La revolución industrial es un proceso que aceleró el desarrollo del capitalismo e implica innovaciones técnicas y tecnológicas para manufacturar materias primas, producir mercancías y distribuirlas para su venta.
Esta primera revolución industrial inició hacia mediados del siglo XVIII en Inglaterra, la propició la parcelación y la acaparación de las tierras de cultivo que obligó a los campesinos a migrar y trabajar en las ciudades, la creación de caminos que facilitaron el transporte de materias primas del campo a las ciudades y el déficit que tenía Gran Bretaña con su colonia India. Hacia principios del siglo XVIII India producía la mayor cantidad de tejidos de algodón y la metrópolis veía descompensado su balance comercial, el déficit era que gastaba más de lo que invertía en ese comercio.
Entonces intervino el perfeccionamiento y la mejora de la máquina de vapor para emplearla en la producción de tejidos de algodón. El antecedente más antiguo de la máquina de vapor podríamos remitirlo al filósofo Herón de Alejandría, que hizo que una esfera de metal se moviera por efecto del vapor del agua hirviendo. A lo largo del siglo XVII se fueron modificando las máquinas de vapor hasta que en Inglaterra James Watts pudo patentar una que funcionaba por medio de válvulas. Como estaba arruinado se asoció con un empresario, Matthew Boulton, para instalar la primera fábrica en Birmingham en 1761.
Las primeras máquinas de vapor (la Mula y Jenny) hilaban el algodón y después lograron hacer que tejieran esos hilos, de manera que hicieron telas. Esta primera revolución industrial fue textil porque hacía tejidos en mayor cantidad y en menos tiempo que las rápidas manos de los trabajadores textiles de India. Las máquinas de vapor estaban hechas de acero por lo cual se empezaron a explotar las minas de hulla, el mineral de donde se extrae el hierro, que luego se mezcla con carbono para crear la aleación del acero.
Y para que funcionaran esas máquinas se necesitaba quemar un combustible que fue principalmente el carbón, de modo que también se explotaron las minas de carbón.
Todos estos elementos de la primera revolución industrial tienen consecuencias perjudiciales, debido a la huella ecológica que dejan en el ambiente. En primer lugar la explotación de las entrañas de la Tierra para extraer minerales, el desperdicio y contaminación del agua de los ríos en las minas, la emisión de gases calientes a la atmósfera por las altas temperaturas de los hornos del acero y del calentamiento de grandes cantidades de agua y del carbón. En segundo lugar la explotación de la mano de obra, de los mineros y de los obreros. Y por último, los desechos de la industria textil, los tintes que se vierten a los ríos y que después llegan a los mares y océanos.
Se supone que las máquinas se crearon para que hicieran el trabajo que los humanos teníamos que hacer, que las máquinas trabajaran para nuestro beneficio y que las personas tuvieran mayor tiempo libre, esa sería en esencia la razón de las máquinas. Sin embargo, hay una gran contradicción en la existencia de las máquinas, pues nos hacen trabajar más o nos enajenan. Los primeros trabajadores de la industria textil laboraban largas jornadas, que iban de las 14 a 20 horas diarias, muchas veces sin descanso para comer.
Con la revolución industrial surgieron dos clases sociales que ya se perfilaban desde antes: La burguesía, los dueños de las minas de acero y carbón que hacían funcionar las máquinas, los terratenientes como los que sembraban algodón para hacer los tejidos, los industriales, dueños de las fábricas, que explotaban a los trabajadores textiles, los dueños de las compañías de transporte (ferrocarriles y barcos de vapor) para llevar las materias primas y comerciar las manufacturas, y los banqueros que prestaban dinero con intereses a los demás.
La otra clase es el proletariado o los obreros, trabajadores, mineros y empleados. Las pésimas condiciones laborales en las que trabajaban los primeros obreros de la industria textil eran: largas jornadas de trabajo al día (a veces dormían de 3 a 4 horas), muchas veces tenían que comer mientras accionaban las máquinas, no existían las vacaciones, sin higiene en el lugar de trabajo, había capataces con látigos que forzaban a los obreros a trabajar más, otras veces se les ataba para que no salieran de la fábrica, no había asistencia médica en caso de accidentes laborales, ni mucho menos incapacidad si llegaban a enfermarse, había trabajo infantil y los salarios eran ínfimos.
Algunos autores dicen que los esclavos de las plantaciones y los sirvientes domésticos tenían mejores condiciones que los primeros trabajadores textiles, por las condiciones en que se hallaban, que como podemos ver, con la instalación de las fábricas se enriquecían unos pocos a costa de la explotación de muchos.
Podríamos considerar que el movimiento abolicionista, ese que buscaba liberar a los esclavos africanos surgido en Inglaterra a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, coincide con el inicio del trabajo asalariado, producto de la Revolución Industrial. Porque el trabajo esclavo era casi que gratuito y significaba una competencia “desleal” para los industriales frente a los plantadores. De manera que se empezó a fomentar el trabajo asalariado: pagar un salario bajo en lugar de mantener a los esclavos dándoles casa y comida.
Este proceso industrial que inició en Inglaterra pasó a finales del siglo XVIII al norte de Francia, Bélgica y los Países Bajos, para luego a principios del XIX extenderse a Alemania, el norte de Italia, España, Rusia, los Estados Unidos y Japón, después instalarse en los países de América Latina, Asia y África. Y en todos esos lugares con las mismas consecuencias perjudiciales.
Fuentes:
Carl Grimberg. Revoluciones y luchas nacionales. Barcelona, Ediciones Daimon, 1973 (Historia Universal, 10). Cap. La Revolución Industrial.
María del Carmen Elizundia Ponce (comp.). Antología de textos. Época contemporánea. México, Porrúa, 2001. Revolución Industrial.
Paul Lafargue. El derecho a la pereza. Madrid, Diario Público, 2010.
Con la Revolución Industrial figuraron dos clases sociales: el proletariado (la fuerza de trabajo) y la burguesía (los dueños de los medios de producción y nuevos servicios). Los obreros de las fábricas empezaron a organizarse, dando pauta a varios movimientos u organizaciones para mejorar sus condiciones de vida:
Ludismo:
Movimiento espontáneo sin organización que inició en Inglaterra en los primeros años de la industrialización, debe su nombre a un supuesto o real Ned Lud, artesano que destruyó máquinas porque les quitaba el empleo a los artesanos. Hubo varios disturbios tumultuosos que destruían máquinas entre 1806 y 1816, también en otras partes de Europa. Esto ya no significaba una negociación con la autoridad, sino la confrontación y el odio a la máquina. Hacia 1996 apareció una especie de Neoludismo en la figura de Theodore Kaczynski, un profesor de matemáticas que abogaba por la destrucción del sistema tecno-industrial, pero que realizaba actos de terrorismo.
Cartismo:
Es el primer movimiento obrero organizado, un grupo de obreros ingleses redactó una carta (de ahí el nombre del movimiento) de índole política, que fue enviada al Parlamento inglés y al rey, entre otras cosas pedía mejoras en las condiciones laborales, la reducción de la jornada laboral, regulación del trabajo de niños y mujeres, y sobre todo extender el voto a los obreros (pero únicamente a los varones). Lo cual venía a significar una solicitud a la autoridad, ya no una confrontación como en el caso del ludismo.
Socialismo utópico:
Desde el siglo XVIII varios filósofos plateaban teorías para mejorar la vida de la sociedad. Robert Owen, hijo del dueño de unas fábricas, decidió poner en marcha proyectos que incluyeran y mejoraran las condiciones de vida de sus obreros, entre los años de 1824 y 1840. Fundó “colonias cooperativistas” basadas en la cooperación, en Reino Unido y en los Estados Unidos, donde adquirió tierras en el estado de Indiana, y también intentó fundar una colonia en Coahuila (México), pero los problemas políticos en ese país lo impidieron. Se cree que fracasó su proyecto por las ambiciones y envidias de los miembros que las conformaban, de ahí que se le llame utópico (el ideal de un mejor mundo). Su sistema cooperativista buscaba que todos los miembros de la colonia se beneficiaran por el igual del fruto del trabajo de todos, de manera que todos cooperaran, pero no fue así.
Flora Tristán:
Una de las primeras feministas socialistas fue Flora Tristán, de madre francesa y posiblemente padre peruano de la aristocracia de apellido Tristán, que se encontraba en la ciudad de Bilbao en esa época pero que no llegó a concretarse un matrimonio legal, existe la hipótesis de que Flora pudiera ser hija de Simón Bolívar (el Libertador de América) porque se encontraba en aquella ciudad española por aquellos años. Flora y su madre vivieron en París, y ante la pobreza la madre metió a trabajar a su hija a un taller, donde el dueño era un hombre mayor apellidado Chazal, quien aprovechando la situación convenció a la madre de casarse con Flora cuando ella tenía 17 años de edad. Con Chazal tuvo dos niñas pero ante la violencia con la que era tratada, Flora decidió abandonar al marido. Un día se lo encontró en las calles de París, en medio de la discusión Chazal le disparó por la espalda, y casi la mata, lo que los llevó a un juicio que resultó favorable para ella. Partió a Inglaterra donde trabajó en fábricas textiles y también como sirvienta en casas de familias acomodadas y escribió un texto sobre las obreras inglesas.
Flora partió rumbo a Perú para ver si podía conseguir una parte de la herencia o una pensión por parte de la familia peruana de parte de su padre, pero en el país americano fue rechazada y discriminada, por lo que fue denominada paria (una persona marginada de la sociedad). De regreso a París trabajó en fábricas y luchó por los derechos de la clase obrera, era autodidacta y le gustaba leer, por lo cual tenía facilidad para escribir. Uno de sus libros más destacados fue Unión Obrera, publicado en 1846, en el cual defiende el derecho de las mujeres a trabajar dignamente, empleó la palabra obreras para dirigirse a este sector exclusivamente, señaló que de entre la clase obrera explotada había una persona más explotada aún, y esa era la mujer del obrero, que además de trabajar tenía que regresar a casa a realizar labores domésticas y de crianza. Se da cuenta de la importancia de la educación de las mujeres y de los hijos de las obreras, y el corolario de su libro es que tanto obreros como obreras deben unirse para luchar en contra de sus explotadores, que son los burgueses.
Socialismo científico o materialismo histórico:
Por la liberación de las clases sociales bajas y trabajadoras se ha considerado a la Revolución Francesa como un antecedente práctico del socialismo, su lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad” son muy significativos en este sentido. El año de 1848 es importante debido a las revoluciones obreras y populares que se dan en gran parte de Europa, en ese año Karl Marx y su amigo Friedrich Engels publicaron El manifiesto del partido comunista, que entre otras cosas podemos sintetizar así: El motor (como si fuera una máquina) de la historia es la lucha de las clases sociales, y esa lucha se había dado a lo largo de la historia entre amos de esclavos contra esclavos en la Antigüedad, en los Señores feudales contra sus siervos durante la Edad Media, y con el inicio de la Revolución Industrial en los burgueses (los dueños de los medios de producción) contra los proletarios (la mano de obra que trabaja en pésimas condiciones para ellos), una fórmula que podemos resumir en la lucha de los opresores contra oprimidos. De manera que el objetivo de la lucha sería LIBERAR A TODOS DE LA OPRESIÓN.
El plan para lograr dicha liberación, indicaban los autores del texto era que a través de una concientización de clase: 1. Se educara a las clases trabajadoras. 2. Se organizara en sindicatos que defiendan los derechos de los trabajadores y 3. Se fundara partidos políticos obreros, para que se tomaran los medios de producción o el poder, y entonces 4 Establecer un Estado socialista que velara por los derechos de la clase obrera y oprimida de la sociedad. Con el paso del tiempo las organizaciones obreras, los sindicatos y partidos políticos obreros se fueron organizando cada vez más hasta que se estableció una
Primera Asociación Internacional de Trabajadores:
La Primera Internacional de Trabajadores se fundó en Londres en 1864. A lo largo de sus múltiples reuniones en varias ciudades de Europa se dividió la opinión entre lo que podríamos llamar marxistas y anarquistas. Los marxistas eran los seguidores de Marx que buscaba el establecimiento de un Estado socialista, en cambio los anarquistas, encabezados en un principio por el ruso Mijail Bakunin, estaban en contra del Estado, porque suponían que el establecimiento de un Estado obrero reproduciría la dinámica de la explotación, de unos poderosos sobre unos sometidos, de manera que proponían organizarse a través de federaciones, donde no hubiera líderes poderosos sino que todo se llevara a cabo por medio de acuerdos consensuados por todos.
Segunda Internacional:
La Segunda Internacional de Trabajadores se fundó en 1889 y también tuvo escisiones en su interior: por una parte quienes seguían el marxismo, que buscaban tomar el poder por medio de una revolución para establecer un Estado socialista y por otro lado los socialistasdemocráticos, que preferían un partido político obrero que llegara al poder por la vía de las elecciones. Se disolvió a raíz de la Primera Guerra Mundial.
Tercera Internacional:
La Tercera Internacional fue una consecuencia de la Revolución Rusa y del llamado a varias organizaciones socialistas, obreras y populares a organizare en Moscú hacia 1919. La conclusión a la que llegaron en varias de sus sesiones fue la de promover o llevar la revolución socialista a todos los países del mundo, a través del modelo de partido político (clandestino o legal) para conducir la toma del poder. Esto alarmó a las potencias capitalistas europeas y también a los Estados Unidos y Japón, que enviaron ejércitos y fuerzas para detener la revolución socialista que se estaba llevando a cabo en Rusia, pero no lo lograron.
El anarquismo es una filosofía de vida, un movimiento, una corriente de pensamiento, una forma de interpretar la realidad, una manera de ser y una utopía hacia un futuro mejor, pero sobre todo es sinónimo de toma de conciencia.
Como corriente filosófica que se opone a toda forma de imposición, el anarquismo se puede rastrear desde filósofos de China y Grecia antiguas, en las rebeliones indígenas que se opusieron a la Conquista europea (movimiento de resistencia) hasta las rebeliones de esclavos que lucharon por alcanzar su libertad.
La palabra anarquía proviene del griego antiguo, del sufijo A o an que significa ausencia, negación o carencia, y de arkhos que significa gobierno. En la Grecia antigua se usaba el término para designar a las bandas de hombres sin líder ni dirigente, o para los casos en donde una comunidad vivía sin gobierno. Se ha confundido muchas veces la palabra anarquía con la falta de orden y el caos, cuando en realidad se ha teorizado bastante sobre la posibilidad de que todos los seres humanos puedan vivir en armonía y sin gobernantes, sin que ninguno imponga su poder por encima de los demás, y ello no significa desorden necesariamente.
