El paradigma de la ciencia

Hoy día la ciencia es el paradigma de todo conocimiento, como parámetro desde el cual tenemos certezas de la realidad que nos rodea y del más allá, y es muy difícil que alguna forma de conocimiento lo sea si no está condicionado o avalado por este adjetivo de “científico”. Creemos que la ciencia es imparcial, objetiva, neutral, tolerante, humanista, democrática, mundial, justa y buena, por así decirlo, y no podemos reprocharle nada porque está “científicamente” comprobado.

            En realidad, la ciencia tiene un punto de partida geopolítico que está determinado histórica, cultural e ideológicamente, y ese punto es Europa, pero no toda Europa, sólo algunos centros de radiación que podríamos denominar Occidente (después se traslada a Estados Unidos, a la URSS con la Guerra Fría y a China actualmente, pero sigue siendo occidental). Por eso mismo, la ciencia es eurocéntrica, imperialista, arbitraria, competitiva, hegemónica y de hombre blanco, y por consecuencia, parcial y subjetiva.

            Si quisiéramos hacer ciencia, ser científicos, debemos contar con una serie de privilegios para lograr nuestro propósito de manera más fácil y sin tantos esfuerzos. Mentira aquella propaganda que apela al esfuerzo y el mérito individual de personas de clases bajas que llegan a trabajar en la NASA, se apoyan en infinidad de lazos socio-económicos precarios. Si naces en India, por el proceso de colonización británica que atravesó, hay más ventajas para acercarse al inglés (la lengua del imperio, la lengua de la ciencia), hay que subir por las pirámides jerárquicas de la educación, las becas, los tutores, los proyectos y los institutos científicos, hasta llegar a un centro geopolítico de emisión y producción de la ciencia. Hay que lambisconear un poco. La motivación del “avance” de la ciencia es el poder.

            Si naces indígena en América, hay que aculturalizarse occidentalmente, pensar en inglés, leer a los teóricos occidentales (y periféricos que dependen del centro de emisión de la ciencia) para poder hablar de tú a tú con otros colegas. Ser aceptado en los programas de experimentación científica, publicar en las revistas indiciadas, escribiendo uno o más artículos científicos al año sin importar si hay “avances” o innovaciones concretas. Porque no se puede hacer ciencia desde el conocimiento indígena ancestral, la ciencia no puede provenir de grupos étnicos papúes de Nueva Guinea por ejemplo, ni de los chiítas de Irak, de los mursis de Etiopía, ni de los mapuches de Chile-Argentina, ni de los innuits de Groenlandia, a menos que se occidentalicen. La ciencia no es democrática ni mundial, difícilmente está al alcance de todos y está culturalmente determinada.

            Occidente pretende rastrear hasta los filósofos naturales de la Grecia antigua el origen de los principios científicos, como afirma Isaac Asimov en su libro Los griegos de 1965: «Tales de Mileto especuló sobre la constitución del universo, su naturaleza y origen. En su primer supuesto afirmó que no había dioses ni demonios involucrados, sino que el universo opera por leyes inmutables. Y en el segundo supuesto sostuvo que la mente humana, mediante la observación y la reflexión, podía conocer [y entender] esas leyes. Toda la ciencia, desde la época de Tales, parte de estos dos supuestos». Pero no puedo olvidar las clases de mi maestro, el filósofo Eduardo Ceballos Uceta, cuando nos señalaba que el umbral de la ciencia como la conocemos o el punto de partida de su desarrollo moderno podemos encontrarlo hacia el siglo XVII en Europa, cuando inicia una supuesta separación entre ciencia y religión, como proponía el laicismo temprano de Tales de Mileto.

            Justo estos primeros “científicos” del XVII eran sacerdotes o seminaristas de teología. Las primeras universidades de Europa eran religiosas, cristianas, no había forma que fuera de otro modo, no existía la educación laica. Copérnico, quién describió las órbitas de los planetas y las elipses que trazan alrededor del Sol donde éste ocupa uno de los focos, era sacerdote. Galileo venía de un convento y fue sometido por la Inquisición para que se retractara de las “leyes inmutables de la naturaleza” que había descubierto. El universo era obra del Dios de los cristianos y ellos “descubrían” las leyes que lo regían por medio de la razón, otorgada por ese mismo Dios, y no podía ser el dios de los musulmanes (¡qué blasfemia estoy diciendo!) y mucho menos podía ser obra del dios Ra que los antiguos egipcios pensaban había creado el universo, tampoco de los dioses que se reunieron en Teotihuacán para crear de nuevo al mundo, esos eran mitos de infieles. Nada más arbitrario que el cristianismo como idiosincrasia que influyó en los cimientos de la ciencia.

            Irónicamente, siguiendo el razonamiento del filósofo inglés que refuta la noción de progreso, el profesor de Oxford y Harvard, John Gray (el conocimiento hegemónico sigue teniendo un centro emisor), señala «hasta qué punto el concepto occidental de progreso y su visión lineal del tiempo y de la historia [de peor a mejor] son deudores del cristianismo» (en Misa negra, la religión apocalíptica y la muerte de la utopía, 2017). Pero en otro texto reitera que el mundo moderno se creyó la fábula, el cuento de hadas, de la creencia de que el progreso es irreconciliable con la religión, cuando la ciencia moderna abría un camino de luz frente a la época oscura: «la fe en el progreso es un vestigio tardío del cristianismo primitivo y se remonta al mensaje de Jesús del anuncio del fin de los tiempos [yo lo ubico en el momento en que triunfó la idea del Juicio Final en la tardía Edad Media y el milenarismo]. Para los antiguos egipcios, como para los antiguos griegos, la historia humana se encuadraba en los ciclos de la naturaleza. Lo mismo ocurre en el hinduismo y el budismo, en el taoísmo y el sintoísmo. Al crear la expectativa de un cambio radical en los asuntos humanos, el cristianismo ˗la religión que Pablo se inventó˗ fundó el mundo moderno» (de su libro El silencio de los animales, sobre el progreso y otros mitos modernos, 2018). Es imposible que un corpus como la ciencia esté libre de influencias, pero la raigambre cristiana occidental influye en la ciencia al formar parte de esta misma noción de progreso.

            La ciencia responde a la eficacia de causa-efecto que permite multitud de actividades humanas y que no necesariamente tienen nada de científicas. Si todos los seres humanos en distintas partes del mundo fabricaron arcos y flechas, es porque respondían a una manera eficaz de cazar. El chamán que curaba, seguía esta dinámica de causa-efecto y cuando no funcionaba su magia la comunidad lo mataba o lo exiliaba, sirve o no sirve. Del mismo modo que las teorías científicas que descubren las leyes mutables de la naturaleza, se desechan o se les ponen parches cuando no explican la realidad. A las tesis newtonianas de la física se le hicieron adecuaciones cuando los experimentos de la física moderna no eran congruentes con ellas. El ya citado Isaac Asimov explica que tuvo que desecharse la teoría de la existencia del éter cuando ya no respondía a las observaciones de la realidad, en Breve historia de la química (1965), es decir, respondía a la eficacia: se usa hasta que funcione, lo cual no tiene nada de científico.

            Sin embargo, como la ciencia se ha vuelto el paradigma (usando el concepto de Thomas Kuhn de su libro La estructura de las revoluciones científicas) pareciera que todo debe y puede tener una explicación “científica”, se busca aplicar la física, las matemáticas, la química o la multi-disciplina a toda nuestra realidad. Antes eran un apéndice de nuestra visión y relación con el mundo, ahora el mundo está contenido en la ciencia, el mundo se ha vuelto un apéndice del conocimiento científico. En ese sentido podemos hacer una analogía con la crítica que hace Miguel Amorós del capitalismo y el crecimiento de las ciudades: «Ya no podemos hablar propiamente de la ciudad del capital puesto que el interés del capital no radica solamente en la metrópolis, sino del territorio del capital, porque el capital ha ocupado totalmente el territorio [la naturaleza], haciéndolo soporte de todos sus equipamientos, actividades económicas e infraestructuras [extrayendo de él todos los insumos]», del libro Cénit y ocaso (materiales para una crítica de la ideología del progreso), 2016.

            Y es que sucede que la historia del progreso de la ciencia como la conocemos va de la mano de la historia del capitalismo, conforme éste se va constituyendo como el régimen que determina (casi) todas las relaciones y actividades humanas, aquélla se iba consumando como el parámetro de toda explicación y conocimiento del universo. Así lo presenta en su investigación Francisco Serratos con su libro Capitaloceno (2020), el padre francés del racionalismo, René Descartes, propició la separación entre naturaleza y sociedad (individuo) «según la cual el hombre ˗blanco, europeo, liberal y rico˗ reduce a la primera a un mero objeto de estudio cuyos secretos son revelados por un proceso racional [pero devastador] para poder controlarla».

Aún más, para Descartes este control se hace a través del método científico, y no es casualidad que este pensador escribiera durante el siglo XVII, en que Holanda inicia su despegue comercial y depredador por el mundo (traficando esclavos de Angola a Brasil para hacer monocultivos de caña de azúcar, destruyendo el bioma de la mata atlántica, y llevando diabetes temprana a toda Europa en cientos de barcos construidos con la tala de los bosques), acelerando la acumulación primitiva (términos de Marx) del capitalismo incipiente. Y todo ello apoyado en métodos de una ciencia económica (el incipiente liberalismo) que dictaba la extracción de mayores beneficios y rendimientos.

Tráfico negrero por parte de los europeos, patrocinó muchas actividades

            Ahí no acaba la indagación de Francisco Serratos que, basándose en los autores Moore y Patel, afirma que el racionalismo de Descartes influyó en Francis Bacon para quien «la ciencia ˗el hombre˗ debe escarbar, abrir, explorar, penetrar, diseccionar el “útero de la naturaleza” para poder entenderla, explotarla y dominarla. El sometimiento de la mujer es fundamental para el capital desde el momento en que, de su trabajo doméstico y su control natal, se extrae una plusvalía». No es casualidad que Bacon escribiera en un momento en que inicia la explotación del carbón, de la minería como ciencia moderna. «El pensamiento racional fundado por Descartes, Bacon, Harvey y Newton, quienes sentaron las bases de la Revolución Científica en los siglos XVI y XVII, propulsó las innovaciones tecnológicas que comenzaron a tener un impacto ecológico [perjudicial]». Serratos no es nada alentador cuando escribe: «cada evento de nuestro evolución ha tenido un impacto en la naturaleza».

            “Es que no podemos juzgar a la ciencia por los usos que le han dado”, ya oí la defensa que me replican. La ciencia parte de esos mismos usos, contrargumento. Tampoco es que neguemos sus aportaciones (estamos inmersos en su razonamiento de aproximación a la realidad) ni la puesta a nuestro alcance de los conceptos básicos científicos que nos da la educación popular, pero de ahí a todos ser partícipes de su “progreso” y ejecución es otra cosa. Como en la Edad Antigua, en la Edad Media, en el Anáhuac o el Tahuantinsuyo, pocas personas estaban vinculadas con los conocimientos “superiores”, porque respondían a los intereses, necesidades y deseos de las clases ricas, de las clases poderosas y de los gobernantes. La ciencia del siglo XIX estuvo a merced del patrocinio de las empresas coloniales e imperialistas de las potencias. Someter a las leyes de la geografía, realizando exploraciones en África, contribuyeron a su reparto. Los estudios antropológicos eran racistas, ¿quién podría decir que sobre esos cimientos no reposan los actuales?

Medidas de cráneo asociadas a la raza de la ciencia decimonónica

            Quiero contribuir a la humanidad con mis aportes científicos pero mi condición de sometimiento salarial me obliga a trabajar para el Estado o la iniciativa privada, termino desarrollando mejores sistemas de seguridad y de defensa (la Cúpula de Hierro de Israel, escudos anti-misiles). Toda la propaganda en revistas culturales, científicas, en artículos de intelectuales y hombres de ciencia que pagaron los Estados Unidos durante la Guerra Fría (como menciona Josep Fontana en Por el bien del imperio, 2011), su propaganda mediática, para hacernos creer que la llegada a la Luna era un “gran paso para la humanidad”, un avance de la ciencia, en realidad respondía a una competencia ideológica y bélica por la conquista del espacio frente a la URSS: la Guerra de las Galaxias, poner satélites en órbita para vigilar al enemigo. Después vino la Guerra Digital, la creación de las computadoras y el internet para vigilar mejor al enemigo.

Propaganda soviética alusiva a la Guerra Fría

            En este esquema no podemos seguir creyendo que la ciencia es imparcial y objetiva. Con la Primera Guerra Mundial se demostró cómo la ciencia y la tecnología se pusieron al servicio de la guerra, inventando y produciendo más y mejores armas para aniquilar seres humanos, sin dejar de lado el inicio de la guerra bactereológica, aunque sus antecedentes los podemos encontrar en las cobijas y ropas infectadas con enfermedades que los europeos regalaban a los indígenas para diezmarlos. ¿Alabaremos las guerras mundiales que nos trajeron los submarinos, el radar, el papel aluminio, las anfetaminas, los walkie-talkies, el internet, etcétera? La ciencia y la tecnología no actuaban autónomamente, movidas por sentimientos humanitarios y justos, se hizo a costa de la muerte de millones de personas. Si Einstein no participó en el Proyecto Manhattan por las implicaciones morales que conllevaba, no por ello la física dejó de avanzar y desarrollarse para crear bombas atómicas y energía nuclear, este genio era coherente con su fe: “Dios no juega a los dados”, pero los humanos sí, y nada más irracional que los juegos de azar.

            En el caso de la ciencia médica, la influencia del emporio Rockefeller es algo ya conocida. Hacia principios de siglo XX se descubrió que varios componentes podían derivarse del procesamiento del petróleo. De manera que Rockefeller buscó la manera de suministrar productos farmacéuticos y medicinas a los médicos y las instituciones de salud. Fue así como la formación de los futuros médico se enfocó en el estudio de la farmacología, descuidando áreas como nutrición o fitoterapia, como llama la atención Adolfo Lozano en su artículo “Cómo las farmacéuticas destruyeron la medicina” en LibertadDigital (19/10/2011). De modo que la ciencia médica responde a intereses económicos. La idea es menguar los síntomas de una enfermedad, no atacar la causa misma. El caso de miles de estudiantes que ingresan a la carrera de medicina (u odontología), se les pregunta en público porqué desean estudiar y responden que quieren ayudar a la gente. En realidad aspiran a subir la pirámide socio-económica, es una carrera vista como un medio de movilidad social, de lo contrario los precios las consultas, estancias y tratamientos de la salud privada no serían altísimos. La salud cuesta, entonces hay un falso altruismo, porque en realidad se lucra con la salud de las personas, llevando el ámbito de la salud a la dinámica del capitalismo.

            El paradigma imperante de la ciencia es el siguiente: “de acuerdo con un artículo científico”, “según un estudio científico realizado por la universidad…”, es difícil creer que la ciencia no está sometida a algún tipo de manipulación, que responde a algún interés o que es un campo no jerarquizado. Esta crítica de los valores de la ciencia se confunden con el “negacionismo”, la corriente que niega la verosimilitud del conocimiento científico (como cuando algunas personas cuestionan la certeza de las vacunas), cuando en realidad hay que reflexionar y buscar soluciones para que la ciencia se vuelva realmente accesible para todos y se desprenda de esos valores geopolíticos y económico-culturales que la vieron nacer.

