de Europa y finalmente (a finales del siglo XX) al mundo. Es decir que esos mismos espacios geopolíticos difícilmente van a dejar de ser influyentes, controladores y dominadores de las políticas que marcan o marcaban las pautas industrializantes (y todas las actividades con ello relacionado) al resto del mundo.

Elementos de la crítica:

Daños a la naturaleza:

1. El primer y último espacio amenazado por el proceso de la Revolución Industrial es la naturaleza y el medio ambiente, porque en lugar de compartir, la Revolución Industrial extrae y sobrexplota (sin retribuir) los recursos naturales. En el campo tenemos, como antecedente de la Revolución Industrial, una serie de guerras internas en Inglaterra durante el siglo XVII con las cuales se fue promoviendo el arrebato de tierras a los campesinos pobres y pequeños propietarios rurales, el cercado de parcelas y latifundios (grandes extensiones de tierra) y, con ello, el aumento de poder de los ricos terratenientes ingleses, que arrendaban (alquilaban) las tierras y se beneficiaban de la venta del excedente agrícola (sobrexplotación de las tierras destinadas a la agricultura). A la larga, esto desplazó a las clases sociales bajas y medias a vivir en las ciudades en crecimiento, este es el fenómeno conocido como migración del campo a la ciudad y que se reproducirá después en todos los países.

1. A. La explotación de las minas, especialmente para la producción de acero, desembocó en la industria siderúrgica y minera, que arranca violentamente recursos (metales) en exceso de las entrañas de la tierra sin opción de ser restituidas. Minas de subsuelo y a cielo abierto producen un deterioro al ecosistema y requieren de grandes cantidades de agua que a su vez contaminan de manera casi irreversible. Las condiciones laborales y la esperanza de vida de la mano de obra de las minas (los mineros) son muy difíciles, a pesar de contar con herramientas de trabajo, la labor en las minas es dura y los gases que se respiran reducen la vida de los mineros, sin tomar en cuenta el riesgo de accidentes y derrumbes que los llegan a matar.

1. B. Si la explotación maderera ya era una preocupante realidad entre los siglos XV al XVIII debido a la construcción de barcos de madera en los astilleros europeos y después en Norteamérica (barcos con los que colonizaron y expandieron el comercio para su beneficio por todo el globo), ahora, con la invención de las máquinas de vapor, el primer combustible para hervir el agua fue la madera. Con ello vino la tala inmoderada y la desaparición de bosques enteros, iniciando la emisión de humo negro producto de la combustión y de gases calientes, poco a poco aumentó la temperatura de la atmósfera. Estos son los orígenes del efecto invernadero, que la física estudia como sistemas termodinámicos y que se analizan en función de su entropía.

Las máquinas:

2. La creación, uso y beneficio de la máquina de vapor por parte de James Watt y financiado por el empresario Matthew Boulton se llevó a cabo para enriquecerse, para producir telas a bajo costo, en serie y venderlas más cara, no para el bien de la humanidad. Porque la invención de la máquina nos hace pensar que fue creada para disminuir la labor humana, para nuestro beneficio, pero al contrario, los primeros (y hoy todavía los últimos) trabajadores de la industria textil (que manipulaban los telares y manufacturaban la ropa) laboraban largas jornadas al día, sin descanso, sin vacaciones, y el producto de la venta y comercialización de las telas y la ropa beneficiaba económicamente a unos pocos (al dueño).

            Por paradójico que parezca, las máquinas no reducen nuestras jornadas laborales, nos ayudan a realizar algunas tareas de manera más rápida y sencilla pero nos han obligado a trabajar más (pensando que producir más significa desarrollo y progreso). Con la revolución de las máquinas comenzó nuestra dependencia hacia ellas, al punto que hoy en día dependemos de una máquina para realizar alguna tarea.

2. A. La creación de las máquinas trajo consigo mayor extracción de materias primas, metales (acero y otros) para construirlas, agua y combustibles para hacerlas funcionar (madera, carbón, aceite, después petróleo, electricidad). Pero la creación de las máquinas trae consigo también la producción de residuos, ya sea que las máquinas se vuelvan inoperantes e inservibles, de los desechos y emisiones que conllevan a su función: aceites, limas de metal, desechos tóxicos de las fábricas (como los tintes de la industria textil vertidos en ríos), gases calientes, provocando un deterioro ambiental que a la larga nos alcanza como seres vivientes y dependientes del ambiente. Es difícil medir el efecto nocivo general de la Revolución Industrial.

            Otra forma de contaminación que muchas veces pasamos inadvertida es la contaminación auditiva provocada por las máquinas (incluso el celular), debido a los ruidos mecanizados, taladradores, motorizados (como los automóviles y camiones) e industrializados, efectos que no son tan fáciles de percibir a largo plazo (a excepción de la sordera). Las máquinas provocan también trabajos monótonos y repetitivos causando estrés e insomnio.

Efectos sociales, económicos y políticos:

3. La Revolución Industrial en todas sus formas y fases (estamos en la cuarta) ha sido considerada como un progreso y un crecimiento económico de la humanidad, sin embargo, desde la perspectiva anti-desarrollista que venimos describiendo no lo es, ya mencionamos algunas de las pésimas condiciones laborales de los trabajadores de las fábricas y minas.

La migración del campo a la ciudad y a los centros industriales ante el despojo de tierras trajo a su vez el hacinamiento y la mala calidad de vida en las ciudades (mala alimentación, trabajo y mortalidad infantil), lo que de alguna u otra manera acarreó un aumento de la violencia interpersonal, la prostitución, el robo y la degradación de la vida en las áreas marginales.

La forma de trabajar en la fábrica se extendió a los demás trabajos u oficios: horarios, mayor productividad, producción en serie y en masa. El trabajo se ha convertido en otra forma de esclavitud, una esclavitud asalariada. Que el Estado o las luchas sociales hayan conseguido derechos para los trabajadores no significa que los grandes industriales y empresarios no sigan persiguiendo la mayor ganancia al menor costo.

3. A. La producción industrial de mercancías y objetos en serie trajo consigo la sobreproducción, que acarrea la desvalorización de las mismas en cuanto dejan de funcionar, las mercancías se vuelven fácilmente desechables (tienen un tiempo de vida útil), pueden ser sustituibles porque la industria crea muchas iguales u otras nuevas, produciendo más basura. Esta sobreproducción desencadena a su vez el consumismo: la capacidad, para quienes tienen el poder adquisitivo, de comprar (consumir) más y nuevas mercancías (desde baratijas cotidianas hasta obras en el mercado del arte) porque su existencia no se agota o bien hay gran variedad disponible.