Ya se había escrito sobre esto desde las primeras corrientes socialistas del siglo XVIII (si bien el socialismo busca mejorar las condiciones de vida de toda la sociedad). Pero de los primeros escritores que emplearon la palabra anarquía como un concepto de vida y como movimiento de índole social fue el impresor francés Joseph Proudhon en su libro ¿Qué es lapropiedad? publicado en 1841.
Proudhon
En su libro, Proudhon marcó una pauta en la economía política al señalar que en la vida cotidiana y a través de la historia hay una lucha de clases (los propietarios contra los que carecen de propiedad), mostró la lógica explotadora del salario (producir barato para vender caro), la adquisición de riquezas como producto de la explotación de los más débiles por los más poderosos (no sólo usando la fuerza física sino también la astucia intelectual) y resaltó la necesidad de promover la igualdad de oportunidades para todos y así poder alcanzar la justicia social (darle lo justo a todos). Estas ideas sirvieron de preámbulo para que después Karl Marx desarrollara el socialismo científico o materialismo histórico en 1848.
El anarquismo como movimiento obrero socialista cobró fuerza en las reuniones de la primera Asociación Internacional de Trabajadores. En una de esas sesiones realizada en Ginebra (Suiza) en 1867, tomó la palabra el ruso Mijaíl Bakunin, animando a los trabajadores a asociarse por medio de federaciones, donde no hubiera líderes con poder suficiente para ordenar a los demás lo que tenían que hacer. Llamó a los trabajadores a oponerse al Estado, por ser la entidad institucional coludida con los grandes empresarios y capitalistas (la burguesía) que los explotaban para producir más en las fábricas y obtener así más ganancias. Cuando los obreros se veían obligados a hacer huelgas y realizar protestas buscando la manera de exigir mejores condiciones de trabajo, el Estado les enviaba a la policía y al ejército para reprimirlos violentamente.
Bakunin
Karl Marx, que buscaba la dirección absoluta de la Asociación Internacional de los Trabajadores, rompió con los anarquistas y con ello vino la división de la Internacional en marxistas (seguidores de Marx) y anarquistas (seguidores de Bakunin). Ambas corrientes se oponían (y se oponen) a las condiciones que impone el capitalismo, basado en la explotación de los trabajadores, la extracción barata de materias primas, y que obliga a toda la sociedad a vincularse a través y únicamente por el dinero y las propiedades poseídas (el capital), y que glorifica la ganancia y el lucro individuales.
Ambas corrientes buscan mejorar las condiciones de vida de la sociedad, concuerdan con que la historia de la humanidad es una lucha de clases: de los pobres contra los ricos, de los oprimidos contra los opresores (origen de la desigualdad social), y que el objetivo de la lucha revolucionaria es liberar a todos de la opresión. Es por eso que ambas corrientes tienen en cuenta la emancipación de la mujer en sus programas de acción (como lo llegó a proponer la anarquista Emma Goldman).
Emma Goldman hablando en público en Estados Unidos
Pero difieren en el modo en que buscan alcanzar ese objetivo, por su parte, los marxistas apelan a la toma del poder, del gobierno, para establecer un Estado de trabajadores, de aquí viene el término “la dictadura del proletariado” y por eso se les llamó socialistas estatistas. Por su parte, los anarquistas se oponen a cualquier forma de Estado, ya sea liberal, burgués u obrero, debido a la tendencia del oprimido a convertirse en opresor una vez que se libera de su condición.
Los anarquistas apelan a la libertad (por eso también se les llama socialistas libertarios), la libertad de todos y cada uno de los miembros de la humanidad (Mijaíl Bakunin era partidario de la libertad colectiva) para poder asociarse por medio de la Federación (la elección de acuerdos conocidos por todos, vinculados por la solidaridad, el apoyo mutuo y la soberanía de cada uno de los miembros que la integran, sin que exista una cabeza única de mando), por eso es muy importante la organización y tomar responsabilidad de esa libertad.
La bandera negra como símbolo del anarquismo la usó la anarquista Louise Michel, quien había participado en la Comuna de París de 1871, una revolución social hecha por el pueblo francés para liberarse de sus opresores. La bandera negra se enarbolaba como símbolo de luto por los compañeros caídos y para distinguirse de la bandera roja de los socialistas estatistas, de los marxistas .
Ilustración de la participación de las mujeres en la Comuna de París, 1871.
El movimiento anarquista influyó en gran parte de Europa desde la segunda mitad del siglo XIX y en otras partes de América, Asia y África. No sólo penetró en las mentes de los obreros, también en las de los campesinos, profesionistas, estudiantes y mujeres, porque todapersona que se opone a una autoridad injusta, tiránica y abusiva bien puede considerarse anarquista. Pero en todos lados fue reprimido violentamente, al igual que los marxistas, porque ambos se oponen a la acaparación de todos los bienes y la riqueza por parte de unos pocos en detrimento de la gran mayoría.
El anarquismo contiene varias tendencias, la pacifista, que data del siglo XIX cuando se opuso al reclutamiento para no ir a la guerra que se hacían los Estados, mandando al frente de batalla a los hijos de los pobres, de los trabajadores y de los campesinos para matarse unos contra otros. Así sucedió después con la Primera Guerra Mundial, en donde los soldados que desertaban de las trincheras eran fusilados como ejemplo para los demás. Por ello el anarquismo rechaza los nacionalismos y el patriotismo, porque crea odios entre personas de diferentes países que ni siquiera se conocen, mientras quienes se hacen la guerra están en sus escritorios.
Existe la tendencia anarquista que se opone al maltrato y la explotación de los animales para beneficio, consumo y placer de los humanos. El movimiento feminista toma muchas ideas del anarquismo, especialmente la emancipación de la mujer y acabar con el abuso de poder del hombre sobre la mujer. El cosmopolitismo, que considera que todos los seres humanos somos habitantes del mundo y que las fronteras de los países sólo dividen a las personas.
El anarquismo podría ser considerado como una utopía, como el sueño o la ilusión por crear una sociedad más justa y equitativa, porque apela a la solidaridad de todos los miembros de la sociedad y de la humanidad para crear un mundo más justo y mejor, a pesar de reinar la indiferencia, la avaricia, la envidia y el abuso entre las personas.
El anarquismo siempre acudió al desarrollo del intelecto de la humanidad para su bien, para su mejora y para alcanzar una mayor justicia social. Si todo el esfuerzo que se emplea en crear armas, todo el intelecto y dinero que se ha empleado en la carrera espacial y el desarrollo de nuevas tecnologías agresivas, si todas las energías humanas se encaminaran a procurar el bienestar de todos, la humanidad sería más feliz y otro mundo sería posible.
La idea del entorno social nos ayuda a comprender lo anterior: si fomentamos en las personas a tener únicamente dinero y propiedades, a que lucrar y aprovecharse de los demás empleando el uso del poder es bueno, lo único que creamos son personas interesadas, que buscan su beneficio personal sin importarles los demás. En cambio, si la sociedad se encaminara a crear un entorno de solidaridad, de apoyo, a procurar la igualdad de condiciones de desarrollo y justicia para todos, las personas se comportarían de otro modo, sin forzarlas a hacer las cosas, y esto ha quedado demostrado en diversas experiencias sociales.
El mayo francés, París 1968.
El anarquismo es sinónimo de toma de conciencia porque al ser su principio la libertad, liberarse implica no sólo un acto físico sino también mental. No sólo el oprimido que se libera de su condición debe responsabilizarse de sus acciones (la libertad es un gran poder y todo gran poder sobrelleva una gran responsabilidad), también quien ha sido opresor debe hacerse consciente de su posición (el poder corroe). El anarquista Piotr Kropotkin escribió un texto acerca de la moral y en pocas palabras podríamos sintetizar así la conclusión a la que llegó: «haz a los demás lo que quieres que ellos te hagan en igualdad de circunstancias».
Milicianos contra los fascistas durante la Guerra Civil Española, 1936.
La confinación universitaria por la contingencia sanitaria, o sea, la cuarentena obligada para todos los estudiantes por el covid-19 que comenzó en marzo de 2020, fue un salvavidas para la rectoría de la UNAM encabezada por Enrique Graue, en medio de la tempestad de inestabilidad que enfrenta la institución en los últimos años.
Desde su designación en 2015 se creyó que Graue sería un rector de transición, porque no siendo el favorito de Peña Nieto para ese cargo, se hacía respetar supuestamente la autonomía de la institución, es decir, mientras acabara aquél su mandato se vería qué seguiría después para la UNAM. Pero siendo honestos, ocupar la rectoría es como ocupar una subsecretaría de Estado, un trampolín para puestos más altos, como el caso del anterior rector José Narro que saltó a la Secretaría de Salud durante el sexenio de Peña.
En diciembre de ese año el presupuesto para la UNAM propuesto por el ejecutivo y aprobado por los diputados fue el más alto de su historia, ascendía a 39 mil 381 millones 976 mil 365 pesos. En opinión de Diego Badillo, columnista de El Economista, en sus primeros tres años de rectorado, Graue “tejió una relación con el gobierno de extracción priísta”.
Con el triunfo de Andrés Manuel, que dio inicio lo que él denomina la Cuarta Transformación (la 4T), anular los resquicios perjudiciales de los partidos del PRI-PAN-PRD, de acabar con la corrupción y el peculado, aparecían las primeras fricciones entre rectoría y la 4T. La política de austeridad de AMLO, con el tope de salarios para burócratas, se dirigió también a la UNAM y Graue se vio obligado a regresar a la tesorería una parte de su salario de su primer pago de 2019. Otro tema que los enfrentó fue la propuesta de eliminar el examen de admisión a la universidad.
Ahora bien, con la elección de un nuevo rector para 2019, se pensó que ese cargo sería ocupado por una persona acorde a la 4T, como parecía ser el caso de la candidata Angélica Cuéllar, afín a un grupo de Morena. Sin embargo, por diversos factores que no favorecieron a esta directora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, la Junta de Gobierno se decidió por la reelección de Graue. En opinión de Salvador García Soto, columnista de El Universal, “el ex rector [Narro], tras su efímero intento de buscar la dirigencia nacional del PRI, se refugió en la UNAM para apoyar la reelección de Graue y enfrentar un posible embate de Morena y la Cuarta Transformación […] Graue lo ha permitido y el ex rector sigue controlando los destinos de la institución”. Por su parte, con las consultas a académicos que realizó Zósimo Camacho, de Contralínea, concluyó que con esta reelección la UNAM posponía su renovación: “los grupos que han controlado la universidad desde hace más de 70 años cierran filas ante la avalancha de la Cuarta Transformación”.
De modo que la situación política que vive la UNAM en estos últimos años es la pugna entre la 4T versus Graue y los resquicios priístas al interior de la universidad. Poco después de la reelección del rector, en febrero de 2020, el diputado de Morena, Miguel Ángel Jáuregui, propuso “democratizar las formas de gobierno de la UNAM”, esto es, que la elección del rector y los directores de escuelas, facultades e institutos fuera a través del voto directo y transparente de la misma comunidad universitaria, lo cual trajo el obvio rechazo de Graue.
El descontento al interior de la comunidad universitaria ya se dejaba sentir por otras razones, como el movimiento en contra de los porros. Estalló en el CCH Azcapotzalco en agosto de 2018 y desembocó en la marcha en contra de la violencia en Ciudad Universitaria el 5 de septiembre de ese año. Porque dos días antes un grupo de porros habían agredido a los ceceacheros que se manifestaban frente a Rectoría. Finalmente, Graue se vio orillado a aceptar la renuncia de la directora del CCH Azcapotzalco y el pliego petitorio de sus estudiantes.
Del mismo modo, el movimiento feminista de la universidad exige justicia en los casos de acoso sexual por parte de profesores, estudiantes y funcionarios, en contra de la violencia de género y de la inseguridad al interior de los campus, iniciaron anónimamente con tendederos, con denuncias legales y después pasaron a la toma de planteles. Hacia septiembre de 2019 se intensificaron las protestas que combinaban la conmemoración por los estudiantes de Ayotzinapa, las dos exigencias antes mencionadas y las demandas particulares de cada escuela o facultad, lo que llevó a paro a 24 planteles de la UNAM hacia febrero del siguiente año. A mediados de noviembre de 2019 se hicieron circular panfletos de manera digital que exigían la destitución de Graue como rector de la UNAM.
Dibujo del mural de Siqueiros en el edificio de Rectoría, CU.
Sumado a esto, otro descontento proviene de la comunidad docente, molesta por la precarización y la desigualdad laborales en la universidad que, durante la modalidad de clases en línea, terminó con un paro de actividades por varios días en 15 facultades en marzo de 2021 ante la falta de pago a profesores.
Sabemos que estas dificultades son aprovechadas por grupos de infiltrados (externos e internos) que buscan desestabilizar a la universidad, ya sea a través de la provocación o del uso de la violencia, y tienen larga tradición, desde el movimiento del 68, el Halconazo de 1972, la huelga del CEU de 1986 hasta la huelga en contra de las cuotas de 1999-2000, esto con el objetivo de desvirtuar los movimientos estudiantiles o hacerlos menguar. En el caso de los planteles 5 y 7 de la ENP se registraron destrozos a inicios de 2020 en las instalaciones de ambas direcciones, y en el plantel 5 deterioros en la biblioteca (espacio destinado especialmente a la reunión, estudio y consulta de libros por parte de los estudiantes), asimismo el incendio perpetrado en la dirección del plantel 8 en marzo de ese año, además de registrarse el robo de materiales y otros recursos en diversos planteles.
Con esta escalada de violencia que se venía suscitando, el rector solicitó el apoyo de la policía de la CDMX para resguardar las instalaciones de la prepa 5 el 27 de febrero de 2020, ante las confrontaciones en la puerta de la entrada principal se pidió la evacuación del plantel y, para evitar peores escenarios (muchos estudiantes son menores de edad), el secretario de Seguridad Ciudadana, García Harfuch, ordenó la retirada del personal policíaco. Información de la redacción de Animal Político de ese mismo día.
Dibujo del escudo de la UNAM.
