Revolución Francesa Siglos XVIII y XIX

Entre las causas que provocaron esta revolución podríamos mencionar: 1. Política, debido a la tiranía que ejercían el rey Luis XVI y su esposa María Antonieta, quienes gobernaban mal y despilfarraban el dinero del reino. 2. Económica, pues el país estaba endeudado por las constantes guerras y la quiebra financiera de una compañía colonial de Luisiana. 3. Religiosa, puesto que las altas jerarquías de la Iglesia vivían ostentosamente, poseían muchas tierras y muchos de sus feligreses vivían en la pobreza. 4. Social, porque ante una sequía que afectó las cosechas, hubo escasez de alimentos y eso provocó descontento popular. Y finalmente, 5. Ideológica, con unas clases altas y medias influidas por las ideas de los filósofos franceses y de la Ilustración, sobre la libertad y la soberanía del pueblo, en oposición a la monarquía, la iglesia y la esclavitud.

El fermento de estas causas dieron como consecuencia el estallido de la revolución el 14 de julio de 1789 con la toma del castillo de La Bastilla (edificio que funcionaba como cárcel) y después con la irrupción de un grupo de mujeres en el Palacio de Versalles, la residencia de los reyes. Con el tiempo el lema de la revolución fue “Libertad, Igualdad y Fraternidad”.

            Podríamos decir que la revolución trajo logros que después influyeron en las transformaciones del mundo contemporáneo. Bajo el concepto desarrollado por el filósofo Rousseau de que la soberanía política de un país recae en su pueblo, se dio paso a la representatividad, esto es, la elección de los representantes del pueblo que reunidos en una asamblea (parlamento o congreso), dictaron leyes para gobernar mejor de lo que lo hacían los reyes (algo que ya venía aconteciendo en diferentes modalidades en Gran Bretaña, España, el antiguo reino de Uganda y en comunidades indígenas de América).

            De este modo se promulgó una constitución política llamada la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, a la cual se opuso una escritora de obras de teatro que firmaba bajo el seudónimo de Olympia de Gouges, quien se dio cuenta del carácter sexista de esta ley y publicó a su vez la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, fue condenada a la guillotina como mucha gente, durante el periodo del Terror, momento en que la revolución alcanzó su mayor radicalidad, una de sus desventajas. Como respuesta al repudio generalizado del pueblo por la nobleza, los reyes fueron enjuiciados y condenados a la guillotina, primero Luis XVI y después su esposa María Antonieta.

            Se estableció que la forma de gobierno de Francia fuera la república, como en la antigua Roma, en los Países Bajos y en los recién formados Estados Unidos de América. En la monarquía, el rey se encarga de la política, dicta leyes y toma las decisiones en privado, bajo la forma parlamentaria tiene que negociar con los representantes del pueblo, y bajo la república (que viene del latín rex publica, la cosa es pública) la política debe corresponder a todos los ciudadanos y hacerse públicos los decretos del gobierno. La imagen de la república francesa tomó la forma de una mujer, Marianne, con gorro frigio (símbolo de la libertad) y que amamantaba con sus pechos a los hijos de la nación.

            Aparecieron expresiones de nacionalismo desde las políticas del Estado, la creencia (o el imaginario) de que todos los habitantes de un país deben formar parte de una misma nación y defenderla en contra de países (o naciones) enemigas. Se adoptó la bandera tricolor (azul, blanco y rojo) como estandarte de la república francesa y el cántico de los soldados de Marsella, la Marsellesa, como himno del nuevo Estado-nación que surgió como producto de la revolución. Se creó un ejército nacional para enfrentar a los enemigos de la revolución y la república francesas.

            Ante los diversos abusos y enriquecimiento de la Iglesia a costa de sus feligreses, los ideales de la revolución, influidos por la Ilustración e ideas del filósofo Voltaire, se separaron los asuntos de la Iglesia de los del Estado, instaurando una forma laica de gobierno, además de quitarle propiedades y bienes a la Iglesia y grupos de revolucionarios entraron a saquear y profanar iglesias. También se procedió a abolir la servidumbre y la esclavitud, e incluso se evitaba hablar de usted. Pero la abolición de la esclavitud no se puso en marcha en las colonias francesas, como en Haití, donde los esclavos hicieron una revolución de independencia para liberarse.

            Como resultado de todas estas acciones consideradas radicales por las monarquías europeas, se le declaró la guerra a la Francia revolucionaria. El imperio austríaco le hizo la guerra porque María Antonieta era hija de la emperatriz María Teresa de Austria, varios Estados Italianos en especial Roma por sus ataques a la Iglesia, y Gran Bretaña aglutinó a estos y más países como los estados alemanes y al Imperio Ruso en una alianza contra Francia.

            Para hacer frente a los enemigos de la república, Francia recurrió a uno de sus mejores y más destacados generales, Napoleón Bonaparte, el hijo bastardo de la Revolución Francesa, porque una vez que logró derrotar a los enemigos, se coronó emperador en la catedral de Notre-Dame, arrebatándole la corona al Papa, en 1804. Sin embargo, esparció los ideales de la Revolución Francesa al conquistar más de la mitad de Europa.

            Para conseguir el bloqueo comercial de Gran Bretaña y aislarla del continente, Napoleón mandó tropas a Portugal, donde los barcos británicos socorrieron a la corte portuguesa y la pusieron a salvo en Brasil. También invadió España y manipuló a sus reyes para entronizar a su hermano. Estos hechos repercutieron en las luchas de independencia de los países iberoamericanos, siendo el venezolano Simón Bolívar el líder libertador de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Haití, México y Brasil se declararon imperios, aunque sólo este último duró más tiempo bajo el régimen monárquico hasta 1889.

            Para poder financiar las guerras, Napoleón recurría al botín y al saqueo de los países que vencía, también se dio cuenta que necesitaba un banco central que le prestara dinero a su gobierno, por eso fundó el Banque de France o Banco de Francia en 1800. Por su parte, Gran Bretaña recurrió a los préstamos de capital por parte de bancos privados para financiar sus gastos de guerra, como fue el caso del banquero Nathan Rothschild, prominente hijo de esta familia de banqueros judíos. Pero también fue la producción y las ventas de la industria textil, fruto de la Revolución Industrial, lo que salvó a Gran Bretaña de las guerras contra Napoleón.

            Finalmente, y después del fracaso francés en la campaña contra Rusia, la alianza encabezada por Gran Bretaña logró derrotar a Napoleón en la batalla de Waterloo en 1814. El duque de Wellington, vencedor de la batalla, llegó a primer ministro de Gran Bretaña, y una de las cosas que hizo fue reprimir las protestas de obreros descontentos por la explotación en las fábricas. A manera de burla se le llamó la masacre de Peterloo a la represión que se llevó a cabo en la plaza de St. Peter en Manchester en 1819. El gobierno británico se puso del lado de los intereses de los industriales y de la burguesía.

            En 1831, cuando se estaba inaugurando la línea de ferrocarril que iba de Liverpool a Manchester y a la que fue invitado el duque de Wellington, sucedió un accidente que se cobró la vida del político Huskinsson. El duque no quiso volver a subirse a la locomotora, máxima obra de la Revolución Industrial.

            El neoclasicismo fue la corriente artística que predominó en esta época, especialmente en la arquitectura, como en las fachadas de los edificios (que retomaron las columnas clásicas de Grecia y Roma antiguas) y en la pintura, como los cuadros del francés Jacques-Louis David, que exaltan al emperador Napoleón.

Fuentes:

Carl Grimberg. Revoluciones y luchas nacionales. Barcelona, Ediciones Daimon, 1973 (Historia Universal, 10).

Eric Hobsbawn. La era de la revolución, 1789-1848. México, booket, 2015.

Augustin Drouet. Napoleón. París, Hachette, 1979.

Mary Wollstonecraft

En esta época machista aparece en escena la educadora y escritora inglesa Mary Wollstonecraft. Nacida en una familia medianamente acomodada el padre era violento, golpeaba a su madre y era apostador, gastando el dinero en el juego y la bebida. Los valores tradicionales de Gran Bretaña promovían el matrimonio forzado para las mujeres a temprana edad y quedar sometidas al esposo, a lo que Wollstonecraft se opuso y juró nunca casarse. Para evitar depender de un hombre se dedicó a educar jovencitas.

            Tras tener problemas económicos y sentimentales, aprovechó su habilidad con la tinta y se dedicó a escribir. En 1792 publicó su libro La vindicación de los derechos de la mujer, recibido con polémica por los lectores, porque en él expone su oposición al matrimonio forzado, a favor de la autonomía y la importancia de la educación de las mujeres, y que el poder de los hombres por encima de ellas no viene dado de forma natural.

            Al principio la Revolución Francesa fue muy bien recibida en Gran Bretaña, y ante este influjo Wollstonecraft decidió ir a Francia para ver con sus propios ojos los frutos de la igualdad, de lo que se decepcionó más tarde. Ahí conoció a un gringo de apellido Imlay, del cual se enamoró, quedó embarazada y con quien deseaba juntarse. Pero resultó que Imlay estaba comprometido lo cual la llevó a una triste decepción, porque contradecía sus propias convicciones. Ante la ola del Terror desatada en Francia volvió a Londres, donde pensó en quitarse la vida, pero su editor la motivó a seguir escribiendo.

            Conoció a William Godwin un filósofo precursor del anarquismo, quien se casó con Wollstonecraft para que la sociedad tradicional inglesa no la marginara, cosa que les generó críticas a ambos. La escritora quedó embarazada de nueva cuenta y murió poco después debido a las complicaciones del parto. Wollstonecraft fue una de las mujeres que marcó la pauta para el inicio del feminismo en Occidente, la llamada primera ola.

La hija de ambos escritores, mejor conocida por su nombre de casada, Mary Shelley, escribió la novela Frankenstein en 1818, influenciada por la corriente artística del romanticismo, un movimiento que rechazaba los vicios de la industrialización, el neoclasicismo y mostraba devoción por la naturaleza. A pesar de ser una novela de ciencia-ficción, su libro Frankenstein hace una crítica al progreso y los avances de la ciencia, porque la moraleja que nos deja a los lectores es que el invento novedoso y sofisticado que crea el inventor, en este caso la abominación creada por el científico Víctor Frankenstein, tarde que temprano se vuelve en contra suya. Es como la creación de las máquinas de la Revolución Industrial, que se vuelven en contra de la humanidad, porque nos hacen trabajar más o nos enajenan.

Fuentes:

Simon Schama. Auge y caída del Imperio Británico. Barcelona, Editorial Crítica, 2004.

Nuria Varela. Feminismo para principiantes. México, Penguin Random House, 2021.

Mary Shelley. Frankestein, o el moderno Prometeo. México, editorial Tomo, 1997. Hay varias ediciones.

(Primera) Revolución Industrial Siglos XVIII y XIX

La revolución industrial es un proceso que aceleró el desarrollo del capitalismo e implica innovaciones técnicas y tecnológicas para manufacturar materias primas, producir mercancías y distribuirlas para su venta.

Esta primera revolución industrial inició hacia mediados del siglo XVIII en Inglaterra, la propició la parcelación y la acaparación de las tierras de cultivo que obligó a los campesinos a migrar y trabajar en las ciudades, la creación de caminos que facilitaron el transporte de materias primas del campo a las ciudades y el déficit que tenía Gran Bretaña con su colonia India. Hacia principios del siglo XVIII India producía la mayor cantidad de tejidos de algodón y la metrópolis veía descompensado su balance comercial, el déficit era que gastaba más de lo que invertía en ese comercio.

            Entonces intervino el perfeccionamiento y la mejora de la máquina de vapor para emplearla en la producción de tejidos de algodón. El antecedente más antiguo de la máquina de vapor podríamos remitirlo al filósofo Herón de Alejandría, que hizo que una esfera de metal se moviera por efecto del vapor del agua hirviendo. A lo largo del siglo XVII se fueron modificando las máquinas de vapor hasta que en Inglaterra James Watts pudo patentar una que funcionaba por medio de válvulas. Como estaba arruinado se asoció con un empresario, Matthew Boulton, para instalar la primera fábrica en Birmingham en 1761.

            Las primeras máquinas de vapor (la Mula y Jenny) hilaban el algodón y después lograron hacer que tejieran esos hilos, de manera que hicieron telas. Esta primera revolución industrial fue textil porque hacía tejidos en mayor cantidad y en menos tiempo que las rápidas manos de los trabajadores textiles de India. Las máquinas de vapor estaban hechas de acero por lo cual se empezaron a explotar las minas de hulla, el mineral de donde se extrae el hierro, que luego se mezcla con carbono para crear la aleación del acero.

Y para que funcionaran esas máquinas se necesitaba quemar un combustible que fue principalmente el carbón, de modo que también se explotaron las minas de carbón.

            Todos estos elementos de la primera revolución industrial tienen consecuencias perjudiciales, debido a la huella ecológica que dejan en el ambiente. En primer lugar la explotación de las entrañas de la Tierra para extraer minerales, el desperdicio y contaminación del agua de los ríos en las minas, la emisión de gases calientes a la atmósfera por las altas temperaturas de los hornos del acero y del calentamiento de grandes cantidades de agua y del carbón. En segundo lugar la explotación de la mano de obra, de los mineros y de los obreros. Y por último, los desechos de la industria textil, los tintes que se vierten a los ríos y que después llegan a los mares y océanos.

            Se supone que las máquinas se crearon para que hicieran el trabajo que los humanos teníamos que hacer, que las máquinas trabajaran para nuestro beneficio y que las personas tuvieran mayor tiempo libre, esa sería en esencia la razón de las máquinas. Sin embargo, hay una gran contradicción en la existencia de las máquinas, pues nos hacen trabajar más o nos enajenan. Los primeros trabajadores de la industria textil laboraban largas jornadas, que iban de las 14 a 20 horas diarias, muchas veces sin descanso para comer.

            Con la revolución industrial surgieron dos clases sociales que ya se perfilaban desde antes: La burguesía, los dueños de las minas de acero y carbón que hacían funcionar las máquinas, los terratenientes como los que sembraban algodón para hacer los tejidos, los industriales, dueños de las fábricas, que explotaban a los trabajadores textiles, los dueños de las compañías de transporte (ferrocarriles y barcos de vapor) para llevar las materias primas y comerciar las manufacturas, y los banqueros que prestaban dinero con intereses a los demás.

La otra clase es el proletariado o los obreros, trabajadores, mineros y empleados. Las pésimas condiciones laborales en las que trabajaban los primeros obreros de la industria textil eran: largas jornadas de trabajo al día (a veces dormían de 3 a 4 horas), muchas veces tenían que comer mientras accionaban las máquinas, no existían las vacaciones, sin higiene en el lugar de trabajo, había capataces con látigos que forzaban a los obreros a trabajar más, otras veces se les ataba para que no salieran de la fábrica, no había asistencia médica en caso de accidentes laborales, ni mucho menos incapacidad si llegaban a enfermarse, había trabajo infantil y los salarios eran ínfimos.

Algunos autores dicen que los esclavos de las plantaciones y los sirvientes domésticos tenían mejores condiciones que los primeros trabajadores textiles, por las condiciones en que se hallaban, que como podemos ver, con la instalación de las fábricas se enriquecían unos pocos a costa de la explotación de muchos.

Podríamos considerar que el movimiento abolicionista, ese que buscaba liberar a los esclavos africanos surgido en Inglaterra a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, coincide con el inicio del trabajo asalariado, producto de la Revolución Industrial. Porque el trabajo esclavo era casi que gratuito y significaba una competencia “desleal” para los industriales frente a los plantadores. De manera que se empezó a fomentar el trabajo asalariado: pagar un salario bajo en lugar de mantener a los esclavos dándoles casa y comida.

Este proceso industrial que inició en Inglaterra pasó a finales del siglo XVIII al norte de Francia, Bélgica y los Países Bajos, para luego a principios del XIX extenderse a Alemania, el norte de Italia, España, Rusia, los Estados Unidos y Japón, después instalarse en los países de América Latina, Asia y África. Y en todos esos lugares con las mismas consecuencias perjudiciales.

Fuentes:

Carl Grimberg. Revoluciones y luchas nacionales. Barcelona, Ediciones Daimon, 1973 (Historia Universal, 10). Cap. La Revolución Industrial.

María del Carmen Elizundia Ponce (comp.). Antología de textos. Época contemporánea. México, Porrúa, 2001. Revolución Industrial.

Paul Lafargue. El derecho a la pereza. Madrid, Diario Público, 2010.

Afroamérica: un ensayo histórico de las culturas afroamericanas.

Origen negro en África y contacto con América

En algún espacio de África entre el Lago Chad y las llanuras de Etiopía se halla probablemente el origen de la raza negra (si es que nos permitimos usar esta palabra), Pierre Bertaux señaló que antropológicamente hablando el fenotipo negro «no es muy antiguo». La genealogía negra también podría remontarse hasta los tiempos en que el desierto del Sahara era un espacio más húmedo, verde y “vivo”. Prueba de ello son las pinturas rupestres del Tassili, las más antiguas datan de 6 mil años AC aproximadamente, y en donde pueden apreciarse ya tipos humanos negros. Sin embargo, Spencer Wells ha realizado estudios que indican que la humanidad proviene de humanos de piel oscura que vivían en el Este de África hace 60 mil años.[1]

La desertificación del Sahara (que comenzó aproximadamente 2 mil años AC) constituyó una frontera natural entre los grupos negros y los demás grupos humanos del norte del Mediterráneo. Pero esto no impidió la conexión entre África y América, pues si bien el polvo del Sahara, al ser llevado por los vientos y la rotación de la Tierra, ha estado cruzando el Atlántico. Esto afecta la meteorología de los huracanes del mar Caribe, el aire de Centro y Norteamérica y, finalmente, lleva nutrientes como fósforo y nitrógeno a la Amazonia, que son aprovechados por las plantas, según Santiago Gassó, geofísico argentino que trabaja para la NASA.[2]

Los desplazamientos y las migraciones de los grupos humanos negros asociados a la búsqueda de sustento y recursos, nuevas tierras cultivables y animales, y como vía para escapar de tribus más agresivas llevaron a diversos grupos (que poseían conocimientos metalúrgicos, como la fundición del hierro), hacia el occidente de África, en donde surgió el tronco lingüístico congo-níger, y los demás grupos que se desplazaron hacia el oriente y sur de África conforman el tronco de la lengua bantú. Esta forma de nomadismo otorgaba a todos los grupos un derecho por igual sobre el uso de la tierra, este uso se daba en calidad de préstamo, no en calidad de posesión, como lo entendieron los europeos, herederos del derecho romano, que después llegaron a negociar ocupaciones, protectorados e imponer la colonización y el dominio.