            La sobreproducción trae consigo crisis económicas también, la producción industrial engendra su propia decadencia. Desde finales del siglo XVIII los industriales y poco menos los trabajadores se daban cuenta que no podían ser consumidas o compradas todas las mercancías producidas excesivamente y en masa, de modo que se quedaban almacenadas en bodegas (a menos que se les hiciera la guerra a otras naciones en África, Asia o América para introducir el mercado libre y vender el excedente). Esa sobreproducción dejaba sin trabajo a muchos obreros, mandaba a la bancarrota a los empresarios e industriales, quienes se veían obligados a cerrar sus fábricas por un tiempo o a pedir préstamos a los bancos para salir de la crisis. Entre más oferta de mercancías que la gran masa de la población no podía comprar menor demanda de compra.

            Una cosa semejante sucedió con la Gran Depresión de 1929, los Estados Unidos gastaron y prestaron mucho dinero en un momento de bonanza y sobreproducción después de la Gran Guerra, se dispararon las hipotecas, se infló la burbuja financiera y al caer la Bolsa varios bancos quebraron. Esos ciclos de alzas y bajas de la economía capitalista ya habían sido detectados desde el siglo XIX y ningún Estado parece querer prevenir y atender estos fallos del desarrollo y del progreso del sistema que rige a esta economía capitalista.

3. B. La Revolución Industrial aceleró el desarrollo del capitalismo (el régimen económico y de vida que valora el capital, la posesión de bienes materiales, propiedades, dinero o medios de producción, para tener un lugar prominente en la sociedad, en este régimen no eres alguien si careces de capital).

La gran mayoría de las elites políticas y económicas de todos los países buscaron imitar este modelo o incluirse en su línea de ensamble. Implicaba asociarse con los países industrializados o desarrollados, contratar ingenieros europeos o estudiar sus ingenierías y ciencias, o extraer materias primas de sus países a bajo costo para vendérselas a Europa y Estados Unidos, trasladarlas en ferrocarril a las costas o en barcos de vapor hacia los centros industriales, procesarlas, manufacturarlas y luego regresarlas en forma de mercancías y venderlas más caras. Esa es la forma de enriquecerse: explotar a bajo costo y vender a un alto costo (la plus valía).

            Los Estados proveían (y lo siguen haciendo) los medios diplomáticos (las leyes) y bélicos (la fuerza) para obtener materias primas o abrir mercados para sus mercancías en el resto del mundo o de sus colonias, de donde extraían también mano de obra barata para reducir los costos de producción. Por ejemplo, la industria textil inglesa compraba algodón de plantaciones donde trabajaban esclavos (el sur de Estados Unidos), de algunos países de África e India (peones rurales con bajos sueldos), y luego manufacturaban las telas en las fábricas donde trabajaban en su mayoría mujeres y niños con sueldos ínfimos, largas jornadas y pésimas condiciones de trabajo. Y hoy en día ese proceso de producción no ha cambiado, muchas empresas transnacionales tienen sucursales en China y el sudeste asiático.

3. C. La producción industrializa de cada país desarrollado llevó también a la competencia económica entre las potencias, ¿quién producía más? ¿Quién tenía más? ¿Quién exportaba más? ¿Quién prestaba más o se endeudaba más? Evidentemente había intereses nacionales que influían en esa competencia, pero esos intereses no estaban ni están desligados de los intereses industriales y bancarios internacionales que los propician.

Esta competencia entre potencias condujo a la Primera Guerra Mundial (la primera guerra industrializada), cuyos tratados para ponerle fin fueron el preámbulo para la Segunda Guerra Mundial. A su vez, el fin de la Segunda abrió paso a la Tercera (la Guerra Fría): una competencia armamentística, tecnológica y de medición de fuerzas, con un afán por producir más y mejores armas, donde el petróleo para mover a las máquinas fue el combustible más solicitado (y sigue siendo), aunque también se recurrió al desarrollo de la energía nuclear, peligrosa y radioactiva.

Nos han hecho pensar que la conquista del espacio y la llegada del hombre a la Luna son grandes logros de toda la humanidad, cuando en realidad esos acontecimientos se ciñen a una competencia de tipo bélico, militar, entre la URSS y los EUA, gastando en ello grandes sumas de dinero en lugar de ocuparlas para propósitos que beneficiaran a todas las personas del mundo.

Cierre:

El desarrollo tecnológico e industrial al que hemos llegado que, por ejemplo, podríamos resumir en la diseminación y uso de celulares inteligentes para todos (que más bien estamos obligados a tener) no vale la pena si lo comparamos con las millones de vidas y sufrimiento que se sacrificaron (colonización, esclavitud, arrebato y guerras) para alcanzarlo (hoy en día las baterías para los celulares están vinculadas con explotación humana y natural del coltán o del litio). Hemos pagado y seguimos pagando un alto costo frente a la naturaleza y como humanidad para alcanzar ese desarrollo tecnológico, lo cual debería hacernos preguntar si ha valido la pena.

           

El desarrollo como secuela de la evolución, el crecimiento y el progreso

Tenemos tan adentro la idea del progreso, del crecimiento asociado a los procesos fisiológicos de la naturaleza (adultez igual a experiencia y éxito) que creemos con fe irracional que crecer es necesariamente tener más cosas (dinero, propiedades, amigos, estudios, etc.), cuando comparamos el «avance» de la humanidad en cuestiones tecnológicas e institucionales con el deterioro al medio ambiente el costo ha sido muy alto a cambio de cosas «casi insignificantes», ¿quién no ha sufrido ansiedad en la seguridad de su techo, con internet, ropa, comida y el derecho a votar, ya no se diga en cuanto a estabilidad laboral? Esta es una revisión crítica de las humanidades de las acepciones del desarrollo asociadas a progreso y crecimiento.

Antonio Caso criticó la noción de progreso, de la traducción del griego como «marcha hacia adelante» y de su concepción greco-latina de «perfección del ser humano, física, intelectual, estética y moralmente», el filósofo mexicano concluyó que la noción moderna de progreso considera a la “humanidad” como un ente real vivo, cuando es sólo una concepción, y por eso «no hay progreso en la actividad humana, sólo en el espíritu científico», y que éste no logra llegar al ámbito moral.[1]


[1] Antonio Caso, “El concepto de la historia universal y la filosofía de los valores” en Obras Completas. comp. Rosa Krauze. México, UNAM: Dir. Gral. de Publicaciones, 1985, v. X, p. 8-22.