Con el inicio de otro ciclo más de clases vía internet, estudiantes de prepa 5 organizaron un paro virtual de actividades para el 17 de septiembre de 2021. Entre las diversas exigencias del pliego petitorio la más destacada es la que exige la destitución de la directora del plantel así como de todo su equipo de trabajo, y para la designación de los nuevos funcionarios se piden formas democráticas para su elección. Esta propuesta surge de una prepa que podría extenderse a facultades, escuelas o institutos y tal vez se quiere que llegue a rectoría, porque la universidad siempre ha sido un reflejo de la sociedad y un termómetro de la situación política que vive el país. Con la vuelta a clases presenciales que se prevé sea de manera escalonada y en los primeros meses del 2022, esta pugna por la UNAM no parece que vaya a cesar.
Es claro que la universidad requiere de una renovación y de una transformación, pero ello no puede venir desde arriba e imponerse hacia abajo, de ningún partido político, gobierno ni exclusivamente de unos 15 altos notables, tampoco puede salir de un grupo minoritario de choque que busca la inestabilidad y la confrontación al interior de la universidad, es un proceso y una labor que debe ser obra de toda la comunidad universitaria, que incluya a la gran mayoría de sus miembros y que parta de abajo hacia arriba.
Hoy día la ciencia es el paradigma de todo conocimiento, como parámetro desde el cual tenemos certezas de la realidad que nos rodea y del más allá, y es muy difícil que alguna forma de conocimiento lo sea si no está condicionado o avalado por este adjetivo de “científico”. Creemos que la ciencia es imparcial, objetiva, neutral, tolerante, humanista, democrática, mundial, justa y buena, por así decirlo, y no podemos reprocharle nada porque está “científicamente” comprobado.
En realidad, la ciencia tiene un punto de partida geopolítico que está determinado histórica, cultural e ideológicamente, y ese punto es Europa, pero no toda Europa, sólo algunos centros de radiación que podríamos denominar Occidente (después se traslada a Estados Unidos, a la URSS con la Guerra Fría y a China actualmente, pero sigue siendo occidental). Por eso mismo, la ciencia es eurocéntrica, imperialista, arbitraria, competitiva, hegemónica y de hombre blanco, y por consecuencia, parcial y subjetiva.
Si quisiéramos hacer ciencia, ser científicos, debemos contar con una serie de privilegios para lograr nuestro propósito de manera más fácil y sin tantos esfuerzos. Mentira aquella propaganda que apela al esfuerzo y el mérito individual de personas de clases bajas que llegan a trabajar en la NASA, se apoyan en infinidad de lazos socio-económicos precarios. Si naces en India, por el proceso de colonización británica que atravesó, hay más ventajas para acercarse al inglés (la lengua del imperio, la lengua de la ciencia), hay que subir por las pirámides jerárquicas de la educación, las becas, los tutores, los proyectos y los institutos científicos, hasta llegar a un centro geopolítico de emisión y producción de la ciencia. Hay que lambisconear un poco. La motivación del “avance” de la ciencia es el poder.
Si naces indígena en América, hay que aculturalizarse occidentalmente, pensar en inglés, leer a los teóricos occidentales (y periféricos que dependen del centro de emisión de la ciencia) para poder hablar de tú a tú con otros colegas. Ser aceptado en los programas de experimentación científica, publicar en las revistas indiciadas, escribiendo uno o más artículos científicos al año sin importar si hay “avances” o innovaciones concretas. Porque no se puede hacer ciencia desde el conocimiento indígena ancestral, la ciencia no puede provenir de grupos étnicos papúes de Nueva Guinea por ejemplo, ni de los chiítas de Irak, de los mursis de Etiopía, ni de los mapuches de Chile-Argentina, ni de los innuits de Groenlandia, a menos que se occidentalicen. La ciencia no es democrática ni mundial, difícilmente está al alcance de todos y está culturalmente determinada.
Occidente pretende rastrear hasta los filósofos naturales de la Grecia antigua el origen de los principios científicos, como afirma Isaac Asimov en su libro Los griegos de 1965: «Tales de Mileto especuló sobre la constitución del universo, su naturaleza y origen. En su primer supuesto afirmó que no había dioses ni demonios involucrados, sino que el universo opera por leyes inmutables. Y en el segundo supuesto sostuvo que la mente humana, mediante la observación y la reflexión, podía conocer [y entender] esas leyes. Toda la ciencia, desde la época de Tales, parte de estos dos supuestos». Pero no puedo olvidar las clases de mi maestro, el filósofo Eduardo Ceballos Uceta, cuando nos señalaba que el umbral de la ciencia como la conocemos o el punto de partida de su desarrollo moderno podemos encontrarlo hacia el siglo XVII en Europa, cuando inicia una supuesta separación entre ciencia y religión, como proponía el laicismo temprano de Tales de Mileto.
Justo estos primeros “científicos” del XVII eran sacerdotes o seminaristas de teología. Las primeras universidades de Europa eran religiosas, cristianas, no había forma que fuera de otro modo, no existía la educación laica. Copérnico, quién describió las órbitas de los planetas y las elipses que trazan alrededor del Sol donde éste ocupa uno de los focos, era sacerdote. Galileo venía de un convento y fue sometido por la Inquisición para que se retractara de las “leyes inmutables de la naturaleza” que había descubierto. El universo era obra del Dios de los cristianos y ellos “descubrían” las leyes que lo regían por medio de la razón, otorgada por ese mismo Dios, y no podía ser el dios de los musulmanes (¡qué blasfemia estoy diciendo!) y mucho menos podía ser obra del dios Ra que los antiguos egipcios pensaban había creado el universo, tampoco de los dioses que se reunieron en Teotihuacán para crear de nuevo al mundo, esos eran mitos de infieles. Nada más arbitrario que el cristianismo como idiosincrasia que influyó en los cimientos de la ciencia.
Irónicamente, siguiendo el razonamiento del filósofo inglés que refuta la noción de progreso, el profesor de Oxford y Harvard, John Gray (el conocimiento hegemónico sigue teniendo un centro emisor), señala «hasta qué punto el concepto occidental de progreso y su visión lineal del tiempo y de la historia [de peor a mejor] son deudores del cristianismo» (en Misa negra, lareligión apocalíptica y la muerte de la utopía, 2017). Pero en otro texto reitera que el mundo moderno se creyó la fábula, el cuento de hadas, de la creencia de que el progreso es irreconciliable con la religión, cuando la ciencia moderna abría un camino de luz frente a la época oscura: «la fe en el progreso es un vestigio tardío del cristianismo primitivo y se remonta al mensaje de Jesús del anuncio del fin de los tiempos [yo lo ubico en el momento en que triunfó la idea del Juicio Final en la tardía Edad Media y el milenarismo]. Para los antiguos egipcios, como para los antiguos griegos, la historia humana se encuadraba en los ciclos de la naturaleza. Lo mismo ocurre en el hinduismo y el budismo, en el taoísmo y el sintoísmo. Al crear la expectativa de un cambio radical en los asuntos humanos, el cristianismo ˗la religión que Pablo se inventó˗ fundó el mundo moderno» (de su libro El silencio de los animales, sobre el progreso y otros mitos modernos, 2018). Es imposible que un corpus como la ciencia esté libre de influencias, pero la raigambre cristiana occidental influye en la ciencia al formar parte de esta misma noción de progreso.
La ciencia responde a la eficacia de causa-efecto que permite multitud de actividades humanas y que no necesariamente tienen nada de científicas. Si todos los seres humanos en distintas partes del mundo fabricaron arcos y flechas, es porque respondían a una manera eficaz de cazar. El chamán que curaba, seguía esta dinámica de causa-efecto y cuando no funcionaba su magia la comunidad lo mataba o lo exiliaba, sirve o no sirve. Del mismo modo que las teorías científicas que descubren las leyes mutables de la naturaleza, se desechan o se les ponen parches cuando no explican la realidad. A las tesis newtonianas de la física se le hicieron adecuaciones cuando los experimentos de la física moderna no eran congruentes con ellas. El ya citado Isaac Asimov explica que tuvo que desecharse la teoría de la existencia del éter cuando ya no respondía a las observaciones de la realidad, en Breve historia de la química (1965), es decir, respondía a la eficacia: se usa hasta que funcione, lo cual no tiene nada de científico.
Sin embargo, como la ciencia se ha vuelto el paradigma (usando el concepto de Thomas Kuhn de su libro La estructura de las revoluciones científicas) pareciera que todo debe y puede tener una explicación “científica”, se busca aplicar la física, las matemáticas, la química o la multi-disciplina a toda nuestra realidad. Antes eran un apéndice de nuestra visión y relación con el mundo, ahora el mundo está contenido en la ciencia, el mundo se ha vuelto un apéndice del conocimiento científico. En ese sentido podemos hacer una analogía con la crítica que hace Miguel Amorós del capitalismo y el crecimiento de las ciudades: «Ya no podemos hablar propiamente de la ciudad del capital puesto que el interés del capital no radica solamente en la metrópolis, sino del territorio del capital, porque el capital ha ocupado totalmente el territorio [la naturaleza], haciéndolo soporte de todos sus equipamientos, actividades económicas e infraestructuras [extrayendo de él todos los insumos]», del libro Cénit y ocaso (materiales para una crítica de la ideología del progreso), 2016.
Y es que sucede que la historia del progreso de la ciencia como la conocemos va de la mano de la historia del capitalismo, conforme éste se va constituyendo como el régimen que determina (casi) todas las relaciones y actividades humanas, aquélla se iba consumando como el parámetro de toda explicación y conocimiento del universo. Así lo presenta en su investigación Francisco Serratos con su libro Capitaloceno (2020), el padre francés del racionalismo, René Descartes, propició la separación entre naturaleza y sociedad (individuo) «según la cual el hombre ˗blanco, europeo, liberal y rico˗ reduce a la primera a un mero objeto de estudio cuyos secretos son revelados por un proceso racional [pero devastador] para poder controlarla».
Aún más, para Descartes este control se hace a través del método científico, y no es casualidad que este pensador escribiera durante el siglo XVII, en que Holanda inicia su despegue comercial y depredador por el mundo (traficando esclavos de Angola a Brasil para hacer monocultivos de caña de azúcar, destruyendo el bioma de la mata atlántica, y llevando diabetes temprana a toda Europa en cientos de barcos construidos con la tala de los bosques), acelerando la acumulación primitiva (términos de Marx) del capitalismo incipiente. Y todo ello apoyado en métodos de una ciencia económica (el incipiente liberalismo) que dictaba la extracción de mayores beneficios y rendimientos.
Tráfico negrero por parte de los europeos, patrocinó muchas actividades
Ahí no acaba la indagación de Francisco Serratos que, basándose en los autores Moore y Patel, afirma que el racionalismo de Descartes influyó en Francis Bacon para quien «la ciencia ˗el hombre˗ debe escarbar, abrir, explorar, penetrar, diseccionar el “útero de la naturaleza” para poder entenderla, explotarla y dominarla. El sometimiento de la mujer es fundamental para el capital desde el momento en que, de su trabajo doméstico y su control natal, se extrae una plusvalía». No es casualidad que Bacon escribiera en un momento en que inicia la explotación del carbón, de la minería como ciencia moderna. «El pensamiento racional fundado por Descartes, Bacon, Harvey y Newton, quienes sentaron las bases de la Revolución Científica en los siglos XVI y XVII, propulsó las innovaciones tecnológicas que comenzaron a tener un impacto ecológico [perjudicial]». Serratos no es nada alentador cuando escribe: «cada evento de nuestro evolución ha tenido un impacto en la naturaleza».
“Es que no podemos juzgar a la ciencia por los usos que le han dado”, ya oí la defensa que me replican. La ciencia parte de esos mismos usos, contrargumento. Tampoco es que neguemos sus aportaciones (estamos inmersos en su razonamiento de aproximación a la realidad) ni la puesta a nuestro alcance de los conceptos básicos científicos que nos da la educación popular, pero de ahí a todos ser partícipes de su “progreso” y ejecución es otra cosa. Como en la Edad Antigua, en la Edad Media, en el Anáhuac o el Tahuantinsuyo, pocas personas estaban vinculadas con los conocimientos “superiores”, porque respondían a los intereses, necesidades y deseos de las clases ricas, de las clases poderosas y de los gobernantes. La ciencia del siglo XIX estuvo a merced del patrocinio de las empresas coloniales e imperialistas de las potencias. Someter a las leyes de la geografía, realizando exploraciones en África, contribuyeron a su reparto. Los estudios antropológicos eran racistas, ¿quién podría decir que sobre esos cimientos no reposan los actuales?
Medidas de cráneo asociadas a la raza de la ciencia decimonónica
Quiero contribuir a la humanidad con mis aportes científicos pero mi condición de sometimiento salarial me obliga a trabajar para el Estado o la iniciativa privada, termino desarrollando mejores sistemas de seguridad y de defensa (la Cúpula de Hierro de Israel, escudos anti-misiles). Toda la propaganda en revistas culturales, científicas, en artículos de intelectuales y hombres de ciencia que pagaron los Estados Unidos durante la Guerra Fría (como menciona Josep Fontana en Por el bien del imperio, 2011), su propaganda mediática, para hacernos creer que la llegada a la Luna era un “gran paso para la humanidad”, un avance de la ciencia, en realidad respondía a una competencia ideológica y bélica por la conquista del espacio frente a la URSS: la Guerra de las Galaxias, poner satélites en órbita para vigilar al enemigo. Después vino la Guerra Digital, la creación de las computadoras y el internet para vigilar mejor al enemigo.
Propaganda soviética alusiva a la Guerra Fría
En este esquema no podemos seguir creyendo que la ciencia es imparcial y objetiva. Con la Primera Guerra Mundial se demostró cómo la ciencia y la tecnología se pusieron al servicio de la guerra, inventando y produciendo más y mejores armas para aniquilar seres humanos, sin dejar de lado el inicio de la guerra bactereológica, aunque sus antecedentes los podemos encontrar en las cobijas y ropas infectadas con enfermedades que los europeos regalaban a los indígenas para diezmarlos. ¿Alabaremos las guerras mundiales que nos trajeron los submarinos, el radar, el papel aluminio, las anfetaminas, los walkie-talkies, el internet, etcétera? La ciencia y la tecnología no actuaban autónomamente, movidas por sentimientos humanitarios y justos, se hizo a costa de la muerte de millones de personas. Si Einstein no participó en el Proyecto Manhattan por las implicaciones morales que conllevaba, no por ello la física dejó de avanzar y desarrollarse para crear bombas atómicas y energía nuclear, este genio era coherente con su fe: “Dios no juega a los dados”, pero los humanos sí, y nada más irracional que los juegos de azar.