Historia 9 Causas de la Primera Guerra Mundial

Las causas de esta conflagración podemos rastrearlas en el imperialismo de las potencias, la competencia geopolítica de la extracción de recursos (como uno de los largos efectos de la Revolución Industrial), el nacionalismo, las alianzas secretas entre las potencias y el asesinato de los herederos al trono austríaco. Expliquemos cómo influyó cada una de estas causas:

            La ambición imperialista del káiser Guillermo II al frente de Alemania, que sustituyó la política de la diplomacia del ministro Otto Von Bismarck por una política más agresiva, con la construcción de una fuerza naval que hiciera competencia a la británica. Desde finales del siglo XIX Alemania surgía como potencia, exportando carbón y acero hacia el Este de Europa y elevando su producción industrial. Gran Bretaña no era ajena a este crecimiento, el periodista Ernest Williams publicó su texto Made in Germany en 1896, acerca de la amenaza que significaba el crecimiento industrial alemán para la industria británica, esto venía a ser una competencia por la supremacía de las dos mayores potencias industriales.

Guillermo II

            Hacia principios de siglo XX, Alemania requería abastecer de petróleo a su industria, por lo cual procuraron penetrar de manera más firme en Medio Oriente (en el actual Irak), donde el Imperio Otomano tenía sus posesiones, por lo que Guillermo II se acercó al sultán y realizó una serie de visitas. El objetivo era la construcción de una vía ferroviaria, el ferrocarril de Bagdad, que llegaría hasta la península de los Balcanes y así para llevar oro negro a Europa central y Alemania. Esta geopolítica alemana se enfrentaba a las vías marítimas que Gran Bretaña empleaba para extraer el mismo recurso del Golfo Pérsico, rodeando por mar la península arábiga y con las materias que venían de India, para ser transportadas por el Canal de Suez en Egipto (administrado por los británicos), y de ahí a Europa en sus barcos de vapor. Era evidente e inminente una confrontación entre Gran Bretaña y Alemania para ver quién ocupaba el papel de primera potencia mundial.

Geopolítica de obtención de recursos fósiles

            El elevado nacionalismo que venía reproduciéndose desde el siglo XIX y que motivó a políticos y a la población en general a entrar en la guerra como único medio de solución en los desacuerdos. Los medios de comunicación, periódicos, revistas y radio promovieron la movilización de hombres en edad de pelear para enlistarse en el ejército y generar odio en contra de la población de los países contrincantes. La idea de generar una imagen de monstruosidad en el otro, de odio hacia el otro, de aniquilamiento del otro, como único camino para dirimir diferencias, no era nueva, pero ahora adquirió dimensiones nacionales sin estar conscientes del infierno que se desataría.

Propaganda británica de alistamiento en el ejército (nacionalismo)

            Asimismo, desde el siglo XIX Francia ya había establecido alianzas secretas con el Imperio Ruso para contrarrestar el avasallante avance y preponderancia del Imperio Alemán en Europa y Medio Oriente, época de la que data la inversión francesa en bancos y minas rusas. No tardó mucho en que Gran Bretaña se uniera con Francia en esta alianza, después de negociar el reparto de territorios en África central, que casi los llevó a un enfrentamiento bélico, a ambos países les convenía frenar al Imperio Alemán. Por su parte, Alemania había trazado acuerdos con el Imperio de Austria-Hungría, debido a su posición estratégica en la península de los Balcanes, así como con el Imperio Otomano por la importancia de sus recursos en Medio Oriente.

Alianzas secretas y países implicados

            La causa inmediata de la Primera Guerra Mundial, es decir, la chispa que hizo estallar la conflagración, fue el asesinato de los archiduques herederos al trono de Austria-Hungría. El Imperio Austro-Húngaro, metido en la dinámica imperialista de expandir su territorio, comenzó a absorber varios países y naciones pequeñas en la península de los Balcanes, como Bosnia, y tarde que temprano hacer frontera con el Imperio Otomano (una vieja enemistad entre el Islam y el cristianismo), para conectar la línea ferroviaria con la que venía del ferrocarril de Bagdad. Dentro de los planes del Imperio Austro-Húngaro se hallaba la absorción de Serbia, por ello los archiduques Francisco Fernando y Sofía Chotek realizaron una visita y acompañaron un desfile militar en Sarajevo, que era capital de Bosnia, y cerca de la frontera con Serbia, como una acción intimidatoria.

Asesinato de los archiduques al trono de Austria-Hungría

            El 28 de junio de 1914, lo que parece que era un nacionalista serbio-bosnio de 19 años de edad llamado Gavrilo Princip disparó en contra de los archiduques mientras cambiaban de ruta en un carro (con el capote al descubierto) porque había sucedido un atentado con bomba minutos antes. Las autoridades austro-húngaras creyeron que el asesinato había sido perpetrado por anarquistas, porque años antes se habían dado varios hechos de esta índole, se culpaba a una supuesta organización secreta, la Mano Negra, como parte del atentado, y al nacionalismo de los grupos paneslavos (croatas, eslovenos, bosnios y serbios) de librarse del Imperio. Gavrilo Princip fue detenido, torturado, interrogado y enjuiciado, mientras el gobierno austro-húngaro exigía por medio de un ultimátum a Serbia una incursión policíaca para capturar a más implicados, al ser ignorada el Imperio de Austria-Hungría le declaró la guerra a Serbia, en lo que parecía un conflicto local.

Detención de Gavrilo Princip

            Serbia mantenía una alianza secreta con el Imperio Ruso, quien se sentía comprometido en la defensa de sus primos eslavos, porque los rusos forman parte de la familia étnico-cultural eslava, y además deseaba contrarrestar el dominio austro-húngaro en los Balcanes. En este sentido, el Imperio Ruso le declaró la guerra al Imperio Austro-Húngaro, el cual recurrió a su aliado el Imperio Alemán para que le ayudara a hacer frente a la amenaza rusa. Pero el Imperio Ruso ya estaba comprometido con una Triple alianza con Francia y Gran Bretaña, dos países que también buscaban el detrimento de los alemanes. El desgastado Imperio Otomano no tuvo más opción que seguir a sus aliados, las potencias centrales, en la ola de declaraciones de guerra que no podían frenarse. Lo que inició como un conflicto local se convirtió en un conflicto de dimensiones continentales debido a las alianzas secretas. A mediados de 1914 empezó este enfrentamiento bélico que se denominó inicialmente la Gran Guerra, pero con el posterior conflicto que significó la Segunda, adquirió el nombre de Primera Guerra Mundial, que duró hasta 1918.

La carne de cañón, soldados franceses en el frente de guerra

El movimiento obrero europeo se dividió entre dos posturas antagonistas: por un lado la posición nacionalista que respondía al llamado de los gobiernos, los medios de comunicación y a la algarabía de las masas de apoyar la producción nacional de sus respectivos países, los proletarios de cada país se sumarían al esfuerzo bélico, al esfuerzo de guerra para producir más en las fábricas y así ganar la guerra. Por otro lado la postura internacionalista, que manejaba la idea, más adecuada y consciente con la realidad, de que todos los obreros de Europa tenían que oponerse a la guerra, convocando a paros generales y huelgas para no producir armas ni municiones, parar las fábricas para detener la guerra. Al fin y al cabo los hijos de los obreros o ellos mismos irían al frente de guerra como soldados, mientras los ricos, las clases altas y los gobernantes se hacían guerras que ellos no peleaban. La propuesta era, en lugar de una guerra mundial, hacer la revolución social para cambiar las pésimas condiciones del proletariado y las clases bajas europeas. Muchos de estos dirigentes fueron asesinados, como el francés Jean Jaurés, y otros encarcelados.

Fuentes:

Eric Hobsbawm. Historia del siglo XX. Barcelona, editorial Crítica, 1995.

David Thomson. Historia mundial de 1914 a 1968. México, FCE, 1989.

Nathaniel Abelson. et. al. Grandes acontecimientos del siglo XX. México, The Reader’s Digest, 1979.

Herwing Weber (coord.). El fin de la humanidad, 1914-2014. México, Universidad del Claustro de Sor Juana/UNAM/Embajada de Austria, 2014.

Historia 7A Imperialismo y colonialismo europeo siglo XIX

El proceso de colonización y dominio por parte de una civilización por encima de otra es muy antiguo y el imperialismo que lo acompaña va de la mano. Por imperialismo reconocemos un ente de poder (el imperio) que se manifiesta en torno a una ciudad, un país o una gran comunidad que se impone sobre otras. Sus tres principales características son 1. Cuentan con un poder centralizado, la toma de decisiones políticas y económicas tiene un epicentro, no sólo físico, que recae en personas determinadas, sino geopolítico (es decir, ubicado en una zona geográfica específica), por lo general recae en la persona de un emperador y su gabinete de administración, o en una clase política (vinculada con la élite económica) que dirige dicho imperio. 2. Busca extender su territorio de dominación más allá de su campo de acción, ya sea para poseer más tierras o para hacerse de colonias de donde extraer recursos naturales, materias primas, mano de obra barata y abrir mercados para sus mercancías. Y 3. Se crea una ideología y un discurso de superioridad que avala o justifica el uso de la fuerza de ese imperio, sus ambiciones territoriales y por supuesto los valores de su cultura o civilización por encima de las otras.

            La competencia entre monarquías por obtener la hegemonía (el predominio) de los mejores y mayores zonas de recursos del planeta y para aumentar su poderío nacional inició en Europa desde muy temprano. España y Portugal avanzaron en su expansión ultramarina desde los siglos XV y XVI, después lo hizo Holanda en el siglo XVII, pero Francia y Gran Bretaña no cesaron en sus proyectos imperialistas y para el siglo XVIII Gran Bretaña ya se había convertido en la primera potencia naval. A principios del siglo XIX, la Francia de Napoleón Bonaparte se posicionó como potencia terrestre en el continente europeo, hasta que perdió en la batalla de Waterloo (Bélgica) en 1814, cuando los aliados encabezados por Gran Bretaña disminuyeron su poder de acción. Si la ola revolucionaria francesa alcanzó a las colonias de España y Portugal en América, las consecuencias fueron la independencia política de sus colonias, pero las nuevas repúblicas independientes se vieron sometidas a la dependencia económica de Gran Bretaña y Francia (con préstamos, inversiones y demanda de materias primas).

El Almirante Nelson (Gran Bretaña) y Napoleón (Francia) repartiéndose el mundo

            La mayor parte de los países europeos se lanzaron a la empresa colonial en Asia primero y después en África. Holanda ya había penetrado en Indonesia (las Islas de las Especies) desde el siglo XVII, el Imperio ruso ya lo hacía en varios países de Asia central, Gran Bretaña y Francia llevaban una sorprendente delantera, y el Imperio alemán llegó al último pero también aceleró su proyecto colonizador. Para abrir el gran mercado chino, aprovechar sus materias primas y su mano de obra, estos países de Europa junto con Japón y Estados Unidos abrieron los puertos orientales por medio de la fuerza, del uso de la violencia, porque China se negaba a tratar con los occidentales, al igual que Japón, no necesitaban nada de ellos.

            Sin embargo, fue Gran Bretaña quien introdujo opio a China a principios del siglo XIX, a través de su gran colonia en India (la joya de la corona), desde donde sembraba amapola, y proveía así a los fumaderos de opio que perjudicaban a la población china. El emperador Daoguang, de la dinastía Qing, tomó medidas al respecto, prohibiendo la entrada de dicho narcótico, esto condujo a los británicos a justificar su intervención armada, bajo el pretexto de estarles vetado el «libre comercio», con varias campañas bélicas que llevan por nombre las Guerras del Opio, entre 1839 y 1860. El poderío naval británico y finalmente una coalición de tropas de los países antes mencionados entraron en Pekín, la capital china, para obligar a la dinastía Qing a abrirles sus puertos y darles beneficios comerciales en gran parte del país. Gran Bretaña se apoderó entonces de Hong Kong (ciudad que entregó a China hasta el año de 1997).

Caricatura del reparto de China en el siglo XIX

            Años más tarde, tocó el turno al Imperio alemán con el ministro Otto von Bismarck al frente de las relaciones exteriores y que ya había alcanzado una posición preponderante en Europa después de derrotar a Francia en 1870. Con el aumento de las exploraciones en el continente africano, los alemanes vislumbraron el inminente reparto de África a finales del siglo XIX. En las negociaciones tuvo que ver la injerencia del rey Leopoldo II de Bélgica, quien se adjudicó el extenso territorio del Congo para su colonización. La Conferencia, celebrada en Berlín en 1884, repartió prácticamente el continente africano entre las principales potencias europeas que se sentaron en la mesa de negociaciones. Un proceso de colonización (y difusión del cristianismo en las comunidades y pueblos africanos) que se extendió hasta 1914.

Caricatura del reparto de África por Bismarck

            El establecimiento del capitalismo, sistema basado en la posesión, adquisición y aumento de la riqueza y de capital, como régimen económico del imperialismo, ya se había establecido en este siglo XIX. Las potencias europeas explotan los recursos naturales, extraen mano de obra y materias primas de sus colonias, éstas se manufacturan en sus fábricas (la Revolución Industrial es el parámetro a seguir) y exportan la mayor cantidad de sus excedentes en medios de transporte que usaban carbón, y después petróleo, para venderlas caro y así aumentar sus riquezas, esa forma de lucrar es obteniendo plusvalía de las mercancías (es decir, mayor valor del que tienen), en pocas palabras, se compra y se produce barato para vender muy caro. Venden sus manufacturas en sus mercados coloniales o buscan abrir otros a través del engañoso libre cambio, protegen la entrada de productos extranjeros con impuestos aduaneros (lo que se llama proteccionismo) e invierten sus capitales en los demás países en empresas como la minería, bancos, préstamos de dinero, por mencionar algunas. La imposición la logran por medio de la fuerza, es decir, por las armas (la violencia como medio de persuasión) o por medio de una diplomacia agresiva bajo el pretexto del «libre comercio».

Las misiones cristianas también respondían a la idea de civilizar a los no-occidentales

Los países desarrollados industrialmente empezaron a realizar Exposiciones de industria, agro-ganadería, tecnología y de los respectivos productos que manufacturaban, hasta convertirse en exposiciones donde los demás países buscaban participar para subirse al tren del progreso. La más representativa fue la Exposición Universal de París, 1889, en la que México también encontró su lugar para participar. Se presentaban logros como la construcción de vías ferroviarias, las cuales extraían recursos naturales y los llevaban a los principales puertos para sus destinos en las metrópolis y centros geo-económicos de poder. La Torre Eiffel fue una obra arquitectónica, hecha con acero (el logro de la Revolución Industrial) para esta Exposición. La grandeza occidental presentada en estas exposiciones garantizaba, justificaba y le daba razón de ser al imperialismo europeo y norteamericano, sosteniendo una ideología de superioridad, dejándoles el lugar de países periféricos a los de América Latina y de colonias a los de Asia y África.