Juan Villoro dice que la idea de progreso ya se daba desde el Renacimiento, y aún más desde el siglo XI en la Europa medieval, el escritor neoleonés Gabriel Zaid en El progreso improductivo iba más allá cuando dijo que «el progreso tiene miles, millones de años». La idea la hallamos también en el texto de Immanuel Kant, “¿Qué es la Ilustración?” de 1784, donde definió a la Ilustración como un «avance de la humanidad» en el camino hacia «la libertad para usar la razón», sin reparar que ciertas acciones humanas se realizan bajo la irracionalidad, como la fe o el pánico colectivo. Kant consideró este avance como una «obligación» de la humanidad que no debe cuestionarse, un paso hacia adelante, especialmente en el ámbito de la libertad de culto, y que debía abandonar la pereza y el miedo.[1]


[1] Immanuel Kant, “¿Qué es la Ilustración”, 1784, formato PDF, última consulta 16 septiembre 2016: http://pioneros.puj.edu.co/lecturas/interesados/QUE%20ES%20LA%20ILUSTRACION.pdf

El antropólogo gringo Marvin Harris rastrea la noción de progreso desde la antropología y la asocia con la evolución de las formas culturales. Explica que los pensadores de la Ilustración distinguieron entre sociedades “adelantadas” o civilizadas versus “atrasadas” o bárbaras, basadas en el grado de organización de su vida a partir de las ciudades. Los teóricos de la Ilustración buscaron reconstruir y explicar la evolución del hombre y la cultura entendida como una secuencia de cambios de una forma a otra en cada sociedad o país. Para ello se basaron en la secuencia de unas edades o etapas, así, la humanidad habría evolucionado de la caza, el pastoreo, el cultivo hasta la ciudad. La secuencia se entendía como un cambio único y lineal que iba del salvajismo, pasaba por la barbarie y llegaba a la civilización.[1]


[1] Marvin Harris, El desarrollo de la teoría antropológica. Historia de las teorías de la cultura. Tr. Valdés del Toro. 12ª ed. México, Siglo XXI editores, 1996. p. 22-25.

En la Ilustración el progreso se entendió como el “progreso del espíritu” y tenía que cumplir dos requisitos: 1. El cambio tenía que modificar la forma interesada en la dirección establecida por criterios cuantitativos o cualitativos, pero siempre arbitrarios, y 2. El cambio tenía que ser valioso o emocionalmente satisfactorio, de peores a mejores condiciones, lo cual es totalmente subjetivo. Harris advierte que el cambio a una mayor racionalidad era progresivo únicamente en las teorías físicas o astronómicas, no en las institucionales.[1]


[1] Ídem., p. 32-33.

Esta advertencia del autor apunta a la búsqueda de la objetividad en los problemas aritméticos y la falta de una determinación moral del progreso en la actividad humana.

       Durante el siglo XIX, el grado de progreso de una sociedad en Europa se medía, entre otras cosas, a partir del grado de organización de las ciudades de cada país, de su capacidad industrial e imperialista. La diferencia entre la vida en el campo y en la ciudad se hizo más evidente cuando la organización de las ciudades se hizo más compleja y complicada de atender. Raymond Williams describe esta diferencia:

«El campo atrajo sobre sí la idea de un estilo de vida natural: paz, inocencia y virtudes. La ciudad fue concebida como un centro de progreso: erudición, comunicación y luces. También prosperaron las asociaciones hostiles: la ciudad se vinculó con un lugar de ruido, vida mundana y ambición, el campo con atraso, ignorancia y limitación. El contraste entre campo y ciudad, como dos estilos fundamentalmente distintos de vida, se remonta a la época clásica».[1]


[1] Raymond Wiliams, El campo y la ciudad. Tr. Alcira Bixio. Buenos Aires, Editorial Paidós, 2001. p. 25.

Con el paso del tiempo la teoría antropológica buscó el porqué de la secuencia de los cambios en las sociedades para considerarlas civilizadas desde el punto de vista del “adelanto” y del progreso, y para evitar polémicas, el paradigma teórico del siglo XX consideró la evolución como una sucesión de cambios acumulativos, no cualitativos.[1]


[1] Harris, El desarrollo de la teoría antropológica, p. 549.

Leslie White asoció la civilización a la evolución, «la cultura evoluciona en la medida en que aumenta la energía del sistema» y técnicamente la definió a partir de la entropía: «cuando la relación de eficiencia tecnológica en la producción de alimentos, energía o capital sea mayor de 20:1, es decir: calorías obtenidas por calorías invertidas en el total de horas/hombre de producción, la probabilidad de que existan grupos estratificados de la misma clase (burguesía, proletariado, clase media) es mayor que la del simple azar».[1]


[1] Ídem., p. 564.

Este paradigma llevó a estudiosos como el antropólogo gringo Marshall Sahlins a concluir en 1960 que «la evolución de los seres humanos genera progresos: formas superiores que se desarrollan a partir de inferiores y las suprimen».[1]


[1] Ídem.

Ésta es todavía una concepción del uso y abuso del poder, en la cual existen superiores e inferiores, mejores y peores, civilizados y salvajes, racionales e irracionales, basadas en el poder económico, militar o físico.

       La noción de evolución como generadora de progreso y a su vez de desarrollo se afianzó en el siglo XIX con la teoría de la selección natural de Charles Darwin. Esta teoría fue aplicada enseguida a las sociedades y los Estados nacionales, se convirtió en la ideología que justificaba la supremacía de las grandes metrópolis europeas por encima de los países colonizados. Occidente tenía una “misión civilizadora” a través del comercio de mercancías y la difusión de su cultura, de un capitalismo acumulativo, de modo que el progreso se asoció a la mayor producción industrial, a la mayor acumulación de bienes, riquezas, colonias, novedades, etcétera.

       La teoría de la selección natural considera que las especies que mejor se adaptan al medio sobrevivirán y, para Darwin, la ley de la naturaleza es una «secuencia de sucesos». Aplicada a los humanos la teoría considera entes aislados, de igual modo países aislados, y entes no aislados como los europeos. Éstos últimos estarían luchando en «igualdad de fuerzas más o menos equilibradas» mientras que los aislados estarían en desventaja. El ser humano distingue a la hora de hacer su selección pero la naturaleza no, porque «actúa en el mecanismo de vida» sin reparar en lo moralmente bueno o malo: «trabajando en silencio e insensiblemente, dondequiera y cuando quiera que haya oportunidad». Esta teoría sustenta la vida salvaje pero en el ámbito internacional. Curiosamente, Darwin le atribuyó un «poder o deidad activa» a la selección natural y concluyó que la evolución es una «acumulación de variaciones» en las que pueden persistir órganos que no funcionan o individuos que no se adaptan totalmente.[1]


[1] Charles Darwin, El origen de las especies. México, Porrúa, 1982 [1ª edición, 1859]. p. 56-58 y 335.

Ya desde aquellos años, Piotr Kropotkin oponía su teoría del Apoyo mutuo a la de Darwin, en el entendido de que no sobreviven ni se adaptan los individuos mejor dotados o adaptados, los más fuertes, por el contrario, tenían mejores posibilidades las especies que en conjunto se armonizaban para superar falta de recursos y deficiencias individuales, y el ser humano ha demostrado en ciertas comunidades o elites (políticas o económicas) sobre ponerse a adversidades en conjunto y apoyándose mutuamente.