En el caso de la ciencia médica, la influencia del emporio Rockefeller es algo ya conocida. Hacia principios de siglo XX se descubrió que varios componentes podían derivarse del procesamiento del petróleo. De manera que Rockefeller buscó la manera de suministrar productos farmacéuticos y medicinas a los médicos y las instituciones de salud. Fue así como la formación de los futuros médico se enfocó en el estudio de la farmacología, descuidando áreas como nutrición o fitoterapia, como llama la atención Adolfo Lozano en su artículo “Cómo las farmacéuticas destruyeron la medicina” en LibertadDigital (19/10/2011). De modo que la ciencia médica responde a intereses económicos. La idea es menguar los síntomas de una enfermedad, no atacar la causa misma. El caso de miles de estudiantes que ingresan a la carrera de medicina (u odontología), se les pregunta en público porqué desean estudiar y responden que quieren ayudar a la gente. En realidad aspiran a subir la pirámide socio-económica, es una carrera vista como un medio de movilidad social, de lo contrario los precios las consultas, estancias y tratamientos de la salud privada no serían altísimos. La salud cuesta, entonces hay un falso altruismo, porque en realidad se lucra con la salud de las personas, llevando el ámbito de la salud a la dinámica del capitalismo.
El paradigma imperante de la ciencia es el siguiente: “de acuerdo con un artículo científico”, “según un estudio científico realizado por la universidad…”, es difícil creer que la ciencia no está sometida a algún tipo de manipulación, que responde a algún interés o que es un campo no jerarquizado. Esta crítica de los valores de la ciencia se confunden con el “negacionismo”, la corriente que niega la verosimilitud del conocimiento científico (como cuando algunas personas cuestionan la certeza de las vacunas), cuando en realidad hay que reflexionar y buscar soluciones para que la ciencia se vuelva realmente accesible para todos y se desprenda de esos valores geopolíticos y económico-culturales que la vieron nacer.
El surgimiento de la Unión Soviética es producto y consecuencia de la Revolución de Octubre de 1917, de manera que podríamos hablar de un antes y un después de este suceso revolucionario.
Antecedentes
El Imperio Ruso ya era un protagonista importante de la Europa del Este y desde los últimos años del siglo XVIII buscaba aproximarse a las dinámicas ilustradas y después modernas del siglo XIX de la Europa Occidental. El Imperio Ruso ya era un país de rango intercontinental, al ocupar e influir en enclaves importantes desde el mar Báltico y el Mar Negro hasta la región de Siberia en el extremo asiático, ejerciendo el poder en regiones y pueblos tan diversos conquistados y controlados bajo el reinado de los zares.
El problema con el Imperio Ruso a mediados del siglo XIX era su considerable atraso económico y social, de sus políticas y de su población con respecto a los países más desarrollados de Europa. Para reducir este atraso económico, el gobierno del zar Alejandro II y después el del zar Nicolás II implementaron una serie de reformas que consistieron, a grandes rasgos, en la introducción de mayor capital extranjero, en la creación de algunas fábricas, la construcción de vías férreas y la ampliación de los latifundios agrícolas. Se liberó a los campesinos de la servidumbre, como lo había hecho Francia durante la Revolución Francesa, pero no liberó al campesinado de los abusos de los terratenientes, las deudas por esta libertad y de sus pésimas condiciones de vida.
Pintura sobre el decreto de abolición de la servidumbre en la Rusia zarista.
La creación de pequeñas zonas industriales propició la aparición de la clase obrera, reducida pero mejor organizada que los campesinos. Esto trajo consigo también las injusticias del régimen laboral propios de la Revolución Industrial: largas jornadas de trabajo, salarios ínfimos y pésimas condiciones laborales.
Para demostrar su capacidad bélica, el zar Nicolás II se enfrascó en una guerra contra Japón, la incipiente potencia asiática, en 1905. Lo único que demostró esta guerra fue la incapacidad de movilización y de vigor bélico de un gigante mal organizado frente a un pequeño, bien y rígidamente organizado Japón. Los gastos de guerra conllevaron a una crisis económica provocando protestas sobre todo en Petersburgo, la capital del Imperio Ruso, donde un intento de revolución fue sangrientamente aplastado por las autoridades. Si la población estaba descontenta, la aristocracia y la elite rusas también lo estaban, entonces, para dar solución al descontento el zar creó la Duma, una especie de parlamento que compartiera las decisiones de gobierno (THOMPSON, David. Historia Mundial de 1914 a 1968. Tr. Edmundo O´Gorman. 7ª reimp. México, Fondo de Cultura Económica, 1989. Apartado: Cisma en el socialismo, p. 108).
Con la Duma, el Imperio Ruso también se actualizaba en materia política con el resto de Europa, porque se constituyó en una especie de monarquía constitucional. Pero el intento fracasó porque la Duma sólo tenía poder nominal, es decir, de nombre, pues al fin y al cabo, el zar seguía concentrando las decisiones del gobierno y detrás de él estaba la zarina, quien a su vez estaba influenciada por un monje llamado Rasputín, encargado de curar la hemofilia del zarévich Alexis, heredero al trono ruso. Rasputín fue asesinado en 1916 por un grupo de aristócratas que deseaban acabar con su influencia en la corte real.
En la Primera Guerra Mundial el Imperio Ruso decidió apoyar a Serbia, sus primos eslavos, y entrar al lado de sus aliados Gran Bretaña y Francia en contra de los Imperios Alemán y Austro-Húngaro. Una guerra moderna que requería de un ejército bien equipado y adiestrado, movilidad, organización y capacidad de aprovisionamiento, elementos que no había demostrado tener contra Japón, y que la lenta y deficiente burocracia zarista no tenía visos de mejorar. Cabe mencionar que existían fricciones entre los soldados de bajo rango y los altos mandos y oficiales del ejército zarista, los primeros eran hijos de campesinos o trabajadores y los últimos provenían de familias ricas y privilegiadas, esto causaba antagonismos de clase.
Desarrollo
Los descalabros en el frente de batalla provocaron la Revolución de Octubre de 1917. Los soldados fueron los primeros en protestar e irse a huelga. La consigna fue primero “pan y paz”, pues las provisiones de comida no llegaban con eficacia al frente de guerra, luego se sumó el grito de “tierra” de muchos campesinos olvidados por la reforma agraria. Además, muchos pequeños propietarios de tierras pagaban impuestos muy altos para que el gobierno pudiera pagar los costos de guerra. Con varios batallones en huelga, Alemania aprovechó para infligir mayores derrotas, como la batalla de Tannenberg, e irle ganando territorio al Imperio Ruso.
Rendición de las tropas rusas en la batalla de Tannenberg.
Ante semejante situación, la Duma, que había permanecido apacible, decidió tomar las riendas, formó un gobierno provisional (conformado por la nobleza, la elite política y la pequeña burguesía rusas) y el zar Nicolás II se vio obligado a abdicar, es decir, a renunciar a su trono. El gobierno provisional, vinculado como estaba con las potencias aliadas, decidió continuar la guerra a pesar de la oposición de los soldados y la población. Entonces empezó a gestarse un poder alterno que confrontaba al gobierno provisional, el organizado por el soviet de Petersburgo (FITZPATRICK, Sheila. La Revolución Rusa. Tr. Agustín Pico. Buenos Aires, Editorial Siglo XXI, 2005, p. 64-65).
El soviet era un consejo de representantes que se había formado entre los proletarios durante las protestas de Petersburgo en 1905, pero que había sido duramente reprimido por el gobierno. En 1917 resurgió con mayor fuerza pues se organizaron los soviets (consejos o asambleas) entre los soldados, entre los obreros, más tarde entre los campesinos y posteriormente entre estudiantes, maestros y demás profesiones y gremios artesanales. Esto transformó radicalmente la forma de organización política y la representación social como nunca antes se había visto en el Imperio Ruso y mucho menos en Europa. Los soviets eran verdaderas asambleas populares en donde se podían escuchar las más diversas voces de la población y encaminar sus demandas a través de sus representantes, podríamos denominar a esta experiencia como una democracia de base.
La máxima figura revolucionaria del partido socialista en el Imperio Ruso era Vladimir Ilych Ulianov, alias Lenin, quien había huido del país y se encontraba exiliado en Zurich, Suiza, desde donde escribía artículos para periódicos revolucionarios rusos. Lenin consideraba a la Primera Guerra Mundial como una guerra capitalista, producto de las ambiciones imperialistas de los países involucrados, y los gobiernos de éstos controlados a su vez por burguesías que no les importaban los sufrimientos de los soldados ni las carencias que traía la guerra a las poblaciones. Lenin proponía poner fin a la guerra y destruir a la burguesía de cada país mediante una revolución proletaria. Al saber esto, los alemanes trasladaron a Lenin en una tren secreto de Suiza a Petersburgo, para que hiciera una revolución socialista que pusiera fin a las hostilidades entre el Imperio Ruso y el Imperio Alemán, incluso se ha sospechado que Lenin recibiera dinero de los alemanes para llevar a cabo su objetivo.
Lenin dando un discurso durante un mitín, recargado en el púlpito, Trotsky.
Lenin, de un indiscutible carisma y liderazgo, aprovechó la organización de los soviets para catapultar la revolución a través de sus partidarios radicales, los bolcheviques (los mayoritarios), que estaban en contra de la moderación política de los mencheviques (los minoritarios), sobre todo en la manera de conducir la revolución que tumbaría al gobierno provisional. Los bolcheviques buscaron controlar las jefaturas de todos los soviets para dirigir la revolución desde abajo, especialmente desde el proletariado. Y empezaron a tomar decisiones más radicales, como ocupar los edificios públicos de Petersburgo, Moscú y otras ciudades. El acto más representativo de la llamada Revolución de Octubre de 1917 fue la toma del Palacio de Invierno, lugar que albergaba a los miembros del gobierno provisional, hecho que significó el triunfo de los revolucionarios en contra del antiguo orden establecido.
A continuación se reunió el Congreso de todos los soviets del país, en donde el partido bolchevique fue predominante y designó a Lenin como máximo representante del soviet supremo y de todo el país. Este nuevo gobierno firmó la paz con Alemania mediante el Tratado de Brest-Litovsk en posición desventajosa, pues Alemania se quedó con gran parte del territorio ruso, aunque después le fue devuelto por el Tratado de Versalles en 1919, tratado que impuso las condiciones del fin de la Primera Guerra Mundial.
La clase terrateniente, la nobleza, la burguesía rusas y algunos generales del ejército, apoyados por Gran Bretaña y Francia, formaron las Guardias Blancas, fuerzas encargadas de aplastar al gobierno surgido de la Revolución de Octubre. León Trotsky, líder del soviet de Petersburgo y ministro del pueblo, organizó y dirigió a muchos obreros y soldados para conformar el Ejército Rojo, que se enfrentó a las Guardias Blancas en una cruenta guerra civil. El apoyo del campesinado fue crucial para que el Ejército Rojo pudiera derrotar a sus enemigos.
El Ejército Rojo aniquiló a muchos nobles rusos, como la banda de bolcheviques que detuvo al zar Nicolás II y a su familia para después asesinarlos en el sótano de la casa donde estaban presos, como alguna vez hizo la Revolución Francesa con las vidas del rey Luis XVI y de la reina María Antonieta. Este acto respondió al propósito de que no hubiera posibilidad alguna de volver a instaurarse la monarquía en el país, y también para acabar con los privilegios aristocráticos de sangre y de clase.
El Ejército Rojo también se enfrentó a las tropas extranjeras de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Japón, que bloquearon al país y temían que se instaurara un régimen socialista en Europa, como ya lo venía advirtiendo abiertamente Lenin después de haber tomado el poder. En 1919 se había congregado en Moscú la Tercera Internacional Comunista o Comintern, una reunión de todos los partidos comunistas, obreros y sindicatos de Europa, en la cual se llegó a la conclusión de ser necesaria la revolución socialista en todo el mundo para derrotar a las burguesías que gobernaban en cada país y llevar al proletariado al poder.
Consecuencias
Con el fin de la guerra civil se pudo constituir un nuevo ente político que administrara la inmensidad del territorio. Como en cada una de las regiones y países que constituían el anterior Imperio Ruso se habían formado repúblicas gobernadas por la jefatura de un soviet supremo, se procedió a unirlas a todas ellas bajo un régimen socialista, es decir, un régimen que buscara mejorar las condiciones de vida de toda la sociedad. El nuevo país se denominó Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1922, que se regía por un partido único, el Partido Comunistas, al que todos los ciudadanos debían estar afiliados. El objetivo era desaparecer la privacidad de los medios que producen la riqueza y hacer comunes todos los beneficios del Estado para toda la población soviética. A su vez, el Partido Comunista estaba controlado por un Comité Central, el Politburó, que nombraba al máximo representante de la URSS.
Mapa de las repúblicas que componían la Unión Soviética.
Lenin falleció en 1924 a consecuencia de una hemorragia cerebral, pero su salud estaba afectada también por el atentado sufrido en 1918, cuando la anarquista Fanni Kaplán disparó contra él en una fábrica de Moscú. Lenin fue el primer representante de la URSS y se encargó de la dura reconstrucción del país después de la guerra civil. A través de un programa económico que poco tenía que ver con una economía comunista, revitalizó la producción agrícola, el sector más importante de la economía soviética. El programa se llamó Nueva Economía Política (NEP) que enfrentó las adversidades del bloqueo comercial al que sometieron Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos a la Unión Soviética. Al fallecer Lenin, se enfrentaron los dos líderes bolcheviques más fuertes: León Trotsky y Josif Stalin.
Los tres principales líderes soviéticos.
Trotsky pugnaba por continuar con el proyecto de una revolución constante y a nivel mundial, mientras que Stalin pugnaba por realizar el socialismo en un solo país como medio para salvar la revolución. Este último ganó y Trotsky tuvo que exiliarse en varios países hasta que llegó finalmente a México por intermediación del pintor Diego Rivera, pero fue asesinado por un agente secreto de Stalin en 1940. La casa donde vivía hoy en día es un museo sobre avenida Churubusco, en Coyoacán.