          El comercio y las regiones de influencia vinculadas a la extracción y obtención de materias primas (como sal, oro, marfil, mijo) y esclavos, propició la aparición de organizaciones coercitivas y jerarquizadas: reinos o imperios (si usamos bajo reservas estos conceptos de la civilización cristiana-occidental) al poniente de África. Figuraron entonces en las márgenes del río Níger: los reinos de Ghana y Mali, el imperio de los Songhai y Kanem-Bornú, y posteriormente otros estados musulmanes. Porque el Islam y sus guerreros proselitistas aparecieron en estas regiones a partir de los siglos VIII y IX DC, cuando atravesaron el Sahara occidental y también navegaron por la costa oriental africana, a tal punto que el Islam se arraigó en diversos pueblos africanos y hoy en día forma parte central de su identidad, es decir, ser negro y musulmán.

          Llama la atención el caso de Mansa Kanka Musa, considerado el rey más rico de África en un artículo de la BBC, por la cantidad de oro que llegó a acumular y comerciar hacia la primera mitad del siglo XIV. Mansa Musa provenía de un linaje ya islamizado y, como tal, realizó la peregrinación a La Meca con una corte de 60 mil personas y 500 esclavos en el año de 1324. Al pasar por Egipto hizo una derrama en oro que acarreó una devaluación del metal que duró 12 años en ese país, y monopolizó el comercio sahariano, pues según el historiador Ibn Battuta, caravanas anuales de aproximadamente 12 mil camellos viajaban entre Mali y El Cairo. Fue en esta última ciudad donde los comerciantes italianos que la visitaban tuvieron noticias de Mansa Musa y buscaron la manera de entrar en contacto y comerciar con la capital del reino de Mali: Tomboctú.[3]

            Más interesante es su antecesor, Abu Bakr II o Abubákari II, porque ordenó una expedición por mar con 200 barcos en dirección al oeste, desde las costas del Atlántico, alrededor del año 1311. Según cuenta el cronista Al Umari, un sobreviviente de la expedición volvió con la noticia de existir tierras al otro lado del mar. Por ello, Abubákari II organizó personalmente otra expedición mayor, con 2 000 barcos aprovisionados con oro, agua y comida, descendió el río Senegal y partió a mar abierto, jamás regresó. Cuando Cristóbal Colón y otros navegantes españoles exploraron el Caribe hallaron poblaciones negras y otras mezcladas con los indígenas en Honduras, Panamá, la desembocadura del río Orinoco y en las Antillas menores, descendientes de los que probablemente fueron los supervivientes de estas expediciones africanas. Lo anterior nos habla del contacto étnico que se dio entre africanos, como los mandingas, e indígenas americanos antes de los europeos.[4]

            Es importante destacar que antes de la llegada de los musulmanes y después los europeos, ya existía todo un conglomerado de culturas y pueblos africanos florecientes. El hecho de no poseer una cultura escrita, sino oral, no les resta vitalidad, si bien con la llegada de los musulmanes (especialmente en África occidental y regiones de la costa oriental africana) muchos pueblos se identificaron con el árabe como lengua y tradición escrita. El Islam conectó estas regiones de África con Medio Oriente, no sólo con las peregrinaciones a La Meca, sino también por medio del comercio. Los europeos hacia finales del siglo XIX y principios del XX tenían la mentalidad de ser los civilizadores y, por consiguiente, que la historia y el desarrollo material del continente comenzaba con ellos.

Esclavitud, religión y revuelta

La esclavitud en el África subsahariana ya existía antes de la llegada del Islam y de los europeos por ser un régimen que todas las civilizaciones antiguas practicaban de alguna u otra forma. Hoy en día se discute todavía bajo qué términos y condiciones se dio la esclavitud en el África negra antes de la trata europea. Algunos autores se inclinan por afirmar que la esclavitud es igual de inhumana en todos lados y épocas, mientras que otros señalan ciertas diferencias que conducen a pensar que no fue tan depredadora antes de los europeos. Lo cierto es que cualquier forma de esclavitud es deplorable e inadmisible en estos tiempos.

            Los historiadores franceses Catherine Coquery y Éric Mesnard retoman el estudio que el historiador congoleño Benjamin Kala-Ngoma hizo entre los bembes del Congo para descartar «la idea difundida por etnólogos y defendida por los africanos de una esclavitud doméstica familiar y paternalista». Señalan que a pesar de la preferencia y confianza del amo africano por sus esclavos frente a sus familiares «no por ello su día era menos agotador […], seguirían siendo esclavos para siempre» y que ser cimarrón (esclavo fugitivo) «era casi imposible en cualquier parte que no fuera el bosque».[5]

            Una cosa es clara, la esclavitud en África antes de los europeos no tuvo las dimensiones voraces que tuvo en América, que ambicionaba aumentar la producción agrícola y manufacturera a costa de la mano de obra. Las condiciones en África eran de servidumbre doméstica, en menor grado agrícola debido a la poca fertilidad de muchos de los suelos africanos (debido a su característica ausencia de humus) y al riesgo de fuga (un fugitivo podía sobrevivir en un entorno natural que le era conocido). Los esclavos eran integrados como parte de la familia, no estaba presente el componente de la diferencia racial, había mayor tolerancia por parte del amo y afinidad con el idioma (por la cercanía de los troncos lingüísticos), e inclusión y asimilación de los dioses (los antepasados) de los vencidos y esclavizados dentro del culto de los nuevos amos, como sucedía en el reino de Dahomey. Y finalmente, la dinámica de explotar las fuerzas del esclavo hasta su muerte propias de un régimen capitalista, no era siquiera concebible en el África pre-europea.

            Los musulmanes procuraban no reproducir a sus esclavos africanos, eran castrados para servir como escoltas de las esposas del patriarca, o bien como soldados y mercenarios, condición que les otorgaba un lugar importante en la sociedad islámica, difícilmente se les usó como mano de obra para trabajar (lo que evitó revueltas). Las mujeres africanas eran empleadas en el servicio doméstico o como concubinas, este último papel las liberaba a ellas y a su descendencia de la condición de esclavas. No obstante, con la llegada del islam al África negra la trata condujo a los esclavos africanos a sitios más alejados (fuera del continente) y que fueran asociados aún más con ser tratados como mercancías o bienes comerciales, por aquello de la introducción en las sociedades africanas del dinero y el crédito por los musulmanes.

            A su vez, convertirse al islam daba a diversos grupos negros de la costa oriental africana la posibilidad de ser considerados hombres libres, y de este modo evitar ser capturados y usados como esclavos. Al profesar la misma fe y seguir los preceptos del Corán se convertían en hermanos de todos los musulmanes, como fue el caso de una tribu suajili. Según una leyenda recogida por el arqueólogo Abdul Juma, en el diario de un explorador árabe del año 922 DC, aparece un rey suajili de Kambalu que fue vendido como esclavo en el mercado de Omán por más de 30 dinares. El rey suajili aprendió árabe y se convirtió al islam en un año de cautiverio, después logró escapar y regresar a Kambalu. Con el tiempo, los mismos mercaderes árabes que lo habían capturado y vendido, naufragaron en sus costas. Pudo matarlos, pero el rey les perdonó la vida, el islam le había enseñado muchas lecciones, por eso les señaló que todo musulmán que viniera a sus tierras sería tratado como hermano y no como enemigo.[6]

Muchos pueblos de la costa oriental se acostumbraron entonces al árabe debido al comercio con los musulmanes de Omán y Arabia, y a través de la lectura del Corán. Por ejemplo, el idioma suajili se escribió con alfabeto árabe hasta el siglo XVIII. El activista afroamericano convertido al islam, Malcolm X, sintió esta integración racial y étnica (en el sentido de identidad religiosa) cuando peregrinó a La Meca en 1964: «Di siete vueltas a la Kaaba […], había decenas de miles de peregrinos de todo el mundo, de todos los colores […], participaban del mismo ritual y desplegaban un espíritu de unidad y hermandad […]. El islam es la única religión que elimina de su sociedad el problema racial [porque] incluye a todos en una gran familia […] todos los colores y razas se inclinan ante el único Dios, Alá. […] El islam podría eliminar el “cáncer del racismo” de América».[7]

            Con la trata y la esclavitud practicada por los europeos, los africanos fueron denigrados por el color de su piel (el componente racial fenotípico), acusados de seguir una fe falsa, practicar brujería o adorar al diablo (en caso de profesar el islam o cultos africanos ancestrales respectivamente), y convertirse al cristianismo no los despojaba de su condición esclava. Fueron condenados a trabajos no sólo domésticos sino extenuantes bajo el Sol en el campo o en talleres manufactureros que exigían una mayor producción, sin ser incluidos como miembros de las familias blancas, sufriendo discriminación y segregación racial, y enfrentándose a lenguas europeas difícilmente emparentadas con las suyas. Estos factores imponen una esclavitud más acentuada, difícil de aceptar, deprimente y depredadora (debido a la alta demanda de mano de obra).

            No podemos saber hasta qué punto la servidumbre africana podría conllevar a cierto conformismo, resignación y disimulo, que harían más llevadera la existencia. Pero los malos tratos, las pésimas condiciones y nulas esperanzas de vida condujeron a la rebeldía y la revuelta violentas. No sabemos mucho de revueltas esclavas en África antes de la llegada de los europeos, lo que implicaría realizar una investigación más ardua (Coquery y Mesnard señalan que en Guinea se localizaron algunos casos de fugitivos). Con certeza hubo revueltas en las bodegas donde eran recluidos los esclavos por los europeos antes de ser embarcados a América, pero muy pocas o ninguna revuelta de esclavos de grandes proporciones en África donde mataran a sus amos.

            En cambio, las noticias de revueltas esclavas por tratos inhumanos y descontento que llevaron a las revueltas y a establecer comunidades autónomas las hubo desde hace mucho en Grecia y Roma (la de Espartaco es la más destacada y representativa, y en ella se vieron implicados varios esclavos de origen africano). Cuando los musulmanes sometieron a sus esclavos africanos a trabajos agrícolas extenuantes y forzados en el reino abasida de Basora (actual Irak), explotó violentamente la rebelión de Zanj hacia el año 869 DC, de las pocas de las que se tiene registro.

En América, hay registros de revueltas de esclavos africanos en las colonias inglesas por lo menos desde el siglo XVII. En la Nueva España estuvo el caso del cimarrón Gaspar Yanga que estableció un palenque (comunidad autónoma de ex esclavos) en Veracruz, cerca del año 1609. En el Caribe destacó el caso de Haití por la resistencia a la esclavitud del cimarrón Mackandal, quien fue ajusticiado en 1758. En Brasil hubo un sinnúmero de revueltas esclavas, pero la más llamativa fue la que encabezó Zumbi, ejecutado en 1695, por defender un poblado de cimarrones en el actual estado de Alagoas. Es decir, la esclavitud practicada con mayores controles y explotación, en especial con la demanda de la trata europea, se volvió más depredadora e inhumana para los esclavos africanos y sus descendientes. Ello propició más incursiones y guerras entre diversos reinos africanos y tribus para conseguir más cautivos. Esta expoliación llevó en América a la rebeldía y la revuelta como reivindicación de su libertad, y al establecimiento de comunidades libres como reivindicación de su autonomía política. Con esto no estamos haciendo ninguna apología de la esclavitud africana antes de la llegada de los europeos, tampoco de ninguna forma de esclavitud que coloque a un ser humano por encima de otro.

            Si con la penetración musulmana aumentó la trata, con la llegada de los europeos cristianos las condiciones de la esclavitud se recrudecieron, sobre todo por el empeño de obtener mayor rendimiento de la mano de obra. Los portugueses circunnavegaron el continente y se vincularon con la trata de esclavos que los africanos ya ejercían. Sus puntos de contacto fueron Cabo Verde, Costa de Oro, Costa de los Esclavos, las costas de Congo-Angola, Mozambique y varios puertos de la costa índica al desplazar del comercio a los musulmanes en Zanzíbar y la India. Varios reinos del actual Congo acogieron a los portugueses, reyes que se convirtieron al cristianismo y solicitaban frailes y misioneros para convertir al resto de la población, pero ya para el año de 1526, el rey Nzinga Mbemba escribió una carta a Juan III de Portugal pidiéndole que controlara a sus súbditos porque «se apoderan de nuestros individuos, hijos del país, nobles, vasallos y parientes, poniéndolos a la venta, y su corrupción y licencia son tan grandes que nuestro país está quedando gravemente despoblado».[8]

Un caso de resistencia ante la penetración portuguesa fue protagonizada en la primera mitad del siglo XVII por la Ngola (reina) Dginga Mbande, que había sido bautizada como Doña Ana de Sousa, quien los enfrentó y aprovechó la enemistad entre portugueses y holandeses, cuando éstos últimos les arrebataron a los primeros el puerto de Luanda (en Angola) y la capitanía de Pernambuco (en Brasil) por el control del comercio azucarero y la mano de obra esclava. La Ngola Dzinga lideró un grupo de jagas y mantuvo en jaque a los portugueses en la región de Matamba hasta que se reconciliaron en 1659.

Los musulmanes pocas veces esclavizaban negros islamizados, pero sí capturaban infieles, blancos europeos del Mediterráneo, africanos de África occidental o de los grandes lagos. En la costa oriental la crueldad y el alcance numérico de la esclavitud se incrementó a mediados del siglo XIX, cuando Inglaterra prohibió el tráfico negrero en el Atlántico, y Zanzíbar, controlado por los musulmanes, fue el mayor centro de trata donde todavía se vendían miles esclavos a traficantes europeos y asiáticos.

Ambos, tanto musulmanes como cristianos, justificaron la esclavitud de los africanos negros basados en el Antiguo Testamento, donde dice que por ser hijos de Cam, están condenados a ser esclavos. Para los europeos, la servidumbre les quitaba lo salvaje y, convertidos al cristianismo, salvaban sus almas, justificando así la esclavitud. Hacia finales del siglo XVI fue impensable, para cualquier europeo, poseer un blanco cristiano como esclavo, aunque se les podía enganchar con deudas. Los indígenas fueron defendidos por Fray Bartolomé de las Casas y difícilmente servían para la cautividad. Fue Portugal el reino que contribuyó a sustituir a los esclavos eslavos o de los alrededores del Mar Negro por africanos, para emplearlos como sirvientes o mano de obra. Para finales del siglo XVI, el africano negro fue asociado con el ser esclavo y al estigma discriminatorio que a ello conlleva.[9]

Brasil

En una mayor proporción, africanos de Mozambique y Congo-Angola fueron conducidos por negreros portugueses primero, después por holandeses, ingleses y franceses, a diversas partes de América, pero a Brasil en especial por su cercanía con el continente y por ser colonia portuguesa. Estos esclavos fueron empleados como mano de obra para trabajos de construcción, talleres de manufactura, minería, ganadería, trabajo doméstico, oficios diversos y, sobre todo, para las haciendas y plantaciones azucareras. Las experiencias de portugueses y españoles en el cultivo de la caña de azúcar en las islas del Atlántico (Azores, Madeira, Canarias y Cabo Verde) los hicieron trasladar esa misma dinámica a América (Brasil y el Caribe).

A pesar de las prohibiciones de los padres y frailes, los dueños católicos portugueses fueron más permisivos que sus homólogos protestantes anglófonos con sus esclavos, propiciando mayor sincretismo cultural en el pueblo brasileño. Desde temprano aparecieron los calundus, ceremonias con bailes, cantos y batuques (música de tambores) de los esclavos; el culto a los inquices (dioses y fetiches africanos), y que con el tiempo, ambas expresiones dieron origen al candomblé (religión afrobrasileña que mezcla elementos católicos, africanos e indígenas); se practicó la capoeira (una danza y arte marcial); y apareció el caboclo (mezcla racial entre africano e indígena). Palabras de lenguas bantús (moleque, bunda, xingar, cachaça, maconha, samba) se integraron al portugués. Estos elementos elaboraron una nueva identidad que podríamos llamar afrobrasileña o afrodescendiente, para usar palabras del antropólogo brasileño de origen congolés Kabengele Munanga.

Lo anterior no anuló los malos tratos por parte de los dueños portugueses, provocando fugas de esclavos que establecían comunidades autónomas. Estas últimas imitaban el kilombo, palabra umbundu que se asocia a campamento o a un rito de circuncisión guerrero, pasó al portugués como quilombo. Los jaga o imbangala, no eran propiamente un pueblo, sino grupos de guerreros ambulantes en la región del Congo-Angola organizados en kilombos y dirigidos por el guerrero más capaz, que saqueaban pueblos y campos, capturando jóvenes de ambos sexos para integrar sus filas y romper todo linaje o parentesco, a diferencia de los quilombos de Brasil, evitaban la familia con un régimen de vida guerrera. Originaros de la región de los grandes lagos, los jaga se desplazaron en el siglo XVI hacia el suroeste del continente y contribuyeron de una u otra forma al mercado de esclavos de los portugueses en las costas atlánticas y de los musulmanes en los grandes lagos.[10]

            El caso más destacado de resistencia contra la esclavitud y de autonomía en Brasil fue el quilombo de los Palmares que llegó a liderar Zumbi, esclavo que organizó la resistencia de la comunidad en el año de 1678 (en Angola, zumbi equivale a fantasma, y Zambi es el dios creador). Los quilombos integraban esclavos, indígenas o blancos disidentes. El día en que fue ajusticiado Zumbi, el 20 de noviembre, fue declarado en 2003 como el Día de la Conciencia Negra en Brasil, una fecha que busca reivindicar y reflexionar sobre la presencia negra en la cultura del país. También se dio un levantamiento de esclavos musulmanes en la provincia de Bahía en 1835, conocida como la Revuelta de los Malês, probablemente africanos que venían de Mali o de la etnia mandinga. Como una especie de yihad (guerra santa) intentaron eliminar a los infieles (no islámicos) y a los blancos dueños de esclavos, en la ciudad de Salvador, pero fueron duramente reprimidos.

Colonias inglesas y los Estados Unidos

En las colonias inglesas los esclavos contaban con menos libertad para darle continuidad a sus prácticas culturales originarias. Los dueños anglófonos estaban más preocupados por instruirlos en el dogma cristiano protestante que en insertarlos dentro de su sociedad. Los esclavos y los pocos libertos de las colonias inglesas buscaron “civilizarse” (lo que significaba cristianizarse) ante los ojos de los blancos dominantes, para dejar de ser considerados “salvajes” o “incultos” leer la Biblia era un primer paso, a diferencia de sus coterráneos de las colonias ibéricas, donde los cultos africanos pudieron sincretizarse con el catolicismo.

En Jamaica (colonia inglesa desde 1655) hubo varias revueltas, pero espiritualmente los esclavos se vincularon al cristianismo protestante, a la lectura de la Biblia para acercarse a Jah (Yahveh, Jehová). El lema del jamaicano Marcus Garvey posee un contenido religioso, casi místico: “un Dios, un objetivo, un destino”, con el que abogaba por el futuro de los negros. Se mudó a Nueva York, donde fundó la Asociación Universal para la Mejora del Negro (UNIA por sus siglas en inglés) en 1914, quería establecer un país, una nación para los negros, en los años veinte declaró que un rey negro se coronaría en un país libre de África, señal de la liberación del continente frente a la colonización europea. Ese rey fue Haile Selassie, el Ras Tafari (príncipe de respeto), proclamado emperador de Etiopía en 1930, y el león era símbolo de su realeza. Estas ideas, junto con las nociones de Zion (la tierra prometida, África) y Babylon (la tierra donde se les esclavizaba, después asociada al capitalismo), que provienen de la Biblia, conformaron la cultura rastafari de la mano del género musical del reggae (cuyo máximo representante es Bob Marley) y el uso de la cannabis como forma de aproximarse a Jah.