A lo largo del siglo XIX la idea de la evolución social consideró el progreso político como el avance de la humanidad hacia formas más democráticas, más igualitarias en la repartición de la riqueza, como en el caso del comunismo (Karl Marx), o bien para gestionar la compleja organización de las sociedades (Spencer) e incluso para estudiar la eficacia de la lucha por la supervivencia (Darwin). Spencer y Darwin no se dieron cuenta que estaban inmersos en el orden moral y cultural de la sociedad europea de la época victoriana, en cambio Marx fue el único que distinguió la influencia que ejercía la conciencia de su clase en sus formulaciones.[1]


[1] Marvin Harris, El desarrollo de la teoría antropológica, p. 33.

A su vez, el autor mexicano Sergio de la Peña afirma que la noción de desarrollo tiene sus orígenes en el término de evolución económica, influenciada a su vez por la evolución de las especies y el liberalismo económico que, de la mano de la expansión de la revolución industrial, derivó en progreso económico. Este progreso está asociado a la racionalidad de la vida humana como único medio de funcionamiento eficaz. Al final de la Segunda Guerra Mundial empezó a usarse el término desarrollo fuera de la órbita estadounidense como:

«1. Una conciliación entre la supervivencia del capitalismo y la creciente presión social que exigía mayor equidad en la distribución de bienes, y la aceleración de los países atrasados a partir de la industrialización, y 2. Como posibilidad de controlar y racionalizar la evolución de la economía, dentro de un contexto social y político apropiado. La meta final sería el establecimiento del socialismo y para ello podría colaborar el cambio evolutivo, no sólo el revolucionario, sino el relajado, para reducir la violencia entre cada etapa de transformación».[1]


[1] Sergio de la Peña, El antidesarrollo de América Latina. 7ª ed. México, Siglo XXI editores, 1979. p. 8-14.

En esta definición de desarrollo siguen presentes conceptos de evolución, países atrasados, cambio paulatino o etapas sucesivas, ideas que rastreamos al menos desde la Ilustración. Los parámetros para medir las mejoras de un futuro inmediato siguen siendo arbitrarios e imbuidos en la idiosincrasia de cada cultura, clase o sociedad, pero sobre todo asociados a la objetividad de los números, la racionalidad de las máquinas o a los procesos repetitivos (la industrialización). El desarrollo está pensado desde ciertos países como una etapa por la que tienen que pasar todos, y el crecimiento está asociado al concepto biológico de madurez, momento en el que se alcanza el éxito. El concepto de humanidad, los cambios en cada país o de la vida en sociedad no deberían ser comparados radicalmente con el crecimiento de un animal o el trabajo de una máquina, y hay que advertir, de la preponderancia del hombre sobre la mujer.

Gabriel Zaid hizo una importante crítica al progreso en México durante el periodo en el que fue presidente Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez. Su crítica puede trasladarse a la noción de progreso y a todo el mundo. En ella siguen presentes las diferencias entre campo y ciudad (Antigüedad), sociedades nómadas y sedentarias (Ilustración) y países “atrasados” y “desarrollados” (siglo XIX). El progreso es una metáfora moderna de la paradoja de la carrera de Aquiles contra la tortuga: estamos a punto de alcanzarlo pero nunca llegamos, siempre se puede hacer más y mejor, o en otras palabras, el “ya merito” mexicano.

Gabriel Zaid señala que en economía hay fenómenos que no se pueden explicar por los modelos existentes y que esa ciencia no se preocupa por explicarlos teóricamente ni piensa en la repercusión práctica que podrían tener, por ejemplo, la pertinencia del “valor justo” de las cosas. Los economistas se centran en lo que funciona y en lo que es eficaz a corto plazo, a diferencia de otras ciencias que se preocupan por los “huecos” en su campo de estudio, como encontrar el esqueleto del eslabón perdido en antropología, el origen de una revolución en historia, la explicación de los elementos radioactivos y la medición de la velocidad de la luz en física, son fenómenos que al buscarles explicación cambian la visión del mundo y la formulación de nuestras teorías y sus aplicaciones. Como los análisis de la economía no se preocupan por los “huecos” de su campo de estudio se cae sucesivamente en crisis económicas, entonces, no puede hablarse de crecimiento económico asociado a progreso económico, mucho menos desarrollo o mejoras: «Las cuestiones “superadas” en cada disciplina no son cuestiones cuya verdad o falsedad haya quedado establecida: son cuestiones que pasan, que dejan de interesar y que por lo mismo, como las modas, vuelven».[1]


[1] Gabriel Zaid, El progreso improductivo. México, Editorial Contenido, 1991. p. 104-107 y 120.

En cuanto a economía podemos citar el documental de Michael Moore, cuando entrevista a trabajadores y directivos de la Bolsa de Valores de Wall Street, académicos y economistas para preguntarles por las definiciones de varios términos económicos creados para salir de la crisis o aumentar los rendimientos, pregunta por términos como “derivados”, “permutas de crédito” y el diseño de “instrumentos financieros complejos”, y nadie puede ni sabe explicarlos bien.[1]


[1] Michael Moore (dir.), Capitalismo: una historia de amor. EUA, 2009, 127 min.

La noción de desarrollo como secuela de la noción de progreso inunda nuestra vida cotidiana en expresiones como “desarrollo personal”, “salir adelante” y “progresar en la vida”, pueden aplicarse a la vida de un individuo, una comunidad, un pueblo, una ciudad, un país o a la humanidad entera. Esta noción de desarrollo está asociada la mayoría de las veces a la definición de evolución que arriba mencionamos: 1. Como acumulación de cosas: alimentos, capital, bienes o documentos, en las instituciones burocratizadas se tiende a la acumulación de papeles, comprobantes de tareas realizadas por los empleados o al incremento de la matrícula estudiantil o de consumidores. 2. En la secuencia y velocidad de los cambios realizados: productos innovadores, última moda, último modelo, nuevas reformas en los programas de estudio, actualización de programas de computadora y, mezclando los dos números anteriores, el aumento de los índices de desarrollo humano en el mundo.

Zaid recalca la importancia de poseer un título universitario para “progresar” en esta vida. La primaria, como se ha generalizado, ya no es un nivel educativo suficiente para conseguir un buen empleo, ni para “salir adelante”, tampoco para desarrollarnos “plenamente” como seres humanos a partir del trabajo que nos tendría garantizado ese título universitario. Esta generalización de las ofertas educativas ha culminado en la perseverancia por estudiar más y todo el tiempo, por la persecución de grados académicos más altos: maestrías, doctorados, estancias posdoctorales. Una tesis central de Zaid es que el progreso y el desarrollo son ya una exigencia, incluso un “deber”, como expresaba Kant a finales del siglo XVIII.

