El anarquismo es una filosofía de vida, un movimiento, una corriente de pensamiento, una forma de interpretar la realidad, una manera de ser y una utopía hacia un futuro mejor, pero sobre todo es sinónimo de toma de conciencia.
Como corriente filosófica que se opone a toda forma de imposición, el anarquismo se puede rastrear desde filósofos de China y Grecia antiguas, en las rebeliones indígenas que se opusieron a la Conquista europea (movimiento de resistencia) hasta las rebeliones de esclavos que lucharon por alcanzar su libertad.

La palabra anarquía proviene del griego antiguo, del sufijo A o an que significa ausencia, negación o carencia, y de arkhos que significa gobierno. En la Grecia antigua se usaba el término para designar a las bandas de hombres sin líder ni dirigente, o para los casos en donde una comunidad vivía sin gobierno. Se ha confundido muchas veces la palabra anarquía con la falta de orden y el caos, cuando en realidad se ha teorizado bastante sobre la posibilidad de que todos los seres humanos puedan vivir en armonía y sin gobernantes, sin que ninguno imponga su poder por encima de los demás, y ello no significa desorden necesariamente.
Ya se había escrito sobre esto desde las primeras corrientes socialistas del siglo XVIII (si bien el socialismo busca mejorar las condiciones de vida de toda la sociedad). Pero de los primeros escritores que emplearon la palabra anarquía como un concepto de vida y como movimiento de índole social fue el impresor francés Joseph Proudhon en su libro ¿Qué es la propiedad? publicado en 1841.

En su libro, Proudhon marcó una pauta en la economía política al señalar que en la vida cotidiana y a través de la historia hay una lucha de clases (los propietarios contra los que carecen de propiedad), mostró la lógica explotadora del salario (producir barato para vender caro), la adquisición de riquezas como producto de la explotación de los más débiles por los más poderosos (no sólo usando la fuerza física sino también la astucia intelectual) y resaltó la necesidad de promover la igualdad de oportunidades para todos y así poder alcanzar la justicia social (darle lo justo a todos). Estas ideas sirvieron de preámbulo para que después Karl Marx desarrollara el socialismo científico o materialismo histórico en 1848.
El anarquismo como movimiento obrero socialista cobró fuerza en las reuniones de la primera Asociación Internacional de Trabajadores. En una de esas sesiones realizada en Ginebra (Suiza) en 1867, tomó la palabra el ruso Mijaíl Bakunin, animando a los trabajadores a asociarse por medio de federaciones, donde no hubiera líderes con poder suficiente para ordenar a los demás lo que tenían que hacer. Llamó a los trabajadores a oponerse al Estado, por ser la entidad institucional coludida con los grandes empresarios y capitalistas (la burguesía) que los explotaban para producir más en las fábricas y obtener así más ganancias. Cuando los obreros se veían obligados a hacer huelgas y realizar protestas buscando la manera de exigir mejores condiciones de trabajo, el Estado les enviaba a la policía y al ejército para reprimirlos violentamente.

Karl Marx, que buscaba la dirección absoluta de la Asociación Internacional de los Trabajadores, rompió con los anarquistas y con ello vino la división de la Internacional en marxistas (seguidores de Marx) y anarquistas (seguidores de Bakunin). Ambas corrientes se oponían (y se oponen) a las condiciones que impone el capitalismo, basado en la explotación de los trabajadores, la extracción barata de materias primas, y que obliga a toda la sociedad a vincularse a través y únicamente por el dinero y las propiedades poseídas (el capital), y que glorifica la ganancia y el lucro individuales.
Ambas corrientes buscan mejorar las condiciones de vida de la sociedad, concuerdan con que la historia de la humanidad es una lucha de clases: de los pobres contra los ricos, de los oprimidos contra los opresores (origen de la desigualdad social), y que el objetivo de la lucha revolucionaria es liberar a todos de la opresión. Es por eso que ambas corrientes tienen en cuenta la emancipación de la mujer en sus programas de acción (como lo llegó a proponer la anarquista Emma Goldman).

Pero difieren en el modo en que buscan alcanzar ese objetivo, por su parte, los marxistas apelan a la toma del poder, del gobierno, para establecer un Estado de trabajadores, de aquí viene el término “la dictadura del proletariado” y por eso se les llamó socialistas estatistas. Por su parte, los anarquistas se oponen a cualquier forma de Estado, ya sea liberal, burgués u obrero, debido a la tendencia del oprimido a convertirse en opresor una vez que se libera de su condición.