Para el autor Antonio Risério, varios factores explican la falta de sincretismo cultural entre los afrodescendientes de los Estados Unidos de América (EUA): la gran mayoría de los esclavos habían nacido en el país, es decir, ya estaban americanizados; las haciendas agrícolas eran de menor tamaño que las portuguesas en Brasil o las francesas en Santo Domingo; lo anterior fomentó la convivencia cercana con blancos racistas hostiles a sus tradiciones; y finalmente, que probablemente el medio, las tierras y la naturaleza de los EUA no permitieron el desarrollo de la magia y los cultos africanos, además, el protestantismo no adora santos, su carácter es monoteísta. Risério aclara que incluso sumando estos factores es difícil explicar por qué los negros de los EUA no dieron continuidad a sus expresiones culturales africanas.[11]

El racismo en los EUA conllevó a la segregación en los templos cristianos: unos destinados para blancos y otros para negros, de modo que los últimos crearon y se agruparon en torno a las Iglesias negras, con un sacerdote o pastor al frente, que generalmente abogaba por la libertad y los derechos de sus congéneres a partir de argumentos bíblicos. Fue el caso de Martin Luther King, pastor de una iglesia bautista que pugnaba por la convivencia armónica entre blancos y negros, por ser todos hijos de Dios. A diferencia de Malcolm X, quien se hizo musulmán durante su estancia en la cárcel, uniéndose a la Nación del Islam en la década de 1950, y ante la discriminación hacia los musulmanes negros, fue más radical: pugnaba por darle poder a los negros, aceptaba la segregación racial y deseaba imponer el islam como religión. Aunque después de su peregrinación a la Meca y de visitar Ghana en los años sesenta, optó por la convivencia racial, como ya citamos, se separó de la Nación del Islam y fundó su propia mezquita. Pero fue asesinado en 1965 por miembros de aquella agrupación, con indicios de estar involucrado el gobierno, lo cual restó fuerza al movimiento musulmán negro de EUA.

Ante el racismo y la segregación, por aquellos años surgió en EUA la expresión black power (poder negro), concepto que busca hacer frente a los dos estigmas que provienen de los blancos racistas dominantes: ser negro y pobre. En 1961 se organizó el Comité Coordinador de Estudiantes No-Violentos (SNCC por sus siglas en inglés) con el fin de promover la organización y la toma de decisiones que beneficiaran a la comunidad negra, ello implicaba una lucha pacífica por sus derechos políticos y sociales. A raíz del Acta de Derecho al Voto de 1965, que dio el voto a los afroamericanos, la actividad de este Comité se dirigió a la elección de sus representantes ante el gobierno. Con el paso del tiempo, se intentó fundar un partido político negro, pero fue constantemente asediado y violentado por la policía y el FBI.

Este gran movimiento social a favor de los derechos y la emancipación de los afroamericanos bien se puede denominar movimiento de liberación negro, que alcanzó su máxima expresión con este concepto del poder negro como reivindicación política y, su consecuencia revolucionaria, el Partido Pantera Negra. Fundado por Bobby Seale (presidente) y Huey Newton (ministro de defensa) en Oakland, California, en 1966, inició como una patrulla civil que vigilaba a la policía que no cometiera abusos entre la comunidad negra, pero su objetivo era concretizar el poder negro de manera revolucionaria, y defender así los derechos y la libertad de los afroamericanos. Muy pronto aglutinó a más miembros que formaron delegaciones en varias ciudades de EUA, y ya en febrero de 1968 se fusionó el SNCC al Partido. Uno de los fundadores del Comité y miembro del Partido explicó la elección del nombre y su recurso al uso de la violencia:

Su símbolo electoral es la Pantera Negra, animal intrépido y hermoso que representa la fuerza y dignidad de los negros hoy en día. Un hombre precisa de una pantera en su interior para resistir, él y su familia a la pérdida de trabajo, la expulsión, el hambre, [los linchamientos], la muerte […], y es posible también que necesite un arma de fuego. El SNCC reafirma el derecho de todos los negros a defenderse contra cualquier ataque o amenaza. En cuanto al uso de la violencia, confiamos en que sea innecesaria, pero no nos corresponde a nosotros explicar a las comunidades negras la acción que puedan hacer para resolver sus problemas. La responsabilidad del uso de la violencia de los negros para su autodefensa corresponde a los blancos.[12]

Esta idea del poder negro respondía a varios siglos de explotación, humillación y exterminio por parte del régimen esclavista blanco y sus consecuencias morales aún después de ser abolido con el fin de la Guerra Civil en 1867. El Partido Pantera Negra empezó a portar armas bajo el respaldo de la ley de California, en vigencia en esos años, avalada por la Segunda Enmienda constitucional, su justificación también provenía del contenido del libro Los condenados de la tierra (1961), de la autoría de un afroamericano de Martinica, Frantz Fanon, quien apelaba a la violencia en contra del opresor y de la colonización por haber sido violentos la esclavitud y el imperialismo; asimismo, a la idea revolucionaria de tomar el poder por medio de las armas de Ernesto “Che” Guevara (su libro La guerra de guerrillas es de 1960) y de su participación en la independencia del Congo en 1965. Ambos, ejemplos de la conexión entre África y América.

Las mujeres llevaron siempre la peor parte en la represión al movimiento de liberación negro, pero su acción fue tan importante como la de los hombres. Este movimiento lo podemos rastrear hacia mediados del siglo XIX, con las acciones de la ex esclava Harriet Tubman a través del ferrocarril subterráneo (vías secretas que conducían a esclavos rescatados y fugitivos del Sur al Norte de los EUA). Hubo gran cantidad de mujeres que dieron conferencias públicas, distribuyeron textos, resistieron la calumnia, recaudaron fondos para el rescate de esclavos, participaron en revueltas, se movilizaron y protestaron como formas de oponerse a la discriminación, condena y explotación racial.

Angela Davis, activista, feminista y profesora marxista, ha participado y destacado esta labor de las mujeres negras. Aunque titubeó en integrarse al Partido Pantera Negra, como abogada defendió a Joanne Deborah Byron, mejor conocida como Assata Shakur, una neoyorkina integrante de las Panteras Negras que fue detenida por la policía en 1973, acusada de secuestro, asalto, robo y asesinato, fue torturada en prisión. Assata logró fugarse finalmente en 1979 y recibió asilo político en Cuba en 1984, donde escribió su autobiografía. Desde entonces, Angela Davis ha denunciado los ataques de la policía y del FBI para acabar con el movimiento negro, y ha criticado al sistema carcelario de los EUA que recluye a un gran número de presos políticos negros, como un instrumento de dominación de los blancos.[13]

Curiosamente, el reino de Dahomey (de la etnia fon) no sólo integró vudús (dioses) de los pueblos vencidos, sino que también impuso los suyos a principios del siglo XVIII entre los pueblos sometidos del África occidental. Uno de ellos fue el culto a Agasú, loa (espíritu, dios o fuerza sobrenatural) y antepasado de la dinastía real de Abomey, la capital, que según cuenta la leyenda, era producto de la unión de una mujer y una pantera. Igualemente, el reino de Dahomey contaba con batallones integrados exclusivamente por mujeres, llamadas en lengua fon mino (nuestras madres), herederas de las cazadoras de elefantes y que posteriormente figuraron como guardias reales, combatían contra otros reinos y después contra la colonización francesa de finales del siglo XIX. Panteras y mujeres guerreras no son casualidades en la historia de los afroamericanos. Al respecto, este 2022 se estrenó la película La Mujer Rey, dirigida por Gina Prince-Bythewood.

Haití

Colonizada la isla caribeña de la Española, los hispanos aniquilaron a la población indígena nativa (caribes y taínos), por lo que reemplazaron la mano de obra con esclavos comprados a los portugueses. En 1697, Francia adquirió las tierras que años atrás estaba invadiendo en la parte occidental de la isla, desde entonces llamada Santo Domingo, y la explotó con cultivo extensivo de azúcar de caña. Los dueños de las plantaciones y la Compañía de la Indias hicieron traer esclavos de África, especialmente de Senegal y de la Costa de los Esclavos, donde el reino de Dahomey (practicante de vudú) y otros reinos yorubas, se dedicaban a la trata de esclavos con los franceses.

La explotación esclava para producir más azúcar, manufacturas y enriquecer a Francia endurecieron las condiciones de trabajo, el promedio de vida de un esclavo de Santo Domingo llegó a ser de 7 años. El orden lo establecían intendentes o encargados blancos y capataces negros ante el ausentismo de los propietarios que sólo recibían beneficios económicos. En 1685, Luis XIV promulgó el Código Negro, legitimado por la Iglesia católica, en el que se regulaba la vida, el control, los castigos y el trabajo de los esclavos. Esta explotación provocó que los fugitivos huyeran a las montañas (que en taíno es Ayiti, o sea, tierras altas, de ahí proviene Haití) donde se resguardaban los últimos grupos indígenas. En esa región, los cimarrones continuaron con sus prácticas y cultos, mezclándolos con los de los indígenas y con los santos católicos para que los que seguían siendo esclavos no fueran descubiertos.[14]

Uno de los personajes de la resistencia y oposición a la esclavitud fue el cimarrón François de Mackandal, que auxiliado por sus seguidores envenenó a propietarios de haciendas y dueños de esclavos franceses, hasta su captura, juicio y ejecución en 1758 en Cap Français, hoy Cap Haïtien. Cuenta la leyenda que gracias a sus poderes de houngan (sacerdote vudú), pudo evadir las llamas de la hoguera convirtiéndose en un ave que escapó volando.

La mayor resistencia y lucha contra la esclavitud en la isla fue la revuelta y posterior revolución que inició con la ceremonia vudú, o mejor dicho “oficio” vudú, que encabezaron el houngan Dutty Bookman o Boukman y la mambo (sacerdotisa vudú) Cécile Fatiman, en el bosque Caimán (Bois Caïman) al noreste de Haití, el 14 de agosto de 1791. Fatiman fue cabalgada (poseída) por un avatar del loa Ezili Dantor, del rito Petro (culto originado en la misma isla), una fuerza que simboliza ira y venganza. Como ofrenda sacrificaron un jabalí criollo negro, o una puerca negra dependiendo de la fuente, los ahí reunidos bebieron la sangre del animal como una forma de hacer comunión con el loa y juraron luchar por su libertad o morir en el intento contra los blancos franceses, bien podría decirse que con ello comenzó la independencia de Haití.

De acuerdo con el sitio de internet Historia de África, Bois Caïman era en realidad Nan Bwa Kay Imam que en lengua créole (francés hablado por los esclavos) significa “en los bosques de la casa del Imán”, porque se consideraba a Dutty Boukman como un clérigo musulmán (imán), en lugar de un sacerdote vudú.[15] Es difícil admitir esto porque un imán no presidiría un “oficio” vudú, tampoco compartirlo con una mambo, siendo que los musulmanes afirman que no hay más dios que Alá, Mahoma es su profeta y proscriben de la práctica clerical a las mujeres, mucho menos sacrificar un cerdo y beber su sangre.

Existe poca información sobre Dutty Boukman, pero su apodo se debería a que era un “hombre de libro” (Bookman en inglés), ya sea que poseía o leía el Corán, o porque aprendió a leer y a escribir solo y con mucha facilidad. Ser un esclavo musulmán implicaría que fue capturado por africanos no musulmanes en África occidental (en la región de Senegambia, colonia francesa), y en otras fuentes que indican ser originario de Jamaica difícilmente podría ser musulmán debido al cristianismo dominante en la colonia inglesa. Por enseñar a leer a otros esclavos fue vendido por su amo inglés a un francés de Haití (de ahí Boukman en francés).[16]

Recurrir a la religión para convocar a una lucha no era raro, el cura Miguel Hidalgo, que prescribió la esclavitud en la Nueva España, empuñó una imagen de la virgen de Guadalupe como estandarte de lucha, también lo hicieron diversos líderes islámicos en África occidental llamando a purificar la fe para establecer estados teocráticos en los siglos XVIII y XIX. Hay que destacar que los esclavos de Haití evocaron a las prácticas vudú para hacer frente al sistema esclavista, puesto que el islam proviene de la península arábiga y el cristianismo occidentalizado de Europa, religiones que también se usaron para oponerse (o justificar) la esclavitud. Usar el vudú significaría una reivindicación cultural religiosa por parte de los haitianos.

Lo que queda de esta ceremonia vudú son fuentes francesas, y en ellas la discriminación al culto es evidente, debido a sus prácticas fue satanizado por los europeos (sacrificio de animales y muerte de todos los franceses blancos de la isla). Poco antes de la rebelión en Haití, viajeros franceses ya describían el vudú como demoníaco, y después de la independencia los europeos lo seguían viendo así. Con la intervención de los EUA en la isla a finales del siglo XIX, la mentalidad cristiana de los ocupantes asoció el vudú a una práctica satánica, prejuicio que ha llegado a nuestros días a consumarse en el estereotipo de los zombies en el cine, se piensa en el vudú como una religión de terror y maldad.[17]

Con el fin de la independencia de Haití en 1804 y las convulsiones políticas que le siguieron, muchos haitianos huyeron a las Antillas vecinas, como Cuba, mezclando aún más los cultos y las tradiciones religiosas de santeros y paleros que ya se practicaban en la isla. Otros llegaron a Nueva Orleans, al sur de EUA, influyendo en la vida cotidiana de esta ciudad afrancesada, es el caso de Marie Lavoe, una mulata que adquirió fama por ser practicante, o en su defecto mambo del vudú y que lo ejerció como medio de vida, cobrando a sus clientes por sus “oficios” a mediados del siglo XIX. No sólo eso, cuando Simón Bolívar se refugió en Haití en 1815, el presidente Alexandre Petión lo ayudó con provisiones y hombres en su lucha por la independencia de Sudamérica, pidiéndole a cambio liberar a todos los esclavos negros que encontrara, y así lo hizo.

La falta de recursos económicos que afectó a Haití después de su independencia se debe a este coraje, enojo y discriminación por haberse liberado los esclavos y matar a sus amos. Francia se enriquecía con el trabajo esclavo de sus «colonias, [que] le enviaban 218 millones de libras al año, Saint Domingue era el gran mercado del Nuevo Mundo». A pesar de ello, Francia le impuso a Haití una indemnización de 150 millones de francos en 1825, para reconocer su independencia, que la isla nunca pudo pagar y tuvo que endeudarse desde entonces. Las potencias esclavistas (Francia, Gran Bretaña y Holanda) se niegan a pagar reparaciones económicas a las islas del Caribe, a lo que histórica y moralmente están obligadas, porque todavía hay un trasfondo imperialista y racista que reviste la geopolítica mundial sobre quiénes detentan el poder y la riqueza.[18]

El loa como reencarnación y llamado ancestral

Al revisar los relatos sobre la rebelión iniciada por Dutty Boukman en Haití y la revuelta de Nat Turner en el sur de los EUA, surgen varias similitudes que nos conducen a una interpretación histórica basada en la recuperación del vudú como raíz espiritual y mística africana en su conexión con América.

            Ambos líderes fueron considerados como profetas por sus seguidores, especies de clarividentes, con cualidades físicas y mentales superiores, aprendieron a leer y escribir rápidamente o por cuenta propia y se lo enseñaban a otros esclavos. Boukman bebió la sangre de un puerco en un “oficio” vudú realizado en el bosque el 14 de agosto, pero la rebelión inició el 22 de agosto de 1791, según algunas fuentes. En sus Confesiones, Nat Turner afirma que el Espíritu (después dirá el Espíritu Santo) le habló, le hizo tener visiones místicas (como lo haría un loa, un espíritu, en un poseído) e hizo penitencias en el bosque. Turner vio sangre en forma de rocío en los granos de maíz (como en un sacrificio, la ofrenda en el vudú) y a través de señales en el cielo (un eclipse en febrero) el Espíritu le dio la señal de rebelarse contra los blancos. A su vez, durante la noche de Bois Caïman en Haití, hubo una gran tormenta en el cielo.[19]

Turner y sus seguidores se retiraron al bosque, comieron cerdo e iniciaron la revuelta en Southampton, Virginia, el 21 de agosto de 1831, casi 40 años después de la rebelión en Haití. Ambas revueltas fueron contra el régimen esclavista, se asesinó a varias familias de blancos propietarios de esclavos y en las dos murieron sus instigadores. Se cuenta que Boukman fue abatido en pleno combate el 7 de noviembre de 1791 o cerca de esa fecha. A su vez, Nat Turner cayó prisionero en octubre, hizo sus Confesiones ante un tribunal de blancos (de las que tenemos registro) y fue ahorcado un 11 de noviembre de 1831. Coinciden muchas cosas.

No es casual que existan semejanzas en ambas vidas. En el vudú, tanto de África como de América, cada persona posee un Legba, loa o vudú de las encrucijadas, del cruce de caminos y del destino, es el loa que hace posible la conexión entre las fuerzas sobrenaturales y los seres vivos. Del mismo modo, los loas son reencarnaciones de familiares, antepasados, espíritus, reyes ancestrales o personajes históricos y se asimilan en determinados elementos de la naturaleza, un monte, un bosque, un río, etcétera. Su poder recae en una persona por herencia (por medio de los padres, abuelos o ancestros), a través de sueños, visiones místicas, posesión o a través de alguna enfermedad.[20]

En sus estudios sobre el vudú realizados en Benín y Togo, Marc Augé ubica la figura de Legba como un dios personal, que no sólo define las trayectorias personales y cuida de los lugares colectivos, sino que es una divinidad de la palabra, y por esta razón lo vincula con Hermes, el dios griego de la comunicación. Boukman y Nat Turner poseían el don de la palabra, del convencimiento. En el vudú hay tantos loas como personas, porque a diferencia del islam o del cristianismo es un culto vivo, su historia y poder dependen de las acciones de los humanos: si enferma el hombre, enferma el loa. Si se descuida el culto al loa, pierde fuerza en las solicitudes que los humanos le hagan. Viejos loas pueden adquirir mayor fuerza cuando los hombres que les rinden culto son destacados o esmerados en su devoción:

El componente de la identidad individual se identifica con un antepasado, que se expresa también en la fidelidad a un dios [espíritu] y a un culto [el rito], remite a fin de cuentas al tiempo de los orígenes, cuando realidad divina y realidad humana eran inseparables. Los componentes de la individualidad […] tienen una existencia física, corporal, orgánica: el aliento, la mirada, el parecido (por no hablar de los signos episódicos de la enfermedad) graban en plena carne el juego de los humores, de los sentimientos, de las influencias, esto es, la permanencia atávica [es decir, de los ancestros] y la sombra de lo divino.[21]

            Dutty Boukman y Nat Turner estarían vinculados por medio de un mismo loa, que trasladado desde África, habría reencarnado o cabalgado en ambos dirigentes. Si consideramos la existencia de una memoria o inconsciente colectivo, a la manera de Carl Jung, y que ésta puede ser evocada a través de arquetipos o signos, muchos afroamericanos buscarían en las experiencias místicas religiosas ese regreso a la tierra prometida, a sus ancestros divinos o cultos originarios inconscientemente. La búsqueda de sí mismo y de su pueblo a través del islam de Malcolm X, el nombre de Pantera Negra y las mujeres guerreras, ya no significarían coincidencias. Otros buscan respuestas a sus interrogantes en la Santería, en los orishas de la Regla de Ocha o en el culto a los palos (ngangas) de origen bantú, cultos mestizos practicados en Cuba y diversas regiones del Caribe, o en la fiesta espiritista del Baile en Candela celebrada en octubre en la montaña Sorté de Venezuela. Otras personas son poseídas, cabalgadas o materializadas por ancestros o espíritus que los contactan a través de los loas y que dan continuidad a la identidad, la tradición y a las expresiones culturales afro-mestizas.