Con Stalin se llevó a cabo la colectivización de la tierra, el verdadero comunismo de Estado, es decir, hacer comunitaria la posesión de la tierra y dirigida por el Estado, esto provocó protestas por parte de los campesinos y su violenta represión. Stalin encaminó sus políticas hacia una economía regulada: una economía que no estaba sujeta a las leyes del mercado, de la oferta y la demanda, desvinculada de los grandes comerciantes y capitalistas que imponían sus precios y del sistema financiero que conducían a crisis económicas, como la de Wall Street de 1929. Esta economía regulada estuvo basada en proyectos a largo plazo, cada cinco años, los llamados Planes Quinquenales (HILL, Christopher. La Revolución Rusa. Tr. Ángel Abad. 3ª ed. Barcelona, Planeta/Ariel, 1981, p. 212).
En sus textos, Marx explicaba cómo había triunfado la sociedad burguesa para instaurar el capitalismo, primero en un país y luego en todo el mundo, pero no había escrito un manual para el socialista perfecto, sobre cómo llevar a la práctica el socialismo en la vida real, y menos en un mundo donde todos los demás países continuaban siendo capitalistas. Por eso la Unión Soviética tuvo que ideárselas para conseguir sus objetivos.
El programa de Stalin tuvo varios opositores, Trotsky fue el primero. Aparecieron disidentes políticos, muchos de los cuales fueron perseguidos, encarcelados, asesinados o llevados a campos de trabajos forzados, los gulags en Siberia, que databan de tiempos del zar. Los disidentes se sintieron traicionados por los principios socialistas que había enarbolado la Revolución de Octubre y la organización política de los soviets, de la democracia desde abajo, ahora sustituida por la toma de decisiones centralizada, la dictadura del partido único, y aún más con la dictadura de Stalin (el lado oscuro y malo de la puesta en práctica del comunismo en un país atrasado y poco industrializado), esto contrariaba las ideas de Marx, pues la revolución comunista debía haberse realizado en los países más avanzados, poseedores de una clase proletaria educada y organizada, como en Gran Bretaña.
Pero con los Planes Quinquenales el Producto Interno Bruto (PIB) de la URSS alcanzó índices elevados nunca antes vistos, el país se industrializó como ningún otro lo había logrado, incluso Gran Bretaña, cuna de la Revolución Industrial, excepto Japón. Este progreso acelerado consumió gran cantidad de recursos humanos y naturales. La producción agrícola fue tan abundante que sirvió para alimentar a toda la población y exportar el excedente, de donde salió el dinero para mantener al enorme aparato burocrático del Partido Comunista, establecer universidades, de donde salieron brillantes científicos, atletas, estudiantes y artistas. Esto promovió la extracción de materias primas desde Siberia, olvidada por la Rusia zarista. La calidad de vida de la población se homogenizó, la renta per cápita se igualó, es decir, se redujeron las diferencias entre las clases sociales e incluso de género, porque la mujer comenzó a tener un papel predominante en la sociedad soviética.
Propaganda soviética que alentaba a la participación de la mujer.
A pesar de que la gente tuvo que soportar grandes sacrificios y sufrimientos, dice el historiador británico de izquierda Hobsbawn: «el régimen de Stalin garantizó un estable nivel social. Garantizó trabajo, comida, ropa y vivienda, pensiones, atención sanitaria y cierto igualitarismo. Proporcionó educación con mucha generosidad. La transformación de un país analfabeto en la moderna URSS fue un logro gigantesco (HOBSBAWN, Eric. Historia del siglo XX, 1914-1991. Tr. Juan Faci. 2ª ed. Barcelona, Editorial Crítica, 2001. Cap. II: La revolución mundial y cap. XIII: El socialismo real, p. 382)».
Este vertiginoso desarrollo fue el elemento que posibilitó a la URSS hacer frente a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, pero también el desgaste de esta guerra fue el mismo que frenó el desarrollo soviético porque enfrascó a la URSS en la posterior carrera armamentística que siguió a la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría contra EUA.
Desfile del Ejército Rojo durante una conmemoración de la Revolución Rusa.
Es un movimiento social que busca la liberación, emancipación, unidad, concientización y desarrollo de todos los negros con respecto a las barreras raciales, culturales, económicas, políticas, sociales y legislativas que han sido impuestas a ellos a lo largo de la historia por las autoridades y gobiernos de los Estados Unidos de América. Es un movimiento que puede o no tener líderes (aunque existe una larga tradición de figuras representativas), individual o colectivo que inició sin proponerse ser un movimiento con la resistencia a la trata de esclavos desde el siglo XVI, continuó con las revueltas de esclavos y alcanza su proyección y concientización hacia el siglo XX (especialmente en los años sesenta).
Si desde las revueltas de esclavos ya existía una resistencia a la esclavitud, tomó una dirección legal cuando Abraham Lincoln abolió la esclavitud, y sobre todo cuando muchos afro-americanos pelearon en la Guerra Civil con el propósito de alcanzar su libertad. Sin embargo, después de 1867 no terminó el racismo, la discriminación, la segregación y las pocas posibilidades de desarrollo de la gente de color en EUA. El mismo Lincoln tenía un proyecto de llevar a los afro-descendientes de vuelta a África, una vez que fueran liberados legalmente de sus amos, siguiendo este proyecto muchos afro-americanos fueron a vivir a Liberia, en África occidental.
Más significativa fue la labor de Harriet Tubman, esclava del sur de los Estados Unidos que persiguió su libertad al norte del país, y que una vez libre buscó ayuda para liberar a sus familiares y después llegó a liberar a alrededor de 300 esclavos entre 1849 y 1860. Liberaba con los propios elementos de los blancos: sus armas, sus caballos, sus caminos, su dinero, fue enseñada por su padre a sobrevivir en el bosque, en la intemperie, y rescató a varias personas a través de lo que se llamó el Tren Subterráneo: caminos ocultos, parajes, atajos, pasos secretos, casas de seguridad, resguardos en ciudades, etcétera, que los conducían hasta los estados del norte, como Pennsilvania, o incluso Canadá.
Adoctrinada en la religión cristiana de los blancos tenía en mente la idea de la tierra prometida: “llegar a ser libre en el cielo”, fue apodada Moses (Moisés), asociando al profeta que liberó a los judíos de Egipto, era buscada por las autoridades y los dueños de esclavos por una recompensa de 40 000 dólares. La búsqueda por la libertad se encrudeció con la Ley de Fugitivos de 1850, que obligaba a cualquier persona del norte a devolver esclavos fugitivos a las autoridades o a sus dueños del sur. Harriet portaba un revólver bajo su vestimenta. En conjunto con Frederick Douglas peleó por el voto para los negros, participó en la publicación abolicionista de éste, The North Star, y finalmente falleció en 1913: “tengo derecho a ser libre o morir”.
W. E. B. du Bois, originario de Massachusetts, se graduó en Harvard como doctor en Filosofía, el primer negro en hacerlo en EUA, se propuso dedicar su vida y su labor para “reivindicar a su raza”. Luchó contra el racismo y la discriminación, tenía la idea de que un pequeño grupo, compuesto por los más capaces y educados, representara a la mayoría negra, y fue co-fundador de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP). Empleó la frase “gente de color” para referirse e incluir a todas las personas de piel oscura, oprimidas, esclavizadas y sometidas en todo el mundo, esto contemplaba la lucha de resistencia de los indígenas nativos de Estados Unidos. En 1935 Du Bois escribió La reconstrucción negra de América, con un enfoque marxista, en donde hacía una crítica al proletariado tanto blanco como negro, que en su lucha por la emancipación, no se había enfrentado a la burguesía blanca, y que en su lugar se había dividido.
Con la Primera Guerra Mundial, hubo racismo en las fuerzas armadas gringas y Du Bois lo denunció. Se formaron unidades de negros pero con oficiales blancos, fueron reclutados muchos pero para servir como fuerza de trabajo y no de combate, sólo un batallón luchó en las trincheras (pero ante la posibilidad de sobrevivir a esa lucha parece mejor no haber peleado). No fue así el caso de los “batallones senegaleses” que empleó Francia en las trincheras, compuestos por soldados provenientes de las colonias francesas de África, quienes destacaron en las batallas por las zanjas y todavía más, fueron empleados como fuerzas de ocupación en la parte fronteriza y occidental de Alemania (en donde sufrieron discriminación y agresiones por parte de una población manipulada por la propaganda en contra de las fuerzas de ocupación francesas negras). Acabada la guerra, hacia 1919, muchos de estos combatientes de color fueron integrados como trabajadores, dinámica que muchos blancos resintieron y como consecuencia se desató el Verano Rojo, en el que fueron asesinados cerca de 300 afroamericanos en varias ciudades de EUA.
Hacia el año de 1921 se realizó el Segundo Congreso Panafricano en Londres, en el cual se dio una discusión entre Du Bois, promotor de la integración racial entre negros y blancos, y Marcus Garvey, promotor del movimiento de vuelta a África y la separación racial. Du Bois culpaba al capitalismo como el culpable de las desdichas de la población negra, estaba convencido de que el socialismo era un factor determinante para el progreso de la gente de color y aunque viajó a la URSS, titubeaba para integrarse del todo al comunismo, no se afilió al Partido Comunista de su país, pero denunció el colonialismo y el racismo ante la ONU. Ante la desconfianza del gobierno de los EUA y después con el Macartismo, Du Bois tuvo problemas, consiguió viajar a Ghana, donde el presidente Kwame Nkrumah lo invitó a conformar una Enciclopedia Africana. Lugar a donde su mudó en 1961 con su esposa pero falleció en Accra en 1963, el mismo año que se realizó la Marcha sobre Washington, en la cual Martin Luther King fue el orador más sobresaliente por su discurso de “Tengo sueño”. El defensor afroamericano de los derechos humanos, era un pastor de una iglesia cristiana, todo lo opuesto a Du Bois, quien en la publicación The Crisis aclaraba su posición como librepensador, no religioso y atacaba el parroquialismo de las iglesias negras, este adoctrinamiento cristiano que permeaba la mentalidad de los afroamericanos.
Por su parte, Marcus Garvey provenía de Jamaica, donde trabajaba en la industria de la impresión. Debido a su activismo laboral tuvo varios problemas, pero a su regreso a Jamaica en 1914 fundó la Asociación Universal para la Mejora/el Desarrollo de los Negros (UNIA) con su lema “un Dios, un objetivo, un destino” que buscaba establecer un país y una nación propios de los negros. En 1916 Marcus Garvey fue a radicar a los EUA, donde fundó el periódico Negro World, declamaba a favor de la separación y fundó la compañía Black Star Lines para realizar viajes América-África.
Hacia los años 20, profetizó que en África sería coronado un rey negro como signo de la liberación del continente. Y fue hasta 1930 que se coronó el Ras Tafari Makonnen (ras, príncipe y tafari, el que merece respeto) Haile Selassie, quien abogó en Etiopía por la abolición. Esto marcaría un importante antecedente para el posterior movimiento rastafari. Las autoridades estadounidenses veían con malos ojos las palabras de activistas como Garvey, así que fue condenado a prisión en 1923 por vender acciones de su compañía. En 1929 se encontraba en Jamaica para fundar un partido político que liberara a la isla del control británico, tuvo problemas y finalmente falleció en Londres en 1940.
Fuentes:
Animación Grandes personajes de la historia: Harriet Tubman, 24:25 min., disponible en youtube, última visita marzo 2021.
Floyd Barbour, La revuelta del poder negro. Barcelona, Anagrama, 1969.
Darío Bermúdez, Rastafari, la mística de Bob Marley. Buenos Aires, Kier, 2005.
Angela Davis, Mujeres, raza y clase. Madrid, Akal, 2005.
Antonio Riserio, A utopia brasileira e os movimentos negros. São Paulo, Editora 34, 2007.
Prejuicio y propaganda nazi, crímenes contra los hijos de la vergüenza, documental de la DW de Dominique Wessely, 2021.
Wikipedia: W. E. B. Du Bois y Marcus Gravey, última visita marzo 2021.
Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos. México, Siglo XXI, 1999.
La idea de hegemonía sirve para introducirnos al tema y nos ayuda a entender porqué se originó este enfrentamiento bélico. La hegemonía podemos definirla como una actitud y una forma de pensar en la que una persona o una entidad busca dominar, sobreponerse o estar por encima de los demás a través del sometimiento. Y a lo largo del siglo XX varias entidades políticas van a buscar tomar una posición hegemónica en una o varias partes del mundo.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial está vinculado al ascenso del fascismo en Europa y Asia indiscutiblemente, es el caso del fascismo en Italia, el franquismo en España, el nazismo en Alemania y el militarismo en Japón, aunque otros factores anteriores influyen también.
Salir de la Depresión económica de los años 30 a través de un Estado que controlara la vida económica del país, rápidamente pasó a ser un medio de control de toda la vida social, como sucedió con los regímenes fascistas. Es el caso de Alemania donde el partido político dictaba lo que se tenía que leer, que pensar y cómo vivir: se encargaba de las bodas de sus miembros, se alentaba a las madres alemanas a tener mayor número de hijos (de preferencia varones, futuros soldados para la guerra), a los niños y niñas desde pequeños se les formaba en agrupaciones, las Juventudes Hitlerianas, como entrenamiento marcial y doméstico respectivamente, por mencionar algunas formas de control de la vida social. La gran mayoría de los aspectos de la vida en sociedad se encaminaban a un modo de vida militarizado, preparándose para una guerra futura.
Los antecedentes de la guerra con respecto a la postura hegemónica alemana vendrían a ser las anexiones de dos países. El caso de Austria, que después de la Primera Guerra Mundial había quedado desmembrado su imperio y en bancarrota, se había hundido en una crisis económica con la gran Depresión de los 30, por su dependencia de los créditos de bancos norteamericanos, que la llevó a aceptar una especie de plebiscito para que se uniera a Alemania. Austria comparte con Alemania un pasado histórico y cultural común, ambos países hablan alemán como lengua oficial, Hitler había nacido en una pequeña villa austríaca que hace frontera con Alemania, y en la mentalidad de muchas personas existía la idea de una integración germana, de modo que no fue difícil la anexión.