Los teóricos del desarrollo insisten en no tomar en cuenta algunas variables humanas, en las que tiene cabida la moral (variables sociales), muchas veces olvida las implicaciones ecológicas (variables naturales), y suele enfocarse únicamente en las lógico-matemáticas (números, estadísticas y probabilidades). Los autores Gilles Deleuze y Félix Guattari en el libro El Anti-Edipo, señalan la deshumanización que ha provocado el capitalismo en nuestra sociedad, cuando hablan del amor advierten que «el amor que se siente por otro ser humano se identifica con el amor a un objeto», situando al ser humano como parte de una máquina productora y «destruyendo el concepto del cuerpo y del alma».[1]


[1] Gilles Deleuze y Félix Guattari, El Anti-Edipo, citado en Amor, Wikipedia, apartado “El amor en la sociedad capitalista”, última consulta 16 septiembre 2016:

https://es.wikipedia.org/wiki/Amor#El_amor_en_la_sociedad_capitalista

En cuanto a las relaciones internacionales, donde suelen percibirse más las diferencias entre países desarrollados, subdesarrollados y en vías de desarrollo, Alexander Wendt recalca que en el campo internacional impera el caos, un factor determinado puede regir las relaciones entre dos o más países, conforma las políticas externas de cada Estado y tiene repercusión en las políticas internas de cada país.[1]


[1] Alexander Wendt, “Anarchy is what States make of it: the Social construction of Power Politics” in International Organization, Cambridge, The MIT Press, vol. 46, n. 2, primavera de 1992. p. 404-405 y 424.

Para oponerse a este caos internacional los países o bloques de países desarrollados se valen de cualquier procedimiento, que va desde el diplomático hasta el armado para asegurar el equilibrio o status mundial. Esto es volver a la ley de la naturaleza, en la que ganan los más o el más fuerte, o una actualización de la selección natural, en la que sobreviven los más aptos, y donde los canales institucionales, la moral y el derecho a la pereza no son considerados ni tomados en cuenta.

Harris es cruel en el último capítulo de su libro y le da la razón a Antonio Caso cuando afirma: «no es moralmente bueno ni justo, ni tiene que gustarnos que las culturas termodinámicamente menores y menos eficaces tengan que ser remplazadas por otras mayores y más eficientes».[1]


[1] Marvin Harris, El desarrollo de la teoría antropológica, p. 565-566, las cursivas son nuestras.

Las nociones de evolución, crecimiento y progreso siguen vigentes en el paradigma teórico de los estudios del desarrollo. Por ejemplo, al definir desarrollo se apela a la especificidad organizacional de cada país y su dinámica industrial; a la capacidad de poder de sus élites políticas y económicas para realizar cambios o acumular mayor riqueza; se establecen etapas o estadios, o sea, pasos a seguir para alcanzar el desarrollo, estos pasos admiten la coexistencia del atraso socio-económico y el avance del capitalismo apoyado en la tecnología. Otra vez el paradigma es siempre acelerar el andar de las ciudades y absorber y explotar recursos del campo; y finalmente el desarrollo se enfoca al crecimiento de la producción sin tomar en cuenta la pertinencia de ello, otra vez volvemos a la acumulación de bienes o de capitales.[1]


[1] Deducido de Miguel Ángel Rivera Ríos, “Desarrollo económico y trayectorias históricas: una aproximación al caso de Brasil y México”, en Alicia Girón (dir.). Problemas del desarrollo. Revista Latinoamericana de Economía. México, UNAM: IIE, v. 45, n. 179, oct-dic 2014. p. 13-15.

La noción de progreso ha estado presente en la vida de los humanos desde los primeros tiempos y por lo mismo han surgido proyectos alternativos. Las ideas de los presocráticos con respecto a la vida contemplativa, la resistencia de los grupos indígenas del Nuevo Mundo a las formas de vida occidentales y las manifestaciones contraculturales son algunos ejemplos. El yerno de Marx, Paul Lafargue escribió El derecho a la pereza para criticar la dinámica que desde la revolución industrial se ha impuesto a nuestras vidas: trabajar sin descanso y para aumentar la producción, y que la ética protestante de británicos, alemanes y gringos se ha encargado de difundir por todo el mundo. Lafargue deseó la reducción de la jornada laboral a tres horas diarias para que las personas pudieran vivir en plenitud y los alcances morales de la vida en comunidad fueran más adecuados. La propuesta de Gabriel Zaid menciona seis horas de jornada porque considera el tiempo de insumo/consumo de atención que cada persona puede vender/comprar de manera 100 por ciento eficaz y, por ende, satisfactoria. La propuesta de Marx de una sociedad comunista basada en el trabajo también alude a la noción de progreso y de evolución de la humanidad, por eso fue desvirtuada por Lafargue y criticada por Zaid, incluso Bob Black propone un trabajo lúdico.[1]


[1] Paul Lafargue El derecho a la pereza. Tr. Alvarado. Madrid, Maia Ediciones, 2011. Gabriel Zaid, El progreso improductivo. Y Bob Black, La abolición del trabajo, tr. Federico Corriente. 3ª ed. Logroño, Pepitas de Calabaza, 2013.

Estas tres nociones: el progreso pensado desde la Ilustración, la evolución y el crecimiento desde la modernidad del siglo XIX y el desarrollo desde el capitalismo del siglo XX, se mezclan y se corresponden hasta nuestros días, haciéndonos pensar que es natural verlos como una obligación y que trabajando sin descanso los alcanzaremos algún día, si no como individuos al menos como humanidad, sin pensar en las repercusiones morales y ecológicas de sus consecuencias. La tendencia actual es la de hablar de desarrollo sostenible, definido como el «crecimiento socialmente justo, compatible con el equilibrio medioambiental y económicamente viable»,[1] pero aún no se percibe la posibilidad de realizarlo con éxito en sociedades o individuos en los países en vías de desarrollo, porque el uso del poder en todos los niveles está presente.


[1] Desarrollo en http://www.definicionabc.com última consulta 16 de septiembre de 2016.

El video de la canción Do the Evolution del grupo Pearl Jam puede expresar bien lo que acabamos de mencionar:




Mujeres y anarquismo

1

Ante la marcha, protesta y manifestación de las mujeres del 25 de noviembre de 2019 (fecha que conmemora el día de la no violencia contra las mujeres) en la Ciudad de México, hubo diversidad de opiniones que iban desde la reprobación por los actos vandálicos hasta el apoyo total y comprometido, polaridades muy debatibles. Las pintas, destrucción de monumentos, quemas de banderas, fogatas, provocaciones y ataques a la policía, rompimiento de vallas y vidrios, gritos, cantos, bailes y performances, en una dimensión atemporal, son actos simbólicos que expresan una demostración de fuerza. Porque entre las mujeres mexicanas ya existe una consciencia feminista que identifica y reconoce la violencia que está dirigida exclusivamente hacia ellas. Esta nueva oleada de feminismo del siglo XXI recupera una lucha y un movimiento a favor de una vida libre de violencia.