No debemos olvidar que hace millones de años los dos continentes, África y América, estaban unidos geológicamente antes de separarse. Gondwana es el nombre que designa al bloque continental en donde la actual costa occidental de África y la oriental de Sudamérica compartían un mismo clima tropical, verde, húmedo y selvático, de manera que las culturas afroamericanas estarían respondiendo a un llamado mucho más antiguo.

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[1] Sobre “lo temprano” de la raza negra: Pierre Bertaux (2013), África. Desde la prehistoria hasta los Estados actuales. 22ª reimp. Tr. Alarcón. México, Siglo XXI editores, p. 11-12. Sobre las pinturas rupestres del Tassili: Basil Davidson (1982), Reinos Africanos. Tr. Iglesias. Madrid, Time-Life Books, p.46-47. El origen africano de la humanidad en Spencer Wells (2007), Nuestros antepasados.

[2] Artículo para la BBC News Mundo de Alejandra Martins (2018), “Del Sahara al Amazonas…”, disponible en: http://www.bbc.com/mundo/noticias-45019573

[3] El artículo de la BBC, “Mansa Musa I, la olvidada y fascinante vida de la persona más rica de la historia”, BBC News, 13 enero 2018. Su paso por Egipto en Bertaux (2013), África, p. 45-46 y Davidson (1982), Reinos Africanos, p. 83-84.

[4] Una interesante investigación sobre ello y la llegada de africanos antes que Colón a América en Mario Moya (2006), Madre África. Presencia del África negra en el México y Veracruz antiguos. México, Editorial Porrúa, p. 162-185.

[5] Catherine Coquery-Vidrovitch y Éric Mesnard (2015), Ser esclavo en África y América entre los siglos XV y XIX. Barcelona, Editorial Casa África, p. 56-58.

[6] Del documental dirigido por David Dugan (1995), Africa: a history denied, Time-Life Video and Television. Hay versión en español: África, la historia olvidada, disponible en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=gm7_tFOTpCI

[7] Malcolm X, Cartas de La Meca, 20 de abril de 1964, en Floyd Barbour (1969), La revuelta del poder negro. Tr. Montaner. Barcelona, Editorial Anagrama, p. 255-256.

[8] Davidson (1982), Reinos Africanos, p. 105.

[9] Asociar negro con esclavo a partir del siglo XVI lo explica Alberto da Costa e Silva (2002), A manilha e o libambo: a África e a escravidão de 1500 a 1700, Rio de Janeiro, Nova Fronteira, capítulo 25 “Escravo igual a negro”, p. 849-877.

[10] El artículo de Kanbengele Munanga (1996), “Origem e histórico do quilombo na África”, en Revista USP, São Paulo, n. 28, disponible en: www.revistas.usp.br/revusp/article/view/28364/30222; y de los jaga, Bertaux (2013), África, p. 125-6.

[11] En Antonio Risério (2007), A utopía brasileira e os movimentos negros. São Paulo, Editora 34, p. 124-130 y 145.

[12] Stokely Carmichael, “Poder y racismo”, en Barbour (1969), La revuelta del Poder Negro, p. 62. Consúltese también Eldrigde Cleaver (1972), Pantera negra después de la prisión. Tr. González. 3ª ed. México, Siglo XXI, p. 39-43 y 49-65.

[13] Las referencias son Assata Shakur (2013), Una autobiografía. Tr. Odriozola, Pre. Angela Davis. Madrid, Capitán Swing. Y Angela Davis (2005), Mujeres, raza y clase. Tr. Varela. Madrid, Ediciones Akal.

[14] Consúltese Laënnec Hurbon (1998), Los misterios del vudú. Tr. López. Barcelona/Buenos Aires, Ediciones BSA/Ediciones B, p. 19-20, 23, 28 y 34.

[15] El artículo “La Revolución Haitiana, Bookman, Cécile Fatiman y la ceremonia de Bois Caimán” (2017), disponible en:

[16] Robbie Shilliam afirma ser Boukman clérigo musulmán y sacerdote vudú en “Black redemption, not (white) abolition”, en Arlene Tickner and David Blaney, eds (2013), Claming the International. Oxford, Routledge, p. 147.

[17] Laënnec Hurbon (1998), Los misterios del vudú, muestra prejuicios de terror hacia el vudú haitiano, p. 29-35 y 48-59.

[18] Dolores Hernández (1997), La Revolución haitiana, México, UNAM: CCDEL, p. 35. Frank Moya (2000), “La independencia de Haití” en Leslie Bethell, ed., Historia de América Latina, 5. Tr. Solá. Barcelona, Crítica, p. 143. El artículo de Valeria Perasso (2015), “La larga batalla de las reparaciones por la esclavitud” para BBC News, disponible en:

[19] Fragmentos de Las Confesiones de Nat Turner en Barbour (1969), La revuelta del Poder Negro, p. 23-27.

[20] Laënnec Hurbon (1998), Los misterios del vudú, p. 16-17, 67, 72 y 103.

[21] Marc Augé (1998), Dios como objeto. Símbolos, cuerpos, materias, palabras. Tr. Bixio. Barcelona, Editorial Gedisa, p. 15 y 16, las letras cursivas (el parecido) son nuestras.

Colonización de África

Se tiene noticia de que algunos italianos ya habían cruzado el desierto del Sahara y establecido en el reino de Malí, para comerciar con oro y llevarlo a los bancos renacentistas de Florencia, Génova o Venecia, porque hacia el siglo XIV ya se tenía noticia de las minas de oro del reino de Mali. Pero fueron los portugueses los primeros europeos que bordeando llegaron por mar a las costas del África occidental. Para las primeras décadas del siglo XV ya se habían establecido en el país que después se llamaría Costa de Oro, donde construyeron el fuerte de San Jorge de Elmina, haciendo alusión a las minas de oro con las que comerciaban, donde también comerciaban con sal, marfil y por supuesto escalvos. Pero el objetivo de explorar las costas del continente africano era buscar un paso que los llevara a las Islas de las Especias o las Indias (porque según lo relatos suponían que no había una India sino varias), porque los reinos musulmanes de Medio Oriente y las disputas al interior de China había cortado las rutas que abastecían a Europa o debido a las aduanas las hacían llegar más caras.

De manera que los portugueses fueron estableciendo puntos de abastecimiento en las costas del continente africano, como en Angola, donde establecieron el puerto de Luanda y encontraron con los jefes de algunos reinos en la región de Congo-Angola, con los que negociaron. Algunos de estos reyes solicitaron misioneros cristianos para adoptar esa religión o enviaron a sus hijos a estudiar en Lisboa, para que adquirieran la civilización cristiana-occidental. Hacia el año de 1488 el navegante Bartolomeu Dias encontró el cabo que dobla al sur del continente, llamado con el tiempo Cabo de Buena Esperanza, donde los portugueses buscaron colocar un punto de abastecimiento, esto significaba que podía dársele la vuelta. Sucedió que Colón, al servicio de la Castilla se encontró con las islas de las Antillas en 1492, de manera que para no entrar en conflicto con Portugal, ambas coronas firmaron un tratado con al aval del Papa, el máximo representante de Dios en la Tierra, para repartirse el mundo (creación de aquél Dios). El Tratado de Tordesillas, llamado así por la localidad donde se firmó en 1493, destinó todas las tierras que se encontraran en las Indias Occidentales a España, y el continente africano y la ruta que llevara a las Islas de las Especias a Portugal. De modo que África debió de haber sido colonizado, siguiendo esta lógica, por Portugal.

            Hacia 1497 salió de Portugal el navegante Vasco da Gama con la intención de doblar el Cabo de Buena Esperanza y hallar la ruta hacia las Indias Orientales, por oposición a las Occidentales. Cruzando dicho punto pasó por el actual Mozambique, donde ubicó puntos de abastecimiento, recorrió la costa oriental del continente, donde se encontró con comerciantes musulmanes, enemigos de los cristianos, y gracias a un piloto indio halló la ruta que lo llevó a India, ahí estableció un punto de comercio en la ciudad de Goa, que hasta el día de hoy habla lo que podríamos llamar un dialecto del portugués. A su regreso en 1498, Vasco da Gama atacó a las embarcaciones musulmanas de la costa oriental africana, para reclamar ese comercio a nombre de Portugal. Debido al conocimiento de varios pueblos africanos por el uso y maleabilidad de los metales, fue difícil que los portugueses los conquistaran, además que el objetivo principal de éstos era el comercio con India y las Islas de las Especias, así mismo lo inhóspito de las regiones, zonas selváticas o desérticas de difícil acceso hicieron dura la labor de penetrar al interior africano. Tampoco lo favorecía que los pueblos africanos interesados en comerciar con los europeos se acercaban a las costas, y ya no había necesidad de ingresar tierra adentro.

            Hacia el siglo XVII los Países Bajos empiezan a despuntar cuando estaban peleando por su independencia de España. La corona de Portugal llegó a caer en la cabeza de Felipe II, monarca español, de manera que los neerlandeses (gentilicio de los habitantes de los Países Bajos) también atacaron embarcaciones tanto españolas (que venían cargadas con riquezas de América) como portuguesas (cargadas con productos de Asia). Los neerlandeses iniciaron con una dinámica más agresiva, se apropiaron de algunos puntos de las costas africanas, en la parte Occidental y en la zona del Cabo de Buena Esperanza, pero sobre todo le arrebataron el puerto de Luanda a los portugueses, y traficaron con esclavos de Angola y los trasladaron a América, donde los neerlandeses le arrebataron la región de Pernambuco, en Brasil, a los portugueses, donde aprovecharon, y crearon más, las haciendas azucareras trabajadas por la mano de obra esclava, tal como lo habían hecho los portugueses. Los cargamentos de azúcar iban directo a Europa, donde eran vendidos a buen costo, con lo cual los neerlandeses obtenían ganancias, porque les costaba poco producir ese azúcar, traficando con esclavos, mano de obra barata que trabajaba casi gratis y vendiendo el producto de ese trabajo a altos costos.

            Fue lo que se denominó el Comercio Triangular del que primero los portugueses, luego los neerlandeses, los franceses y finalmente los británicos sacaron provecho y ganancias a través de un sistema de trabajo esclavo. Tarde que temprano los británicos empezaron a tomar el liderazgo del comercio en el Océano Atlántico, y poco a poco despojaron a los neerlandeses, haciéndoles la guerra. Daneses, franceses y británicos buscaron la forma de instalar puertos en las costas occidentales de África, como había hecho Portugal anteriormente, pero hacia el siglo XVIII los británicos ya controlaban el mayor porcentaje del tráfico negrero del continente africano. El Comercio Triangular podría resumirse así: salían con sus barcos de Europa, cargados con armas de fuego, ron, caballos y otras mercancías, se dirigían a las costas africanas donde las intercambiaban por oro, sal, marfil y principalmente por esclavos, que eran trasladados a América, los británicos tenían colonias en la isla de Jamaica y en Belice, que le habían arrebatado a España, donde tenían haciendas azucareras, pero también hacia sus colonias en Norteamérica, donde eran empleados para los cultivos de algodón, tabaco, trigo y arroz, productos que eran llevados de nuevo a Europa y vendidos a buenos precios, obteniendo grandes ganancias con ello.

            Hacia el siglo XIX empezaron a realizarse una serie de exploraciones al interior del continente africano bajo las premisas de ser misiones científicas pero también misiones religiosas para conocer la geografía africana y para evangelizar a los pueblos que vivían en su interior. La más importante fue la del Dr. Livingstone, que partió del sur de África, de la Colonia del Cabo, que los británicos habían invadido y donde se habían instalado colonos neerlandeses, a los que se les llamó bóers, porque Gran Bretaña le había hecho la guerra a los Países Bajos y les quitó algunos puntos en todo el globo terráqueo. Livingstone tomó rumbo hacia el Norte y se encontró con los lagos centrales del continente africano, siguió más al Norte y se topó con un gran lago al que llamó Lago Victoria, sin importarle si ya tenía un nombre por los pobladores locales, en honor a la reina Victoria del Reino Unido de Gran Bretaña. Livingstone mandaba informes de las cosas que iba encontrando, los recursos, el clima, los animales y pueblos, hasta que dejaron de llegar informes. El rey de Bélgica, Leopoldo II, viendo la posibilidad de sacar provecho de esta situación, envió a un periodista gringo, Stanley, que trabajó bajo sus órdenes, para explorar el río Congo y de paso averiguar qué había pasado con Livingstone, al que finalmente halló contagiado de una enfermedad propia de estas zonas tropicales.

            Para finales del siglo XIX las principales potencias europeas ya tenían conocimiento de los recursos de África gracias a otras exploraciones tanto científicas como de informes de misiones que buscaban cristianizar a los pueblos del interior, esto respondía a los intereses imperialistas de las potencias, a su ambición por adquirir colonias de las cuales extraer materias primas baratas y aprovechar la mano de obra barata que sacaban de esas colonias. Para evitar confrontaciones, el ministro del estado alemán, Otto Von Bismark, se encargó de arreglar las relaciones diplomáticas de las potencias para llegar a acuerdos sobre África. El papel preeminente de Alemania en Europa se debía en parte a que había ganado una guerra contra Francia, y se estaba convirtiendo en la potencia del centro de Europa y se estaba industrializando aceleradamente, de manera que requería de materias primas para sus fábricas. Fue así como hubo varias reuniones en lo que se llamó el Congreso de Berlín, en la capital alemana, entre 1884 y 1885, para acordar la repartición de África, donde se tomaron en cuenta los puertos y las colonias que ya poseía cada potencia en las costas y algunas al interior, hubo países que enviaron tropas para así poder reclamar con mayor argumento, fue el caso de Francia y Reino Unido de Gran Bretaña que poseían las mejores tropas para invadir esos territorios y quienes se quedaron con la gran mayoría del continente. España y Portugal reclamaron sus antiguas posesiones, y Leopoldo II de Bélgica reclamó el territorio que recorre gran parte del río Congo, Italia reclamaba Libia y décadas más tarde invadió Etiopía, mientras que Alemania que estaba construyendo su flota naval apenas pudo reclamar cuatro colonias, pero de considerable tamaño.

            Hacia la década de 1860 los franceses se dieron a la tarea de llevar a cabo la construcción del Canal de Suez, en Egipto, que ahorraba el tiempo de traslado de mercancías de Europa a Asia y viceversa y ahorraba también combustible, pues las máquinas de vapor ya estaban presentes en los barcos mercantes. Egipto significó siempre un punto estratégico para Europa, hay que recordar que Napoleón Bonaparte lo invadió y puso en jaque a las tropas británicas ahí instaladas a principios del siglo XIX. Ahora, el Imperio Británico estaba muy interesado en el canal, porque beneficiaba la comunicación con su colonia India, la joya de la corona, como se le decía, de manera que el gobierno llegó a un acuerdo con la casa bancaria de la familia Rothschild para adquirir todas las acciones del canal y lograr comprárselo a Francia, de donde obtenía ganancias por el cobro de aduana e impuesto de paso a todas las embarcaciones que pasaban por ahí. Tal vez esto fuera el origen de una disputa entre el Imperio Francés y el Británico cuando se repartieron el continente a finales del siglo XIX. Ante el desconocimiento de la región y la geografía, tropas británicas marchaban hacia el sur de Egipto y tropas francesas partían del centro de África hacia el norte, hasta que se encontraron en el sur del actual país de Sudán y estuvieron a punto de desatar una guerra entre ambas potencias, pero finalmente llegaron a un acuerdo, un acuerdo que perduró hasta la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.

            Toda la producción y extracción de recursos del continente africano fue a parar a Europa, era la lógica de imperialismo de las grandes potencias, que exponían los productos exóticos de los continentes donde poseían colonias en lo que se llamaban la Exposiciones Universales, celebradas cada año en diferentes ciudades de Europa y de Estados Unidos, como una muestra del poder de extracción de los recursos de aquellas colonias. Pero también se usó a varias personas nativas para exhibirlas en zoológicos humanos, se atraía con trampas y mentiras a pobladores de estas colonias y se les metía en circos o zoológicos, para así mostrar y poner a prueba las teorías de la evolución de la humanidad, en la cual los pueblos más “avanzados” y “civilizados” eran los europeos y Estados Unidos, por considerarse en la cúspide del progreso humano con su industrialización (que contaminaba, alteraba el clima, explotaba indiscriminadamente la naturaleza y la mano de obra) y que debajo de ellos se iban posicionando otros pueblos y países, hasta llegar a los que ellos consideraban los más “primitivos”, entre los cuales se encontraban los pigmeos del centro de África. Una de las personas usadas para estos fines fue Ota Benga que vivió entre zoológicos, circos y casas de caridad a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

            En esa misma época se dio el caso de los grandes monopolios capitalistas, uno de ellos fue el que encabezó el empresario británico Cecil Rhodes, quien aprovechó su nombramiento como primer ministro en la Colonia del Cabo para expropiar y arrebatar tierras a los pueblos africanos de la región, dio pauta a la construcción de un ferrocarril que atravesara y uniera las colonias británicas desde el sur en la Colonia del Cabo hasta Egipto en el norte, pero no logró concretarlo. Sacando ventaja de su empresa minera fue financiando la colonización cada vez más al norte de la Colonia del Cabo, hasta llegar y pasar las tierras de los bóers (los descendientes neerlandeses de los que habían llegado al Sur de África desde los siglos XVII y XVIII) y colonizar más territorio a nombre de Reino Unido. Se hizo de la colonia a la que llamó Rhodesia, en donde poseía minas de minerales y de diamantes. La confrontación con los bóers provocó una serie de batallas y enfrentamientos a los que se les llamó la Guerra de los Bóers, en las cual los estados independientes con población bóer al frente del gobierno se levantaron en armas en contra del mandato británico La guerra terminó en 1902 y los bóers fueron sometidos por los británicos, lo cual amplió las colonias del Reino Unido en la región.