Entrada de nazis a Viena
La otra anexión fue la de Checoslovaquia, país en donde se encontraba un considerable número de población alemana, especialmente en la provincia noroeste de los Sudetes, y que dicho territorio había pertenecido a Alemania pero arrebatado con los tratados que siguieron al fin de la Primera Guerra Mundial. Los alemanes invadieron el resto del país y lo anexionaron a la Alemania nazi. Estas dos anexiones, la de Austria y Checoslovaquia, sucedieron en 1938, y detrás de ello estaba la idea del espacio vital de Hitler que consistía en que Alemania ensanchara sus fronteras con el fin de desarrollarse debidamente en una gran extensión de territorio en Europa, también respondía a la intención del Führer (jefe, caudillo) alemán de recuperar los territorios que se le quitaron a Alemania después de la Primera Guerra.
Gran Bretaña y Francia de una u otra manera permitieron estas dos anexiones en el entendido de que la Alemania nazi podía servir de tapón o escudo a un temor mayor para ellos: el régimen socialista de la Unión Soviética, el cual podía extenderse más allá de sus fronteras debido al atractivo que para la población en crisis y escasez económica significa la distribución de bienes por parte del socialismo (poco después de haber triunfado la Revolución Rusa y emerger la URSS hacia 1922, varios países con democracias occidentales habían conseguido bloquear y poner una especie de “cordón sanitario” en los países vecinos para evitar la difusión del socialismo en Europa del Este, otro ejemplo de ello fue la nula ayuda que ofrecieron a la República Española en su lucha contra el fascismo). El nazismo alemán seguía la línea de continuidad con un capitalismo de Estado, que para Gran Bretaña y Francia no significaba una amenaza económica, además se tenía el precedente de la desastrosa Primera Guerra y ambos países no tenían intenciones de engancharse en otra, a su vez se estaban recuperando sus economías de los efectos de la gran Depresión.
Pero inevitablemente el inicio de la Segunda Guerra Mundial está marcado por la invasión alemana a Polonia en la noche del 31 de agosto y 1 de septiembre de 1939, en la que Gran Bretaña y Francia se vieron orilladas a declararle la guerra a Hitler como garantes de la creación de Polonia desde el fin de la Primera Guerra, en vista de que las ambiciones hegemónicas de Hitler en Europa se hicieron más evidentes aún y la penetración de forma violenta a dicho país no se parecía en nada a las anexiones “pacíficas” de Austria y Checoslovaquia. Pero la indiferencia y tolerancia hacia el régimen nazi había sido una equivocación, porque ya se expresaban noticias y alertas en los medios de comunicación internacionales, o a través de intelectuales y escritores con respecto a la represión que ejercían los nazis contra toda oposición política y a la comunidad judía dentro del país, como la quema pública de libros en la Alemania nazi: “Allí donde se queman libros, se acaba quemando personas”, dijo el poeta alemán Heinrich Heine en 1933.
Las razones que podemos rastrear para la invasión y destrucción de Polonia por parte de Hitler, responde del mismo modo a recuperar los territorios arrebatados a Alemania con el fin de la Primera Guerra, que también había separado a Prusia del resto de Alemania, a la idea del espacio vital y de crear una Germania Mayor o Magna. Con ello, Hitler recuperaba la idea del Tercer Reich (Reino), bajo la premisa de que en el pasado había existido un Primer Reich con el Sacro Imperio Romano y con su mayor representante Carlos V y un Segundo Reich con la Alemania del ministro Otto von Bismarck (el mismo que abanderó el reparto de África), con el cual se coronó a Guillermo I en un París tomado por los alemanes después de ganar la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) y que su mayor representante figuraba Guillermo II, el káiser (emperador) que había llevado a Alemania a la Primera Guerra Mundial. Estas ideas respondían también a un excesivo nacionalismo fanático que buscaba poner a Alemania por encima de todo el mundo (Deutschland Uber alles).
La maquinaria bélica e industrial de la Alemania nazi se sustentaba en un vínculo político y económico con la burguesía fabril alemana. Es el caso del magnate de la industria metalúrgica Fritz Thyssen asociado con el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (Nazi) y con Hitler para llevar adelante la industria del acero en el país, tan importante para la guerra. Del mismo modo Hitler apoyó el desarrollo de la industria automotriz, como la Volkswagen, de vital importancia para la construcción de motores de la maquinaria bélica (carros, motocicletas, tanques, barcos, aviones, submarinos y trenes), ambas industrias vinculadas al uso del petróleo y del carbón, los combustibles más contaminantes del planeta. La segunda industria más contaminante del planeta es la industria textil, y sabemos que Hitler recurrió al diseñador de modas Hugo Boss para que se confeccionaran todos los uniformes del partido nazi. Esto nos lleva a vincular el motor de fondo de la Segunda Guerra Mundial con la crítica a la Revolución Industrial que hacemos al inicio del curso.
Una vez en estado de guerra, Hitler llevó a cabo una gran campaña ofensiva denominada Guerra Relámpago (Blitzkrieg) que consistía en una serie de acciones coordinadas y logísticas entre la fuerza aérea, los tanques (panzers) y la infantería para bombardear los puntos estratégicos de un país e inmediatamente invadirlos. Esto llevó a los nazis a Dinamarca y Noruega, para bloquear los lazos comerciales que tenía Gran Bretaña con el Mar Báltico, invadir Holanda, Bélgica y en una acción veloz tomar París (las autoridades francesas acordaron entregar la capital para evitar su destrucción), el resto de Francia pasó a ser un país satélite de la Alemania nazi. Con estas acciones se bloqueaba y aislaba a Gran Bretaña del resto de Europa, abandonada a su suerte. Los británicos intentaron operar por la retaguardia, a través de una campaña en la isla de Chipre, del otro lado de Europa, pero sólo consiguieron que los nazis extendieran su radio de acción a Grecia, ocupando países de Europa del Este (Hungría y Rumania tenían gobiernos de inclinación fascista y no fue difícil integrarlos a la órbita nazi). En casi dos años, de 1939 a 1941, Hitler se hizo de más de la mitad de Europa.
La economía capitalista de la Alemania nazi de Hitler logró consolidar su moneda en Europa, el marco alemán, que se había devaluado durante la gran Depresión. La recuperación monetaria se llevó a cabo a costa de los despojos de los países ocupados, como botín de guerra, los tesoros, las reservas y el dinero de los bancos de estos países fueron a parar a Alemania, al Deutsche Reichbank (el banco de la Alemania nazi), que recibió también capital a partir de los bienes y posesiones de judíos y de toda la oposición política que los nazis despojaban, el último beneficiario de esta riqueza era el lugarteniente de Hitler, Herman Göring, jefe de las fuerzas armadas (Werhmacht). Todas las transacciones financieras de la Europa ocupada eran hechas a través del marco alemán. El gobierno nazi se ganaba la aprobación de gran parte de la población alemana por medio de programas y prebendas sociales que impactaban directamente en la gente, como el aumento de los salarios de los trabajadores alemanes, del mismo modo lo hacía con la manipulación, a través de los medios de comunicación (revistas, periódicos, películas) y de la radio (todo hogar alemán tenía un aparato de radio) que con Joseph Goebbles a la cabeza de la radiodifusión impactaba en los oídos de miles de europeos a favor de la propaganda nazi.
Asimismo hubo un robo de piezas y obras de arte por parte de los nazis de los más importantes museos de los países ocupados, y también de colecciones privadas, que fueron a parar a Berlín, donde Hitler tenía pensado la construcción del más grande museo de arte del mundo, encargado a su arquitecto favorito, Albert Speer, que a su vez debía levantar en Berlín las nuevas edificaciones que engalanaran la nueva capital alemana, Germania. Estas ideas megalómanas del dictador alemán no se llevaron a cabo.
De la mano de las invasiones y ocupaciones nazis, venían las deportaciones de miles de judíos hacia campos de concentración o guettos (barrios) en las ciudades, pero no sólo a la comunidad judía se le sometió a estos ultrajes y abusos, fueron violados los derechos de gitanos, afrodescendientes, homosexuales, opositores políticos al nazismo (comunistas, socialistas, anarquistas, demócratas, etcétera) y grupos étnicos “inferiores” para los nazis, deportados y coartada su libertad. Conducidos a campos de concentración servían como mano de obra esclava, varias empresas alemanas, como la fármaco-química IG Farben (de donde proviene Bayer) la misma que producía el gas venenoso para matar en los campos de concentración, emplearon mano de obra esclava, también industrias de la construcción, de alimentos, en laboratorios, en experimentos y en fábricas de armas. (Atlas Ilustrado del Nazismo, Dir. Isabel Ortiz, Madrid, Susaeta, 1984.)
La Guerra Patria
El único país que resistía a la Alemania nazi de Hitler era Gran Bretaña, especialmente la Real Fuerza Aérea Británica, que hacía frente a los bombarderos y aviones de caza (Stukas) alemanes. Los bombardeos nazis menguaron la economía y el ánimo de los británicos, muchas de las principales ciudades británicas (Londres, Coventry, Manchester, Liverpool, entre otras) sufrieron enormes daños materiales y en vidas humanas. Posteriormente, los aliados (británicos y norteamericanos) bombardearían importantes ciudades alemanas (Dresde, Colonia, Hamburgo, entre otras) como represalia y venganza por estos bombardeos, matando a gran número de la población civil alemana. Por ello, las guerras no son buenas y no existen “buenos” porque todos matan indiscriminadamente, quienes sufren las peores consecuencias son las personas comunes. Se ha hablado de la nula intención de Hitler por aniquilar de una vez a los británicos, para explicarnos esto recurrimos a una cierta admiración que sentía Hitler por Gran Bretaña, al considerar que tiempo atrás había sido invadida y colonizada por tribus germánicas, como los anglos y los sajones, de manera que eran herederos de esa sangre aria que él tanto ensalzaba.
Hitler y sus altos mandos organizaron la operación Barba Roja en 1941 para apropiarse de los recursos y ocupar el territorio europeo de la Unión Soviética. Ucrania significaba un abastecimiento asegurado de alimento para las tropas debido a sus grandes campos de cereal, y se buscaba alcanzar los yacimientos petroleros del Cáucaso y del Mar Caspio. La idea del espacio vital de Hitler abarcaba estas tierras y del mismo modo la idea de destruir al socialismo, único régimen que podía hacer frente al fascismo, recordemos que muchas de las ideas de Karl Marx (alemán de ascendencia judía) eran promotoras del socialismo.
Las fuerzas de Hitler sitiaron la ciudad de Leningrado, que tuvo que resistir dolorosamente varios meses, muchos de los republicanos españoles que habían huido de la Guerra Civil Española y que encontraron refugio en esta ciudad se alistaron como voluntarios para pelear en contra del fascismo. Las fuerzas de Hitler también llegaron a las puertas de Moscú, pero la resistencia soviética les impidió tomar la capital. Por el sur, las tropas de Hitler se estaban abriendo paso hacia los yacimientos petroleros del Mar Caspio, querían llegar a la ciudad de Bakú. Stalin, el dictador de la URSS, reaccionó tarde a esta ofensiva y con ello se sacrificaron miles de vidas humanas, se había confiado en que el Pacto de no Agresión firmado con Alemania cuando sucedió la invasión nazi de Polonia seguiría en pie por más tiempo. Además, los soviéticos tuvieron que trasladar todas sus plantas industriales y fábricas que estaban en lo que se llama la Rusia europea al Este de los montes Urales (una barrera natural), para evitar que cayera en manos de los nazis, lo cual comprometería la resistencia soviética al no contar con producción y fabricación de armamento. Para la Unión Soviética no existe la designación de Segunda Guerra Mundial, ahí se le llamó la Guerra Patria porque vieron su patria y su suelo invadido por los alemanes.
Italia y Alemania llevaron a cabo otra campaña bélica en el Norte de África con el objetivo de hacerse de más recursos. El plan era también penetrar hasta las posesiones francesas y británicas de Medio Oriente, especialmente Irak, para obtener mayores recursos de combustibles fósiles (gas y petróleo) vitales para mover y aceitar la maquinaria bélica e industrial fascista. Al mando del mariscal alemán Erwin Rommel, fuerzas conjuntas entraron al Norte de África, Túnez y Libia (aquí se apoderaron de yacimientos de petróleo), lograron entrar a través del desierto hasta Egipto pero ahí fueron rechazados por las fuerzas británicas en la batalla de El Alamein en 1942. Esta batalla supuso un fuerte revés para las ambiciones fascistas, pues tropas de las colonias británicas (canadienses, australianas, de varios países de África y Asia, como la India, en coordinación con los británicos) derrotaron a Rommel, haciéndolos retroceder y desmoronando las ambiciones de adquirir las fuentes de combustibles fósiles.
Otra de las batallas importantes que van a determinar el rumbo de la guerra, fue la batalla de Stalingrando, que fue finalmente ganada por las fuerzas soviéticas a principios de 1943, después de intensos combates sangrientos y encarnizados que defendían casa por casa. Uno de los factores determinantes para esta derrota alemana fue el invierno ruso que hizo descender la temperatura e igualmente la férrea resistencia soviética. Hitler se había confiado en que la operación Barba Roja sería corta y rápida y el equipamiento de sus fuerzas no estaba preparado para inviernos tan fríos, demorando la movilización de tropas y el estancamiento de automotores.
El esfuerzo de guerra en Europa del Este fue llevado a cabo por la URRS, que con su Ejército Rojo hizo retroceder a la Wehrmacht alemana, mujeres pilotos de la fuerza aérea soviética obtuvo importantes triunfos sobre la aviación nazi. Se habla de un importante apoyo por parte del ejército gringo en tecnología y armas hacia los soviéticos, pero debemos recordar que estos gobiernos con democracias occidentales (como Gran Bretaña y EUA) temían que después de la guerra la Unión Soviética ocupara un lugar preponderante en el mundo (como más tarde ocurrió) y por esta razón no les convenía compartir la tecnología y el armamento desarrollado en Occidente. Stalin pedía a ambos países que abrieran un nuevo frente de guerra contra Alemania en Occidente, para que al igual que en la Primera Guerra los alemanes se vieran obligados a conducir tropas a dos frentes de batalla. La acción demoró pero finalmente se dio con el desembarco de fuerzas aliadas en las playas de Normandía, al Norte de Francia, en 1944.