     Y es que en México se le ha dado al término feminicidio toda su significación de ser el asesinato de una mujer cometido por un hombre con lujo de violencia física y/o sexual, que tiene de trasfondo un sentido de superioridad y pertenencia o propiedad sobre el cuerpo, para hacer con ella lo que quiera. A raíz de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez en los años noventa del siglo XX, la antropóloga Marcela Lagarde le dio al feminicidio su concepción política, señalando que el Estado no contemplaba legalmente el seguimiento y actuación en el caso de estos crímenes, ni procedía con urgencia y determinación. Asimismo, consideró que habría que analizar y estudiar las circunstancias socio-económicas, psicológicas y culturales de la sociedad alrededor de las cuales estos asesinatos sucedían (y siguen sucediendo).

      De aquí que diversas organizaciones, estudiosas y mujeres ubicaran al régimen del patriarcado como origen y causa de estas circunstancias. Por patriarcado podemos entender el régimen en donde la figura de un patriarca, el pater familis podríamos decir, se encumbra en un hombre la mayoría de las veces, o en una mujer otras tantas (en el hombre de la casa, el hombre público, el hombre de sociedad, el hombre exitoso, el hombre de poder), posee privilegios en su entorno, maneja una ideología dominante de control sobre otros, que le hacen creer ser acreedor de un fuerza (física, emocional o psicológica) por encima de los demás, tanto en hombres como en mujeres, lo cual desemboca en actitudes y una cultura machistas que llega a rayar en la misoginia (odio hacia las mujeres). Alcanza diversas estructuras jerárquicas-piramidales en todo el mundo que van desde el poder económico-político de los países más ricos (de ahí que se le relacione con el capitalismo) hasta comportamientos más cotidianos que se dan entre niñas y niños que reproducen de los adultos.

     El recurso por parte de algunas mujeres a acciones que pueden considerarse violentas entre los medios de comunicación y las redes sociales durante las marchas, protestas y manifestaciones, son en realidad expresiones simbólicas de fuerza. Decimos simbólicas porque no asesinan a nadie ni matan directamente a los representantes del patriarcado al que rechazan: pintan, avientan diamantina, gritan consignas, cantan, bailan y dan discursos. Pero son expresiones simbólicas de fuerza en la medida que representan una especie de equilibrio del poder, porque buscan revertir la debilidad, el miedo y la vulnerabilidad que las mujeres han sentido de manera individual, colectiva o solidariamente (empáticamente) con otras mujeres. Reacciones a una impotencia contenida en contra de un régimen social que las hace sentir inseguras, incómodas y disgustadas. Y ojo, los símbolos en nuestra sociedad son muy importantes. Es por esta razón que sus detractores no pueden entender o rechazan estas acciones, y fácilmente las califican como vandalismo (sobre todo por la quiebra de vidrios, que son los más escandalosos y fáciles de romper).

     Estos actos les otorgan valor, fuerza y un poder que, en memoria de las mujeres violentadas, asesinadas y ultrajadas, les fue o les es negado para defenderse. En ese sentido, las mujeres han optado por organizarse y unirse en las manifestaciones (la unión hace la fuerza), en una muestra de unidad y afecto que las proteja de la violencia física y sexual que han vivido. De ahí que surja un sentimiento de empatía, compañía, ayuda y de vínculo entre ellas que podemos aglutinar en torno al término de sororidad (en vez de fraternidad, que viene de la raíz frat, hermano), y que sólo puede ser posible entre ellas, mujeres, que se separan o toman distancia de los hombres, separatismo, y estas dos posiciones (sororidad y separatismo) por lo general causan repudio o enojo en muchos de ellos. Es como cuando los obreros de una fábrica se van a huelga y los dueños o propietarios de la misma se sienten intimidados por la multitud. Tampoco podemos homogenizar las manifestaciones ni las acciones de las mujeres durante las marchas, porque muchas de ellas se oponen a estos actos de confrontación, o al separatismo por ejemplo, y es que en realidad hay un abanico de expresiones, sentires y pensares.

     Pero el punto no es ya dirigirse a quienes entienden o están en sintonía con estas opiniones. El punto es cómo dirigirse, convencer o cambiar a quienes están a favor del estado de cosas, del régimen patriarcal y de este sistema. Una de las maneras en que las personas se conmueven y reflexionan o cambian su forma de pensar (y actuar) es vivir en carne propia la violencia o sus efectos, a pesar de ser una manera muy desafortunada de hacerlo: perder a un ser querido (una madre, una hija, una compañera), ser violentado o asesinado (y en este último caso ya no hay remedio). Porque ningún hombre (o mujer) quiere ser violentado u oprimido (a menos que vivas engañado), ningún hombre desea ser una mujer sometida, una madre que pierde a su hija, una trabajadora explotada y acosada, una ama de casa servil, engañada y golpeada, una muchacha secuestrada y violentada, una niña abusada o asesinada. La otra manera de cambiar es mediante el convencimiento o por la reflexión.

     De modo que el movimiento de las mujeres, y sobre todo el feminismo, se le ha calumniado o desprestigiado, porque no es fácil cambiar de opinión, especialmente desde la óptica del empoderamiento de las mujeres. Desde esta visión, algunos hombres no quieren quedar en una posición de inferioridad que consideran que antes no tenían, o porque sienten (consciente o inconscientemente) miedo a perder un poder que supuestamente poseían, cuando en realidad el problema gira en torno a la misma cuestión del poder: del cómo y para qué lo usamos (tanto hombres como mujeres), porqué enerva y qué haremos para que deje de influir negativamente (opresivamente) en todas nuestras relaciones (políticas, económicas, laborales, familiares, de pareja, etcétera) con los demás, con los otros.

     Si al feminismo se la ha difamado, mucho más a algo que algunos llaman anarco-feminismo, considerado violento, agresivo y provocador, pues si se trata de convencer, lo más difícil es cambiar la opinión de quienes no tienen punto de flexión frente al anarquismo. Expliquemos entonces qué es. El anarquismo es una forma de ser y de explicar la realidad, tan amplia, tan heterogénea y con tantas vertientes que tampoco podemos encerrarlo en una sola definición. Lo que sí sabemos es que su principio o base es liberarse de todo poder que oprime, defender la libertad, desea alcanzarla y reflexiona acerca de las diversas formas en que el poder la excluye, la coarta o la deforma de manera que nos confundamos, y como justamente hay diversos ámbitos desde los cuales abordar el principio de la libertad, hay diversidad de vertientes. Al respetar la libertad de los demás, el anarquismo tiene una corriente pacifista muy fuerte, en contra de toda violencia, que podríamos afirmar con certeza que la mayor cantidad de personas que se consideran anarquistas, o que lo son sin saberlo, optan por ella.