Exposición Universal

El discurso que favoreció esta ideología se encuentra en la corriente del darwinismo social, que desarrollaron filósofos como Herbert Spencer a partir de la teoría de la evolución de las especies y la selección natural de Charles Darwin. Si bien este último había tomado muestras de la flora y fauna para llegar a la conclusión de que las especies mejor adaptadas sobreviven mejor al entorno y, de ahí, la conclusión (errónea) de la supervivencia del más fuerte, Spencer trasladó esto al ámbito social y dedujo que el hombre blanco, europeo occidental, era el más evolucionado y se encontraba en la cima de la pirámide social, dando pauta interpretaciones racistas de la historia de la humanidad. Piotr Kropotkin, un anarquista ruso, opuso su teoría del apoyo mutuo al darwinismo social, resaltando que, tanto en animales como en humanos, la organización y los lazos de fraternidad entre los miembros de la comunidad (no la competencia) promueven la supervivencia del grupo. La riqueza de estas potencias europeas y EUA se levantaba sobre la ignominia de la explotación humana y la extracción indiscriminada de recursos, y la competencia entre ellas (a ver quién podía más) las llevó a enfrentarse en una guerra devastadora que traería la decadencia de la modernidad que habían creado.

Fuentes:

Ernst Gombrich, Breve historia del mundo. Madrid, Ediciones Península, 2007. Varias ediciones.

Eric Hobsbawm, La era del Imperio, 1875-1914. Barcelona, Paidós/Booket, 2015.

Emili López Tossas, Síntesis de Historia Universal. Madrid, Ediciones Península, 1999.

Eduardo del Río, Rius, La trukulenta historia del kapitalismo. México, Editorial Posada, 1976. Varias ediciones.

Mauricio Tenorio, Artilugio de la nación moderna. México en las exposiciones universales. México, FCE, 1998.

La ideología que colocaba al hombre blanco europeo en la cima de la evolución
Parodia del proyecto imperialista colonial alemán

Cultura 8 500 años de la Conquista

*Texto publicado con algunas modificaciones en la Revista Coapan, Revista de Literatura y otras reflexiones, Prepa 5, CDMX, n. 4, mayo 2021.

Hablar de la Conquista de México es un tema ya debatido y debatible casi que infinitamente. Nos sabemos de memoria la frase “los españoles vinieron a conquistarnos”, pero, ¿a quiénes vinieron a conquistar? Hablamos, escribimos y pensamos en español (como les digo a mis estudiantes), nos vestimos como occidentales y si cualquiera de nosotros estuviera en las calles de Barcelona o el metro de Madrid, pasaríamos desapercibidos, pareciera más bien que nosotros somos los conquistadores. Ya lo dijo Yasnaya Aguilar “el indígena no forma parte del discurso del Estado”. Pero lo bonito de la educación y la cultura mexicanas es que nos han forjado un alma indígena (como decía Manuel Gamio) y a ello súmale la lectura obligatoria de Visión de los vencidos, los mexicanos estamos del lado de los “conquistados”.

El maestro Horacio Crespo me decía que no deberíamos tomar postura frente al pasado, pero es casi imposible y menos cuando se trata de la Conquista de México. En el imaginario figura como un trauma más de la historia de México (Edmundo O´Gorman), el segundo trauma vendría a ser la Guerra del 47: la Segunda Conquista de México, y con razón, pues el general Winfield Scott siguió la ruta de Cortés para llegar a la capital desde Veracruz.

En un grupo de danzantes mexicanos se negaba a aceptar que nuestros ancestros, los antiguos mexicanos, practicaran alguna forma de canibalismo, como para no caer en el error de ser los españoles quienes vinieron a civilizarnos. Pero el sacerdote que representaba al dios Xipe Totec se vestía con la piel de un sacrificado desollado, y hay testimonios de europeos que se volvieron caníbales en tierras americanas. Ambos eran salvajes y son hechos históricos que no podemos comprender empática ni culturalmente.

Sacrificios en el Códice Magliabechiano

No quiero debatir más sobre esta discusión, prefiero imaginar. Y para eso me sirvo de una herramienta teórica que hace posibles las historias imposibles. Historias con muchas posibilidades de suceder y que casi pudieron haber sucedido o que parece que ya las vivimos (“El remake como eterno retorno”). Los condicionales contrafácticos de Geoffrey Hawthorn son esa herramienta, a través de ellos puedo diseñar otras historias y nuevos finales (no sé si más felices). O sea, hacer fan fiction.

Fotograma de la película Apocalipsis Now

Mi contrafáctico de Cortés es como el coronel Kurtz de la película Apocalipsis Now (1979), que siendo comandante en jefe de un batallón perdido en Camboya durante la Guerra de Vietnam, se encuentra con una tribu en la selva que los acoge y lo tienen por dios. Pánfilo de Narváez sería Charlie Sheen, que trata de hacer entrar en razón a Kurtz, pero también enloquece y sigue en su epopeya al loco comandante. Pa pronto, Cortés el líder del cártel más grande del Golfo y de la Mar Oceana, controlando todo el tráfico desde Cuba hasta las Filipinas, trayendo las mercancías chinas que se venden en Tepito, que diga Tlatelolco. El crimen organizado globalizado más grande de América del Norte, el más locote (parte integral del incipiente sistema-mundo que dice Wallerstein).

Fotograma de la película Apocalipsis Now

Permítanme explicarles la película. Imaginar una nueva historia, para acercarlo lo más posible a la realidad de nuestra idiosincrasia histórica. Cortés se rebeló contra las autoridades españolas de Cuba y buscó un beneficio personal, sabiendo que ganaría menos renombre para la posteridad siendo leal al rey que como renegado persiguiendo su ambición y apoyándose en los indígenas que lo tenían por Dios. El verdadero renegado que debió ser: «se acata pero no se cumple».

¿Cómo es mi Cortés contrafáctico? Mi Cortés es un trans-culturalizado, se vuelve otro al entrar en contacto con la realidad americana. Los condicionales contrafácticos de esta historia se sostienen por los testimonios de varios europeos que se volvieron indígenas, como lo demuestra Luigi Avonto en su libro Blancos salvajes. Hubo muchísimos europeos que aprendieron a hablar lenguas indígenas, se quitaron las ropas occidentales, se casaron con indígenas y tuvieron hijos, practicaban las costumbres y ritos paganos, etcétera. Mi Cortés contrafáctico es más extremo que Gonzalo Guerrero.

Portada del libro de Luigi Avonto

Mi Cortés entiende maya pero habla náhuatl a la perfección y tal vez otras dos lenguas indígenas más. Es una mezcla de Tlatoani y virrey de todas las tierras. Su banda de mercenarios y sicarios de mayor confianza son sus subordinados españoles y los guerreros águila y ocelote. Tiene mayor descendencia con las mujeres nobles de la familia de Moctezuma y de otras cabeceras. Comparte el poder religioso con los sacerdotes indígenas y un fraile católico que viene con él, crean una nueva religión (mezcla de símbolos cristianos y cultos indígenas), y ahora sí cobra vida realmente el cuadro de Saturnino Herrán, Nuestros Dioses, donde Jesucristo está clavado en la gran piedra-ídolo de Coatlicue y, por supuesto, no puede faltar la adoración a la virgen morena y otras deidades nuevas producto de este sincretismo. Porque Cortés cree ser efectivamente Quetzalcóatl, el que ha vuelto a reclamar sus tierras: «A algo nos hemos de poner por Dios» (José Luis Martínez cita palabras de Cortés). Para justificar más su poder, Cortés se rodea de hechiceros y nigromantes indígenas, y en los rituales come corazones y bebe sangre humana (cualquier parecido con los sicarios del narcotráfico es mera casualidad).

Panel central de Nuestros Dioses, Saturnino Herrán

Cortés obtiene mercancías de Europa porque su fuerte es el comercio de oro y plata y demás materias primas que el Viejo Mundo codicia, sabe venderlas. Además, controla el comercio con el Pacífico a través de su banda de locos, las naos de China y el comercio con Lima. Introduciendo pseudo-efedrina. En eventos solemnes Cortés porta un famoso y característico penacho. Se pinta la cara, tiene horadadas las orejas y narices. En el pecho lleva la marca de una gran cruz, pero en ambos brazos tiene tatuados a los Tezcatlipocas, al negro y al blanco respectivamente. España, u otra potencia europea, tardó décadas en someter estas tierras, porque los nietos de Cortés siguieron guerreando, hasta que se dividieron en cárteles más locales, Yucatán, el Golfo, Sinaloa y Guadalajara, los sometieron por separado y los europeos vuelven a ser los malos de la historia, los indígenas y los mestizos los buenos. Porque Cortés mantenía templos y festividades sagradas de los indígenas, mezcladas con las cristianas, un comercio diverso y constante, una lengua mezcla de español y lenguas indígenas, como el guaraní que los jesuitas lograron asimilar en Paraguay: el verdadero bilingüismo es otra lengua (como el creole de Haití). O Cortés muere de viejo y sus nietos continúan su labor o lo mata alguna fuerza expedicionaria europea.

DiDibujo que representa la transculturalización de Gonzalo Guerrero

Mi Cortés contrafáctico es un Gonzalo Guerrero extremo. Si la Conquista era inevitable, ¿cuál es tu historia contrafáctica favorita sobre ella? ¿La historia en la que se unen todos los grupos indígenas y logran expulsar a los invasores? ¿Con qué elementos sustentas esa posibilidad?

Fuentes:

Manuel Gamio. Forjando Patria. Pról. Justino Fernández. México, Porrúa, 1992.

Visión de los vencidos. Selección y notas de Miguel León-Portilla. México, UNAM: Humanidades, 1989 (varias ediciones).

Edmundo O´Gorman. México: el trauma de su historia. México, CONACULTA, 2011.

Geoffrey Hawthorn. Mundos plausibles, mundos alternativos. Posibilidad y comprensión en la historia y las ciencias sociales. Tr. Gloria Carnevali. Cambridge, Cambridge University Press, 1995.

Película Apocalypse Now, director Francis Ford Coppola, 1979.

Luigi Avonto. Blancos salvajes. Rebeldía y utopía popular en la América de la Conquista. Mérida, Venezuela, Siembraviva ediciones, 2005.

José Luis Martínez. Hernán Cortés. México, FCE, 2013.

La Revolución Rusa (1917-1922)

 

El surgimiento de la Unión Soviética es producto y consecuencia de la Revolución de Octubre de 1917, de manera que podríamos hablar de un antes y un después de este suceso revolucionario.

Antecedentes

El Imperio Ruso ya era un protagonista importante de la Europa del Este y desde los últimos años del siglo XVIII buscaba aproximarse a las dinámicas ilustradas y después modernas del siglo XIX de la Europa Occidental. El Imperio Ruso ya era un país de rango intercontinental, al ocupar e influir en enclaves importantes desde el mar Báltico y el Mar Negro hasta la región de Siberia en el extremo asiático, ejerciendo el poder en regiones y pueblos tan diversos conquistados y controlados bajo el reinado de los zares.

            El problema con el Imperio Ruso a mediados del siglo XIX era su considerable atraso económico y social, de sus políticas y de su población con respecto a los países más desarrollados de Europa. Para reducir este atraso económico, el gobierno del zar Alejandro II y después el del zar Nicolás II implementaron una serie de reformas que consistieron, a grandes rasgos, en la introducción de mayor capital extranjero, en la creación de algunas fábricas, la construcción de vías férreas y la ampliación de los latifundios agrícolas. Se liberó a los campesinos de la servidumbre, como lo había hecho Francia durante la Revolución Francesa, pero no liberó al campesinado de los abusos de los terratenientes, las deudas por esta libertad y de sus pésimas condiciones de vida.

Pintura sobre el decreto de abolición de la servidumbre en la Rusia zarista.

La creación de pequeñas zonas industriales propició la aparición de la clase obrera, reducida pero mejor organizada que los campesinos. Esto trajo consigo también las injusticias del régimen laboral propios de la Revolución Industrial: largas jornadas de trabajo, salarios ínfimos y pésimas condiciones laborales.

            Para demostrar su capacidad bélica, el zar Nicolás II se enfrascó en una guerra contra Japón, la incipiente potencia asiática, en 1905. Lo único que demostró esta guerra fue la incapacidad de movilización y de vigor bélico de un gigante mal organizado frente a un pequeño, bien y rígidamente organizado Japón. Los gastos de guerra conllevaron a una crisis económica provocando protestas sobre todo en Petersburgo, la capital del Imperio Ruso, donde un intento de revolución fue sangrientamente aplastado por las autoridades. Si la población estaba descontenta, la aristocracia y la elite rusas también lo estaban, entonces, para dar solución al descontento el zar creó la Duma, una especie de parlamento que compartiera las decisiones de gobierno (THOMPSON, David. Historia Mundial de 1914 a 1968. Tr. Edmundo O´Gorman. 7ª reimp. México, Fondo de Cultura Económica, 1989. Apartado: Cisma en el socialismo, p. 108).

Con la Duma, el Imperio Ruso también se actualizaba en materia política con el resto de Europa, porque se constituyó en una especie de monarquía constitucional. Pero el intento fracasó porque la Duma sólo tenía poder nominal, es decir, de nombre, pues al fin y al cabo, el zar seguía concentrando las decisiones del gobierno y detrás de él estaba la zarina, quien a su vez estaba influenciada por un monje llamado Rasputín, encargado de curar la hemofilia del zarévich Alexis, heredero al trono ruso. Rasputín fue asesinado en 1916 por un grupo de aristócratas que deseaban acabar con su influencia en la corte real.

            En la Primera Guerra Mundial el Imperio Ruso decidió apoyar a Serbia, sus primos eslavos, y entrar al lado de sus aliados Gran Bretaña y Francia en contra de los Imperios Alemán y Austro-Húngaro. Una guerra moderna que requería de un ejército bien equipado y adiestrado, movilidad, organización y capacidad de aprovisionamiento, elementos que no había demostrado tener contra Japón, y que la lenta y deficiente burocracia zarista no tenía visos de mejorar. Cabe mencionar que existían fricciones entre los soldados de bajo rango y los altos mandos y oficiales del ejército zarista, los primeros eran hijos de campesinos o trabajadores y los últimos provenían de familias ricas y privilegiadas, esto causaba antagonismos de clase.

Desarrollo

Los descalabros en el frente de batalla provocaron la Revolución de Octubre de 1917. Los soldados fueron los primeros en protestar e irse a huelga. La consigna fue primero “pan y paz”, pues las provisiones de comida no llegaban con eficacia al frente de guerra, luego se sumó el grito de “tierra” de muchos campesinos olvidados por la reforma agraria. Además, muchos pequeños propietarios de tierras pagaban impuestos muy altos para que el gobierno pudiera pagar los costos de guerra. Con varios batallones en huelga, Alemania aprovechó para infligir mayores derrotas, como la batalla de Tannenberg, e irle ganando territorio al Imperio Ruso.

Rendición de las tropas rusas en la batalla de Tannenberg.

Ante semejante situación, la Duma, que había permanecido apacible, decidió tomar las riendas, formó un gobierno provisional (conformado por la nobleza, la elite política y la pequeña burguesía rusas) y el zar Nicolás II se vio obligado a abdicar, es decir, a renunciar a su trono. El gobierno provisional, vinculado como estaba con las potencias aliadas, decidió continuar la guerra a pesar de la oposición de los soldados y la población. Entonces empezó a gestarse un poder alterno que confrontaba al gobierno provisional, el organizado por el soviet de Petersburgo (FITZPATRICK, Sheila. La Revolución Rusa. Tr. Agustín Pico. Buenos Aires, Editorial Siglo XXI, 2005, p. 64-65).