Desembarco en Normandía
Gran Bretaña pudo irse recuperando lentamente gracias a la entrada en escena de EUA en la guerra, que por fricciones con Japón en el Pacífico y debido al pacto del Eje que vinculaba y comunicaba las tres capitales de los países asociados, Berlín-Roma-Tokio (Alemania, Italia y Japón), los gringos tuvieron que declararle la guerra a Hitler y a Mussolini. La industria gringa se volcó totalmente hacia el esfuerzo de guerra y se hizo bélica, lo cual significó un gran apoyo para Gran Bretaña.
El Ejército Rojo fue recuperando territorio y liberando de los nazis varios de los países de la Europa del Este, países en donde los soviéticos fueron vistos como libertadores, como los salvadores, además de la ayuda que daban a los partisanos (agrupaciones de civiles y opositores a los nazis de los países ocupados) que hacían frente con su lucha clandestina de guerrillas y que compartían del mismo modo ideas socialistas. A su paso por los países que habían sido ocupados por los nazis, los soviéticos se fueron dando cuenta de las atrocidades que cometieron en los campos de concentración, la crisis humanitaria a la que se enfrentaron sobrepasaba sus fuerzas, miles de personas habían perdido sus hogares, familias, bienes, y deambulaban por los campos en busca de abrigo y alimento, en semejante estado de guerra era imposible atender a los desfavorecidos, por eso apremiaba derrotar a los nazis.
En el mes de abril el Ejército Rojo logró penetrar en Berlín, la capital en donde Hitler se atrincheraba en un búnker semi-subterráneo. Los últimos días de abril de 1945, Hitler se casó con su amante y secretaria Eva Braun, después tomaron una píldora para morir y el Führer se pegó un tiro en la cabeza, sus guardias más próximos tomaron los cuerpos, los rociaron con gasolina y les prendieron fuego para evitar que sus restos fueran capturados por los soviéticos. Un batallón del Ejército Rojo logró encontrar los restos y por medio de los análisis de la dentista del dictador se hizo la correspondencia con la mandíbula de Hitler. En los primeros días de mayo de 1945 Berlín se rindió totalmente, mientras las fuerzas aliadas ocupaban la parte occidental del país. Muchos de los altos mandos nazis trataron de huir a través de Suiza (país neutral donde habían depositado capital en sus bancos), con ayuda del Vaticano o de la España fascista del general Franco, para salir con rumbo a América del Sur. En el caso del dictador fascista de Italia, Benito Mussolini, fue fusilado por un grupo de partisanos comunistas italianos, que lo había capturado en su huida al Norte del país, cuando llegaron los cadáveres de él y su esposa, el pueblo de Milán cometió una serie de ultrajes y linchamientos, hartos de la cruel dictadura, y finamente colgados sus cuerpos en una plaza pública.
Heinrich Himmler, el comandante en jefe de las tropas de élite nazis, las temibles SS, se suicidó poco antes de ser capturado por el Ejército Rojo ingiriendo píldoras con cianuro. Goebbles, el orador de la propaganda nazi, se suicidó en compañía de su esposa y sus hijos. Göring fue capturado cuando intentaba huir con los trenes que contenían riquezas con rumbo a Austria, fue juzgado en los juicios de la ciudad de Nuremberg, hallado culpable por varios crímenes de guerra y antes de que pudiera cumplirse su sentencia se suicidó en su celda. Los otros oficiales que lograron huir a Sudamérica fueron perseguidos y buscados posteriormente por la Mossad, la policía secreta internacional israelí. Como sabemos, dos años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, se estableció el país de Israel, para que toda la comunidad judía desplazada tuviera un país (sus antecedentes se remontaban hasta el Primer Congreso Judío en el siglo XIX). Con el propósito de ajusticiar a los criminales de guerra nazi, agentes de la Mossad se encargaron de localizar a estos altos mandos nazis. Por eso suena un poco exagerada la hipótesis de que Hitler llegara a vivir en paz en alguna parte del Sur de Argentina, donde supuestamente pudo conducirlo un submarino alemán. A la figura más importante del nazismo no se le iba dar el gusto de vivir tranquilamente sus últimos días, hubo mucho resentimiento por parte de la comunidad judía (muchos de ellos con gran capital).
Existe una fotografía que representa muy bien el fin de la Segunda Guerra Mundial, es la de un soldado del Ejército Rojo colocando la bandera de la Unión Soviética en el techo del edificio del parlamento alemán, el Reichstag, el mismo lugar en donde se le invistió con poderes dictatoriales al Führer. La foto simboliza el triunfo del socialismopor encima del fascismo, y dicho triunfo marcará los años posteriores a las Segunda Guerra, cuando se viva una época de bonanza mundial, al igual que después de la Primera Guerra, pero esta vez asociada al socialismo (incluso en los países capitalistas), en el entendido de que se le debían otorgar prebendas sociales a la población para evitar que cayeran de nuevo en las promesas nacionalistas de líderes fascistas.
La bandera de la Unión Soviética en el Reichstag, Berlín, mayo 1945.
España reflejaba la decadencia del imperialismo europeo de principios de siglo XX: había perdido muchos de sus territorios coloniales en América a principios del siglo XIX a consecuencia de las guerras napoléonicas, lo que restaba de su imperio de ultramar (Filipinas, Puerto Rico y Cuba en una guerra contra EUA en 1898) y arrastraba las contradicciones socio-económicas del fin de la Bella Época (para los franceses) o Era Victoriana (para los británicos) junto con la Crisis económica de 1929, aunque no había participado en la Primera Guerra Mundial.
En las primeras 3 décadas del siglo XX se enfrentaban conservadores contra liberales todavía (pues en el mundo occidental la balanza se había inclinado a favor de los liberales), y la Iglesia católica y la monarquía conservaban sus privilegios y tenían ascendente en la dirección del país.
Se había logrado instaurar la República (que intentó implementar reformas sociales para modernizar al país en la cuestión social, como el reparto agrario, es decir, la repartición de las grandes propiedades de tierra sin uso entre los campesinos y trabajadores rurales menos favorecidos). Pero una dictadura de tipo militar se había logrado imponer y llevaba a cabo actos de autoritarismo contra las demandas sociales como el caso de la violenta represión a los mineros en la provincia de Asturias, al norte de España, en 1934 (Grandes Acontecimientos del Siglo XX, México, Readers Digest, 1979, p. 254).
Se conformó una especie de partido, el Frente Popular, con todos los elementos políticos opuestos a la tríada fascista. Bien podemos definir a la tríada fascista como a la élite social que se aglomera en torno a la Iglesia (con el control y la manipulación de la conciencia, del sometimiento de la espiritualidad), a la Monarquía (principio de la jerarquización de los rangos sociales, haciendo alusión a unas personas con sangre azul, privilegiadas, y ubicadas en la pirámide social por mandato divino, origen del orden social por estamentos) y las Fuerzas Armadas (catalizador de las jerarquías temporales, seguimiento de órdenes de arriba hacia abajo y árbitro del control social por medio de la violencia y de la fuerza). La tríada fascista aparece en varios momentos de la historia de la humanidad cuando se unen sus figuras más representativas: sacerdotes, gobernantes y militares, y el rechazo a la tríada fascista puede leerse en pintas callejeras: “Iglesia, Estado y policía, la misma porquería”. El Frente Popular ganó las elecciones de 1936.
Esta efervescencia social dio paso a una revolución social en España como nunca antes se había visto. Campesinos y trabajadores rurales comenzaron a tomar tierras (sin esperar los decretos de reforma agraria), el pueblo se movilizó espontáneamente en las principales ciudades (Madrid, Toledo, Valencia y Barcelona), pueblos y villas en contra de las guarniciones militares. Liberales, republicanos, socialistas y anarquistas tomaron las riendas del país.
Los altos mandos militares, descontentos por la situación y asustados por esta revolución popular que podría ser como la de la Rusia zarista de 1917, se alzaron en armas. Los generales Sanjurjo, Mola y Francisco Franco (este último se convirtió en el jefe de los militares golpistas), junto con el partido político de tipo fascista, la Falange Española, se sublevaron contra la República, iniciando una Guerra Civil Española, que duraría de 1936 a 1939.
Esta situación en España hacía eco de un problema crucial que afectaba a casi todos los países del globo afectados por la Crisis económica (del capitalismo) de 1929: el dilema del controlde la economía por parte del Estado, y si ese Estado debía seguir los mismos parámetros capitalistas que habían conducido a la Primera Guerra Mundial y a la Crisis (la democracia-liberal occidental); o lo que parecía el destino inevitable de la solución a los problemas sociales, si ese Estado debía ser de carácter socialista (el socialismo estatista, encabezado por la URSS); o una tercera vía que proponía el fascismo italiano, el nazismo alemán y el militarismo japonés (en resumidas palabras, el fascismo).
La revolución española de 1936 propuso una cuarta vía: el control de la economía por parte de la sociedad, o sea, un socialismo sin Estado, propuesta realmente revolucionaria. Esto se debía a un arraigo anarquista (socialismo libertario) de larga tradición en España. Muchos sindicatos obreros habían respondido al llamado de la tendencia anarquista que encabezó Mijail Bakunin en la Primera Internacional de Trabajadores, organizándose a través de una Federación en 1870. Después de varias luchas, protestas y represión por parte del Estado español, la gran mayoría de los sindicatos obreros de todo el país logró integrarse en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en 1910, que participó en la Tercera Internacional de Trabajadores realizada en Moscú en 1919, pero con la que tuvo discrepancias por el carácter anarco-sindicalista de la CNT versus el carácter partidista y estatista (hacer la revolución por medio de un partido comunista que a su vez instaure un Estado socialista) de los delegados de la URSS. La CNT y la Federación Anarquista Ibérica (FAI) tuvieron un relevante papel en los acontecimientos de la revolución española de 1936.
Los obreros tomaron las fábricas de los dueños que habían huido o de los partidarios del general Franco, las pusieron a trabajar para dar rendimientos a los propios trabajadores. Se constituyeron comités que organizaban la producción, la adquisición de materias primas y la venta de los productos. Al no estar sometidos a la presión de un patrón para trabajar, la producción mejoró, pues los obreros estaban o se sentían más cómodos de esta manera. En cuanto a la producción agrícola, se organizaron colectividades campesinas, que reunieron grandes extensiones de tierra que habían estado en manos de terratenientes y hacendados, elevando los rendimientos agrícolas. De esta manera se dejaba a nadie sin trabajo. Muchos técnicos y especialistas se sumaron a esta experiencia de autogestión.
Milicias anti-fascistas españolas.
En cuanto al resto de la población se implementaron medidas como educación gratuita a todos los infantes sin importar el sexo ni la condición social. Se proveyó de asistencia médica a todo aquel que lo necesitara. Los comités de barrio se organizaron para distribuir víveres y mercancías entre la población, así como el abastecimiento de las barricadas que el pueblo había levantado en contra de la tríada fascista, y los comités de guerra organizaban las milicias civiles y las estrategias en el frente de guerra contra los militares sublevados. El pueblo en general se dedicó a la seguridad pública, el gobierno y la economía sin la necesidad imperiosa de estar controlado por un aparato estatal, la experiencia anarquista estaba dando frutos: «muchos de los que practicaban la autogestión eran libertarios sin saberlo» (Las colectividades campesinas, 1936-1939, Daniel Guérin, et. al. Barcelona, Tusquets, 1977, p. 40).
Sin embargo, los gobiernos de Francia, Estados Unidos y sobre todo de Gran Bretaña, no vieron con buenos ojos esta propuesta de una sociedad organizada sin la intervención de un Estado. El gobierno británico le temía al triunfo de una revolución socialista, o de tipo bolchevique, en España (Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica, 1995, p. 164). Al negarle su apoyo en contra de los franquistas (seguidores del general Franco) la República española tuvo que recurrir a la Unión Soviética, que dirigía entonces el dictador Stalin. Gran parte de las reservas de oro del Banco Español fueron destinadas a la compra de material bélico (armas) en Francia y la URSS, pero la Unión Soviética condicionó su apoyo a la integración del Partido Comunista español y rechazaba la experiencia libertaria. Sumado a esto, la falta de comprensión por parte del gobierno republicano de Madrid para entender la dinámica de la revolución social y no confiar en las fuerzas del pueblo, condujeron a la derrota de la revolución (Diego Abad de Santillán, ¿Por qué perdimos la guerra?, issuu.com, 2014, p. 7).
La comunidad internacional dejó que las potencias fascistas, Italia y Alemania, apoyaran abiertamente a los franquistas mediante el envío de numerosas tropas, arsenal bélico sofisticado, aviones bombarderos y técnicos y oficiales especializados. Esto condujo a una verdadera situación de guerra, a una guerra total, cometiéndose toda clase de atropellos, venganzas y masacres salvajes. Como fue el caso del bombardeo por aviones alemanes de la villa de Guernica, al norte de España, y que el pintor Pablo Picasso rememoró con su cuadro Guernica en 1937, para llamar la atención de la opinión pública internacional sobre esta guerra.
Guernica de Picasso, 1937.
Como respuesta, una enorme cantidad de voluntarios se alistaron en apoyo a la República española en su lucha anti-fascista: franceses (con el mayor contingente), alemanes anti-nazis, ucranianos, italianos anti-fascistas, estadounidenses (entre ellos la anarquista Emma Goldman), británicos, yugoslavos, canadienses y menores cantidades de otros países, a los que se les llamó las Brigadas Internacionales. El artista mexicano David Alfaro Siqueiros, de postura stalinista, formó parte de dichas Brigadas en un batallón motorizado con el grado de teniente coronel en la región de Extremadura. En sus acaloradas memorias señala que poco más de 300 mexicanos se incorporaron en diversas unidades, narra los desacuerdos que había entre batallones anarquistas y comunistas, y las simpatías que en secreto guardaban los altos oficiales republicanos por el franquismo, lo cual entorpecía las estrategias de guerra. A su regreso a México, Siqueiros fue recibido hostilmente por los residentes españoles afines al franquismo, uno de ellos, redactor del periódico Últimas Noticias, le puso el apodo de Coronelazo. El artista tuvo que promover una campaña en contra de los españoles que hacían fortuna en México, muchos de ellos dueños de periódicos que no pocas veces atacaron la administración socialista del presidente Lázaro Cárdenas (David Alfaro Siqueiros, Me llamaban el Coronelazo (memorias), 1977, p. 317-354).
Autorretrato de David Alfaro Siqueiros.