            La competencia imperialista entre las potencias europeas las llevó tarde que temprano a la Primera Guerra Mundial, y tal como la tendencia internacionalista del movimiento obrero europeo criticaba dicha confrontación, se trataba de una guerra imperialista, porque finalmente el botín de guerra de las potencias vencedoras, en este caso Francia y Reino Unido, fue arrebatarle y ocupar las colonias que Alemania tenía en África, de donde fueron expulsadas las tropas alemanas, aunque algunos colonos alemanes continuaron habitándolas. En el caso de Francia y de Bélgica, aprovecharon le poder que tenían sobre la población de sus colonias africanas para que varones africanos fueran enlistados en el ejército francés y combatieran en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial contra los ejércitos alemanes, y una vez que Alemania fue derrotada, muchas de estas Legiones Senegalesas, como se les llamaba, ocuparon territorio alemán, lo que provocó molestias entre la población alemana derrotada y que más tarde se sumaría al creciente racismo que surgiría con el Partido Nazi una vez en el poder.

Historia 7B Expansión de los Estados Unidos de América

Los Estados Unidos de América (EUA) también experimentaron su proyecto imperialista, que fundía sus raíces desde tiempos de la colonización europea en las costas del Este de Norteamérica. Si uno de los factores de la lucha de independencia de las Trece Colonias Inglesas fue la demanda cada vez mayor de tierras hacia el Oeste . Los colonos ingleses y europeos que llegaban a las Trece Colonias Inglesas de América demandaban cada vez más tierras hacia el Oeste, estableciendo asentamientos cada vez más lejos de las autoridades británicas, lo que provocaba problemas con los indígenas que ahí habitaban, porque los británicos habían llegado a acuerdos con ellos para que los indígenas apoyaran a los británicos en contra de los franceses, otros europeos que también se interesaban en colonizar esas regiones y luchaban intensamente contra sus enemigos británicos.

Las constantes fricciones entre británicos y franceses por disputarse las regiones de los Grandes Lagos de Norteamérica, buscando el apoyo de los grupos indígenas a favor de uno u otro, desembocó en una guerra que se libró tanto en Europa como en América, la Guerra de los Siete Años entre 1754 y 1763, el Reino Unido de Gran Bretaña (UK) envió a una gran cantidad de tropas hacia sus colonias en América, las cuales lograron avanzar hasta el corazón de la Norteamérica francesa (el actual Québec en Canadá) e impusieron una derrota contundente a sus enemigos en la ciudad de Montreal, el fuerte más atrincherado, de esta manera los británicos se quitaron de encima al proyecto colonial francés, aunque muchos de los habitantes de esa región siguieron hablando y conservando costumbres francesas (por esta razón en Québec se sigue hablando francés aunque fue territorio colonial británico por muchos años).

La estadía de aquellas tropas británicas en las colonias americanas incomodaron a los colonos, quienes se veían obligados a darles alojamiento y alimentación, además de soportar sus borracheras, abusos, pretensión y molestias a sus hijas, lo que provocó un sentimiento de rechazo hacia las autoridades coloniales inglesas. Con los gastos económicos de la Guerra de los Siete Años, UK recurrió al alza de impuestos y al cobro de aduana y otras tasas a las Trece Colonias Americanas, para compensar la deuda contraída en las batallas. El alza de precios y de impuestos a muchas mercancías molestó a los colonos, quienes también deseaban comerciar libremente con otros países y regiones (como las islas del Mar Caribe). Grupos indígenas, como los iroqueses, habían ayudado a los británicos en sus guerras contra los franceses, de manera que UK les había prometido que los colonos no demandarían más tierras, lo cual molestaba también a los colonos, que deseaban expandirse cada vez más hacia el Oeste. Estos factores, en resumen, provocaron la Independencia de las Trece Colonias de su metrópoli UK y separarse de la corona británica. Primero con una serie de protestas que los británicos acallaron con la represión y la muerte de varios manifestantes como sucedió en Boston.

La Independencia de las Trece Colonias Inglesas de América fue dirigida por los grandes terratenientes y ricos comerciantes, una clase inglesa americana acomodada, privilegiada, blanca, racista y distinguida, que buscaba conservar su estatus pero quitándose de encima la tutela de la corona británica, que no los dejaba desarrollarse y enriquecerse como ellos querían. Francia y España, imperios enemigos de UK vieron la oportunidad de debilitar a su archienemigo, de modo que decidieron apoyar a los patriotas americanos (como ellos se llamaban) para lograr su independencia y así quitarle a UK poder en esa parte de América. Francia aportó soldados y oficiales militares a la causa, así como cañones, pero muchos de esos soldados como el general Lafayette regresaron a Francia impregnados de ideas de libertad y autonomía, al punto de apoyar la Revolución Francesa, que tumbó a Luis XVI, el rey que había contribuido a la independencia de las Trece Colonias. España apoyó a los patriotas con provisiones de sus colonias como Florida, Cuba y Nueva España, sobre todo alimentos. Así fue como el general George Washington impulsó a sus tropas a ganar las batallas contra los británicos, la guerra de independencia finalmente acabó en 1783, firmada con un tratado en París, la capital francesa.

Una vez independientes y recién formados los Estados Unidos de América (EUA) rompieron los acuerdos con los indígenas y se expandieron por tierras cada vez más al Oeste, lo que terminó con la anexión del amplio territorio conocido como el Valle del Ohio, que era originalmente habitado por indígenas. Esto desató escaramuzas y la guerra con la Confederación Iroquesa (una asociación de todas las tribus y clanes de lengua iroquesa). Los colonos masacraron a los indígenas y los expulsaron de sus tierras, en el periodo que va del fin de la guerra de independencia hacia principios del siglo XIX (1800), ampliaron su frontera interior hasta el río Mississipi.       

Aprovechando las guerras napoleónicas que se desarrollaban entre Francia y UK y sus aliados en Europa, los EUA compraron el territorio (por cierto, no muy bien definido) de Luisiana a Napoleón en 1803 (Bonaparte necesitaba dinero para sus guerras). También aprovechándose de que UK estaba entretenida con Napoleón, los EUA intentaron apropiarse de los territorios de Canadá, que era una colonia inglesa, y por ello sufrieron una guerra contra Gran Bretaña en 1812, que los aplastó y las tropas británicas entraron a la capital y quemaron la Casa Blanca, la residencia del presidente de los EUA.

Incendio de la Casa Blanca por los británicos, 1812.

Los EUA compraron la península de Florida a España hacia 1819, masacraron y aniquilaron a los indígenas seminolas que se opusieron al arrebato de sus tierras. Con el tiempo, la capacidad de colonización de los gabachos era tan avasallante que incitaron la migración de colonos a la provincia mexicana de Texas. Cuando la Nueva España se independizó de España, muchos colonos texanos deseaban independizarse tanto de España como de la capital México, por lo que Antonio López de Santa Ana, un joven general, fue enviado para reprimir la revuelta. Pero con el paso de los años llegaron más gringos a establecerse en Texas con sus esclavos africanos, lo cual iba en contra de las leyes mexicanas, que prohibían la esclavitud. México, al mismo tiempo quería colonizar esas tierras porque estaban muy deshabitadas y los indígenas hacían correrías, pero los mexicanos no querían ir hasta allá, les parecía muy lejos. Los colonos gabachos aprovecharon esta situación para hacer de Texas una república independiente en 1835. El ahora presidente Santa Ana reunió tropas para ir a someter a los colonos gabachos como antes lo había hecho, al principio los derrotó en El Álamo, pero después sufrió una derrota y fue capturado. Tuvo que ir hasta Washington en ferrocarril para negociar la paz a cambio de salvar su vida. La condición de independencia de Texas era que no se integrara a los EUA.

Desafortunadamente, la república de Texas se integró a la Unión Americana en 1845, como era de esperarse, provocando una guerra con México entre 1846 y 1848, que finalizó con la derrota de éste último y la posterior anexión de los territorios del norte de México, lo que hoy conforman varios estados del sur de EUA. La colonización de los territorios arrebatados a México aumentó cuando en 1848 se descubrieron yacimientos y pepitas de oro en ríos del estado de California. Quienes se beneficiaban de estas anexiones de nuevos territorios eran los grandes hacendados, que después las vendían haciéndose más ricos, y también los comerciantes que vendían sus productos a los nuevos colonos que iban en busca de tierras propias, el inicio del Sueño Americano, de muchos migrantes y gringos que querían ser propietarios de tierras, para sembrarlas y tener ganado, y que a su vez defendían con arma y rifles en mano.

La colonización de los gringos en estas tierras se llevó a cabo por medio de la expulsión, rechazo, exterminio y reclusión en reservas de los indígenas nativos, quienes originariamente vivían ahí. Desde los primeros contactos, con el mercado de pieles y otros recursos, los indígenas adquirieron caballos, alcohol y armas, principalmente. Y los colonizadores les obligaban a vender injustamente sus tierras o les hacían la guerra, lo que provocó la aniquilación de varios grupos étnicos y de su cultura, o en su caso, la forzada migración cada vez más al Oeste. La masacre que dio al traste con la poca libertad migratoria de varios grupos sioux fue en la localidad de Wounded Knee (Dakota del Sur) en 1890, cuando el ejército gringo asesinó a más de 300 indígenas, entre mujeres, ancianos y niños.

Masacre de Wounded Knee, 1890.

El expansionismo norteamericano no se detuvo ni se ha detenido ahí. Hacia los últimos años del siglo XIX su penetración en el Caribe los llevó a absorber Puerto Rico, cuando provocaron una guerra contra España en 1898 para arrebatarle la influencia en el Mar Caribe, casi apropiándose de Cuba, pero sí de las islas Filipinas en Asia, que eran españolas. Los EUA han invadido Haití varias veces bajo el pretexto de lograr la paz. Para conectar la costa Este como la costa Oeste, los EUA recurrieron a la construcción de un ferrocarril transcontinental en 1860 que atraviesa todo el país, empleando en California mano de obra de chinos que después fueron discriminados y expulsados a México (donde fundaron Mexicali). También se interesaron en la vía marítima y en dos ocasiones buscaron construir canales en México (gavillas de gringos intentaron arrebatar Baja California, Sonora y Chihuahua a finales del siglo XIX), hasta que por fin formalizaron la construcción del Canal de Panamá, que fue inaugurado en 1914, lo que le permitía a EUA pasar mercancías y tropas a ambas lados de los océanos Atlántico y Pacífico, y también cobrarles aduanas a los barcos europeos que por ahí cruzaban.

Gran Bretaña promovió la abolición de la esclavitud, primero por una cuestión de orden moral (empezó a ser mal vista) y segundo por una cuestión económica: los esclavos no cobraban un salario, como sí lo hacían los obreros y trabajadores industriales, y la mano de obra esclava podría significar una competencia desleal para el nuevo régimen económico asalariado creada por la Revolución Industrial. Al esclavo había que construirle una casa donde vivir y alimentarlo, vestirlo y cuidarlo para que durara mucho y trabajara más, en cambio al obrero sólo se la paga un mísero sueldo y ya. En casi todos los países de Occidente se prohibió la esclavitud hacia mediados del siglo XIX, pero EUA la mantuvo hasta 1861, año en que Abraham Lincoln la abolió, causando la Guerra Civil o Guerra de Secesión de EUA, altamente cruenta y que finalizó en 1865. Los estados esclavistas del sur de EUA, que dependían de la mano de obra afrodescendiente, producían tabaco, caña de azúcar y algodón, en su mayoría, éste último iba a parar a los telares industriales británicos y franceses para convertirse en ropa y telas que después vendían más caras. (Cuba y Brasil -1889- fueron los dos últimos países de América en abolir la esclavitud.) A su vez, los estados industrializados de EUA dependían del régimen económico asalariado, fueron quienes ganaron la Guerra Civil Norteamericana, porque tenían industria textil que competía contra la europea. Por un momento en la historia, hubieran existido dos Estados Unidos, la Unión y la Confederación.

Tráfico negrero de África hacia América

En la segunda mitad del siglo XIX figura otra revolución industrial que opera con el petróleo, la industria petro-química inicia su despegue, y el magnate del petróleo en EUA, John Rockfeller, se encarga de monopolizar la venta, producción y procesamiento del crudo, casi mundial, a través de su empresa Standard Oil y demás filiales, que a su vez controla una red de bancos en EUA.

Caricatura del magnate del petróleo David Rockefeller

La ideología de superioridad de los EUA se encuentra en lo que llaman el Destino Manifiesto, que data también de los primeros años de formación del país como nación independiente. Consiste en creer que ellos, los anglo-sajones blancos protestantes (WASP, por las siglas en inglés de White Anglo-Saxon Protestants), además de ser el pueblo elegido de Dios, están destinados manifiestamente a ser los civilizadores de las nuevas tierras americanas, el paraíso que Dios les ha otorgado, y por extensión de todo el mundo, por eso es que, según ellos, han triunfado al expandirse hacia el Oeste, y por ser los mejor dotados para llevar la labor de la civilización a estas tierras, se sienten con el derecho de despojar o eliminar a los habitantes originarios, como los indígenas, o a los españoles o sus descendientes y mestizos mexicanos que habitaban esos territorios, porque esos pueblos no son los elegidos ni tampoco son trabajadores (desde la mirada de la ética protestante), ni civilizados. En algún momento de la Guerra contra México, los gabachos pensaron en anexionarse todo el país, pero consideraron que la población mexicana echaría a perder la democracia norteamericana, que consideran uno de los pilares de su civilización, aunque poseían esclavos todavía en esos años.

Una de las políticas que se implementó como consecuencia del Destino Manifiesto, fue la Doctrina Monroe, llamada así por un discurso pronunciado por el entonces presidente de los EUA, James Monroe, en 1823. En pocas palabras decía «América para los americanos», en alusión a las ambiciones de las potencias europeas de oponerse a los proyectos independentistas de los países de América Latina, porque estaban siendo perdidas por España como consecuencia de las guerras napoleónicas, y con la derrota de Napoleón, los imperios europeos buscaban restablecer el orden. En realidad, el mensaje implícito de la Doctrina Monroe parecía decir «América (el continente) para los gringos (ellos mismos se llaman americanos)».

Fuentes:

Asimov, Isaac. La formación de América del Norte. Desde los tiempos primitivos hasta 1763. México, Alianza Editorial, 1983.

Marienstras, Élise. La resistencia india en los Estados Unidos. México, Siglo XXI editores, 1982.

Zinn, Howard. La otra historia de los Estados Unidos. Desde 1492 hasta hoy. New York, Siete Cuentos editorial, 2011.

Historia 3 Auge Económico de los Países Bajos Siglo XVII

Cuando el pirata francés Jean Fleury (Juan Florín) se robó el tesoro que Hernán Cortés estaba enviando a España desde América durante la Conquista de México en 1522, y lo llevó a los puertos del norte de Francia y de la provincia de Holanda, Europa descubrió las riquezas del Nuevo Mundo, entonces se apresuraron a llevar a cabo exploraciones en las nuevas tierras.

A finales del siglo XVI los Países Bajos (que a veces llamamos Holanda, aunque Holanda es la provincia más grande y próspera de este país, su nombre correcto es Países Bajos) luchaban por su independencia contra España, porque durante algunos años fueron colonia de este último país debido a las herencias reales de las casas dinásticas, en este caso de Carlos I de España y V de Alemania. Algunas razones por las cuales deseaban independizarse fueron: 1. Económicas, porque deseaban comerciar con los países y comerciantes que ellos desearan y España no se los permitía, buscaban la libertad de comercio. 2. Políticas, odiaban al rey de España, Felipe II, que fue el sucesor de Carlos, porque les enviaba ejércitos españoles para someterlos y, además, los Países Bajos querían autogobernarse, en contra de la monarquía española propusieron una república, es decir buscaban libertad de gobierno. Y 3. Religiosas, pues los neerlandeses (gentilicio de los habitantes de los Países Bajos) habían adoptado la Reforma Protestante, lo que los convertía en cristianos protestantes, a su vez, como eran colonia de España, que era católica, no le permitía esa desviación de dogma religioso, por eso buscaban la libertad de culto.

En 1517, el sacerdote alemán Martín Lutero propuso una serie de reformas a la Iglesia, pero como desde Roma recibió oposición, tuvo que hacerlo en forma de protesta, por eso se le conoció como la reforma protestante. Iba en contra de la corrupción y actitudes que consideraba malas de la Iglesia que se imponía desde Roma a gran parte de Europa. La Reforma Protestante fue bien recibida por familias reales en Alemania y se fue extendiendo a países del norte de Europa, donde los Países Bajos la adoptaron. En cambio, países del Sur de Europa como Italia, Francia, España y Portugal siguieron fieles al Papa en Roma y lanzaron la Contrarreforma, para atacar a los protestantes y conservar el catolicismo. En los países del norte de Europa empezó a desarrollarse lo que podríamos llamar una ética protestante que se basaba en el trabajo arduo y duro, ahorrar dinero e invertirlo y explotar al máximo la naturaleza para sacar el máximo provecho. Esta ética protestante fue puesta en práctica por gran parte de los neerlandeses (habitantes de los Países Bajos) y sobre todo por sus economistas y comerciantes, es la ética que algunos autores consideran como la fuerza que creó el espíritu capitalista de empresa.

El despunte económico neerlandés se debió a un sistema financiero bien establecido que se apoyó en la fundación de un banco central, llamado el Banco de Ámsterdam (la ciudad más grande y próspera) en el año de 1609. Esta institución financiera estaba vinculada al gobierno, al que le prestaba dinero, y a los comerciantes. También guardaba los depósitos de dinero y emitía monedas o billetes, y finalmente prestaba dinero a las Compañías de comerciantes para que pudieran hacer sus negocios y traer mercancías y materias primas de los otros continentes.

La otra institución financiera que promovió el auge económico de los Países Bajos en el siglo XVII fue la Bolsa de Valores de Ámsterdam, el lugar donde se cotizaban todos los precios de todas las mercancías que se comerciaban y traían las compañías navieras.

Esta dinamización de la economía vino acompañada del despunte de dos compañías transnacionales, que usaban barcos armados y mercantiles para llevar a cabo sus acciones de comercio, primero para enfrentarse a la flota española contra la que luchaban y después para tumbarles el comercio con el Nuevo Mundo y extraer riquezas. Una era la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales que empezó a llevar sus navíos al Atlántico para realizar acciones de piratería contra las embarcaciones españolas. Cuando España y Portugal unieron sus coronas en una sola para formar una sola monarquía católica, esta compañía atacó la colonia portuguesa de Angola y se apropió de enclaves portuarios desde donde capturaba y comerciaba esclavos para trasladarlos a Brasil, pues los neerlandeses les arrebataron la provincia de Pernambuco a Portugal, donde establecieron haciendas de caña, el azúcar lo transportaban a Europa y lo vendían con grandes ganancias.

La Compañía también fundó la colonia del Cabo en el extremo sur de Sudáfrica, como un puesto de abastecimiento para su travesía hacia la India y las Islas de las Especias y Japón en Asia, para arrebatarles a los portugueses el comercio de té, incienso, canela, clavo, nueces, algodón, seda, entre otros productos y que luego distribuían a toda Europa. Esta compañía se apoderó de Las Islas de las Especias, que actualmente es el país conocido como Indonesia, y fue colonia de los Países Bajos hasta después del fin de la Segunda Guerra Mundial.

La Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales fue a Norteamérica donde fundó una colonia. En 1626, el gobernador de la compañía, Peter Minuit, le compró por 60 florines a unos indígenas que iban pasando por ahí, la parte sur de la isla de Manhattan, donde establecieron familias neerlandesas y franceses. A la colonia la llamaron Nueva Ámsterdam, que servía como puerto para exploraciones al norte del Río Hudson y se conectaba con Europa a través del Atlántico. Asimismo, dicha compañía se instaló en el Caribe, en Curazao y Guyana, donde tenía haciendas de caña de azúcar, que hacía trabajar con mano de obra esclava traída de África.

La dinámica capitalista se trataba de comprar materias primas baratas, procesarlas barato (para ello usaban la mano de obra esclava de los africanos) y venderlas caro en Europa, y así obtener más ganancias. Mejoraron su tecnología convirtiendo sus barcos en unos más veloces y consiguiendo mejores armas, así monopolizaron el transporte de mercancías durante gran parte del siglo XVII en el océano Atlántico y en Asia, para lo cual mandaron hacer mapas más precisos del globo terráqueo.

En conclusión, esto es el umbral del capitalismo, un régimen económico violento y abusivo, porque se basó en la guerra para arrebatar riquezas y territorios a otros países y pueblos, elitista e imperialista, porque sacó provecho de la mano de obra esclava de África, y provechoso porque cobraba más caro para sacar provecho de la producción de mercancías, financiero porque prestaba capital con intereses para promocionar un comercio más agresivo con las mercancías y materias primas de los demás continentes. Si España y Portugal sentaron las bases para un comercio global imponiéndose en otras latitudes, los Países Bajos lo introdujeron en la dinámica capitalista a base de hacerles la guerra a estas dos monarquías ibéricas.

Esta época trajo consigo un impulso a las artes, por parte de los países católicos a lo que se conoce como barroco, con mayor apego a los temas religiosos, y en los países protestantes a una temática más laica. La ciencia comenzó a desprenderse de ciertos aspectos mágicos y teológicos, para dar paso a una mayor observación de los fenómenos y la deducción de teorías comprobables y demostrables, representativo de ello es el cuadro de Rembrandt van Rijn, La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, pintado en 1632. Con las riquezas adquiridas se construyó el Palacio Real de Amsterdam en este siglo XVII, llamado también siglo de oro neerlandés.

Fuentes:

Francisco Serratos. El Capitaloceno, una historia radical de la crisis climática. México, UNAM/Festina, 2020.

Immanuel Wallerstein. El moderno sistema mundial II: La consolidación de la economía-mundo europea, 1600-1750. México, Siglo XXI, 1984.

Max Weber. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. México, FCE, 2012.

Historia 6 Movimientos Socialistas

Los obreros se organizan

Con la Revolución Industrial figuraron dos clases sociales: el proletariado (la fuerza de trabajo) y la burguesía (los dueños de los medios de producción y nuevos servicios). Los obreros de las fábricas empezaron a organizarse, dando pauta a varios movimientos u organizaciones para mejorar sus condiciones de vida:

Ludismo:

Movimiento espontáneo sin organización que inició en Inglaterra en los primeros años de la industrialización, debe su nombre a un supuesto o real Ned Lud, artesano que destruyó máquinas porque les quitaba el empleo a los artesanos. Hubo varios disturbios tumultuosos que destruían máquinas entre 1806 y 1816, también en otras partes de Europa. Esto ya no significaba una negociación con la autoridad, sino la confrontación y el odio a la máquina. Hacia 1996 apareció una especie de Neoludismo en la figura de Theodore Kaczynski, un profesor de matemáticas que abogaba por la destrucción del sistema tecno-industrial, pero que realizaba actos de terrorismo.

Cartismo:

Es el primer movimiento obrero organizado, un grupo de obreros ingleses redactó una carta (de ahí el nombre del movimiento) de índole política, que fue enviada al Parlamento inglés y al rey, entre otras cosas pedía mejoras en las condiciones laborales, la reducción de la jornada laboral, regulación del trabajo de niños y mujeres, y sobre todo extender el voto a los obreros (pero únicamente a los varones). Lo cual venía a significar una solicitud a la autoridad, ya no una confrontación como en el caso del ludismo.

Socialismo utópico:

Desde el siglo XVIII varios filósofos plateaban teorías para mejorar la vida de la sociedad. Robert Owen, hijo del dueño de unas fábricas, decidió poner en marcha proyectos que incluyeran y mejoraran las condiciones de vida de sus obreros, entre los años de 1824 y 1840. Fundó “colonias cooperativistas” basadas en la cooperación, en Reino Unido y en los Estados Unidos, donde adquirió tierras en el estado de Indiana, y también intentó fundar una colonia en Coahuila (México), pero los problemas políticos en ese país lo impidieron. Se cree que fracasó su proyecto por las ambiciones y envidias de los miembros que las conformaban, de ahí que se le llame utópico (el ideal de un mejor mundo). Su sistema cooperativista buscaba que todos los miembros de la colonia se beneficiaran por el igual del fruto del trabajo de todos, de manera que todos cooperaran, pero no fue así.

Flora Tristán:

Una de las primeras feministas socialistas fue Flora Tristán, de madre francesa y posiblemente padre peruano de la aristocracia de apellido Tristán, que se encontraba en la ciudad de Bilbao en esa época pero que no llegó a concretarse un matrimonio legal, existe la hipótesis de que Flora pudiera ser hija de Simón Bolívar (el Libertador de América) porque se encontraba en aquella ciudad española por aquellos años. Flora y su madre vivieron en París, y ante la pobreza la madre metió a trabajar a su hija a un taller, donde el dueño era un hombre mayor apellidado Chazal, quien aprovechando la situación convenció a la madre de casarse con Flora cuando ella tenía 17 años de edad. Con Chazal tuvo dos niñas pero ante la violencia con la que era tratada, Flora decidió abandonar al marido. Un día se lo encontró en las calles de París, en medio de la discusión Chazal le disparó por la espalda, y casi la mata, lo que los llevó a un juicio que resultó favorable para ella. Partió a Inglaterra donde trabajó en fábricas textiles y también como sirvienta en casas de familias acomodadas y escribió un texto sobre las obreras inglesas.

Flora partió rumbo a Perú para ver si podía conseguir una parte de la herencia o una pensión por parte de la familia peruana de parte de su padre, pero en el país americano fue rechazada y discriminada, por lo que fue denominada paria (una persona marginada de la sociedad). De regreso a París trabajó en fábricas y luchó por los derechos de la clase obrera, era autodidacta y le gustaba leer, por lo cual tenía facilidad para escribir. Uno de sus libros más destacados fue Unión Obrera, publicado en 1846, en el cual defiende el derecho de las mujeres a trabajar dignamente, empleó la palabra obreras para dirigirse a este sector exclusivamente, señaló que de entre la clase obrera explotada había una persona más explotada aún, y esa era la mujer del obrero, que además de trabajar tenía que regresar a casa a realizar labores domésticas y de crianza. Se da cuenta de la importancia de la educación de las mujeres y de los hijos de las obreras, y el corolario de su libro es que tanto obreros como obreras deben unirse para luchar en contra de sus explotadores, que son los burgueses.

Socialismo científico o materialismo histórico:

Por la liberación de las clases sociales bajas y trabajadoras se ha considerado a la Revolución Francesa como un antecedente práctico del socialismo, su lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad” son muy significativos en este sentido. El año de 1848 es importante debido a las revoluciones obreras y populares que se dan en gran parte de Europa, en ese año Karl Marx y su amigo Friedrich Engels publicaron El manifiesto del partido comunista, que entre otras cosas podemos sintetizar así: El motor (como si fuera una máquina) de la historia es la lucha de las clases sociales, y esa lucha se había dado a lo largo de la historia entre amos de esclavos contra esclavos en la Antigüedad, en los Señores feudales contra sus siervos durante la Edad Media, y con el inicio de la Revolución Industrial en los burgueses (los dueños de los medios de producción) contra los proletarios (la mano de obra que trabaja en pésimas condiciones para ellos), una fórmula que podemos resumir en la lucha de los opresores contra oprimidos. De manera que el objetivo de la lucha sería LIBERAR A TODOS DE LA OPRESIÓN.

El plan para lograr dicha liberación, indicaban los autores del texto era que a través de una concientización de clase: 1. Se educara a las clases trabajadoras. 2. Se organizara en sindicatos que defiendan los derechos de los trabajadores y 3. Se fundara partidos políticos obreros, para que se tomaran los medios de producción o el poder, y entonces 4 Establecer un Estado socialista que velara por los derechos de la clase obrera y oprimida de la sociedad. Con el paso del tiempo las organizaciones obreras, los sindicatos y partidos políticos obreros se fueron organizando cada vez más hasta que se estableció una

Primera Asociación Internacional de Trabajadores:

La Primera Internacional de Trabajadores se fundó en Londres en 1864. A lo largo de sus múltiples reuniones en varias ciudades de Europa se dividió la opinión entre lo que podríamos llamar marxistas y anarquistas. Los marxistas eran los seguidores de Marx que buscaba el establecimiento de un Estado socialista, en cambio los anarquistas, encabezados en un principio por el ruso Mijail Bakunin, estaban en contra del Estado, porque suponían que el establecimiento de un Estado obrero reproduciría la dinámica de la explotación, de unos poderosos sobre unos sometidos, de manera que proponían organizarse a través de federaciones, donde no hubiera líderes poderosos sino que todo se llevara a cabo por medio de acuerdos consensuados por todos.

Segunda Internacional:

La Segunda Internacional de Trabajadores se fundó en 1889 y también tuvo escisiones en su interior: por una parte quienes seguían el marxismo, que buscaban tomar el poder por medio de una revolución para establecer un Estado socialista y por otro lado los socialistas democráticos, que preferían un partido político obrero que llegara al poder por la vía de las elecciones. Se disolvió a raíz de la Primera Guerra Mundial.

Tercera Internacional:

La Tercera Internacional fue una consecuencia de la Revolución Rusa y del llamado a varias organizaciones socialistas, obreras y populares a organizare en Moscú hacia 1919. La conclusión a la que llegaron en varias de sus sesiones fue la de promover o llevar la revolución socialista a todos los países del mundo, a través del modelo de partido político (clandestino o legal) para conducir la toma del poder. Esto alarmó a las potencias capitalistas europeas y también a los Estados Unidos y Japón, que enviaron ejércitos y fuerzas para detener la revolución socialista que se estaba llevando a cabo en Rusia, pero no lo lograron.

Historia 2 Expansión ultramarina de Portugal y España siglos XV y XVI

Bien podemos considerar cuatro factores que favorecieron la expansión más allá de los mares inmediatos de estos dos reinos de Europa occidental y que los catapultarían como imperios en los próximos años: 1. El factor económico, ligado principalmente al comercio de mercancías y materias primas, entre las que destacaban las especias y la seda que venían del Oriente, pero que requerían de metales preciosos como oro y plata para poder intercambiarlos en los mercados. 2 y 3. Los factores político y religioso, que no estaban del todo separados. La política trataba de expandir el territorio, los medios para controlarlo y a las personas que lo habitaban, en donde se colocaban gobernantes subordinados al rey. El religioso consistía en ampliar el rango de alcance de la religión cristiana en la población de los territorios adquiridos. España y Portugal fueron originados por los reinos cristianos que resistieron a la invasión musulmana en la península ibérica siglos atrás, que poco a poco fueron ganando terreno a través de la conquista de nuevos territorios en los que imponían la religión cristiana (que poco después se denominó católica), esa conquista se realizaba por medio de la guerra y la guerra requería (y requiere) de innovaciones técnicas y tácticas. 4. Por último, el factor psicológico, a pesar de que la psicología aun no existía como tal en esta época, nos referimos al pensamiento y la conducta de los actores de dicha expansión, que heredaron una mentalidad medieval, impregnada con cuentos de caballería y leyendas fantásticas. En la imaginación figuraban tierras lejanas, desconocidas y misteriosas que encerraban tesoros con los cuales se harían inmensamente ricos, y lo cual les daría renombre y reconocimiento ante Dios y el rey.

            El reino de Portugal fue el primero en ganarles terreno a los musulmanes, expulsando a los que se resistieron y convirtiendo al cristianismo a los que se quedaron. Interesados en llevar más adelante la conquista cruzaron el estrecho que separa Europa de África y los derrotaron, ocupando la ciudad de Ceuta en 1415, lugar hasta donde llegaba el oro en su camino desde el desierto del Sahara, al sur, hasta el Mediterráneo. El príncipe portugués que se puso al frente de esta conquista fue Enrique, de la dinastía de Avís, apodado el Navegante, por el impulso que le dio a la navegación. Con esta victoria, los portugueses se sintieron confiados y animosos, lo que los llevó a construir barcos más audaces, las carabelas, y que con los fondos de la Orden de Cristo, Enrique el Navegante mandó que exploraran las islas del Atlántico más próximas a Portugal en 1420, así fue como se adueñaron de las Azores (azor en portugués, significa halcón) y Madeira (por los bosques que tenía), a donde enviaron empresarios que se dedicaron al cultivo de índigo, cereal y caña de azúcar.

            En su búsqueda por contactar al reino de Mali en el África occidental, conocido por sus minas de oro, los navíos portugueses bordearon la costa hasta dejar atrás el desierto del Sahara, encontrando el río Senegal y el río Gambia, donde el clima deja de ser tan desértico y empieza a ser tropical. Frente a sus costas se encontraron con las islas de Cabo Verde, llamadas así por su vegetación, donde actualmente se habla portugués. Al continuar bordeando la costa hallaron un punto donde construyeron en fuerte, desde el cual podían comerciar con tierra adentro no sólo oro, sino también sal, marfil y esclavos con el reino de Mali, ese fuerte se llamaba San Jorge del Mina o simplemente Elmina, en lo que alguna vez fue el país de Costa de Oro (actual Ghana).

            El objetivo primordial de los portugueses era alcanzar por mar las denominadas Islas de las Especias (pimienta, canela, clavo y nueces) en el Lejano Oriente, más allá de India, porque los musulmanes bloqueaban el comercio o les cobraban altos impuestos, pero primero tenían que rodear el continente africano. En la travesía se encontraron con el caudaloso río Congo, donde existían reinos aguerridos, y llegaron a la actual Angola donde establecieron un puerto: San Pablo de Luanda, para comerciar, intercambiar materias y tener un punto de abastecimiento, varios reyes de Angola se convirtieron al catolicismo. El portugués Bartolomeu Dias halló el paso sur por el Cabo de Buena Esperanza en 1487, entonces los portugueses se animaron a seguir con su travesía hasta el Lejano Oriente, sólo que el príncipe Enrique el Navegante ya no vivió para presenciar ese proyecto. Vasco da Gama fue el navegante que rodeó África y siguió el curso por la costa oriental de África, entre 1497 y 1498, pasó los puertos musulmanes de Kilwa, Zanzíbar, Pemba y Malindi, y con la ayuda de un navegante indio navegó hasta Goa, en India, donde intercambió té y algodón. La política agresiva de los portugueses llevó a la destrucción del comercio de los musulmanes en esa zona, y erigieron un fuerte en Mascate, en la península arábiga, para controlar toda la región y sacar de la jugada a los musulmanes.

            Los portugueses deseaban ampliar su rango comercial más allá de India, hacia los puertos e islas que están en el sudeste asiático, que por considerar que eran varias, llamaban Indias a las Islas Especieras. Así, llegaron al puerto de Malaca (en la actual Malasia) y como pertenecía a un reino musulmán (enemigos de su religión) lo tomaron por la fuerza y levantaron un fuerte para defenderlo en 1511. Una vez en Malaca entraron en contacto con comerciantes chinos y el rey Juan II de Portugal (sobrino de Enrique el Navegante) encargó que se averiguara quienes eran y de dónde venían, para comprobar lo que había narrado el comerciante italiano Marco Polo cuando viajó a China en 1296. Los portugueses navegaron hasta la costa sur de China en 1517 y poco a poco se instalaron y conservaron el puerto de Macao, pero ansiosos por conocer al emperador chino y convencerlo de comerciar más con ellos partió una misión diplomática portuguesa hasta Pekín. Sin embargo, el emperador murió y la corte china que desconfiaba de los portugueses porque sabían que llegaban a imponer sus reglas de comercio a todos los pueblos por donde pasaban, los expulsó de la capital y a otros los mató.

Sin desanimarse, los portugueses siguieron navegando hasta alcanzar el sur de Japón en 1543, pero debido a la tradición de cerrarse ante el exterior los japoneses sólo les permitieron a los europeos comerciar en Nagasaki. De la mano, los portugueses sentaron las bases para que varias misiones jesuitas empezaran a evangelizar a ciertas porciones de la población en India, Malasia, China y Japón.  Con todo ello, Portugal fue forjando un imperio ultramarino poco a poco, que si bien no había conquistado grandes porciones de tierra sí era poseedor de varios enclaves portuarios desde donde comerciaba, hacía la guerra y ejercía su influencia con el interior de esas regiones, y todas las riquezas iban a parar a la metrópoli portuguesa.

En el caso de los reinos de España, se retrasaron en su expansión con respecto a Portugal porque se vio enfrascada en la guerra con el reino de Granada, al sur de la península ibérica, y hasta que consiguió expulsar o derrotar a los musulmanes emprendió sus exploraciones por mar. Es cuando aparece el navegante genovés Cristóbal Colón, que anteriormente le había comentado al rey de Portugal su proyecto de llegar a las Islas de las Especias navegando al Oeste, en lugar del paso sur de África. Pero no logró convencer a Juan II y buscó a los reyes católicos de España, Fernando e Isabel, quienes demoraron en tomar una decisión porque deseaban derrotar al reino musulmán de Granada, así que el navegante estuvo a punto de ir con los reyes de Francia. Pero en el año que ganaron, fue que aprobaron el proyecto de Colón, o sea, 1492, cuando zarpó hacia el Oeste, se detuvo unos días en las islas Canarias (que había colonizado España para el cultivo de la caña de azúcar) y atravesó el Océano Atlántico. Llegó a unas islas que creyó ser las de Asia y pensando que había llegado a las Indias llamó a los habitantes de esas islas indios. Luego realizó otros tres viajes a lo que actualmente es el mar Caribe, dándose cuenta que no era India, por lo cual se les empezó a llamar Indias Occidentales en oposición a las Indias Orientales, o también Nuevo Mundo, y en unos años más tarde América.

Debido a estas expediciones ambas coronas, la de Portugal y la de España firmaron un tratado avalado por el Papa desde Roma, que llevó el nombre del pueblo donde se firmó: tratado de Tordesillas, en 1493, con el cual se repartieron el mundo estos dos países. Habían tomado en cuenta la aprobación del Papa porque siendo católicos consideraban al máximo jerarca de la Iglesia como el representante de Dios, y éste último, creador o dueño de la Tierra. Dicho tratado estipuló que la línea de un meridiano trazado desde ambos polos del globo terrestre dividiría las posesiones, al Oeste las de España y al Oriente las de Portugal. Con este acuerdo, los portugueses enviaron una expedición al mando de Pedro Alvares Cabral, que llegó a las costas del actual Brasil en 1500, reclamando ese territorio para Portugal.