El soviet era un consejo de representantes que se había formado entre los proletarios durante las protestas de Petersburgo en 1905, pero que había sido duramente reprimido por el gobierno. En 1917 resurgió con mayor fuerza pues se organizaron los soviets (consejos o asambleas) entre los soldados, entre los obreros, más tarde entre los campesinos y posteriormente entre estudiantes, maestros y demás profesiones y gremios artesanales. Esto transformó radicalmente la forma de organización política y la representación social como nunca antes se había visto en el Imperio Ruso y mucho menos en Europa. Los soviets eran verdaderas asambleas populares en donde se podían escuchar las más diversas voces de la población y encaminar sus demandas a través de sus representantes, podríamos denominar a esta experiencia como una democracia de base.

            La máxima figura revolucionaria del partido socialista en el Imperio Ruso era Vladimir Ilych Ulianov, alias Lenin, quien había huido del país y se encontraba exiliado en Zurich, Suiza, desde donde escribía artículos para periódicos revolucionarios rusos. Lenin consideraba a la Primera Guerra Mundial como una guerra capitalista, producto de las ambiciones imperialistas de los países involucrados, y los gobiernos de éstos controlados a su vez por burguesías que no les importaban los sufrimientos de los soldados ni las carencias que traía la guerra a las poblaciones. Lenin proponía poner fin a la guerra y destruir a la burguesía de cada país mediante una revolución proletaria. Al saber esto, los alemanes trasladaron a Lenin en una tren secreto de Suiza a Petersburgo, para que hiciera una revolución socialista que pusiera fin a las hostilidades entre el Imperio Ruso y el Imperio Alemán, incluso se ha sospechado que Lenin recibiera dinero de los alemanes para llevar a cabo su objetivo.

Lenin dando un discurso durante un mitín, recargado en el púlpito, Trotsky.

            Lenin, de un indiscutible carisma y liderazgo, aprovechó la organización de los soviets para catapultar la revolución a través de sus partidarios radicales, los bolcheviques (los mayoritarios), que estaban en contra de la moderación política de los mencheviques (los minoritarios), sobre todo en la manera de conducir la revolución que tumbaría al gobierno provisional. Los bolcheviques buscaron controlar las jefaturas de todos los soviets para dirigir la revolución desde abajo, especialmente desde el proletariado. Y empezaron a tomar decisiones más radicales, como ocupar los edificios públicos de Petersburgo, Moscú y otras ciudades. El acto más representativo de la llamada Revolución de Octubre de 1917 fue la toma del Palacio de Invierno, lugar que albergaba a los miembros del gobierno provisional, hecho que significó el triunfo de los revolucionarios en contra del antiguo orden establecido.

            A continuación se reunió el Congreso de todos los soviets del país, en donde el partido bolchevique fue predominante y designó a Lenin como máximo representante del soviet supremo y de todo el país. Este nuevo gobierno firmó la paz con Alemania mediante el Tratado de Brest-Litovsk en posición desventajosa, pues Alemania se quedó con gran parte del territorio ruso, aunque después le fue devuelto por el Tratado de Versalles en 1919, tratado que impuso las condiciones del fin de la Primera Guerra Mundial.

            La clase terrateniente, la nobleza, la burguesía rusas y algunos generales del ejército, apoyados por Gran Bretaña y Francia, formaron las Guardias Blancas, fuerzas encargadas de aplastar al gobierno surgido de la Revolución de Octubre. León Trotsky, líder del soviet de Petersburgo y ministro del pueblo, organizó y dirigió a muchos obreros y soldados para conformar el Ejército Rojo, que se enfrentó a las Guardias Blancas en una cruenta guerra civil. El apoyo del campesinado fue crucial para que el Ejército Rojo pudiera derrotar a sus enemigos.

            El Ejército Rojo aniquiló a muchos nobles rusos, como la banda de bolcheviques que detuvo al zar Nicolás II y a su familia para después asesinarlos en el sótano de la casa donde estaban presos, como alguna vez hizo la Revolución Francesa con las vidas del rey Luis XVI y de la reina María Antonieta. Este acto respondió al propósito de que no hubiera posibilidad alguna de volver a instaurarse la monarquía en el país, y también para acabar con los privilegios aristocráticos de sangre y de clase.

            El Ejército Rojo también se enfrentó a las tropas extranjeras de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Japón, que bloquearon al país y temían que se instaurara un régimen socialista en Europa, como ya lo venía advirtiendo abiertamente Lenin después de haber tomado el poder. En 1919 se había congregado en Moscú la Tercera Internacional Comunista o Comintern, una reunión de todos los partidos comunistas, obreros y sindicatos de Europa, en la cual se llegó a la conclusión de ser necesaria la revolución socialista en todo el mundo para derrotar a las burguesías que gobernaban en cada país y llevar al proletariado al poder.

Consecuencias

Con el fin de la guerra civil se pudo constituir un nuevo ente político que administrara la inmensidad del territorio. Como en cada una de las regiones y países que constituían el anterior Imperio Ruso se habían formado repúblicas gobernadas por la jefatura de un soviet supremo, se procedió a unirlas a todas ellas bajo un régimen socialista, es decir, un régimen que buscara mejorar las condiciones de vida de toda la sociedad. El nuevo país se denominó Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1922, que se regía por un partido único, el Partido Comunistas, al que todos los ciudadanos debían estar afiliados. El objetivo era desaparecer la privacidad de los medios que producen la riqueza y hacer comunes todos los beneficios del Estado para toda la población soviética. A su vez, el Partido Comunista estaba controlado por un Comité Central, el Politburó, que nombraba al máximo representante de la URSS.

Mapa de las repúblicas que componían la Unión Soviética.

            Lenin falleció en 1924 a consecuencia de una hemorragia cerebral, pero su salud estaba afectada también por el atentado sufrido en 1918, cuando la anarquista Fanni Kaplán disparó contra él en una fábrica de Moscú. Lenin fue el primer representante de la URSS y se encargó de la dura reconstrucción del país después de la guerra civil. A través de un programa económico que poco tenía que ver con una economía comunista, revitalizó la producción agrícola, el sector más importante de la economía soviética. El programa se llamó Nueva Economía Política (NEP) que enfrentó las adversidades del bloqueo comercial al que sometieron Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos a la Unión Soviética. Al fallecer Lenin, se enfrentaron los dos líderes bolcheviques más fuertes: León Trotsky y Josif Stalin.

Los tres principales líderes soviéticos.

Trotsky pugnaba por continuar con el proyecto de una revolución constante y a nivel mundial, mientras que Stalin pugnaba por realizar el socialismo en un solo país como medio para salvar la revolución. Este último ganó y Trotsky tuvo que exiliarse en varios países hasta que llegó finalmente a México por intermediación del pintor Diego Rivera, pero fue asesinado por un agente secreto de Stalin en 1940. La casa donde vivía hoy en día es un museo sobre avenida Churubusco, en Coyoacán.            

Con Stalin se llevó a cabo la colectivización de la tierra, el verdadero comunismo de Estado, es decir, hacer comunitaria la posesión de la tierra y dirigida por el Estado, esto provocó protestas por parte de los campesinos y su violenta represión. Stalin encaminó sus políticas hacia una economía regulada: una economía que no estaba sujeta a las leyes del mercado, de la oferta y la demanda, desvinculada de los grandes comerciantes y capitalistas que imponían sus precios y del sistema financiero que conducían a crisis económicas, como la de Wall Street de 1929. Esta economía regulada estuvo basada en proyectos a largo plazo, cada cinco años, los llamados Planes Quinquenales (HILL, Christopher. La Revolución Rusa. Tr. Ángel Abad. 3ª ed. Barcelona, Planeta/Ariel, 1981, p. 212).

En sus textos, Marx explicaba cómo había triunfado la sociedad burguesa para instaurar el capitalismo, primero en un país y luego en todo el mundo, pero no había escrito un manual para el socialista perfecto, sobre cómo llevar a la práctica el socialismo en la vida real, y menos en un mundo donde todos los demás países continuaban siendo capitalistas. Por eso la Unión Soviética tuvo que ideárselas para conseguir sus objetivos.

            El programa de Stalin tuvo varios opositores, Trotsky fue el primero. Aparecieron disidentes políticos, muchos de los cuales fueron perseguidos, encarcelados, asesinados o llevados a campos de trabajos forzados, los gulags en Siberia, que databan de tiempos del zar. Los disidentes se sintieron traicionados por los principios socialistas que había enarbolado la Revolución de Octubre y la organización política de los soviets, de la democracia desde abajo, ahora sustituida por la toma de decisiones centralizada, la dictadura del partido único, y aún más con la dictadura de Stalin (el lado oscuro y malo de la puesta en práctica del comunismo en un país atrasado y poco industrializado), esto contrariaba las ideas de Marx, pues la revolución comunista debía haberse realizado en los países más avanzados, poseedores de una clase proletaria educada y organizada, como en Gran Bretaña.

            Pero con los Planes Quinquenales el Producto Interno Bruto (PIB) de la URSS alcanzó índices elevados nunca antes vistos, el país se industrializó como ningún otro lo había logrado, incluso Gran Bretaña, cuna de la Revolución Industrial, excepto Japón. Este progreso acelerado consumió gran cantidad de recursos humanos y naturales. La producción agrícola fue tan abundante que sirvió para alimentar a toda la población y exportar el excedente, de donde salió el dinero para mantener al enorme aparato burocrático del Partido Comunista, establecer universidades, de donde salieron brillantes científicos, atletas, estudiantes y artistas. Esto promovió la extracción de materias primas desde Siberia, olvidada por la Rusia zarista. La calidad de vida de la población se homogenizó, la renta per cápita se igualó, es decir, se redujeron las diferencias entre las clases sociales e incluso de género, porque la mujer comenzó a tener un papel predominante en la sociedad soviética.

Propaganda soviética que alentaba a la participación de la mujer.

A pesar de que la gente tuvo que soportar grandes sacrificios y sufrimientos, dice el historiador británico de izquierda Hobsbawn: «el régimen de Stalin garantizó un estable nivel social. Garantizó trabajo, comida, ropa y vivienda, pensiones, atención sanitaria y cierto igualitarismo. Proporcionó educación con mucha generosidad. La transformación de un país analfabeto en la moderna URSS fue un logro gigantesco (HOBSBAWN, Eric. Historia del siglo XX, 1914-1991. Tr. Juan Faci. 2ª ed. Barcelona, Editorial Crítica, 2001. Cap. II: La revolución mundial y cap. XIII: El socialismo real, p. 382)».

Este vertiginoso desarrollo fue el elemento que posibilitó a la URSS hacer frente a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, pero también el desgaste de esta guerra fue el mismo que frenó el desarrollo soviético porque enfrascó a la URSS en la posterior carrera armamentística que siguió a la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría contra EUA.

Desfile del Ejército Rojo durante una conmemoración de la Revolución Rusa.

La ciudad, la globalización y el arte

La ciudad tiene que ver con la globalización, con su expansión y comercio, y el comercio tiene que ver con el mercado del arte. Hacia el año de 1402, China se encontraba en la cima del comercio casi mundial y la ciudad de Nankín poseía los astilleros de Longjiang, probablemente los más grandes del mundo hasta entonces: «Se construyeron siete inmensos diques, cada uno de los cuales permitía la construcción de tres barcos simultáneamente. […] El emperador Zhu Di encargó 1, 681 nuevos barcos, entre ellos numerosos “barcos del tesoro”, denominados así por el enorme valor y cantidad de bienes que podían transportar». Con ellos, la preciada porcelana china llegaba a ser comerciada hasta las costas orientales de África (Gavin Menzies, 1421. El año en que China descubrió el mundo. Tr. Fco. Ramos. México, Random House Mondadori, 2010).

Del libro de Menzies, 1421.

El comercio de Europa lo hacían los italianos. Hubo agentes bancarios en Tomboctú (Mali), agentes comerciales en El Cairo (Egipto), y había aventureros en Calicut (India). Europa ya tenía vagas noticias de China tras la muerte de Marco Polo en 1324 (un año antes de la fundación de México-Tenochtitlan). Gran parte del oro y el marfil del Imperio de Mali financió el auge bancario de los Médici, rica familia italiana que financió a varios artistas del Renacimiento. Las ciudades eran el centro de dicho intercambio: Milán, Génova, Florencia, Roma y Venecia, y de ahí partían a otras latitudes europeas. Un siglo más tarde, el famoso grabador Alberto Durero viajó de Nuremberg al norte de Italia para aprender de los maestros italianos renacentistas. (Davidson, Basil. Reinos africanos. Tr. Iglesias. Madrid, Time-Life Books, 1982. Y Ernest Ullman, Alberto Durero. La Habana, Gente Nueva, 1982.)

Mansa Musa, emperador de Mali, en el Atlas Catalán, 1375.

Las principales construcciones, obras arquitectónicas más destacadas, son los palacios privados, edificios de gobierno y los templos religiosos. En 1325 dan inicio los acumulamientos que más tarde llegaron a formar la pirámide del Templo Mayor en México-Tenochtitlán (y 5 siglos después la catedral de la ciudad de México). La cúpula de la catedral de Florencia, del arquitecto Filippo Brunelleschi, fue patrocinada por los Médici. La ciudad de Tomboctú, además de su mezquita de barro (Djingareyber) construida en 1327, poseía diversidad de barrios, el más exclusivo era el de los musulmanes y sus descendientes, enriquecidos con las caravanas comerciales de camellos que atravesaban el desierto del Sahara: al norte con el Mediterráneo, al este con Egipto y al sur con los pueblos de las selvas y la costa, más tarde con los barcos portugueses y su fuerte cristiano, San Jorge de la Mina, actualmente Elmina en Ghana. (Bertaux, Pierre. África. Desde la prehistoria hasta los Estados actuales. Tr. Alarcón. 22ª reimp. México, Siglo XXI editores, 2013.)

Mezquita de Djingareyber en Tombuctú (Mali).

Esta ambición por ganarse directamente los mercados de materias primas y la curiosidad por conocer nuevas tierras lejanas llevó a los europeos a su expansión de ultramar. Tarde que temprano dicha expansión trajo a Hernán Cortés al corazón del Anáhuac. Este conquistador español, en contra de algunas opiniones, decidió que la capital del nuevo reino permanecería en la ciudad de México: «Pocos años más tarde comenzarían a advertirse los muchos inconvenientes de una ciudad asentada en una alta cuenca [lacustre]. Al modificarse el equilibrio ecológico con la desecación de los lagos, vinieron las inundaciones y la necesidad de dar salida a la aguas con costosas y enormes obras (José Luis Martínez, Hernán Cortés. México, FCE, 2013)». La problemática de las inundaciones en la hoy megalópolis ciudad de México ha sido una constante.

Plano de México-Tenochtitlán, Del libro de Martínez, Hernán Cortés.

Durante la época colonial, la Iglesia novohispana tenía tanto poder que se convirtió en el principal patrocinador de obras de arte pías. El pintor novohispano más reconocido fue Miguel Cabrera, y muchos de sus cuadros y otras obras de arte se encontraban en la Pinacoteca Virreinal, que funcionaba como museo hasta el año 2000, cuando su colección fue trasladada al Museo Nacional de Arte (MUNAL), donde se resguarda una gran colección y acervo de obras de arte que forman parte del patrimonio cultural de la nación, se halla enfrente del Palacio de Minería, otro edificio que responde a la demanda de extracción de metales de la época colonial.

El MUNAL (Museo Nacional de Arte), México.