La guerra civil española produjo una gran cantidad de refugiados. Aún más cuando el general Franco ocupó los últimos bastiones anti-fascistas en Cataluña en 1939, instaurando una cruel dictadura militar en España hasta la muerte del general en 1975. El gobierno mexicano de Cárdenas recibió y dio asilo a gran cantidad de españoles, entre ellos un grupo de niños que huían de la represión hacia sus padres y que familias mexicanas adoptaron (documental Los niños de Morelia, de Yadira Hidalgo, 21:07 minutos, disponible en youtube). Entre los refugiados vinieron desde trabajadores hasta intelectuales, con estos últimos se estableció una institución que diera continuidad a su labor académica y docente, la Casa de España, que en 1940 se transformó en El Colegio de México (el Colmex), que hoy en día es una institución educativa de nivel superior. También arribó entre los refugiados el anarquista catalán Ricardo Mestre, quien fundaría la Biblioteca Social Reconstruir en la ciudad de México en 1978, y que hoy en día cuenta con el mayor acervo de publicaciones libertarias de todo el país. (Desgraciadamente, el virus del covid-19 se llevó en enero de 2021 a un compañero de lucha y encargado excepcional de la biblioteca, Héctor «Tobi» Hernández Becerril.)
Entrada de La Nueve a París, 1944.
Otra gran cantidad de refugiados españoles cruzaron la frontera con Francia, algunos fueron deportados al norte de África y otros fueron detenidos. Una vez que los nazis tomaron París y Francia quedó bajo la órbita alemana, muchos españoles integraron las fuerzas de la Resistencia francesa en contra del nazismo a través de sabotajes, espionaje, ataques aislados, panfletos e introducción clandestina de armas. La Novena Compañía de la División del general Leclerc, que liberó París en 1944, estaba compuesta por republicanos, comunistas y anarquistas españoles, conocida como La Nueve, entró victoriosa en las calles de la capital francesa con la aclamación de la gente (Janire Ramila, “Españoles en la Segunda Guerra Mundial” en revista Clío, Dir. Josep Borrell, Madrid, especial n. 20, 2014, p. 82).
Cover de Tijuana No a la canción de The Clash sobre la Guerra Civil Española.
El desarrollo industrial y tecnológico alcanzado por la civilización occidental nos ha llevado a pensar que el proceso capitalista de la Revolución Industrial ha sido bueno, adecuado, el único y que significa un enorme progreso para la humanidad. Si bien es un proceso irreversible (no por eso imposible de transformar) es necesario presentar ciertos elementos para contrarrestar la visión que tenemos de la Revolución Industrial, lo que también podría llamarse una visión anti-desarrollista, esto es, hacer una crítica al desarrollo del proceso industrializador del capitalismo, introducido en todas las esferas de la vida. El costo en vidas humanas y en explotación de la naturaleza es muy alto a cambio de los “beneficios” que podríamos considerar como alcanzados.
El lugar geopolítico donde surgió la Revolución Industrial fue en el occidente de Europa, específicamente en el noroeste, en Inglaterra (luego Reino Unido de Gran Bretaña), se trasladó rápidamente al norte de Francia, Países Bajos, Bélgica, Alemania, norte de Italia, Estados Unidos, a la actual República Checa, después a varios países del resto de Europa y finalmente (a finales del siglo XX) al mundo. Es decir que esos mismos espacios geopolíticos difícilmente van a dejar de ser influyentes, controladores y dominadores de las políticas que marcan o marcaban las pautas industrializantes (y todas las actividades con ello relacionado) al resto del mundo.
Elementos de la crítica:
Daños a la naturaleza:
1. El primer y último espacio amenazado por el proceso de la Revolución Industrial es la naturaleza y el medio ambiente, porque en lugar de compartir, la Revolución Industrial extrae y sobrexplota (sin retribuir) los recursos naturales. En el campo tenemos, como antecedente de la Revolución Industrial, una serie de guerras internas en Inglaterra durante el siglo XVII con las cuales se fue promoviendo el arrebato de tierras a los campesinos pobres y pequeños propietarios rurales, el cercado de parcelas y latifundios (grandes extensiones de tierra) y, con ello, el aumento de poder de los ricos terratenientes ingleses, que arrendaban (alquilaban) las tierras y se beneficiaban de la venta del excedente agrícola (sobrexplotación de las tierras destinadas a la agricultura). A la larga, esto desplazó a las clases sociales bajas y medias a vivir en las ciudades en crecimiento, este es el fenómeno conocido como migración del campo a la ciudad y que se reproducirá después en todos los países.
1. A. La explotación de las minas, especialmente para la producción de acero, desembocó en la industria siderúrgica y minera, que arranca violentamente recursos (metales) en exceso de las entrañas de la tierra sin opción de ser restituidas. Minas de subsuelo y a cielo abierto producen un deterioro al ecosistema y requieren de grandes cantidades de agua que a su vez contaminan de manera casi irreversible. Las condiciones laborales y la esperanza de vida de la mano de obra de las minas (los mineros) son muy difíciles, a pesar de contar con herramientas de trabajo, la labor en las minas es dura y los gases que se respiran reducen la vida de los mineros, sin tomar en cuenta el riesgo de accidentes y derrumbes que los llegan a matar.
1. B. Si la explotación maderera ya era una preocupante realidad entre los siglos XV al XVIII debido a la construcción de barcos de madera en los astilleros europeos y después en Norteamérica (barcos con los que colonizaron y expandieron el comercio para su beneficio por todo el globo), ahora, con la invención de las máquinas de vapor, el primer combustible para hervir el agua fue la madera. Con ello vino la tala inmoderada y la desaparición de bosques enteros, iniciando la emisión de humo negro producto de la combustión y de gases calientes, poco a poco aumentó la temperatura de la atmósfera. Estos son los orígenes del efecto invernadero, que la física estudia como sistemas termodinámicos y que se analizan en función de su entropía.
Las máquinas:
2. La creación, uso y beneficio de la máquina de vapor por parte de James Watt y financiado por el empresario Matthew Boulton se llevó a cabo para enriquecerse, para producir telas a bajo costo, en serie y venderlas más cara, no para el bien de la humanidad. Porque la invención de la máquina nos hace pensar que fue creada para disminuir la labor humana, para nuestro beneficio, pero al contrario, los primeros (y hoy todavía los últimos) trabajadores de la industria textil (que manipulaban los telares y manufacturaban la ropa) laboraban largas jornadas al día, sin descanso, sin vacaciones, y el producto de la venta y comercialización de las telas y la ropa beneficiaba económicamente a unos pocos (al dueño).
Por paradójico que parezca, las máquinas no reducen nuestras jornadas laborales, nos ayudan a realizar algunas tareas de manera más rápida y sencilla pero nos han obligado a trabajar más (pensando que producir más significa desarrollo y progreso). Con la revolución de las máquinas comenzó nuestra dependencia hacia ellas, al punto que hoy en día dependemos de una máquina para realizar alguna tarea.
2. A. La creación de las máquinas trajo consigo mayor extracción de materias primas, metales (acero y otros) para construirlas, agua y combustibles para hacerlas funcionar (madera, carbón, aceite, después petróleo, electricidad). Pero la creación de las máquinas trae consigo también la producción de residuos, ya sea que las máquinas se vuelvan inoperantes e inservibles, de los desechos y emisiones que conllevan a su función: aceites, limas de metal, desechos tóxicos de las fábricas (como los tintes de la industria textil vertidos en ríos), gases calientes, provocando un deterioro ambiental que a la larga nos alcanza como seres vivientes y dependientes del ambiente. Es difícil medir el efecto nocivo general de la Revolución Industrial.
Otra forma de contaminación que muchas veces pasamos inadvertida es la contaminación auditiva provocada por las máquinas (incluso el celular), debido a los ruidos mecanizados, taladradores, motorizados (como los automóviles y camiones) e industrializados, efectos que no son tan fáciles de percibir a largo plazo (a excepción de la sordera). Las máquinas provocan también trabajos monótonos y repetitivos causando estrés e insomnio.
Efectos sociales, económicos y políticos:
3. La Revolución Industrial en todas sus formas y fases (estamos en la cuarta) ha sido considerada como un progreso y un crecimiento económico de la humanidad, sin embargo, desde la perspectiva anti-desarrollista que venimos describiendo no lo es, ya mencionamos algunas de las pésimas condiciones laborales de los trabajadores de las fábricas y minas.
La migración del campo a la ciudad y a los centros industriales ante el despojo de tierras trajo a su vez el hacinamiento y la mala calidad de vida en las ciudades (mala alimentación, trabajo y mortalidad infantil), lo que de alguna u otra manera acarreó un aumento de la violencia interpersonal, la prostitución, el robo y la degradación de la vida en las áreas marginales.
La forma de trabajar en la fábrica se extendió a los demás trabajos u oficios: horarios, mayor productividad, producción en serie y en masa. El trabajo se ha convertido en otra forma de esclavitud, una esclavitud asalariada. Que el Estado o las luchas sociales hayan conseguido derechos para los trabajadores no significa que los grandes industriales y empresarios no sigan persiguiendo la mayor ganancia al menor costo.
3. A. La producción industrial de mercancías y objetos en serie trajo consigo la sobreproducción, que acarrea la desvalorización de las mismas en cuanto dejan de funcionar, las mercancías se vuelven fácilmente desechables (tienen un tiempo de vida útil), pueden ser sustituibles porque la industria crea muchas iguales u otras nuevas, produciendo más basura. Esta sobreproducción desencadena a su vez el consumismo: la capacidad, para quienes tienen el poder adquisitivo, de comprar (consumir) más y nuevas mercancías (desde baratijas cotidianas hasta obras en el mercado del arte) porque su existencia no se agota o bien hay gran variedad disponible.
La sobreproducción trae consigo crisis económicas también, la producción industrial engendra su propia decadencia. Desde finales del siglo XVIII los industriales y poco menos los trabajadores se daban cuenta que no podían ser consumidas o compradas todas las mercancías producidas excesivamente y en masa, de modo que se quedaban almacenadas en bodegas (a menos que se les hiciera la guerra a otras naciones en África, Asia o América para introducir el mercado libre y vender el excedente). Esa sobreproducción dejaba sin trabajo a muchos obreros, mandaba a la bancarrota a los empresarios e industriales, quienes se veían obligados a cerrar sus fábricas por un tiempo o a pedir préstamos a los bancos para salir de la crisis. Entre más oferta de mercancías que la gran masa de la población no podía comprar menor demanda de compra.
Una cosa semejante sucedió con la Gran Depresión de 1929, los Estados Unidos gastaron y prestaron mucho dinero en un momento de bonanza y sobreproducción después de la Gran Guerra, se dispararon las hipotecas, se infló la burbuja financiera y al caer la Bolsa varios bancos quebraron. Esos ciclos de alzas y bajas de la economía capitalista ya habían sido detectados desde el siglo XIX y ningún Estado parece querer prevenir y atender estos fallos del desarrollo y del progreso del sistema que rige a esta economía capitalista.
3. B. La Revolución Industrial aceleró el desarrollo del capitalismo (el régimen económico y de vida que valora el capital, la posesión de bienes materiales, propiedades, dinero o medios de producción, para tener un lugar prominente en la sociedad, en este régimen no eres alguien si careces de capital).
La gran mayoría de las elites políticas y económicas de todos los países buscaron imitar este modelo o incluirse en su línea de ensamble. Implicaba asociarse con los países industrializados o desarrollados, contratar ingenieros europeos o estudiar sus ingenierías y ciencias, o extraer materias primas de sus países a bajo costo para vendérselas a Europa y Estados Unidos, trasladarlas en ferrocarril a las costas o en barcos de vapor hacia los centros industriales, procesarlas, manufacturarlas y luego regresarlas en forma de mercancías y venderlas más caras. Esa es la forma de enriquecerse: explotar a bajo costo y vender a un alto costo (la plus valía).
Los Estados proveían (y lo siguen haciendo) los medios diplomáticos (las leyes) y bélicos (la fuerza) para obtener materias primas o abrir mercados para sus mercancías en el resto del mundo o de sus colonias, de donde extraían también mano de obra barata para reducir los costos de producción. Por ejemplo, la industria textil inglesa compraba algodón de plantaciones donde trabajaban esclavos (el sur de Estados Unidos), de algunos países de África e India (peones rurales con bajos sueldos), y luego manufacturaban las telas en las fábricas donde trabajaban en su mayoría mujeres y niños con sueldos ínfimos, largas jornadas y pésimas condiciones de trabajo. Y hoy en día ese proceso de producción no ha cambiado, muchas empresas transnacionales tienen sucursales en China y el sudeste asiático.
3. C. La producción industrializa de cada país desarrollado llevó también a la competencia económica entre las potencias, ¿quién producía más? ¿Quién tenía más? ¿Quién exportaba más? ¿Quién prestaba más o se endeudaba más? Evidentemente había intereses nacionales que influían en esa competencia, pero esos intereses no estaban ni están desligados de los intereses industriales y bancarios internacionales que los propician.
Esta competencia entre potencias condujo a la Primera Guerra Mundial (la primera guerra industrializada), cuyos tratados para ponerle fin fueron el preámbulo para la Segunda Guerra Mundial. A su vez, el fin de la Segunda abrió paso a la Tercera (la Guerra Fría): una competencia armamentística, tecnológica y de medición de fuerzas, con un afán por producir más y mejores armas, donde el petróleo para mover a las máquinas fue el combustible más solicitado (y sigue siendo), aunque también se recurrió al desarrollo de la energía nuclear, peligrosa y radioactiva.
Nos han hecho pensar que la conquista del espacio y la llegada del hombre a la Luna son grandes logros de toda la humanidad, cuando en realidad esos acontecimientos se ciñen a una competencia de tipo bélico, militar, entre la URSS y los EUA, gastando en ello grandes sumas de dinero en lugar de ocuparlas para propósitos que beneficiaran a todas las personas del mundo.
Cierre:
El desarrollo tecnológico e industrial al que hemos llegado que, por ejemplo, podríamos resumir en la diseminación y uso de celulares inteligentes para todos (que más bien estamos obligados a tener) no vale la pena si lo comparamos con las millones de vidas y sufrimiento que se sacrificaron (colonización, esclavitud, arrebato y guerras) para alcanzarlo (hoy en día las baterías para los celulares están vinculadas con explotación humana y natural del coltán o del litio). Hemos pagado y seguimos pagando un alto costo frente a la naturaleza y como humanidad para alcanzar ese desarrollo tecnológico, lo cual debería hacernos preguntar si ha valido la pena.