Los anarquistas apelan a la libertad (por eso también se les llama socialistas libertarios), la libertad de todos y cada uno de los miembros de la humanidad (Mijaíl Bakunin era partidario de la libertad colectiva) para poder asociarse por medio de la Federación (la elección de acuerdos conocidos por todos, vinculados por la solidaridad, el apoyo mutuo y la soberanía de cada uno de los miembros que la integran, sin que exista una cabeza única de mando), por eso es muy importante la organización y tomar responsabilidad de esa libertad.
La bandera negra como símbolo del anarquismo la usó la anarquista Louise Michel, quien había participado en la Comuna de París de 1871, una revolución social hecha por el pueblo francés para liberarse de sus opresores. La bandera negra se enarbolaba como símbolo de luto por los compañeros caídos y para distinguirse de la bandera roja de los socialistas estatistas, de los marxistas .

El movimiento anarquista influyó en gran parte de Europa desde la segunda mitad del siglo XIX y en otras partes de América, Asia y África. No sólo penetró en las mentes de los obreros, también en las de los campesinos, profesionistas, estudiantes y mujeres, porque toda persona que se opone a una autoridad injusta, tiránica y abusiva bien puede considerarse anarquista. Pero en todos lados fue reprimido violentamente, al igual que los marxistas, porque ambos se oponen a la acaparación de todos los bienes y la riqueza por parte de unos pocos en detrimento de la gran mayoría.

El anarquismo contiene varias tendencias, la pacifista, que data del siglo XIX cuando se opuso al reclutamiento para no ir a la guerra que se hacían los Estados, mandando al frente de batalla a los hijos de los pobres, de los trabajadores y de los campesinos para matarse unos contra otros. Así sucedió después con la Primera Guerra Mundial, en donde los soldados que desertaban de las trincheras eran fusilados como ejemplo para los demás. Por ello el anarquismo rechaza los nacionalismos y el patriotismo, porque crea odios entre personas de diferentes países que ni siquiera se conocen, mientras quienes se hacen la guerra están en sus escritorios.
Existe la tendencia anarquista que se opone al maltrato y la explotación de los animales para beneficio, consumo y placer de los humanos. El movimiento feminista toma muchas ideas del anarquismo, especialmente la emancipación de la mujer y acabar con el abuso de poder del hombre sobre la mujer. El cosmopolitismo, que considera que todos los seres humanos somos habitantes del mundo y que las fronteras de los países sólo dividen a las personas.
El anarquismo podría ser considerado como una utopía, como el sueño o la ilusión por crear una sociedad más justa y equitativa, porque apela a la solidaridad de todos los miembros de la sociedad y de la humanidad para crear un mundo más justo y mejor, a pesar de reinar la indiferencia, la avaricia, la envidia y el abuso entre las personas.

El anarquismo siempre acudió al desarrollo del intelecto de la humanidad para su bien, para su mejora y para alcanzar una mayor justicia social. Si todo el esfuerzo que se emplea en crear armas, todo el intelecto y dinero que se ha empleado en la carrera espacial y el desarrollo de nuevas tecnologías agresivas, si todas las energías humanas se encaminaran a procurar el bienestar de todos, la humanidad sería más feliz y otro mundo sería posible.
La idea del entorno social nos ayuda a comprender lo anterior: si fomentamos en las personas a tener únicamente dinero y propiedades, a que lucrar y aprovecharse de los demás empleando el uso del poder es bueno, lo único que creamos son personas interesadas, que buscan su beneficio personal sin importarles los demás. En cambio, si la sociedad se encaminara a crear un entorno de solidaridad, de apoyo, a procurar la igualdad de condiciones de desarrollo y justicia para todos, las personas se comportarían de otro modo, sin forzarlas a hacer las cosas, y esto ha quedado demostrado en diversas experiencias sociales.

El anarquismo es sinónimo de toma de conciencia porque al ser su principio la libertad, liberarse implica no sólo un acto físico sino también mental. No sólo el oprimido que se libera de su condición debe responsabilizarse de sus acciones (la libertad es un gran poder y todo gran poder sobrelleva una gran responsabilidad), también quien ha sido opresor debe hacerse consciente de su posición (el poder corroe). El anarquista Piotr Kropotkin escribió un texto acerca de la moral y en pocas palabras podríamos sintetizar así la conclusión a la que llegó: «haz a los demás lo que quieres que ellos te hagan en igualdad de circunstancias».






























