El paisaje urbano de la ciudad de México fue modificándose con el paso del tiempo. Si el proyecto imperial francés logró traer a Maximiliano, éste emperador de México retomó el actual paseo de Reforma como camino de tránsito del Palacio Nacional (el Zócalo) al Castillo de Chapultepec, al cual remodeló, y que es actualmente uno de los museos más importantes de la ciudad. Con Porfirio Díaz en el poder se construyó una gran obra de desagüe en las afueras de la ciudad, el Palacio de Bellas Artes en el centro y poco más allá pensaba levantar un palacio legislativo, que se vio interrumpido por la Revolución Mexicana. La planta y cúpula principal de esta última obra se convirtió años más tarde en el Monumento a la Revolución, espacio emblemático y representativo de la ciudad. (Mauricio García Trillo, Artilugio de la nación moderna. México, FCE, 1998.)

El Monumento a la Revolución, ciudad de México.

La obra de arte monumental se vio continuada por los gobiernos posrevolucionarios, quienes apoyaron a artistas mexicanos y extranjeros para darle sentido artístico al crecimiento urbano de la ciudad de los años 50 a los 70. En 1958 se levantaron las Torres de Satélite en la zona noroccidental de la ciudad. Con las Olimpíadas del 68 los ojos del mundo verían México y se creó entonces un corredor escultórico en Periférico: la Ruta de la Amistad. En la periferia de la ciudad, el gobierno le encargó en 1972 a David Alfaro Siqueiros una obra para el centenario de la muerte de Benito Juárez, es lo que ahora llamamos Cabeza de Juárez en Iztapalapa. Y en 1979 se inauguró el Espacio Escultórico en Ciudad Universitaria, dándole un carácter artístico al paisaje natural de la reserva ecológica del Pedregal con esculturas de gran tamaño. (Cuauhtémoc Medina y Olivier Debroise (eds.), La era de la discrepancia. Arte y cultura visual en México, 1968-1997. México, UNAM: DGPyFE/Turner, 2014.)

Esculturas México al fondo y Jano en primer plano, Ruta de la Amistad.

Con sus barrios más gentrificados en las colonias Condesa, Roma, Narvarte, Polanco y Santa Fe, la ciudad fue creciendo del centro hacia las orillas, y en ese crecimiento fue absorbiendo pueblos como San Ángel, Coyoacán, Tlalpan y Xochimilco, que conservan hoy en día ciertas características tanto coloniales (especialmente las iglesias y ayuntamientos de gobierno) como construcciones del siglo XIX. Desde el comercio de porcelana china de las naves que venían de China o Filipinas hasta el comercio con los artículos de lujo procedentes de Europa, México se conectaba con ambas vías comerciales. Esta es una de las tantas descripciones que podemos hacer de la traza y el paisaje urbano de la ciudad de México. ¿Cuál es la descripción histórica de tu ciudad?

Ayuntamiento del centro de Tlalpan.

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Cultura 11 Movimiento de Liberación Negro (1/2)

Es un movimiento social que busca la liberación, emancipación, unidad, concientización y desarrollo de todos los negros con respecto a las barreras raciales, culturales, económicas, políticas, sociales y legislativas que han sido impuestas a ellos a lo largo de la historia por las autoridades y gobiernos de los Estados Unidos de América. Es un movimiento que puede o no tener líderes (aunque existe una larga tradición de figuras representativas), individual o colectivo que inició sin proponerse ser un movimiento con la resistencia a la trata de esclavos desde el siglo XVI, continuó con las revueltas de esclavos y alcanza su proyección y concientización hacia el siglo XX (especialmente en los años sesenta).

            Si desde las revueltas de esclavos ya existía una resistencia a la esclavitud, tomó una dirección legal cuando Abraham Lincoln abolió la esclavitud, y sobre todo cuando muchos afro-americanos pelearon en la Guerra Civil con el propósito de alcanzar su libertad. Sin embargo, después de 1867 no terminó el racismo, la discriminación, la segregación y las pocas posibilidades de desarrollo de la gente de color en EUA. El mismo Lincoln tenía un proyecto de llevar a los afro-descendientes de vuelta a África, una vez que fueran liberados legalmente de sus amos, siguiendo este proyecto muchos afro-americanos fueron a vivir a Liberia, en África occidental.

            Más significativa fue la labor de Harriet Tubman, esclava del sur de los Estados Unidos que persiguió su libertad al norte del país, y que una vez libre buscó ayuda para liberar a sus familiares y después llegó a liberar a alrededor de 300 esclavos entre 1849 y 1860. Liberaba con los propios elementos de los blancos: sus armas, sus caballos, sus caminos, su dinero, fue enseñada por su padre a sobrevivir en el bosque, en la intemperie, y rescató a varias personas a través de lo que se llamó el Tren Subterráneo: caminos ocultos, parajes, atajos, pasos secretos, casas de seguridad, resguardos en ciudades, etcétera, que los conducían hasta los estados del norte, como Pennsilvania, o incluso Canadá.

            Adoctrinada en la religión cristiana de los blancos tenía en mente la idea de la tierra prometida: “llegar a ser libre en el cielo”, fue apodada Moses (Moisés), asociando al profeta que liberó a los judíos de Egipto, era buscada por las autoridades y los dueños de esclavos por una recompensa de 40 000 dólares. La búsqueda por la libertad se encrudeció con la Ley de Fugitivos de 1850, que obligaba a cualquier persona del norte a devolver esclavos fugitivos a las autoridades o a sus dueños del sur. Harriet portaba un revólver bajo su vestimenta. En conjunto con Frederick Douglas peleó por el voto para los negros, participó en la publicación abolicionista de éste, The North Star, y finalmente falleció en 1913: “tengo derecho a ser libre o morir”.

            W. E. B. du Bois, originario de Massachusetts, se graduó en Harvard como doctor en Filosofía, el primer negro en hacerlo en EUA, se propuso dedicar su vida y su labor para “reivindicar a su raza”. Luchó contra el racismo y la discriminación, tenía la idea de que un pequeño grupo, compuesto por los más capaces y educados, representara a la mayoría negra, y fue co-fundador de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP). Empleó la frase “gente de color” para referirse e incluir a todas las personas de piel oscura, oprimidas, esclavizadas y sometidas en todo el mundo, esto contemplaba la lucha de resistencia de los indígenas nativos de Estados Unidos. En 1935 Du Bois escribió La reconstrucción negra de América, con un enfoque marxista, en donde hacía una crítica al proletariado tanto blanco como negro, que en su lucha por la emancipación, no se había enfrentado a la burguesía blanca, y que en su lugar se había dividido.

            Con la Primera Guerra Mundial, hubo racismo en las fuerzas armadas gringas y Du Bois lo denunció. Se formaron unidades de negros pero con oficiales blancos, fueron reclutados muchos pero para servir como fuerza de trabajo y no de combate, sólo un batallón luchó en las trincheras (pero ante la posibilidad de sobrevivir a esa lucha parece mejor no haber peleado). No fue así el caso de los “batallones senegaleses” que empleó Francia en las trincheras, compuestos por soldados provenientes de las colonias francesas de África, quienes destacaron en las batallas por las zanjas y todavía más, fueron empleados como fuerzas de ocupación en la parte fronteriza y occidental de Alemania (en donde sufrieron discriminación y agresiones por parte de una población manipulada por la propaganda en contra de las fuerzas de ocupación francesas negras). Acabada la guerra, hacia 1919, muchos de estos combatientes de color fueron integrados como trabajadores, dinámica que muchos blancos resintieron y como consecuencia se desató el Verano Rojo, en el que fueron asesinados cerca de 300 afroamericanos en varias ciudades de EUA.

            Hacia el año de 1921 se realizó el Segundo Congreso Panafricano en Londres, en el cual se dio una discusión entre Du Bois, promotor de la integración racial entre negros y blancos, y Marcus Garvey, promotor del movimiento de vuelta a África y la separación racial. Du Bois culpaba al capitalismo como el culpable de las desdichas de la población negra, estaba convencido de que el socialismo era un factor determinante para el progreso de la gente de color y aunque viajó a la URSS, titubeaba para integrarse del todo al comunismo, no se afilió al Partido Comunista de su país, pero denunció el colonialismo y el racismo ante la ONU. Ante la desconfianza del gobierno de los EUA y después con el Macartismo, Du Bois tuvo problemas, consiguió viajar a Ghana, donde el presidente Kwame Nkrumah lo invitó a conformar una Enciclopedia Africana. Lugar a donde su mudó en 1961 con su esposa pero falleció en Accra en 1963, el mismo año que se realizó la Marcha sobre Washington, en la cual Martin Luther King fue el orador más sobresaliente por su discurso de “Tengo sueño”. El defensor afroamericano de los derechos humanos, era un pastor de una iglesia cristiana, todo lo opuesto a Du Bois, quien en la publicación The Crisis aclaraba su posición como librepensador, no religioso y atacaba el parroquialismo de las iglesias negras, este adoctrinamiento cristiano que permeaba la mentalidad de los afroamericanos.

            Por su parte, Marcus Garvey provenía de Jamaica, donde trabajaba en la industria de la impresión. Debido a su activismo laboral tuvo varios problemas, pero a su regreso a Jamaica en 1914 fundó la Asociación Universal para la Mejora/el Desarrollo de los Negros (UNIA) con su lema “un Dios, un objetivo, un destino” que buscaba establecer un país y una nación propios de los negros. En 1916 Marcus Garvey fue a radicar a los EUA, donde fundó el periódico Negro World, declamaba a favor de la separación y fundó la compañía Black Star Lines para realizar viajes América-África.

            Hacia los años 20, profetizó que en África sería coronado un rey negro como signo de la liberación del continente. Y fue hasta 1930 que se coronó el Ras Tafari Makonnen (ras, príncipe y tafari, el que merece respeto) Haile Selassie, quien abogó en Etiopía por la abolición. Esto marcaría un importante antecedente para el posterior movimiento rastafari. Las autoridades estadounidenses veían con malos ojos las palabras de activistas como Garvey, así que fue condenado a prisión en 1923 por vender acciones de su compañía. En 1929 se encontraba en Jamaica para fundar un partido político que liberara a la isla del control británico, tuvo problemas y finalmente falleció en Londres en 1940.

Fuentes:

Animación Grandes personajes de la historia: Harriet Tubman, 24:25 min., disponible en youtube, última visita marzo 2021.

Floyd Barbour, La revuelta del poder negro. Barcelona, Anagrama, 1969.

Darío Bermúdez, Rastafari, la mística de Bob Marley. Buenos Aires, Kier, 2005.

Angela Davis, Mujeres, raza y clase. Madrid, Akal, 2005.

Antonio Riserio, A utopia brasileira e os movimentos negros. São Paulo, Editora 34, 2007.

Prejuicio y propaganda nazi, crímenes contra los hijos de la vergüenza, documental de la DW de Dominique Wessely, 2021.

Wikipedia: W. E. B. Du Bois y Marcus Gravey, última visita marzo 2021.

Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos. México, Siglo XXI, 1999.

Historia 11 Segunda Guerra Mundial (1/2)

La idea de hegemonía sirve para introducirnos al tema y nos ayuda a entender porqué se originó este enfrentamiento bélico. La hegemonía podemos definirla como una actitud y una forma de pensar en la que una persona o una entidad busca dominar, sobreponerse o estar por encima de los demás a través del sometimiento. Y a lo largo del siglo XX varias entidades políticas van a buscar tomar una posición hegemónica en una o varias partes del mundo.

            El estallido de la Segunda Guerra Mundial está vinculado al ascenso del fascismo en Europa y Asia indiscutiblemente, es el caso del fascismo en Italia, el franquismo en España, el nazismo en Alemania y el militarismo en Japón, aunque otros factores anteriores influyen también.

            Salir de la Depresión económica de los años 30 a través de un Estado que controlara la vida económica del país, rápidamente pasó a ser un medio de control de toda la vida social, como sucedió con los regímenes fascistas. Es el caso de Alemania donde el partido político dictaba lo que se tenía que leer, que pensar y cómo vivir: se encargaba de las bodas de sus miembros, se alentaba a las madres alemanas a tener mayor número de hijos (de preferencia varones, futuros soldados para la guerra), a los niños y niñas desde pequeños se les formaba en agrupaciones, las Juventudes Hitlerianas, como entrenamiento marcial y doméstico respectivamente, por mencionar algunas formas de control de la vida social. La gran mayoría de los aspectos de la vida en sociedad se encaminaban a un modo de vida militarizado, preparándose para una guerra futura.

            Los antecedentes de la guerra con respecto a la postura hegemónica alemana vendrían a ser las anexiones de dos países. El caso de Austria, que después de la Primera Guerra Mundial había quedado desmembrado su imperio y en bancarrota, se había hundido en una crisis económica con la gran Depresión de los 30, por su dependencia de los créditos de bancos norteamericanos, que la llevó a aceptar una especie de plebiscito para que se uniera a Alemania. Austria comparte con Alemania un pasado histórico y cultural común, ambos países hablan alemán como lengua oficial, Hitler había nacido en una pequeña villa austríaca que hace frontera con Alemania, y en la mentalidad de muchas personas existía la idea de una integración germana, de modo que no fue difícil la anexión.

Entrada de nazis a Viena

            La otra anexión fue la de Checoslovaquia, país en donde se encontraba un considerable número de población alemana, especialmente en la provincia noroeste de los Sudetes, y que dicho territorio había pertenecido a Alemania pero arrebatado con los tratados que siguieron al fin de la Primera Guerra Mundial. Los alemanes invadieron el resto del país y lo anexionaron a la Alemania nazi. Estas dos anexiones, la de Austria y Checoslovaquia, sucedieron en 1938, y detrás de ello estaba la idea del espacio vital de Hitler que consistía en que Alemania ensanchara sus fronteras con el fin de desarrollarse debidamente en una gran extensión de territorio en Europa, también respondía a la intención del Führer (jefe, caudillo) alemán de recuperar los territorios que se le quitaron a Alemania después de la Primera Guerra.

            Gran Bretaña y Francia de una u otra manera permitieron estas dos anexiones en el entendido de que la Alemania nazi podía servir de tapón o escudo a un temor mayor para ellos: el régimen socialista de la Unión Soviética, el cual podía extenderse más allá de sus fronteras debido al atractivo que para la población en crisis y escasez económica significa la distribución de bienes por parte del socialismo (poco después de haber triunfado la Revolución Rusa y emerger la URSS hacia 1922, varios países con democracias occidentales habían conseguido bloquear y poner una especie de “cordón sanitario” en los países vecinos para evitar la difusión del socialismo en Europa del Este, otro ejemplo de ello fue la nula ayuda que ofrecieron a la República Española en su lucha contra el fascismo). El nazismo alemán seguía la línea de continuidad con un capitalismo de Estado, que para Gran Bretaña y Francia no significaba una amenaza económica, además se tenía el precedente de la desastrosa Primera Guerra y ambos países no tenían intenciones de engancharse en otra, a su vez se estaban recuperando sus economías de los efectos de la gran Depresión.

            Pero inevitablemente el inicio de la Segunda Guerra Mundial está marcado por la invasión alemana a Polonia en la noche del 31 de agosto y 1 de septiembre de 1939, en la que Gran Bretaña y Francia se vieron orilladas a declararle la guerra a Hitler como garantes de la creación de Polonia desde el fin de la Primera Guerra, en vista de que las ambiciones hegemónicas de Hitler en Europa se hicieron más evidentes aún y la penetración de forma violenta a dicho país no se parecía en nada a las anexiones “pacíficas” de Austria y Checoslovaquia. Pero la indiferencia y tolerancia hacia el régimen nazi había sido una equivocación, porque ya se expresaban noticias y alertas en los medios de comunicación internacionales, o a través de intelectuales y escritores con respecto a la represión que ejercían los nazis contra toda oposición política y a la comunidad judía dentro del país, como la quema pública de libros en la Alemania nazi: “Allí donde se queman libros, se acaba quemando personas”, dijo el poeta alemán Heinrich Heine en 1933.