Los españoles empezaron a explorar el nuevo continente desde sus bases en las islas del Caribe. Así fue como Hernán Cortés salió de la isla de Cuba en 1519, bordeó las costas de Yucatán, fundó la ciudad de Veracruz como puerto de entrada y penetró hasta la ciudad de México-Tenochtitlán, que cayó en su poder en 1521. De estas nuevas tierras España pudo adquirir oro y plata, y con los años expandir su dominación tanto al norte como al sur de todos estos territorios, por ejemplo, el puerto de Acapulco, que con los años sirvió como punto de partida para las exploraciones hacia la península de Baja California, la bahía de San Francisco, incluso el Océano Pacífico y comerciar con Asia. A su vez, el soldado español Francisco Pizarro, con los informes que había recabado en Panamá de tierras con metales preciosos, navegó en 1532 hasta llegar al actual Ecuador, y de ahí hizo su travesía por tierra hasta el corazón del imperio de los incas y conquistó el Perú en 1535. Con información de los incas sometidos, llegó a la villa de Potosí, que posee un cerro rico en minas de plata, aportando enormes riquezas para la corona española que ahora estaba en posesión del rey Carlos I de España y V de Alemania.

Los habitantes más desprotegidos de las nuevas tierras descubiertas eran maltratados por españoles y portugueses, a muchos se les esclavizaba y denigraba, expresión de actitudes racistas. A otros, principalmente a los reyes y sus descendientes que se aliaban a ellos y se convertían al cristianismo, se les favorecía, casaban a sus hijas con ellos y a sus hijos se les permitía estudiar en España o Portugal. También había españoles y portugueses de bajos recursos que se empezaron a mezclar con la población de África, Asia y América, contribuyendo con el mestizaje.

Finalmente, los cartógrafos europeos (aquellos que se dedicaban a trazar los mapas del globo terráqueo) estaban interesados en averiguar si era posible navegar por todos los mares ahora explorados y encontrar un paso del océano Atlántico a las Indias Orientales, una inquietud que también interesaba al monarca de España. Fue cuando envió una expedición en 1519 de varias embarcaciones al mando del navegante portugués Fernando de Magallanes, quien disgustado con los portugueses se puso a las órdenes de España, navegó hacia el Atlántico, alcanzó el Río de la Plata en la actual Argentina y por fin encontró el paso del sur (el estrecho que lleva su nombre) hacia otro enorme mar, un océano que le pareció muy tranquilo y por eso lo llamó Pacífico. Después de varios días arribó a las islas Filipinas, comprobando que era posible llegar a las Islas de las Especias por el lado Oeste de la Tierra, contrario a lo que habían hecho los portugueses. Desgraciadamente, Magallanes halló la muerte en las Filipinas a manos de los indígenas del lugar, lo cual no impidió que años después España colonizara las Filipinas y las conectara con la ruta comercial de Acapulco.

Uno de los comandantes de Magallanes, Sebastián Elcano, recargó de pimienta el último barco que les quedaba a estos marinos y partió de las Filipinas, escapó de la vigilancia de los barcos portugueses que dominaban el océano Índico, rodeó el continente africano en el sentido contrario de los portugueses y llegó a España, donde fueron recibidos como héroes, aunque débiles y moribundos. Vendieron las toneladas de pimienta que traían y se hicieron de una considerable fortuna, lo que confirmó la rentabilidad y ganancia del viaje, además, lograron comprobar que era posible darle la vuelta al mundo a través de la navegación de los mares, recopilando datos, latitudes y longitudes del globo terrestre. España y Portugal, con sus exploraciones marítimas, dieron a conocer a Europa tierras e islas lejanas que les eran desconocidas y con ello empezó a tomar formar el proceso de globalización, porque entraron en contacto todos los continentes de manera incipiente, y todas las riquezas y ganancias producto de la explotación y del saqueo fueron a parar a sus arcas, entraban por la península ibérica y de ahí al resto de los países europeos.

Referencias:

Isaac Asimov. La formación de América del Norte. Madrid, Alianza editorial, 1983.

Pierre Bertaux. África. Desde la prehistoria hasta los estados actuales. México, Siglo XXI editores, 2013.

David Birmingham. Historia de Portugal. Cambridge University Press, 1995.

H. D. Disselhoff. El imperio de los incas y las primitivas culturas indias de los países andinos. Barcelona, ediciones Orbis, 1985.

Serge Gruzinski. El águila y el dragón. Desmesura europea y mundialización en el siglo XVI. México, FCE, 2018.

José Luis Martínez. Hernán Cortés. México, FCE, 2013.

Gavin Menzies. 1421, el año en que China descubrió el mundo. México, Random House Mondadori, 2006.

Cultura 2 Nunca comprenderemos la Prehistoria

Entre más pasa el tiempo más se abre la brecha para conocer el pasado, porque los vestigios y la memoria se van perdiendo, y los aspectos culturales van modificando nuestra percepción de la realidad. Aunque con el tiempo la tecnología se desarrolla más y nos brinda nuevas formas de acceder al pasado. Son muchas las cuestiones que me han hecho reflexionar sobre la Prehistoria del ser humano, y justo es del periodo del cual tenemos menos pruebas, ruinas, vestigios, testimonios, mucho menos escritura, pero es del que más conjeturas hacemos. Cuando cada autor hace conjeturas sobre la Prehistoria, no nos ofrece más certezas, más bien nos da información del cómo piensa él o de las ideas de su época.

¿África, cuna del hombre?

Hartas veces se afirma que el origen del ser humano se encuentra en alguna región de África, debido a que los esqueletos más antiguos se han hallado ahí, con todo y que no es el continente con las mejores condiciones climáticas, geológicas y meteorológicas para conservar vestigios. Empecé a cuestionarme este punto y me hice preguntas, ¿podemos decir que las arañas son originarias de un determinado lugar? ¿Los primeros anfibios tendrán su origen en determinada costa del mundo? ¿Las aves son originarias de cierto lago? ¿Se podría decir que los mamíferos son de un continente en específico? Si todos los continentes alguna vez estuvieron integrados en una sola Pangea, entonces todos los elementos de la vida, específicamente los de la fauna, tenían las mismas posibilidades de desarrollarse en todos los continentes.

            Las posibilidades de desarrollo y evolución de los mamíferos primates se encuentran muy próximos al Ecuador, o entre los Trópicos, porque a lo largo de las eras geológicas es el área que se ha mantenido más templada, cálida y húmeda, entonces podemos pensar que el ser humano es por igual originario de toda esa región en todo el globo. Desde la zoología y la biología se sabe que los primeros homínidos descienden de primates (o monos) que habitaban bosques y selvas, porque su hábitat eran los árboles, para protegerse de los depredadores. También sabemos que provenimos de mamíferos primates que pasaron de insectívoros y herbívoros a combinar una dieta carnívora, y seguramente vinculados a medios acuáticos. Esa franja ecuatorial ocupa parte del continente africano, pero también el sudeste asiático, donde se han encontrado vestigios de homínidos primitivos, y asimismo esa franja ocupa gran parte de América. La arqueóloga Maria Conceição Beltrão afirma que el Ramapithecus también habitó en Brasil, refiriéndose a los hallazgos encontrados en el sitio Toca da Esperança, Bahía, y el Ramapithecus estuvo presente en la Tierra hace unos 4 millones de años.[i]

            Lo anterior nos lleva a pensar que en la franja que está entre los trópicos, donde había selvas y el clima era propicio para la vida de los mamíferos primates, está el origen de los homínidos antiguos, y que es inútil esforzarnos por encontrar ese “origen”. Sabemos también que en realidad existieron diversas especies de homínidos primitivos, gracias a los estudios de los esqueletos hallados, dentro de los Homo erectus nos encontramos al Austrlopithecus, el Sinanthropos, el Pithecanthropus y el Eoanthropus (los únicos vestigios hallados hasta la fecha): ya andaban erguidos, dominaban el fuego, hacían herramientas de piedra, contaban con capacidad craneana muy parecida a la del ser humano actual y podían hablar o algo muy aproximado a ello. Pero hay que pensar en las pocas oportunidades que podrían tener de sobrevivir ante depredadores adversos en planicies y estepas de regiones más frías y donde el alimento frutal y de plantas no era muy abundante.

            Cuando Desmond Morris busca describir desde la zoología al ser humano, hace la observación de ser un mono desnudo, característica que le da el título a su libro, por carecer de pelaje. Esto se puede deber a diversos factores, uno de los que más llama la atención es el de estar vinculado a los medios acuáticos, debido a que el vello obstaculiza el nado, la posición eréctil es más eficiente en el agua y que por eso es más difícil hallar sus restos primitivos, porque podrían estar sumergidos en ríos o mares. Yuval Noah Harari señala que la posición eréctil es fuente de dolores de espalda y lastimaduras por cargar nuestro cuerpo u objetos pesados.[ii] Mi conjetura es que nuestros cuerpos están diseñados para nadar o bien para estar echados, es decir, recostados (no para trabajar), aunque no puedo descartar que erectos podemos correr y tener libres las manos para llevar herramientas o armas en las manos.

Neanderthal or Homo Sapiens Family Cooking Animal Meat over Bonfire and then Eating it. Tribe of Prehistoric Hunter-Gatherers Wearing Animal Skins Grilling and Eating Meat in Cave at Night

            Un aporte curioso a esta falta de pelaje en el ser humano viene en el documental Historia de la carne (2023), de Jakob Schmidt y Jannis Funk, de la DW. El doctor Steffelbauer menciona la teoría de la carrera de resistencia, en que los primitivos homínidos perdieron el pelo de su piel asociándolo a la ingesta de carne, lo cual nos lleva a aceptar la muy temprana dieta carnívora de nuestros ancestros. Consistía en evitar el sobrecalentamiento y transferirlo a la sudoración, portar agua para evitar deshidratación y estar incomodando a la presa hasta que se cansara por insolación. Una conjetura extrema me lleva a pensar en el uso de pieles desde épocas muy antiguas para cubrir nuestros cuerpos, y que ello evitara el crecimiento de pelo también, porque si el día es muy caluroso pero las noches pueden ser demasiado frescas.

            Cuando los primeros Homo Sapiens se desplazaron de África a otras regiones (esa es al menos la hipótesis más aceptada) se menciona constantemente que al llegar a Europa se encontraron con el grupo de homínidos denominado Neanderthal, que ocupó esa región antes que los Sapiens. En el episodio 2 sobre África de la serie documental Los primeros hombres dirigida por Nicolas Brown, Nigel Walk y Tim Lambert (Reino Unido, 2015), se exponen los estudios genéticos que se han realizado con el ADN, y resulta que en los humanos actuales que viven en África no se encuentran residuos de ADN de Neanderthal, únicamente en los actuales europeos y en gran parte de los asiáticos. Esto último nos lleva a la conjetura de que el grupo Neanderthal no era originario de África, y también es ancestro del ser humano actual.

De nómadas a sedentarios

Otra cuestión harto repetida es la idea del ser humano haber pasado de un modo de vida nómada a uno sedentario, pero esto bien podría considerarse hoy en día un mito. Cuando leí el libro El desarrollo de la teoría antropológica (1968) del antropólogo Marvin Harris pude observar cómo desde el siglo XVIII los estudiosos de los pueblos y del ser humano habían formulado esta noción al observar pueblos “más atrasados” que las sociedades europeas occidentales. Esta idea del progreso de la historia de la humanidad, llevó a muchos pensadores del siglo XIX a creer en una historia lineal, de atrás hacia adelante, y de peor a mejor, que desembocó en creer que los pueblos o grupos de regiones apartadas de América, Asia y África, que no vivían en ciudades, eran “más atrasados” que las “avanzadas” sociedades europeas occidentales, y que así debía haber sido el proceso de evolución del ser humano.[iii]

            En la introducción del libro de Ina Wunn, Las religiones en la prehistoria (2012), también nos hace hincapié en este paradigma científico antropológico que llevó a muchos autores a creer que estudiando a los pueblos “primitivos”, semi-nómadas o nómadas de hoy, se estaba estudiando el pasado de los seres humanos antes de ser “civilizados”. Esta aproximación está distorsionada, porque todos los pueblos han atravesado por diversos aspectos culturales que no podemos equiparar con los prehistóricos. Y a pesar de aceptar esto, la mayoría de los estudios antropológicos tienden a mencionar casos o ejemplos de grupos humanos o étnicos “no civilizados” de hoy, para demostrar conjeturas sobre el pasado prehistórico de los seres humanos, y esto, en cierto modo, nos lleva a creer ciegamente en el mito de que los humanos pasamos de ser nómadas a sedentarios.

            El arriba mencionado zoólogo Desmond Morris en El mono desnudo (1967) nos da cuenta de existir una pulga que exclusivamente vive a expensas del ser humano, y que las pulgas son bichos propios de animales que viven en madrigueras, que tienen tendencias a vidas sedentarias y que salen únicamente en busca de comida. El hecho de que una pulga sea exclusiva del ser humano lleva a pensar a Morris que dicho bicho ha requerido de muchísimos años para evolucionar como parásito del humano. Por consecuencia, podemos conjeturar que en la antigüedad hubo ciertos grupos humanos que ya eran sedentarios. Cuando Gordon Childe en Los orígenes de la civilización (1936) habla de un grupo de cazadores sedentarios durante el Paleolítico superior, subscribe que «los magdalenienses de Francia ocupaban, ciertamente, la misma caverna, durante la Edad de Hielo, por varias generaciones».[iv]

¿Los monolitos del Paleolítico sólo fueron centros religiosos y de piedra?

Otro mito moderno, fue producto del hecho de contar solamente con una parte de la historia, sin poder ver el panorama completo, por eso titulamos este texto Nunca comprenderemos la Prehistoria. Sucede que hacia 1816, cuando el primer conservador del Museo Nacional de Dinamarca, Christian Thomsen, empezó a ordenar las colecciones y reliquias antiguas con las que contaba el museo, clasificó a la Prehistoria a partir de las colecciones con las que contaba, llegando a dividir ese periodo en tres edades o etapas: la Edad de Piedra, la Edad de Bronce y la Edad de Hierro. Sin embargo, es muy atinado el comentario de Yuval Noah Harari cuando afirma que en realidad a la Edad de Piedra deberíamos llamarla Edad de Madera, porque en realidad el material más usado en esta época y el más moldeable para estos homínidos fue la madera, y sólo las herramientas de piedra han perdurado hasta nuestros días, pues la madera se deshace con el tiempo. Del mismo modo sólo nos han llegado pocos esqueletos prehistóricos y con ellos hemos interpretado ese pasado.

            Ahora se sabe que la construcción monolítica de Stonehenge poseía una barda de madera alrededor y posiblemente techo de enramada. También los vestigios monolíticos de Göbekli Tepe contaban con techumbre de algún material vegetal, ramas, hojas o madera. El escritor Mark Forsyth en su libro Una breve historia de la borrachera (2019) alude al descubrimiento, en este último sitio, de unas bañeras con capacidad para almacenar hasta 40 galones de algún líquido. Entre los residuos se encuentra el oxalato, resultado de la mezcla de cebada y agua. La interesante conclusión a la que llega dicho autor es que los humanos paleolíticos no se reunían ahí por alguna actividad religiosa, sino para embriagarse. Siendo más saludable beber esta cerveza primitiva que el agua, porque puede portar enfermedades, el alcohol mata bacterias y el consecuente consumo de vitamina B de esta bebida los mantenía fuertes y saludables.[v]

            Si creemos en los estudios acerca de la fisonomía de los primeros Homo Sapiens, y sobre la capacidad craneana, el grado de inteligencia (que es diferente al grado cultural) y que compartimos los mismos sentimientos desde entonces, esto es, que todas estas características ya estaban presentes, quiere decir que así como hoy día hay personas que creen en la magia, antes también las hubo; como hoy día hay personas que piensan racionalmente (relacionando causa-efecto), antes también las hubo; personas envidiosas, avariciosas, hambrientas de poder, ambiciosas y que buscan el mayor beneficio, antes también; personas que hoy en día repudian las formas jerárquicas de poder o ateas que no les preocupa la existencia de seres superiores invisibles, antes también.

            La civilización cristiana occidental por mucho tiempo ha sido hegemónica, no sólo cultural sino mentalmente, de manera que por su fuerte raigambre cristiana no puede concebir que en la Prehistoria o en la antigüedad hubiese humanos que no creyeran en dioses o no les importara realmente la divinidad y los rituales “sagrados”, que simplemente vivían su día a día sin que eso les quitara el sueño. A lo largo del texto de Ina Wunn, Las religiones en la prehistoria (2012) es difícil encontrar una afirmación tajante acerca de que los humanos del paleolítico inferior y superior tuvieran prácticas religiosas intrínsecas, a pesar del título del libro: «Desde el punto de vista antropológico, parece improbable que el hombre del Paleolítico medio haya podido tener unas ideas religiosas diferenciadas […]. Hasta ahora no existen datos fundados en la arqueología y en la paleontología que hagan probables unas prácticas mágico-cinegéticas o una conducta religiosa en torno al oso […]. El Neanderthal no poseía un culto a la caza».[vi]

Diferentes especies de homínidos

Por otro lado, si es un hecho aceptado que o bien el grupo Neanderthal fue aniquilado o bien asimilado por Sapiens, aquí habría conjeturas que nuestra borrosa visión cultural nos ha impedido ver. Es común adjudicarles un ideal armonioso a los tiempos prehistóricos, pero en caso de que los Sapiens hayan eliminado a los Neanderthales, debemos aceptar que, como al día de hoy, existió racismo, discriminación, odio y xenofobia entre ellos. En América pudo haber sucedido algo semejante, Sapiens eliminando o asimilando a otras especies de homínidos. La otra cuestión es que si hubo asimilación (como lo demuestran los estudios de ADN) estamos hablando de mestizaje, de una cruza, y no sólo con el grupo Neanderthal, sino con otros, como con otros homínidos, como el Hombre de Denísova, en el caso de Asia. Dice Gordon Childe en Man Makes Himself (1936): «Existen indicios de mezcla […], aun cuando sea difícil concebir el trato entre criaturas tan diferentes como el Sinanthropos y el Homo Sapiens».[vii]

            Lo anterior nos conduce a una conjetura difícil de asimilar desde nuestra actual visión como civilización cristiana occidental: una especie de zoofilia como parte del pasado del ser humano, la mezcla entre diferentes especies de homínidos. Se sabe del caso de mezcla entre especies diferentes en los gibones. Pero en el caso del ser humano y con los registros genéticos es posible hablar de cruzamiento entre diferentes especies. La zoofilia hoy en día es un tabú muy fuerte, pero no podemos descartarlo, existen representaciones gráficas en Çatal Höyük de hombres montados sobre leopardos o tigres. Las primeras deidades o seres míticos de todas las culturas reunían en un solo ser a humano, animal y divinidad. Ahora sabemos que el ganado del cual actualmente nos aprovechamos es la cruza razonada de diferentes especies vacunas, así como de perros, caballos y ovejas, por no decir de los cereales y plantas. Muchas prácticas sexuales de civilizaciones antiguas fueron censuradas por el cristianismo. La racionalización de la cruza, de la mezcla de diferentes especies, era un conocimiento no ignorado por los humanos prehistóricos, e incluso fue aprovechado como medio para “mejorar la raza”.