     En primer lugar tenemos que afirmar y dejar claro que este sistema y el estado de cosas en el que todos vivimos (incluidos la democracia parlamentaria, los derechos humanos y los logros sociales de todas las revoluciones) fueron instaurados, establecidos, inaugurados e impuestos a través de diversas formas de violencia, injusticias y explotación que les siguen dando continuidad y sostén (muchas veces de forma imperceptible), impuestos además desde la visión, el discurso y la fuerza de unos pocos privilegiados a una gran mayoría. Por eso es importante que al pudiente, rico, privilegiado, a la clase alta, a todo aquel que tiene una posición superior en las jerarquías sociales, al político en el poder, al que nunca ha tenido carencias materiales e incluso al oprimido que por alguna circunstancia de la vida se volvió opresor, les quede claro este punto. Que interioricen y reflexionen sobre la arbitrariedad económica, política e histórica sobre la que reside todo viso de legalidad e inevitabilidad injusta de este estado de cosas, de otro modo no podemos avanzar hacia un cambio por una sociedad más justa y mejor.

     Existieron una violencia, injusticia y explotación anterior a todo presente que determinaron la injerencia de los países hegemónicos que toman las decisiones globales, la distribución de la riqueza en el mundo y en cada país en particular, el predominio de una cierta religión por encima de otras, la constitución del Estado nacional, el uso de la fuerza pública para someter a toda oposición, el actual sistema de leyes que favorece a quienes lo pueden pagar, los centros de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, el rumbo de la urbanización en las ciudades, la edificación de determinados monumentos, la elección de ciertos símbolos patrios y culturales por encima de otros, la división del trabajo entre las clases sociales y los países y muchos etcéteras más que no han sido establecidos desde las prácticas democráticas que todos defendemos, inclusive la conformación de la familia moderna (los hijos esclavos de los padres o viceversa) hasta nuestros comportamientos heredados de género y el ejercicio que hacemos del poder en cada una de nuestras relaciones interpersonales.

     Ese histórico Estado y el sistema económico predominante tienen y han desarrollado todos los aparatos posibles para hacernos pensar que debemos defender, aplaudir, respetar y preservar ese estado de cosas, y que beneficia y les conviene a los privilegiados, a los superiores y a los poderosos. Esta forma de convencimiento, engaño y sometimiento (involuntario o conformista) nos conduce a la imposibilidad de confrontar al tío, familiar o padre de la iglesia que viola, al profesor o jefe de trabajo que acosa, a la fuerza pública que actúa abusiva y alevosamente, a someternos a sueldos ínfimos y largas jornadas laborales por necesidad, porque hay superiores a quienes se les “tiene” que respetar y subordinarse, “hay” que obedecer las leyes, normas y dictámenes del gobierno, del presidente, de los cuerpos legislativos y tribunales que son injustos o van en contra de los intereses de la mayoría de los ciudadanos, como quitar pensiones a los trabajadores jubilados, descuidar la educación y los servicios médicos, construir proyectos que destruyen ecosistemas y economías comunitarias y locales, un poder que facilita la corrupción, el peculado y el enriquecimiento de los políticos, o permite el maltrato y la discriminación a las poblaciones indígenas, que nos doblega a opresores que poseen la fuerza para secuestrar, reclutar personas, robar bienes y monopolizar el capital del negocio de las sustancias psicoativas, incluso las noticias tergiversadas y parciales que manipulan nuestra opinión sobre determinado tema. Esas son algunas de las dinámicas del poder que controlan diversos ámbitos de nuestras vidas, nuestros cuerpos y pensamientos.

     Frente a este panorama, las pintas, la diamantina, las consignas, gritos, cantos, bailes y arte que desfilan en las marchas de las mujeres no parecen tan escandalosos y violentos, en el entendido que ya se ejercieron violencias e injusticias anteriores y mucho mayores (como el número de asesinadas y violentadas). El problema gira, otra vez, sobre la cuestión del ejercicio del poder: quién lo ejerce, cómo y para qué lo usa una sociedad que interacciona en diversos espacios al mismo tiempo. Hay negocios y comercios que son “vandalizados”, pues bien, podrían apoyar la causa, portar pañuelos verdes o letreros alusivos, regalar agua y comida a las mujeres que marchan, en el entendido que todos tenemos madre, novia, hermanas, compañeras o hijas que no queremos que sean secuestradas, acosadas, violadas o asesinadas, empleadas a las que hay que tratar y pagar bien, hay que evitar confrontaciones o de plano cerrar el negocio ese día. No podemos darnos el lujo de negar las provocaciones para desvirtuar movimientos (fuente de amarillismo para que los medios vendan y la policía reprima) y de grupos políticos que se montan en estos movimientos para aprovechar el descontento: México tiene una larga tradición en el empleo de infiltrados y provocadores para causar desórdenes sociales.

     Es importante estar contextualizado con este movimiento, porque mientras se siga asesinando a mujeres en México esta oleada no va a parar, vienen más marchas, acciones y protestas y no podemos encasillar estos disgustos en una sola expresión o ser indiferentes. No podemos quedarnos solamente con las imágenes que nos venden los medios de comunicación y el alarmismo de los disturbios, las mujeres deben organizarse y hacer sus propios reportajes, mostrar otra mirada de las protestas, su visión de las marchas, sus propios medios audiovisuales que registren toda la gama de expresiones que se dan en las manifestaciones y darles la difusión que se merecen, no la que otros le dan, porque las redes sociales nos dan poder, el de la opinión.

2

Volviendo al anarquismo y las encapuchadas que se autodenominan anarquistas, es el tema más difícil de sostener, su radicalismo es el más incomprensible, porque es inviable defender todo fundamentalismo y dogmatismo. Tampoco podemos negar que en la trayectoria política de México hay una larga tradición por emplear a provocadores y agitadores que ensucien los movimientos y las causas justas, grupos de intereses que se aprovechan de estas luchas sociales. Aquí no buscaremos defender o justificar, mejor intentaremos explicar.

Estudiar en una escuela privada en México es un privilegio, como lo es la Universidad Iberoamericana, y además poder hacer estudios de maestría en una universidad de Inglaterra, como lo hizo Guillermo Sheridan, quien escribió un artículo titulado “Anarko pensamiento selecto: las damas”, que ya desde el título demuestra un desconocimiento del tema, del discurso y la teoría feminista y anarquista, texto que se publicó en la sección de opinión de El Universal en línea con fecha del 26/11/2019.

     Hizo una introducción muy escueta y tergiversada sobre el devenir de las ideas y el anarquismo en México, que para él deberían “mover” a las 54 organizaciones anarquistas que el ex CISEN registró en el país en 2016: «ya no los mueven las ideas del anarcosindicalismo, como el del Centro Sindicalista Libertario en la década de los años 20, ni de la Federación Anarquista Mexicana [FAM] que degradó en la CTM lombarda y fidelina. Tampoco se trata ya de la visión romántica de la revolución de Castoriadis u [Octavio] Paz, ni de su traslado a la vida laboral como quiso Enrique Mestre [sic]».