            Las razones que podemos rastrear para la invasión y destrucción de Polonia por parte de Hitler, responde del mismo modo a recuperar los territorios arrebatados a Alemania con el fin de la Primera Guerra, que también había separado a Prusia del resto de Alemania, a la idea del espacio vital y de crear una Germania Mayor o Magna. Con ello, Hitler recuperaba la idea del Tercer Reich (Reino), bajo la premisa de que en el pasado había existido un Primer Reich con el Sacro Imperio Romano y con su mayor representante Carlos V y un Segundo Reich con la Alemania del ministro Otto von Bismarck (el mismo que abanderó el reparto de África), con el cual se coronó a Guillermo I en un París tomado por los alemanes después de ganar la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) y que su mayor representante figuraba Guillermo II, el káiser (emperador) que había llevado a Alemania a la Primera Guerra Mundial. Estas ideas respondían también a un excesivo nacionalismo fanático que buscaba poner a Alemania por encima de todo el mundo (Deutschland Uber alles).

            La maquinaria bélica e industrial de la Alemania nazi se sustentaba en un vínculo político y económico con la burguesía fabril alemana. Es el caso del magnate de la industria metalúrgica Fritz Thyssen asociado con el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (Nazi) y con Hitler para llevar adelante la industria del acero en el país, tan importante para la guerra. Del mismo modo Hitler apoyó el desarrollo de la industria automotriz, como la Volkswagen, de vital importancia para la construcción de motores de la maquinaria bélica (carros, motocicletas, tanques, barcos, aviones, submarinos y trenes), ambas industrias vinculadas al uso del petróleo y del carbón, los combustibles más contaminantes del planeta. La segunda industria más contaminante del planeta es la industria textil, y sabemos que Hitler recurrió al diseñador de modas Hugo Boss para que se confeccionaran todos los uniformes del partido nazi. Esto nos lleva a vincular el motor de fondo de la Segunda Guerra Mundial con la crítica a la Revolución Industrial que hacemos al inicio del curso.

            Una vez en estado de guerra, Hitler llevó a cabo una gran campaña ofensiva denominada Guerra Relámpago (Blitzkrieg) que consistía en una serie de acciones coordinadas y logísticas entre la fuerza aérea, los tanques (panzers) y la infantería para bombardear los puntos estratégicos de un país e inmediatamente invadirlos. Esto llevó a los nazis a Dinamarca y Noruega, para bloquear los lazos comerciales que tenía Gran Bretaña con el Mar Báltico, invadir Holanda, Bélgica y en una acción veloz tomar París (las autoridades francesas acordaron entregar la capital para evitar su destrucción), el resto de Francia pasó a ser un país satélite de la Alemania nazi. Con estas acciones se bloqueaba y aislaba a Gran Bretaña del resto de Europa, abandonada a su suerte. Los británicos intentaron operar por la retaguardia, a través de una campaña en la isla de Chipre, del otro lado de Europa, pero sólo consiguieron que los nazis extendieran su radio de acción a Grecia, ocupando países de Europa del Este (Hungría y Rumania tenían gobiernos de inclinación fascista y no fue difícil integrarlos a la órbita nazi). En casi dos años, de 1939 a 1941, Hitler se hizo de más de la mitad de Europa.

            La economía capitalista de la Alemania nazi de Hitler logró consolidar su moneda en Europa, el marco alemán, que se había devaluado durante la gran Depresión. La recuperación monetaria se llevó a cabo a costa de los despojos de los países ocupados, como botín de guerra, los tesoros, las reservas y el dinero de los bancos de estos países fueron a parar a Alemania, al Deutsche Reichbank (el banco de la Alemania nazi), que recibió también capital a partir de los bienes y posesiones de judíos y de toda la oposición política que los nazis despojaban, el último beneficiario de esta riqueza era el lugarteniente de Hitler, Herman Göring, jefe de las fuerzas armadas (Werhmacht). Todas las transacciones financieras de la Europa ocupada eran hechas a través del marco alemán. El gobierno nazi se ganaba la aprobación de gran parte de la población alemana por medio de programas y prebendas sociales que impactaban directamente en la gente, como el aumento de los salarios de los trabajadores alemanes, del mismo modo lo hacía con la manipulación, a través de los medios de comunicación (revistas, periódicos, películas) y de la radio (todo hogar alemán tenía un aparato de radio) que con Joseph Goebbles a la cabeza de la radiodifusión impactaba en los oídos de miles de europeos a favor de la propaganda nazi.

            Asimismo hubo un robo de piezas y obras de arte por parte de los nazis de los más importantes museos de los países ocupados, y también de colecciones privadas, que fueron a parar a Berlín, donde Hitler tenía pensado la construcción del más grande museo de arte del mundo, encargado a su arquitecto favorito, Albert Speer, que a su vez debía levantar en Berlín las nuevas edificaciones que engalanaran la nueva capital alemana, Germania. Estas ideas megalómanas del dictador alemán no se llevaron a cabo.

            De la mano de las invasiones y ocupaciones nazis, venían las deportaciones de miles de judíos hacia campos de concentración o guettos (barrios) en las ciudades, pero no sólo a la comunidad judía se le sometió a estos ultrajes y abusos, fueron violados los derechos de gitanos, afrodescendientes, homosexuales, opositores políticos al nazismo (comunistas, socialistas, anarquistas, demócratas, etcétera) y grupos étnicos “inferiores” para los nazis, deportados y coartada su libertad. Conducidos a campos de concentración servían como mano de obra esclava, varias empresas alemanas, como la fármaco-química IG Farben (de donde proviene Bayer) la misma que producía el gas venenoso para matar en los campos de concentración, emplearon mano de obra esclava, también industrias de la construcción, de alimentos, en laboratorios, en experimentos y en fábricas de armas. (Atlas Ilustrado del Nazismo, Dir. Isabel Ortiz, Madrid, Susaeta, 1984.)

La Guerra Patria

El único país que resistía a la Alemania nazi de Hitler era Gran Bretaña, especialmente la Real Fuerza Aérea Británica, que hacía frente a los bombarderos y aviones de caza (Stukas) alemanes. Los bombardeos nazis menguaron la economía y el ánimo de los británicos, muchas de las principales ciudades británicas (Londres, Coventry, Manchester, Liverpool, entre otras) sufrieron enormes daños materiales y en vidas humanas. Posteriormente, los aliados (británicos y norteamericanos) bombardearían importantes ciudades alemanas (Dresde, Colonia, Hamburgo, entre otras) como represalia y venganza por estos bombardeos, matando a gran número de la población civil alemana. Por ello, las guerras no son buenas y no existen “buenos” porque todos matan indiscriminadamente, quienes sufren las peores consecuencias son las personas comunes. Se ha hablado de la nula intención de Hitler por aniquilar de una vez a los británicos, para explicarnos esto recurrimos a una cierta admiración que sentía Hitler por Gran Bretaña, al considerar que tiempo atrás había sido invadida y colonizada por tribus germánicas, como los anglos y los sajones, de manera que eran herederos de esa sangre aria que él tanto ensalzaba.

            Hitler y sus altos mandos organizaron la operación Barba Roja en 1941 para apropiarse de los recursos y ocupar el territorio europeo de la Unión Soviética. Ucrania significaba un abastecimiento asegurado de alimento para las tropas debido a sus grandes campos de cereal, y se buscaba alcanzar los yacimientos petroleros del Cáucaso y del Mar Caspio. La idea del espacio vital de Hitler abarcaba estas tierras y del mismo modo la idea de destruir al socialismo, único régimen que podía hacer frente al fascismo, recordemos que muchas de las ideas de Karl Marx (alemán de ascendencia judía) eran promotoras del socialismo.

            Las fuerzas de Hitler sitiaron la ciudad de Leningrado, que tuvo que resistir dolorosamente varios meses, muchos de los republicanos españoles que habían huido de la Guerra Civil Española y que encontraron refugio en esta ciudad se alistaron como voluntarios para pelear en contra del fascismo. Las fuerzas de Hitler también llegaron a las puertas de Moscú, pero la resistencia soviética les impidió tomar la capital. Por el sur, las tropas de Hitler se estaban abriendo paso hacia los yacimientos petroleros del Mar Caspio, querían llegar a la ciudad de Bakú. Stalin, el dictador de la URSS, reaccionó tarde a esta ofensiva y con ello se sacrificaron miles de vidas humanas, se había confiado en que el Pacto de no Agresión firmado con Alemania cuando sucedió la invasión nazi de Polonia seguiría en pie por más tiempo. Además, los soviéticos tuvieron que trasladar todas sus plantas industriales y fábricas que estaban en lo que se llama la Rusia europea al Este de los montes Urales (una barrera natural), para evitar que cayera en manos de los nazis, lo cual comprometería la resistencia soviética al no contar con producción y fabricación de armamento. Para la Unión Soviética no existe la designación de Segunda Guerra Mundial, ahí se le llamó la Guerra Patria porque vieron su patria y su suelo invadido por los alemanes.

            Italia y Alemania llevaron a cabo otra campaña bélica en el Norte de África con el objetivo de hacerse de más recursos. El plan era también penetrar hasta las posesiones francesas y británicas de Medio Oriente, especialmente Irak, para obtener mayores recursos de combustibles fósiles (gas y petróleo) vitales para mover y aceitar la maquinaria bélica e industrial fascista. Al mando del mariscal alemán Erwin Rommel, fuerzas conjuntas entraron al Norte de África, Túnez y Libia (aquí se apoderaron de yacimientos de petróleo), lograron entrar a través del desierto hasta Egipto pero ahí fueron rechazados por las fuerzas británicas en la batalla de El Alamein en 1942. Esta batalla supuso un fuerte revés para las ambiciones fascistas, pues tropas de las colonias británicas (canadienses, australianas, de varios países de África y Asia, como la India, en coordinación con los británicos) derrotaron a Rommel, haciéndolos retroceder y desmoronando las ambiciones de adquirir las fuentes de combustibles fósiles.

Otra de las batallas importantes que van a determinar el rumbo de la guerra, fue la batalla de Stalingrando, que fue finalmente ganada por las fuerzas soviéticas a principios de 1943, después de intensos combates sangrientos y encarnizados que defendían casa por casa. Uno de los factores determinantes para esta derrota alemana fue el invierno ruso que hizo descender la temperatura e igualmente la férrea resistencia soviética. Hitler se había confiado en que la operación Barba Roja sería corta y rápida y el equipamiento de sus fuerzas no estaba preparado para inviernos tan fríos, demorando la movilización de tropas y el estancamiento de automotores.

El esfuerzo de guerra en Europa del Este fue llevado a cabo por la URRS, que con su Ejército Rojo hizo retroceder a la Wehrmacht alemana, mujeres pilotos de la fuerza aérea soviética obtuvo importantes triunfos sobre la aviación nazi. Se habla de un importante apoyo por parte del ejército gringo en tecnología y armas hacia los soviéticos, pero debemos recordar que estos gobiernos con democracias occidentales (como Gran Bretaña y EUA) temían que después de la guerra la Unión Soviética ocupara un lugar preponderante en el mundo (como más tarde ocurrió) y por esta razón no les convenía compartir la tecnología y el armamento desarrollado en Occidente. Stalin pedía a ambos países que abrieran un nuevo frente de guerra contra Alemania en Occidente, para que al igual que en la Primera Guerra los alemanes se vieran obligados a conducir tropas a dos frentes de batalla. La acción demoró pero finalmente se dio con el desembarco de fuerzas aliadas en las playas de Normandía, al Norte de Francia, en 1944.

Desembarco en Normandía

            Gran Bretaña pudo irse recuperando lentamente gracias a la entrada en escena de EUA en la guerra, que por fricciones con Japón en el Pacífico y debido al pacto del Eje que vinculaba y comunicaba las tres capitales de los países asociados, Berlín-Roma-Tokio (Alemania, Italia y Japón), los gringos tuvieron que declararle la guerra a Hitler y a Mussolini. La industria gringa se volcó totalmente hacia el esfuerzo de guerra y se hizo bélica, lo cual significó un gran apoyo para Gran Bretaña.

            El Ejército Rojo fue recuperando territorio y liberando de los nazis varios de los países de la Europa del Este, países en donde los soviéticos fueron vistos como libertadores, como los salvadores, además de la ayuda que daban a los partisanos (agrupaciones de civiles y opositores a los nazis de los países ocupados) que hacían frente con su lucha clandestina de guerrillas y que compartían del mismo modo ideas socialistas. A su paso por los países que habían sido ocupados por los nazis, los soviéticos se fueron dando cuenta de las atrocidades que cometieron en los campos de concentración, la crisis humanitaria a la que se enfrentaron sobrepasaba sus fuerzas, miles de personas habían perdido sus hogares, familias, bienes, y deambulaban por los campos en busca de abrigo y alimento, en semejante estado de guerra era imposible atender a los desfavorecidos, por eso apremiaba derrotar a los nazis.

            En el mes de abril el Ejército Rojo logró penetrar en Berlín, la capital en donde Hitler se atrincheraba en un búnker semi-subterráneo. Los últimos días de abril de 1945, Hitler se casó con su amante y secretaria Eva Braun, después tomaron una píldora para morir y el Führer se pegó un tiro en la cabeza, sus guardias más próximos tomaron los cuerpos, los rociaron con gasolina y les prendieron fuego para evitar que sus restos fueran capturados por los soviéticos. Un batallón del Ejército Rojo logró encontrar los restos y por medio de los análisis de la dentista del dictador se hizo la correspondencia con la mandíbula de Hitler. En los primeros días de mayo de 1945 Berlín se rindió totalmente, mientras las fuerzas aliadas ocupaban la parte occidental del país. Muchos de los altos mandos nazis trataron de huir a través de Suiza (país neutral donde habían depositado capital en sus bancos), con ayuda del Vaticano o de la España fascista del general Franco, para salir con rumbo a América del Sur. En el caso del dictador fascista de Italia, Benito Mussolini, fue fusilado por un grupo de partisanos comunistas italianos, que lo había capturado en su huida al Norte del país, cuando llegaron los cadáveres de él y su esposa, el pueblo de Milán cometió una serie de ultrajes y linchamientos, hartos de la cruel dictadura, y finamente colgados sus cuerpos en una plaza pública.

            Heinrich Himmler, el comandante en jefe de las tropas de élite nazis, las temibles SS, se suicidó poco antes de ser capturado por el Ejército Rojo ingiriendo píldoras con cianuro. Goebbles, el orador de la propaganda nazi, se suicidó en compañía de su esposa y sus hijos. Göring fue capturado cuando intentaba huir con los trenes que contenían riquezas con rumbo a Austria, fue juzgado en los juicios de la ciudad de Nuremberg, hallado culpable por varios crímenes de guerra y antes de que pudiera cumplirse su sentencia se suicidó en su celda. Los otros oficiales que lograron huir a Sudamérica fueron perseguidos y buscados posteriormente por la Mossad, la policía secreta internacional israelí. Como sabemos, dos años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, se estableció el país de Israel, para que toda la comunidad judía desplazada tuviera un país (sus antecedentes se remontaban hasta el Primer Congreso Judío en el siglo XIX). Con el propósito de ajusticiar a los criminales de guerra nazi, agentes de la Mossad se encargaron de localizar a estos altos mandos nazis. Por eso suena un poco exagerada la hipótesis de que Hitler llegara a vivir en paz en alguna parte del Sur de Argentina, donde supuestamente pudo conducirlo un submarino alemán. A la figura más importante del nazismo no se le iba dar el gusto de vivir tranquilamente sus últimos días, hubo mucho resentimiento por parte de la comunidad judía (muchos de ellos con gran capital).

