Algo nos quema por dentro

Reseña y opinión sobre una película boliviana

Fui a la Cineteca Nacional, al sur de la ciudad de México, a ver la película documental Algo quema, dirigida por Mauricio Alfredo Ovando, Bolivia (2018). Es una cinta que retrata varios momentos de la vida cotidiana, pública y privada del general Alfredo Ovando Candía, rescata grabaciones de audio y de video familiares muy íntimas, con entrevistas a su viuda, su hija y su nieta. La película se pone interesante cuando, de las escenas familiares, del abuelo cariñoso, del padre apacible, del presidente humilde y del candidato del pueblo, se pasa al dictador, al represor, al influyente político, al asesino y, lo que llamó mi atención, a ser la voz opuesta al asesinato de Ernesto Che Guevara.

Cartel de la película Algo quema (2018)

Quien dio la orden de matarlo una vez que estuvo preso en La Higuera, Bolivia, en octubre de 1967, fue el sucesor de Ovando Candía, el presidente René Barrientos. Es interesante que la viuda de Ovando recuerda que hubo una reunión de Estado Mayor para decidir la suerte del guerrillero, y que de todos los comandantes que decidieron su liquidación, el general Zenteno y su entonces esposo fueron los únicos que votaron en contra. El general Ovando argumentó que al matarlo harían del Che un mártir o lo endiosarían (y así sucedió), según palabras de la viuda.

Remake de la foto del Che muerto en Valle Grande, autor desconocido.

            La maldición de la muerte del Che acompañó a los involucrados en su asesinato como escribió Jon Lee Anderson en su libro Che Guevara, una vida revolucionaria (1997). Incluso el general Zenteno del que nunca se supo su complicidad en el asesinato del revolucionario, aunque estuvo presente cuando dieron la orden, murió a tiros en París en 1976. En el mismo helicóptero en que fue trasladado el cuerpo del Che (de La Higuera a Valle Grande para ser fotografiado por los medios), murió el presidente Barrientos en Cochabamba en 1969. Este accidente aéreo parecía ser un atentado dirigido por el general Ovando, quien tuvo que huir con su familia rumbo a Madrid, su hija, la Techis, narra en la película cómo tuvieron que salir apresurados de Bolivia.

            Conforme avanza la película el general Ovando es involucrado en las masacres, entre otras, de San Juan y de Teponte, cometidas por militares y ordenadas desde arriba. La entrevista con Yeri, la nieta, es interesante cuando narra que un profesor de la universidad le preguntó su opinión sobre el general Ovando después de revisar un texto sobre su dictadura, ella se sentía contrariada a responder porque se trataba de su abuelo. Yeri se molestaba con los mariguanos hippies de la universidad que la increpaban por ser “la nieta de un asesino”, a lo que ella les respondía: “no me echen los muertos encima”. Como para redimirse consigo misma le puso a su hijo, el bisnieto del general Ovando, el nombre de Ernesto, en honor al Che.

            Al finalizar la película, aparece la escena de una mano con unos cerillos y dos voces en off que se confiesan sobre el pasado y vida del abuelo que quema sobre los nietos. La escena hace las veces de una especie de revisionismo histórico, ese que revisa en los círculos académicos y literarios de varios países las dos caras de un mismo personaje histórico tan contrariado. Al salir de la sala me quedé pensando en la división que todavía confronta familias argentinas con respecto a Juan Domingo Perón, la división entre chilenos por Augusto Pinochet o la actual discusión entre brasileños porque Jair Bolsonaro quiere conmemorar la dictadura militar de 1964.

            En México la figura represora de los sesenta es Gustavo Díaz Ordaz, que no provoca una división tajante entre los mexicanos a primera instancia. A la hora de ser juzgado se le califica de “asesino”, y no sin razón, pues fue responsable de la represión, encarcelamiento y desaparición de varios jóvenes miembros del movimiento estudiantil que se habían levantado en huelga, también sabía de los pormenores de la matanza de estudiantes en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968. Sin embargo, en el aspecto económico siempre suele destacarse que México alcanzó un crecimiento del 7%, y esto se ve como un logro de su administración.

            La venganza de los hippies cayó sobre Díaz Ordaz, «decían que el presidente detestaba a los greñudos porque su hijo Alfredito le salió mariguano y seudorrocanrolero», señala José Agustín en La contracultura en México (1991). De acuerdo con información de internet, Alfredo trajo al grupo The Doors a tocar a México en junio de 1969. Después del show la fiesta se hizo en Los Pinos, la residencia del presidente, y Díaz Ordaz tuvo que bajar en bata de dormir para acabar con la fiesta en la que su hijo y Jim Morrison estaban fumando mariguana. Eloy Garza en “Revelaciones inéditas sobre el encuentro de Jim Morrison con Díaz Ordaz”, cuenta que el cantante orinó en una pared que tenía el retrato de Venustiano Carranza (figura destacada de la Revolución Mexicana).

Jim Morrison en Teotihuacán (1969). Autor desconocido.

            El sucesor de Díaz Ordaz fue Luis Echeverría Álvarez, quien inició propiamente la Guerra Sucia en México, una guerra de baja intensidad y secreta que promovía el gobierno en contra de la oposición política, desapareciendo a miles de personas en todo el país. La otra cara de estos dos periodos de gobierno fue el impulso económico que dejó huella en la memoria de muchos mexicanos: auge económico, funcionamiento de la maquinaria institucional, las prebendas sociales y buenas prestaciones a la burocracia mexicana hacen que gran parte de la población entre los 50 y los 70 años de edad añoren esa época de bonanza que vivieron con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), del que formaban parte ambos presidentes. Pero no podemos olvidar su contraparte corrupta, represora y asesina. Como el caso del general Ovando, amado y odiado por muchos.

            La película Algo quema retrata en gran parte estas dos caras de un personaje político que bien puede trasladarse a otros gobernantes de América Latina. Trata el asunto de la figura del Che Guevara como emblema de la juventud y de la revolución, de la confrontación de una generación con otra (los padres contra los hijos o nietos), de elementos compartidos por muchas personas que fueron jóvenes a finales de 1960, como lo fue la música (en la película suena la canción Nevando Está de los Bonny Boys Hots), y que finalmente nos recuerdan que todavía falta mucho por hurgar en ese pasado oscuro de las dictaduras que es nuestro también.

Escucha la canción Nevando Está