     Sorprende que su opinión, su texto, no sea digno de un intelectual de su talla, que no haya profundizado lo suficiente en el tema siendo parte del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel III, sin embargo entendemos que está sometido a la dinámica capitalista de eficiencia y productividad y por eso tiene que escribir y publicar rápido y constante en los medios. A lo mejor podría tomarse un tiempo después para que antes de escribir sobre el tema del anarquismo lea algunas recomendaciones como serían el libro de John M. Hart, El anarquismo y la clase obrera mexicana, 1860-1931 (Siglo XXI, 1980), o el de Pablo Gaytán, Anarquía Suburpunk. Confluencias rebeldes en la metrópoli 1977-2017 (La Casa del Ahuizote, 2018), para que se ponga un poco al tanto y sus opiniones (o críticas) sean más consistentes.

     Lo que no se puede hacer es, como venimos mencionando, hacer uso del poder de la opinión para tergiversar las cosas. En primer lugar, decir que el anarcosindicalismo no se sigue empleando es tan soso como decir que a los filósofos ya no los mueven las ideas de Aristóteles o Platón. Si el principio del anarquismo es la libertad, no es condición necesaria estar movido o pertenecer a una federación como la FAM para ser anarquista, mucho menos si degradó en una corporación de trabajadores cooptada por el gobierno y que adulaba a líderes como Vicente Lombardo Toledano o Fidel Velázquez, lo que menos persiguen los anarquistas es tener líderes o dirigentes que les den órdenes.

En cuanto a que ya no se trate de la «visión romántica de Castoriadis», lo desmiente el libro de Pablo Gaytán, Anarquía suburpunk, en donde se toman como referentes varias de sus ideas para argumentar formas anarquistas de revolucionar la vida cotidiana. Tampoco creo que haya mucho anarquismo que leer en Octavio Paz, quien sólo se sintió inclinado a través de su amigo Juan Bosch y por leer a Kropotkin, pero nos parece un intelectual más esquirol en la mayor parte de su vida. Al escribir Enrique Mestre, Guillermo Sheridan se equivocó, porque muy probablemente quiso decir Ricardo Mestre, el anarquista catalán que huyó del franquismo español y se instaló en México, fundó la tan criticada Biblioteca Social Reconstruir y de quien otro privilegiado como Enrique Krauze dijo que «predicaba el anarquismo original, pacífico, constructivo, libertario de Kropotkin […]», cursivas nuestras. Ya que mucho menos consideramos que haya algo llamado «neoanarquismo», como escribió Sheridan.

El miembro del SNI habla de un «exhibicionismo montesori que se disfraza de libertad» cuando en realidad el método de enseñanza Montesori no tiene mucha relación con el anarquismo, más bien fue el pedagogo anarquista español Francisco Ferrer Guardia que sentó muchas bases para que después otras personas establecieran escuelas de enseñanza libertaria, también llamadas escuelas modernas. Asimismo se burla del Auditorio Che Guevara, al que llama Justo Sierra a pesar de ser el movimiento estudiantil de los 60 el que lo rebautizó, y cree que su ocupación es un «psicodrama […] de la impunidad post-68» cuando en realidad esa ocupación data del desenlace de la huelga de la UNAM de 1999-2000, aquella que se opuso a la implementación de cuotas que privatizarían la educación superior nacional. Independientemente de estar a favor de estos temas o no, es necesario aclarar los datos.

Sheridan escribió: «de los vectores universitario y feminista […] el feminista es el más novedoso aunque ideológicamente predecible», cuestiones que no creemos que sean acertadas, no es novedoso ni predecible. A continuación, pasa a concentrar sus críticas en las Féminas Brujas e Insurreccionalistas (FBI), a quienes implícitamente cree responsables por los actos de vandalismo que se realizan en las marchas y manifestaciones que hacen las mujeres en la ciudad. Esto debido al comunicado que emitieron las FBI que apareció en el sitio de internet Contra Info el 18 de agosto de 2019: “México: llamado a la acción anárquica por Féminas Brujas e Insurreccionalistas”.

Critica a las FBI porque no se consideran feministas y rechazan el feminismo, pero el feminismo de escritorio e intelectual orgánico, ese que se apega al Estado y saca prebendas de su beneplácito. Porque justamente el anarquismo desde por lo menos el siglo XIX ha optado por la igualdad entre mujeres y hombres, la igualdad de oportunidades sin importar el sexo (el género, en términos del siglo XXI), así que ya no es necesario agregar adjetivos, las FBI se denominan anarquistas simplemente.

Si leemos el comunicado de las FBI podemos darnos cuenta que Sheridan hizo una selección de párrafos para sacarlos de su contexto y adecuarlos a su crítica a las mujeres. El anarquismo desde mucho tiempo atrás se ha opuesto a la injerencia del Estado en las vidas de todas las personas, y de la mano de la connotación política que Marcela Lagarde la dio al concepto de feminicidio, hay un vínculo que une ambas luchas y demandas: denunciar al Estado. El que las FBI no se consideren “Pueblo” es una alusión clara al discurso y la manera en que se dirige a los mexicanos el presidente López Obrador, se consideran «guerreras anárquicas en lucha contra el patriarcado», que si volvemos a la definición que dimos de anarquismo y de patriarcado hayamos cierta relación en esta consigna.

Lo que más asusta a esta “opinión pública” de las FBI, es su odio hacia la policía, la negación al diálogo que enarbolan, su inclinación a la revuelta y su deseo de destrucción. Pero finalmente el saldo de la manifestación del 16 de agosto de 2019 fue blanco, a pesar de haber sido incendiada la estación de policía de la calle Florencia en la colonia Roma, no hubo policías muertos.

Todo lo anterior nos hace pensar que más bien son los medios de comunicación más influyentes quienes les dan este sensacionalismo al vandalismo, a las pintas y a los vidrios rotos, para que la población y comunicólogos caigan sorprendidos en esta pantalla mediática y opinen parcialmente en las redes sociales, periódicos y televisión. Si Guillermo Sheridan hubiera querido criticar al anarquismo por sus actos “vandálicos” hubiera empleado mejor el libro de Juan Avilés Farré, La daga y la dinamita. Los anarquistas y el nacimiento del terrorismo (Tusquets, 2013), y ahora sí, tener elementos para criticar el apelo a la destrucción que promovió Bakunin y desmenuzar el llamado al uso de la violencia contra los burgueses de Kropotkin (Enrique Krauze se sorprendería de los artículos incendiarios de este ruso en su periódico Le Révolté y que al mismo tiempo escribiera sobre moral). Criticaría tal vez, como lo hace Juan Avilés Ferré, que esos actos de “vandalismo” (o terrorismo) son realizados por nihilistas (personas que repudian los valores de esta sociedad) u oportunistas, que adquieren notoriedad cuando «acceden a los titulares de los medios», los cuales les dan «espectacularidad» y «llaman la atención» de la gente, en lugar de analizar el movimiento de las mujeres y centrarse realmente en los asesinatos contra ellas, que esos sí son violentos y causan terror.