            Existe una fotografía que representa muy bien el fin de la Segunda Guerra Mundial, es la de un soldado del Ejército Rojo colocando la bandera de la Unión Soviética en el techo del edificio del parlamento alemán, el Reichstag, el mismo lugar en donde se le invistió con poderes dictatoriales al Führer. La foto simboliza el triunfo del socialismo por encima del fascismo, y dicho triunfo marcará los años posteriores a las Segunda Guerra, cuando se viva una época de bonanza mundial, al igual que después de la Primera Guerra, pero esta vez asociada al socialismo (incluso en los países capitalistas), en el entendido de que se le debían otorgar prebendas sociales a la población para evitar que cayeran de nuevo en las promesas nacionalistas de líderes fascistas.

La bandera de la Unión Soviética en el Reichstag, Berlín, mayo 1945.

Cultura 10 Haití

Cuando Cristóbal Colón llegó a las islas del Caribe dio inicio el genocidio de la población nativa, ya fuera por las nuevas enfermedades que trajeron los europeos, ya fuera por las guerras en contra de los nativos o por el sometimiento que sufrieron. Hacia el siglo XVII ya se enfrentaban las principales monarquías europeas por el control de la región caribeña: ingleses, franceses, holandeses, alemanes y daneses se interesaban por colonizar y establecer puntos de operaciones que pudieran contrarrestar el predominio que tenía la corona española ahí. Ingleses, franceses y holandeses trataron de volcar la balanza a su favor por medio de cartas de corso (piratería) y después por medio de sus Compañías de Indias de tipo comercial. De la primera flota compuesta por tres navíos que enviaba Hernán Cortés con riquezas (oro, plata, joyas y otros objetos de valor) de México a España en 1522, dos embarcaciones fueron capturadas por el pirata francés Juan Florín antes de llegar a Sevilla. El monarca francés pudo darse cuenta de los bienes que podía extraerse de estas nuevas tierras.

Grabado de la Brevísima relación de la destrucción de Indias.

            Pero no sólo era posible hacer riquezas de los metales y objetos preciosos, por medio de la producción exhaustiva del azúcar de caña también podían adquirirse fortuna. De la experiencia agrícola en este cultivo que se venía realizando en las islas Baleares en el Mediterráneo y posteriormente en las islas del Atlántico más próximas a Europa y África (como las Azores, Madeira, Canarias y Cabo Verde) fue inmediato trasladarlo al Nuevo Mundo, al Brasil y al Caribe. El tráfico de la mano de obra esclava africana ya era redituable hacia el siglo XVII porque traficantes negreros ingleses, franceses, holandeses y portugueses triangulaban el negocio de las costas africanas (esclavos) a América (haciendas azucareras con trabajo esclavo) y las ganancias iban a parar a Europa. El Banco de Inglaterra se benefició enormemente de la venta de seguros de viaje de barcos negreros, y con las ganancias que reportaba la venta de esclavos. De igual modo florecieron varios puertos europeos como el de Burdeos en Francia con la venta de esclavos.

           

           

           Los piratas franceses tomaron como uno de sus centros de operaciones en el Caribe la isla de la Tortuga (al norte del actual Haití) a partir de 1629, y con el paso del tiempo llegaron a instalarse en la isla de la Española (la actual isla de Santo Domingo). Hacia 1644, la Compañía de las Indias creada por el ministro Colbert del rey Luis XIV, llevó los primeros esclavos a las tierras en poder de Francia. Ante el descuido de las autoridades españolas, los piratas fueron adquiriendo más tierras, y con los tratados que ponían fin a las guerras europeas, España se vio obligada a ceder un tercio de la isla de Santo Domingo a Francia, en la parte occidental, hacia 1697. Enseguida, los propietarios franceses orientaron la economía de Saint Domingue hacia la explotación agrícola y ganadera con mano de obra africana. Los esclavos eran trasladados de diversas partes de las costas occidentales africanas hacia el Caribe, algunas veces con escala en los puertos brasileños. Uno de los reinos africanos que proveía de esclavos a los europeos era el reino de Dahomey, que desde principios del siglo XVIII era gobernado por la familia real de la ciudad de Abomey, la cual ejercía su poder sobre otros reinos de la costa del golfo de Guinea, su economía giraba en torno a la trata de esclavos y es así como obtenía productos y mercancías de los europeos, como armas y alcohol.

Los prisioneros de las guerras entre estos reinos eran tomados como esclavos, en muchos casos los esclavos se convertían en miembros de la familia (a pesar de ser extranjeros), y en otros casos el rey llegaba a tener un especial aprecio por su esclavo principal (al punto de llegar a ser “los ojos y los oídos del rey”). Sin embargo, una vez que eran vendidos a los europeos, los esclavos dejaban de ser personas y se convertían en mercancías, en un bien mueble carente de derechos al que había que sacarle el mayor provecho posible. Los africanos que eran trasladados creían que serían engordados para después ser devorados por los blancos. Una vez que llegaban a la colonia francesa de Saint Domingue: «La duración media de la supervivencia del esclavo no sobrepasaba los 7 años» debido a las condiciones tan duras de trabajo. La colonia americana contaba desde 1685 con el Código Negro, una especie de manual jurídico de reglas y normas que indicaba cómo tratar, poner a trabajar y castigar a los esclavos, promulgado por Luis XIV a instancias del ministro Colbert y legitimado por la iglesia católica.

Saint Domingue se convirtió en la Perla de las Antillas por proveer a Francia de una riqueza invaluable a partir de la comercialización de la caña de azúcar y otros productos agrícolas como café, cacao, maderas e índigo (para teñir telas). Esta riqueza estaba basada en la deshumanizada explotación de la mano de obra y en el traslado de esclavos provenientes de África. Hacia finales del siglo XVIII, Saint Domingue se había convertido en la mayor productora de azúcar, con una producción de 80 mil toneladas de dicho producto, el cual iba a parar principalmente al puerto de Burdeos, ciudad que había invertido 100 millones de libras en la colonia pero que recibía a cambio el equivalente a 218 millones de libras en mercancías más las ganancias de las reexportaciones de éstas a las ciudades europeas de Nantes, Havre, Amsterdam y Hamburgo.

Desde finales del siglo XVII se habían manifestado diversas revueltas de esclavos en las Antillas, algunas de las cuales habían tenido éxito y muchos esclavos conseguían huir y vivir escondidos, en libertad, a los que se les llamaba cimarrones, y estas revueltas tuvieron repercusiones en algunas partes de África. Hacia 1750 se rebeló un esclavo, François de Mackandal, quien trabajaba en un molino de caña en la colonia francesa de Saint Domingue, se dice que era houngan (sacerdote del vudú) y que se convirtió en cimarrón. Rebeló a otros esclavos en contra de sus dueños blancos, fabricó venenos para que fueran ingeridos por los franceses, fue capturado y condenado a la hoguera en la ciudad de Cap-Haitien en 1758. Dice la leyenda que mientras sufría inmolación se convirtió en pájaro que se fue volando para regresar a África.

Hacia principios de siglo XVIII la familia real de Abomey, en el reino de Dahomey, buscó extender su poder a través de la centralización del culto religioso. Algunos vudús (dioses, espíritus) fueron impuestos en todo el reino como divinidades públicas, fue el caso de Agasú, antepasado de la familia real de Abomey, que de acuerdo con la leyenda era resultado de la unión de una mujer con una pantera. Agasú era el fundador religioso de la rama familiar de las Adja, y todos los pueblos sometidos por Abomey debían construir templos dedicados a él. A cambio de esto, se asimilaron los vudús más importantes de los pueblos vecinos sometidos, como sucedió cuando Dahomey conquistó la localidad de Savi, y se integró su culto al vudú Dangbe, la serpiente buena, a la capital del reino. Muchas de estas prácticas y cultos vudús pasaron a la colonia francesa del Caribe a través de los esclavos.

A diferencia de las tres grandes religiones (cristianismo, islamismo y judaísmo) que jerarquizan a sus representantes, en el vudú no hay una burocracia centralizada, tampoco un ritual rígido, tampoco basa sus dogmas en un libro impreso, se transmite oralmente, y en el caso de trazarse signos gráficos (veves), éstos tienen que ver con invocaciones a los loas (espíritus, fuerzas sobrenaturales). En ese sentido el vudú, o mejor dicho el loa Legba, Papá Legba, quien robó el secreto del mundo a Dios y se los dio a los humanos, es el encargado de abrir caminos, es invocado en primer lugar en las ceremonias y es el guardián de las entradas. Comparado con el dios griego Hermes por ser un dios de la palabra, en Dahomey es quien traza las trayectorias individuales, en Benín posee un carácter fálico asociado a la paternidad, en Haití se le sincretizó con el santo católico San Pedro (por abrir las puertas) para esconder su culto de las miradas de los sacerdotes católicos, en Cuba es Elegba u Ogú, en Brasil es Eshú y está asociado con el diablo.

Veve del loa papá Legba

Los primeros misioneros católicos que visitaban Saint Domingue denunciaban, censuraban y prohibían el culto que algunos esclavos hacían a la serpiente (probablemente Dangbe), asociada al demonio en el Génesis de la Biblia. Estas prácticas religiosas de los esclavos eran satanizadas y condenadas, y la labor de los misioneros era desterrarlas y adoctrinar en la fe cristiana a los esclavos, quienes sincretizaban sus dioses con los santos, santas e imágenes católicas que les presentaban aquellos, dando origen a la mixtura de prácticas y deformaciones religiosas. Debido a que los esclavos que llegaron a la colonia americana provenían de diferentes regiones de África, las prácticas religiosas se fueron mezclando entre ellas, incluso con los cultos indígenas que aún sobrevivían en algunos lugares recónditos de la isla, donde también se ocultaban los cimarrones. Por ejemplo, el rito rada honra a espíritus provenientes de Dahomey o de la zona de Guinea, que son considerados buenos; el rito kongo es el que se ofrenda a los de la rama bantú, y son de índole violenta; y el rito petro, originados en el mismo Santo Domingo y que tienen un carácter más vengativo, incluso ofensivo.

Desde finales del siglo XVIII se venía desenvolviendo el movimiento abolicionista, es decir, en contra de la esclavitud, especialmente en Gran Bretaña. A las voces de blancos en contra de la trata se sumaban los testimonios de ex esclavos que habían logrado educarse y escribían sus historias de vida. La abolición convenía a los dueños de fábricas de la incipiente Revolución Industrial porque así evitaban la competencia desleal: a los esclavos no se les pagaba, a los obreros de las fábricas sí, de manera que se buscaba imponer el régimen asalariado en el trabajo; a los esclavos había que mantenerlos, darles de comer y dónde vivir, a los obreros no. Si la Constitución de los recién formados Estados Unidos de América de 1787 no otorgaba la libertad a los esclavos, la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789 de la Revolución Francesa sí lo hacía, al menos en el texto, y por ende, tenía que aplicarse en todas las colonias que pertenecían a Francia, pero muchas veces en la práctica no se llevaba a cabo.

Entre los esclavos de Saint Domingue ya se tenía el antecedente de la rebelión del “Negro de Mackandal” (como se le llamaba), el descontento era generalizado por los malos tratos que recibían y las excesivas condiciones de trabajo. Algunos cimarrones que vivían en las tierras altas de la isla se organizaron con otros esclavos para reunirse la noche del 14 de agosto de 1791 y llevar a cabo una ceremonia vudú en Bois Cayman, o Bosque de los Cocodrilos para otras fuentes, cerca de la localidad de Le Cap, al norte de la isla. Al frente de la ceremonia se encontraba el houngan (sacerdote vudú) Dutty Boukman, invocando al loa de la guerra (el orixá Ogum para los pueblos yoruba del actual Nigeria), junto con la mambo (sacerdotisa vudú) Cécile Fatiman, a quien “se le subió a la cabeza” o “fue cabalgada” (ser poseída) por el loa Ezili Dantor (espíritu de la venganza y la rabia) y sacrificaron un jabalí negro o cerdo criollo negro, para beber su sangre en comunión. En la ceremonia se le declaraba la guerra al Dios de los blancos por ser tan cruel con ellos y la sangre ofrendada servía para poder vencer a los franceses.

La ceremonia de Bois Cayman sucedió de la mano del descontento de los esclavos en varias ciudades de Saint Domingue y de la difusión de las ideas de la Revolución Francesa. Así fue como estalló la revolución popular en Haití (que viene de la palabra Ayiti de los indígenas taínos y que significa montañas altas, lugar a donde se habían refugiado), dirigida sobe todo contra los dueños y amos de esclavos franceses, que trajo consigo la intervención de las tropas de Gran Bretaña (que estaban en guerra contra la Francia de Napoleón) y que finalmente culminó en la declaración de independencia de Haití en 1804, primer país de América Latina (y además con una enorme mayoría de población negra) en conseguirla. Se dice que Dutty Boukman murió en combate, pero varios ex esclavos que habían sido educados y occidentalizados continuaron la lucha, líderes como Toussaint Louverture, Dessalines, Petión y Christophe.

A raíz de la revolución que asoló al país, de las luchas por el poder que siguieron, de la represión que aplicó el caudillo y después auto-nombrado emperador Jacques Dessalines, muchos haitianos huyeron a la isla cercana de Cuba y otros a la ciudad de Nueva Orléans (todavía posesión francesa) extendiendo y difundiendo el culto vudú en estas áreas. Fue el caso de la mambo Marie Laveau, quien se casó con un inmigrante haitiano y practicó el vudú en la ciudad hacia 1830, cuando Louisiana pasó a formar parte de los Estados Unidos muchos personajes iban a consultar a la sacerdotisa. Los gobiernos independientes de Haití siempre trataron de prohibir, al menos en los textos, la práctica del vudú, con el objetivo de aproximarse a la iglesia católica, y a su vez al reconocimiento del gobierno francés y de otros países cristianos, pero la práctica del vudú continuó entre el pueblo.

Fotografía de Kim Lang sobre un remake de Marie Laveau

Para ser reconocido como país independiente, Haití tuvo que pagar mucho dinero al gobierno de Francia, el cual no iba a permitir que le quitaran la riqueza generada por su antigua colonia a base de trabajo esclavo. La indemnización ascendía a 150 millones de francos y una reducción del 50% en los impuestos a las mercancías francesas que entraran al país. Para pagar esa cantidad, Haití se endeudó con bancos franceses, lo que le tomó al nuevo país 122 años pagar su independencia. Si Haití es considerado uno de los países más pobres por la instituciones financieras internacionales se debe a una historia de explotación y a la voraz sed de enriquecimiento de las potencias (Estados Unidos ha invadido el país en varias ocasiones) sin importarles el coste humano.

Cuando Simón Bolívar, el caudillo venezolano que se proponía liberar los países del Sur de América del yugo español llegó fugitivo a Jamaica y después pasó a Haití, se encontró con el presidente Petión, quien le brindó su apoyo con soldados y vituallas para regresar a Colombia y lograr su cometido. A cambio, Petión le solicitó a Simón Bolívar que liberara a todos los esclavos negros que encontrara a su paso. Al regresar a tierra firme y proseguir con su lucha, Bolívar liberó en primer lugar a los esclavos de las haciendas de su familia y después a otros esclavos que se encontraba a su paso. El impulso que dieron las tropas haitianas a la lucha por la libertad fue significativo en la lucha de independencia de Sudamérica.

Bolívar en un mural del mexicano Fernando Leal

Con la primera invasión de tropas estadounidenses a Haití hacia principios del siglo XX, se empezó a construir el estereotipo del zombie en la cultura popular y el cine gringos. Por los testimonios de los soldados que se encontraban en contacto con las prácticas vudús y las noticias sobre ello, hacia los años 30 apareció una película de zombies (que obviamente eran negros y causaban terror a las protagonistas blancas) y hacia 1968 apareció el filme La noche de los muertos vivientes del director George Romero, que le otorgó las características que hoy en día asociamos a los zombis de las películas de terror. La palabra zombie o zombi proviene del tronco lingüístico bantú, de la región del Congo, donde nsoumbi significa diablo, y en Angola zumbi puede ser traducido como fantasma. El hechicero vudú, llamado bokor, es el encargado de fabricar unos polvos llamados poudree, que Wade Davis de la Universidad de Harvard trató de descifrar sus ingredientes en 1982, que entre otras cosas contenían «huesos de muerto, ojos de lechuza, ancas de rana y veneno de pez globo, que contiene tetrodrontixina, capaz de atacar el sistema nervioso, produciendo parálisis y reduciendo la respiración».

Se dice que cuando se acabó la esclavitud en Haití, los bokor, los hechiceros de magia negra, encontraron la forma de embaucar personas ya fuera por un castigo o porque debían alguna deuda. Se les suministraban los polvos y caían muertos. El bokor los desenterraba y por medio de una efusión de hierbas (que contiene datura) los traía a la vida pero en estado vegetativo, obedientes, para que trabajaran para ellos en las plantaciones. A principios del siglo XX existía en Haití una compañía azucarera gringa que requería mano de obra, la Hasco, y los bokor la proveyeron con mano de obra dócil, hasta que la esposa de uno de los zombificados le dio sal, alimento con el cual se rompe el hechizo, según se dice. Cuenta la leyenda que fue de este modo que los zombis volvieron en sí y ajusticiaron al bokor para luego volver a sus tumbas.

Para realizar este tipo de prácticas, se invoca al Barón de Samadi, el loa que se encarga del mundo de los muertos, quien a su vez dirige a los guedes (espíritus de los difuntos) y que preferentemente habita cerca de los cementerios. El Barón de Samadi cabalga a la persona que necesita de su ayuda, usa sombrero y traje negro, le gusta beber ron y fumar en exceso, habla mucho y es desinhibido, se le asocia con la resurrección, con la idea de poder superar la muerte y volver a la vida. Es él quien se encarga de recibir las almas de los fallecidos y de las fiestas dedicadas a los muertos.

El Barón de Samedi

Fuentes:

Fray Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

Alfred Cosby, El intercambio transoceánico.

Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos.

Ortega y Medina, El conflicto anglo-español por el dominio oceánico.

José Luis Martínez, Hernán Cortés.

Coquery-Vidrovitch y Mesnard, Ser esclavo en África y América.

Breve historia de la esclavitud, serie documental de Cattier, Gélas y Glissant para la DW.

Hurbon, Los misterios del vudú.

Dolores Hernández, La revolución haitiana.

Marc Augé, Dios como objeto.

Los Misterios del Vudú, documental de Planet Doc, 2014.

“La multimillonaria multa que Haití le pagó a Francia por convertirse en el primer país de América Latina en independizarse”, artículo de la BBC, 2018.

Miguel Acosta, Antología de Simón Bolívar.

Juan José Revenga, Amanecer zombi.

La Revolución Española 1936

España reflejaba la decadencia del imperialismo europeo de principios de siglo XX: había perdido muchos de sus territorios coloniales en América a principios del siglo XIX a consecuencia de las guerras napoléonicas, lo que restaba de su imperio de ultramar (Filipinas, Puerto Rico y Cuba en una guerra contra EUA en 1898) y arrastraba las contradicciones socio-económicas del fin de la Bella Época (para los franceses) o Era Victoriana (para los británicos) junto con la Crisis económica de 1929, aunque no había participado en la Primera Guerra Mundial.

            En las primeras 3 décadas del siglo XX se enfrentaban conservadores contra liberales todavía (pues en el mundo occidental la balanza se había inclinado a favor de los liberales), y la Iglesia católica y la monarquía conservaban sus privilegios y tenían ascendente en la dirección del país.

            Se había logrado instaurar la República (que intentó implementar reformas sociales para modernizar al país en la cuestión social, como el reparto agrario, es decir, la repartición de las grandes propiedades de tierra sin uso entre los campesinos y trabajadores rurales menos favorecidos). Pero una dictadura de tipo militar se había logrado imponer y llevaba a cabo actos de autoritarismo contra las demandas sociales como el caso de la violenta represión a los mineros en la provincia de Asturias, al norte de España, en 1934 (Grandes Acontecimientos del Siglo XX, México, Readers Digest, 1979, p. 254).

            Se conformó una especie de partido, el Frente Popular, con todos los elementos políticos opuestos a la tríada fascista. Bien podemos definir a la tríada fascista como a la élite social que se aglomera en torno a la Iglesia (con el control y la manipulación de la conciencia, del sometimiento de la espiritualidad), a la Monarquía (principio de la jerarquización de los rangos sociales, haciendo alusión a unas personas con sangre azul, privilegiadas, y ubicadas en la pirámide social por mandato divino, origen del orden social por estamentos) y las Fuerzas Armadas (catalizador de las jerarquías temporales, seguimiento de órdenes de arriba hacia abajo y árbitro del control social por medio de la violencia y de la fuerza). La tríada fascista aparece en varios momentos de la historia de la humanidad cuando se unen sus figuras más representativas: sacerdotes, gobernantes y militares, y el rechazo a la tríada fascista puede leerse en pintas callejeras: “Iglesia, Estado y policía, la misma porquería”. El Frente Popular ganó las elecciones de 1936.

            Esta efervescencia social dio paso a una revolución social en España como nunca antes se había visto. Campesinos y trabajadores rurales comenzaron a tomar tierras (sin esperar los decretos de reforma agraria), el pueblo se movilizó espontáneamente en las principales ciudades (Madrid, Toledo, Valencia y Barcelona), pueblos y villas en contra de las guarniciones militares. Liberales, republicanos, socialistas y anarquistas tomaron las riendas del país.

            Los altos mandos militares, descontentos por la situación y asustados por esta revolución popular que podría ser como la de la Rusia zarista de 1917, se alzaron en armas. Los generales Sanjurjo, Mola y Francisco Franco (este último se convirtió en el jefe de los militares golpistas), junto con el partido político de tipo fascista, la Falange Española, se sublevaron contra la República, iniciando una Guerra Civil Española, que duraría de 1936 a 1939.

            Esta situación en España hacía eco de un problema crucial que afectaba a casi todos los países del globo afectados por la Crisis económica (del capitalismo) de 1929: el dilema del control de la economía por parte del Estado, y si ese Estado debía seguir los mismos parámetros capitalistas que habían conducido a la Primera Guerra Mundial y a la Crisis (la democracia-liberal occidental); o lo que parecía el destino inevitable de la solución a los problemas sociales, si ese Estado debía ser de carácter socialista (el socialismo estatista, encabezado por la URSS); o una tercera vía que proponía el fascismo italiano, el nazismo alemán y el militarismo japonés (en resumidas palabras, el fascismo).

            La revolución española de 1936 propuso una cuarta vía: el control de la economía por parte de la sociedad, o sea, un socialismo sin Estado, propuesta realmente revolucionaria. Esto se debía a un arraigo anarquista (socialismo libertario) de larga tradición en España. Muchos sindicatos obreros habían respondido al llamado de la tendencia anarquista que encabezó Mijail Bakunin en la Primera Internacional de Trabajadores, organizándose a través de una Federación en 1870. Después de varias luchas, protestas y represión por parte del Estado español, la gran mayoría de los sindicatos obreros de todo el país logró integrarse en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en 1910, que participó en la Tercera Internacional de Trabajadores realizada en Moscú en 1919, pero con la que tuvo discrepancias por el carácter anarco-sindicalista de la CNT versus el carácter partidista y estatista (hacer la revolución por medio de un partido comunista que a su vez instaure un Estado socialista) de los delegados de la URSS. La CNT y la Federación Anarquista Ibérica (FAI) tuvieron un relevante papel en los acontecimientos de la revolución española de 1936.

            Los obreros tomaron las fábricas de los dueños que habían huido o de los partidarios del general Franco, las pusieron a trabajar para dar rendimientos a los propios trabajadores. Se constituyeron comités que organizaban la producción, la adquisición de materias primas y la venta de los productos. Al no estar sometidos a la presión de un patrón para trabajar, la producción mejoró, pues los obreros estaban o se sentían más cómodos de esta manera. En cuanto a la producción agrícola, se organizaron colectividades campesinas, que reunieron grandes extensiones de tierra que habían estado en manos de terratenientes y hacendados, elevando los rendimientos agrícolas. De esta manera se dejaba a nadie sin trabajo. Muchos técnicos y especialistas se sumaron a esta experiencia de autogestión.

Milicias anti-fascistas españolas.

            En cuanto al resto de la población se implementaron medidas como educación gratuita a todos los infantes sin importar el sexo ni la condición social. Se proveyó de asistencia médica a todo aquel que lo necesitara. Los comités de barrio se organizaron para distribuir víveres y mercancías entre la población, así como el abastecimiento de las barricadas que el pueblo había levantado en contra de la tríada fascista, y los comités de guerra organizaban las milicias civiles y las estrategias en el frente de guerra contra los militares sublevados. El pueblo en general se dedicó a la seguridad pública, el gobierno y la economía sin la necesidad imperiosa de estar controlado por un aparato estatal, la experiencia anarquista estaba dando frutos: «muchos de los que practicaban la autogestión eran libertarios sin saberlo» (Las colectividades campesinas, 1936-1939, Daniel Guérin, et. al. Barcelona, Tusquets, 1977, p. 40).

            Sin embargo, los gobiernos de Francia, Estados Unidos y sobre todo de Gran Bretaña, no vieron con buenos ojos esta propuesta de una sociedad organizada sin la intervención de un Estado. El gobierno británico le temía al triunfo de una revolución socialista, o de tipo bolchevique, en España (Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica, 1995, p. 164). Al negarle su apoyo en contra de los franquistas (seguidores del general Franco) la República española tuvo que recurrir a la Unión Soviética, que dirigía entonces el dictador Stalin. Gran parte de las reservas de oro del Banco Español fueron destinadas a la compra de material bélico (armas) en Francia y la URSS, pero la Unión Soviética condicionó su apoyo a la integración del Partido Comunista español y rechazaba la experiencia libertaria. Sumado a esto, la falta de comprensión por parte del gobierno republicano de Madrid para entender la dinámica de la revolución social y no confiar en las fuerzas del pueblo, condujeron a la derrota de la revolución (Diego Abad de Santillán, ¿Por qué perdimos la guerra?, issuu.com, 2014, p. 7).

            La comunidad internacional dejó que las potencias fascistas, Italia y Alemania, apoyaran abiertamente a los franquistas mediante el envío de numerosas tropas, arsenal bélico sofisticado, aviones bombarderos y técnicos y oficiales especializados. Esto condujo a una verdadera situación de guerra, a una guerra total, cometiéndose toda clase de atropellos, venganzas y masacres salvajes. Como fue el caso del bombardeo por aviones alemanes de la villa de Guernica, al norte de España, y que el pintor Pablo Picasso rememoró con su cuadro Guernica en 1937, para llamar la atención de la opinión pública internacional sobre esta guerra.

Guernica de Picasso, 1937.

            Como respuesta, una enorme cantidad de voluntarios se alistaron en apoyo a la República española en su lucha anti-fascista: franceses (con el mayor contingente), alemanes anti-nazis, ucranianos, italianos anti-fascistas, estadounidenses (entre ellos la anarquista Emma Goldman), británicos, yugoslavos, canadienses y menores cantidades de otros países, a los que se les llamó las Brigadas Internacionales. El artista mexicano David Alfaro Siqueiros, de postura stalinista, formó parte de dichas Brigadas en un batallón motorizado con el grado de teniente coronel en la región de Extremadura. En sus acaloradas memorias señala que poco más de 300 mexicanos se incorporaron en diversas unidades, narra los desacuerdos que había entre batallones anarquistas y comunistas, y las simpatías que en secreto guardaban los altos oficiales republicanos por el franquismo, lo cual entorpecía las estrategias de guerra. A su regreso a México, Siqueiros fue recibido hostilmente por los residentes españoles afines al franquismo, uno de ellos, redactor del periódico Últimas Noticias, le puso el apodo de Coronelazo. El artista tuvo que promover una campaña en contra de los españoles que hacían fortuna en México, muchos de ellos dueños de periódicos que no pocas veces atacaron la administración socialista del presidente Lázaro Cárdenas (David Alfaro Siqueiros, Me llamaban el Coronelazo (memorias), 1977, p. 317-354).

Autorretrato de David Alfaro Siqueiros.

            La guerra civil española produjo una gran cantidad de refugiados. Aún más cuando el general Franco ocupó los últimos bastiones anti-fascistas en Cataluña en 1939, instaurando una cruel dictadura militar en España hasta la muerte del general en 1975. El gobierno mexicano de Cárdenas recibió y dio asilo a gran cantidad de españoles, entre ellos un grupo de niños que huían de la represión hacia sus padres y que familias mexicanas adoptaron (documental Los niños de Morelia, de Yadira Hidalgo, 21:07 minutos, disponible en youtube). Entre los refugiados vinieron desde trabajadores hasta intelectuales, con estos últimos se estableció una institución que diera continuidad a su labor académica y docente, la Casa de España, que en 1940 se transformó en El Colegio de México (el Colmex), que hoy en día es una institución educativa de nivel superior. También arribó entre los refugiados el anarquista catalán Ricardo Mestre, quien fundaría la Biblioteca Social Reconstruir en la ciudad de México en 1978, y que hoy en día cuenta con el mayor acervo de publicaciones libertarias de todo el país. (Desgraciadamente, el virus del covid-19 se llevó en enero de 2021 a un compañero de lucha y encargado excepcional de la biblioteca, Héctor «Tobi» Hernández Becerril.)

Entrada de La Nueve a París, 1944.

            Otra gran cantidad de refugiados españoles cruzaron la frontera con Francia, algunos fueron deportados al norte de África y otros fueron detenidos. Una vez que los nazis tomaron París y Francia quedó bajo la órbita alemana, muchos españoles integraron las fuerzas de la Resistencia francesa en contra del nazismo a través de sabotajes, espionaje, ataques aislados, panfletos e introducción clandestina de armas. La Novena Compañía de la División del general Leclerc, que liberó París en 1944, estaba compuesta por republicanos, comunistas y anarquistas españoles, conocida como La Nueve, entró victoriosa en las calles de la capital francesa con la aclamación de la gente (Janire Ramila, “Españoles en la Segunda Guerra Mundial” en revista Clío, Dir. Josep Borrell, Madrid, especial n. 20, 2014, p. 82).

Cover de Tijuana No a la canción de The Clash sobre la Guerra Civil Española.