La revolución neolítica

Los últimos estudios realizados por el arqueólogo británico Ian Hodder en el sitio de Çatal Höyük, presentados en una conferencia en 2018 que se puede consultar en youtube y que lleva por título “Çatal Höyük: a 9 000 year old town”, nos muestra que las figuras femeninas que antes se creían asociadas a una supuesta diosa de la fertilidad, alabando la virginidad femenina e inscrita en un rito de iniciación vinculado a la menstruación, queda sesgado. Se trata en realidad de representaciones de mujeres adultas, especies de matronas y para nada ligadas a la maternidad, más bien como figuras jerárquicas de poder.

            Mencionamos Çatal Höyük porque es una de las primeras ciudades del Neolítico considerada como el inicio del sedentarismo (por creer que todo el mundo empezó a vivir en civitas sólo a partir de este momento) y en la revolución agrícola y ganadera (también llamada revolución neolítica). Acá habría otro mito antropológico, el del paso de cazadores-recolectores a agrícolas. Cuando Yuval Noah Harari trata de convencernos de su discurso histórico, dice que en realidad el trigo, el arroz y las patatas domesticaron al ser humano y no al revés, de hecho tituló a su capítulo “El mayor fraude de la historia”. Explica cómo fue que el ser humano se dejó someter por el apego a la tierra a cambio de su libertad de vida nómada.[viii] Y ahí es cuando al autor se le olvida un régimen de producción de bienes ancestral: la esclavitud, someter a otro a que haga lo que tú dices.

            George Bataille en su libro Las lágrimas de Eros (1961) apunta que cuando los diferentes clanes de humanos se enfrentaban, buscaban eliminar al grupo contrincante, pero en algún momento entre el Paleolítico y el Neolítico a algún clan se le ocurrió someter al enemigo, originando la esclavitud.[ix] Y aquí es donde implementamos otra conjetura más para la Prehistoria, la del hecho de que para que un determinado grupo de humanos viviera en ciudades y se abasteciera de un campo agricultor y ganadero, tuvo que someter y esclavizar a otros humanos: «la posición encorvada del labriego egipcio, quien de manera parecida al buey, pasaba su vida realizando un duro trabajo que oprimía su cuerpo, su mente y sus relaciones sociales» tuvo que ser obligado.[x]

            Haremos aquí una de las burdas comparaciones que arriba criticamos. Cuando vemos a los campesinos que se dedican a labrar la tierra, no tienden a aglutinarse o hacinarse, por el contrario se esparcen por el campo, para que cada familia trabaje su parcela. En cambio, los habitantes de las ciudades se amontonan, siempre requieren de servicios y bienes externos, y la única manera de encumbrarse, de exigir bienes de fuera y dominar sobre un campo circundante es por medio de la fuerza, la violencia y la esclavitud. De modo que hablar de las primeras ciudades es hablar del surgimiento de una élite abusiva, pretensiosa y organizada para someter a otros grupos.

El éxito de la especie humana

A los primeros seres a los que se les sometió fue a los animales. Y aquí está el punto al que han llegado varios autores, que el ser humano se convirtió en el mayor depredador de todas las especies animales (e incluso vegetales), desde el punto de visto biológico o zoológico el éxito de una especie se mide por su capacidad reproductora, para sobrevivir en un medio. Sin embargo, el ser humano ha explotado y depredado su medio (el planeta Tierra) hasta el punto de poner en peligro su propia existencia.

            Nuestra dificultad para comprender la Prehistoria radica también en la cantidad de cambios culturales, acumulados o alterados, por los que hemos atravesado, y que nos separan cada vez más de dicha comprensión. Entonces, para cerrar, esta cita: «el científico de los siglos XIX al XXI procede casi siempre de una pequeño-burguesía urbana cuya vida influye en su horizonte de experiencias [y de la interpretación del pasado], muchas de las conductas de los cazadores-recolectores [o de los sedentarios prehistóricos, preocupados por actividades como el trabajo, el sexo, la reproducción y la muerte] pero también de los campesinos, le son ajenas, de modo que el [poco] legado material del pasado no puede ser reconocido ni tampoco interpretado [mucho menos comprendido]. A muchos artefactos de vida [o sus formas prehistóricas] se les atribuyen [otros] significados [que en realidad no tienen]».[xi]

Los perros prehistóricos vendrán

[i] Pedro Paulo Funari y Francisco Silva Noelli. Pré-História do Brasil. São Paulo, Contexto, 2006, p. 26-28.

[ii] Desmond Morris. El mono desnudo. Tr. Ferrer Aleu. México, Penguin Random House, 2013. Yuval Noah Harari, De animales a dioses. Tr. Ros. México, Penguin Random House, 2022.

[iii] Marvin Harris, El desarrollo de la teoría antropológica. Historia de las teorías de la cultura. 12ª ed. México, Siglo XXI Editores, 1996 [Primera publicación 1968].

[iv] Gordon Childe, Los orígenes de la civilización. Tr. Gortari. 11ª reimp. México, FCE, 1978 [Primera publicación Man Makes Himself, 1936], p. 92.

[v] Mark Forsyth, Una breve historia de la borrachera. Tr. Gutiérrez. México, Paidós, 2019, p. 28-29.

[vi] Ina Wunn, Las religiones en la prehistoria. Tr. Ábalos. Madrid, Akal, 2012, p. 102-103.

[vii] Gordon Childe, Op. Cit., p. 70.

[viii] Yuval Noah Harari, De animales a dioses. Tr. Ros. México, Penguin Random House, 2022, p. 95-110.

[ix] George Bataille, Las lágrimas de Eros. México, Tusquets, 2013 [1961].

[x] Noah Harari, De animales a dioses, p. 113.

[xi] Wunn, Las religiones, p. 32.

Cultura 4 Islam

El Islam es una de las tres más grandes religiones originarias de la zona desértica del Medio Oriente (las otras dos son el judaísmo y el cristianismo). La palabra Islam viene a significar algo así como sumisión, y es entendida como una sumisión a Dios, y Dios recibe el nombre de Alá, Allah o Alla. El origen geográfico del Islam se encuentra ubicado en la parte occidental de la península arábiga. Antiguamente, las tribus semi-nómadas y nómadas del desierto arábigo se reunían en un par de oasis al pie de unas colinas en esta región, paso obligado de las rutas comerciales de caravanas que venían de África, atravesaban el Yemen, al sur de la península, y llegaban a Iraq y Siria hacia el norte, en esa zona de oasis surgieron las ciudades de Yatrib o Yaztrib, y La Meca, esta última era lugar de peregrinación debido a su carácter religioso, donde se hallaba un templo muy antiguo en el centro de la ciudad, denominado La Kabaa. En dicho templo se veneraban gran cantidad de dioses, porque las tribus árabes eran politeístas, es decir, creían en varios dioses, entre ellos figuraban objetos de veneración como piedras o figuras talladas, lo que podemos denominar fetichismo, de fetiche, es decir, el objeto mismo es considerado el ídolo en sí y se le adora como tal. Pero también adoraban árboles, al amor, la bondad, la lluvia, al Sol, un dios principal llamado Hubal, otro que estaba por encima de todos llamado simplemente Alá, que tenía tres hijas, deidades femeninas muy poderosas: Al-Lat, Al-Uzza y Al-Manat.

            El clan familiar que se dedicaba a las caravanas comerciales y que se encargaba del cuidado del templo de La Meca era de la tribu Quraish, a la cual pertenecía un niño que nació hacia el año 570 dC, llamado Muhammad, también conocido como Mohamed o simplemente Mahoma, que al momento de nacer había muerto su padre y poco después falleció su madre, quedando huérfano y desamparado. Según las tradiciones árabes del desierto, la parte paterna de la familia se hace cargo de los hijos, porque eran los varones quienes trabajan y las mujeres se dedicaban a las actividades domésticas. El abuelo paterno se hizo cargo de Muhammad, pero a la muerte de éste quedó bajo el resguardo de su tío Alí, quien a su vez tenía un hijo, Alí, primo de Muhammad, con quien compartió su infancia y adolescencia. Muhammad tuvo un episodio al que se le considera premonición de su futura vida. Siendo niños, se les aparecieron dos ángeles vestidos de blanco, uno de ellos retuvo a Muhammad y le abrió el pecho, le extrajo el corazón, se lo limpió con nieve de las lejanas montañas y se lo volvió a poner en su lugar, dando a entender su pureza de corazón.

            Ya mayor, Muhammad se casó con una viuda quince años mayor que él, Cadidja o Kadiya, porque según las tradiciones árabes del desierto, las mujeres no deben quedar solas y desamparadas, sin la protección de un varón. Muhammad se hizo cargo del negocio de Kadiya de las caravanas de camellos que iban de La Meca a Damasco, en Siria, donde entró en contacto con grupos cristianos bizantinos y en su paso por Yaztrib con las comunidades judías que ahí vivían, lo cual probablemente influyó en sus revelaciones y posteriores sermones sobre la existencia de un único dios (Alá). Muhammad acostumbraba ir a lugares apartados, algunas veces a una cueva, a meditar y rezar, y alrededor del año 609 dC se le empezó a aparecer el arcángel Gabriel, quien la primera vez le mostró una tela con letras inscritas y le insistía en que las leyera. A partir de estas apariciones y revelaciones fue considerando la idea de la existencia de un solo y único Dios (Alá) todopoderoso, omnipresente y creador de todo el Universo, epifanías que duraron casi toda su vida hasta su muerte. Al principio fue muy cauto, pero poco a poco el arcángel Gabriel le fue indicando que lo comunicara a sus más próximos y cercanos, así fue como convirtió al Islam a su esposa Kadiya, a su primo Alí, a su tío y a un pariente Abu-Bekr. Hasta que el ángel Gabriel le ordenó comunicar el mensaje de un único dios públicamente, momento en que empieza su prédica en La Meca. Pero los sacerdotes y los grupos más conservadores empezaron a darle la espalda y considerarlo charlatán, a pesar de las profecías de antiguos poetas y adivinos de la venida de un último profeta con el mensaje verdadero.

La pequeña comunidad islámica (que recibe el nombre de umma, que significa comunidad) tuvo que fragmentarse, una parte de ella partió para la actual Etiopía, donde hasta la fecha se encuentra una de las más antiguas tradiciones islámicas fuera de Arabia. Hacia el año 622 dC Muhammad y la umma tuvieron que salir de La Meca bajo amenaza de muerte, para entonces habían fallecido su esposa y su tío, saliendo para la vecina ciudad de Yaztrib, que a partir de ese momento recibió el nombre de Medina, la ciudad del profeta. A esta huida se le llamó la Hégira, y es el momento a partir del cual los musulmanes (musulmán significa sometido, entendido como sometido a la voluntad de Alá) cuentan el tiempo, cuentan sus años: al año que Occidente denomina 622 dC, los musulmanes lo denominan el Año Cero de la Hégira, y por esta razón, en el año 2023 ellos están en el año 1445 de la Hégira. En la ciudad de Medina, los dos grupos árabes más importantes estaban enfrentados, y se eligió a Muhammad como el juez de esta disputa, debido a su fama de honesto y persona recta que lo había caracterizado cuando se hizo cargo de las caravanas comerciales. De este modo, el profeta se volvió no sólo gobernante, sino también juez y máxima autoridad religiosa, es decir, reunió tres poderes en su persona, por eso, en los países islámicos no están separados estos poderes.

La umma se hizo fuerte en Medina, al punto de que se convirtieron los judíos y cristianos que se encontraban en la ciudad, formaron un ejército y le hicieron la guerra a La Meca, la yihad, que significa esfuerzo, entendido como el esfuerzo hecho por los musulmanes para llevar el mensaje de Alá a todas las personas, muchas veces traducida como guerra santa. Así fue como Muhammad sometió a La Meca, destituyó y destruyó a todos los demás dioses y convirtió a la ciudad en el centro religioso de su nueva religión, el Islam, y Medina figuró como la capital, y de tanto en tanto le iba dictando a un escribano o escribiendo él mismo el texto de sus revelaciones y dogmas, que luego todas juntas conformaron el Corán, el libro sagrado de los musulmanes. Pero el profeta falleció en el año 10 de la Hégira (632 dC). Cuenta la leyenda que el alma de Muhammad viajó hasta Jerusalén, en la noche, donde oró con otros profetas del Antiguo Testamento (que hablaban de la venida de Dios, y Mahoma fue el último y el más grande), y finalmente ahí en Jerusalén su alma se elevó al cielo para encontrarse con Alá, por eso, esa ciudad es sagrada también para los musulmanes, y en el lugar donde el alma de Muhammad se elevó se hizo construir la Mezquita de la Cúpula de la Roca o de la Cúpula Dorada.

La obra de Muhammad fue continuada por Abu-Bekr, nombrado califa, que significa sucesor, palabra entendida como sucesor del profeta, seguido de Omar, Osmán y Alí (el primo de Muhammad), que extendieron la religión islámica fuera de la península arábiga. Esto se debe al carácter proselitista del Islam, que consiste en divulgar lo más posible el mensaje del profeta, el llamado a la fe, que se hace tres veces, hasta que los infieles o no creyentes acudan a él. La tradición semi-nómada de las tribus del desierto contribuyó a la expansión de la religión, de caravanas andantes y altamente comerciales, pero la decadencia en la que se encontraban el cristianismo y otras religiones y reinos de Medio Oriente en esos años, ayudó también a que muchos pueblos abrazaran con fervor el Islam, debido asimismo a su característica de ayudar a los desprotegidos, porque Muhammad había sufrido en su infancia e inculcó esa costumbre a todos.

En poco tiempo, el Islam se extendió a Egipto, todo el norte de África y penetró hasta España (donde se instauró 8 siglos y dejó una marcada influencia), casi se abre paso a Francia, de no ser por la batalla de Poiters, donde el rey de los francos, Carlos Martel, detuvo su avance. El Islam se asimiló en el reino de Mali con su capital en Tombuctú, en África occidental, controlando todo el comercio de camellos que se hacía a través del desierto del Sahara. Por el otro lado, el Islam penetró en Palestina, Siria, el actual Iraq, Persia (donde confluyeron ambas tradiciones, culturas e historia para darle mayor riqueza) y más allá hasta el Asia central, los grupos étnicos del sur de la actual Rusia, mucha población de la actual India se convirtieron, los pueblos del Oeste de China también, gracias a las caravanas comerciales que se encontraban con la Ruta de la Seda, por barco penetró en la costa este de África y llegaron hasta la lejana Indonesia, donde hoy día el Islam es la religión oficial. Cuando los turcos, una tribu del centro de Asia, se convirtió al Islam empezaron a avanzar hacia Medio Oriente hasta ocupar lo que hoy es Turquía y aún avanzar más en el siglo XV y tocar a las puertas de Viena, amenazando la cristiandad europea. El mundo islámico floreció y se enriqueció sinigual en el mundo conocido de la época, cambiando la capital de las distintas dinastías del califato, de Medina a Damasco, y luego de Damasco a Bagdad, donde alcanzó su mayor esplendor, mientras Europa estaba sumida en la Edad Media. Otras ciudades importantes fueron El Cairo, Samarcanda, Granada, Córdoba y después Estambul.

Algunos reinos cristianos de Europa se sintieron ofendidos por la ocupación de los Lugares Santos (en Palestina) porque consideraban infieles a los musulmanes, a pesar de que éstos siempre permitieron la existencia y el culto de cristianos y judíos, pero también había asesinatos, robos y violaciones a los peregrinos cristianos, razones por las que el Papa hizo un llamado a formar ejércitos cristianos y recuperar Tierra Santa. Esto desembocó en una serie de campañas militares religiosas conocidas como Las Cruzadas, por las banderas y ropas con una cruz que portaban los soldados y sacerdotes. Las Cruzadas enfrentaron a los musulmanes con los cristianos entre los años de 1095 y 1291, los cristianos formaron varias órdenes de caballeros religiosos que iban a pelear a Medio Oriente, incluso llegaron a ocupar ciudades importantes y establecer reinos cristianos, enclavados en las actuales Palestina, Líbano, Siria y sur de Turquía, masacrando a la población musulmana hasta que los musulmanes pudieron expulsarlos. La tolerancia al interior del Islam era muy amplia, pues permitía a otras personas y comunidades seguir perteneciendo a sus religiones, lo único que tenían que cumplir era con un impuesto, razón por la cual muchos se convertían al Islam (para no pagar ese impuesto), además de tener otros beneficios civiles, judiciales y comerciales si se convertían. Los musulmanes consideran a los judíos y a los cristianos como «gente de libro», porque en sus libros contienen sus dogmas sagrados, en el caso del judaísmo la Torá principalmente, en el de los cristianos la Biblia, y los musulmanes el Corán. Sin embargo, los musulmanes consideran a judíos y cristianos como atrasados, porque no siguen el mensaje del último de los profetas de Dios: Mahoma.

Los musulmanes rezan o deben de hacer cinco plegarias a Alá, por la medianoche, en la mañana al salir el Sol, al mediodía, por la tarde con el ocaso y por la noche. Son cinco los pilares que todo musulmán debe seguir: 1. La oración (las plegarias a Alá). 2. La limosna (proteger a los más desamparados). 3. El ayuno (que se hace durante el mes del Ramadán, acto que conmemora la ocasión en que Mahoma recibió el mensaje y en el cual se recluyó para orar y meditar. No se toma alimento alguno a excepción de agua mientras hay luz de Sol, quienes están exentos son las mujeres embarazadas, los enfermos, los ancianos y los infantes). 4. La peregrinación (que consiste en que todo musulmán y musulmana deben realizar al menos una vez en su vida la peregrinación a la ciudad de La Meca, asistir vestidos de blanco de preferencia a la mezquita del centro, dar siete vueltas a la Kabaa y si es posible tocar la piedra negra que se encuentra en una de las esquinas de la edificación, que en realidad es un meteorito que cayó del cielo –enviado por Alá- y se incrustó en la esquina donde faltaba el último ladrillo del templo, según la leyenda). Y 5. La profesión de fe (que debe hacer de tanto en tanto tiempo por parte de cada creyente públicamente y frente a la umma, finaliza con la frase: “No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”).

El Islam, al igual que el judaísmo y el cristianismo, es una religión altamente vestida, es decir que tapa el cuerpo humano con prendas, tanto en el caso de los hombres como de las mujeres, aunque cada vez se deja sentir la influencia de Occidente en la moda y las formas de vestir. Se aconseja a las mujeres a usar velo en lugares públicos y a los hombres a taparse el cuerpo, algunas veces también la parte superior de la cabeza, tal vez esta tradición se deba a ser pueblos del desierto, donde las túnicas y velos son de gran ayuda durante las tormentas de arena, tan incómodas al rostro. La cuestión que más choca con el desenvolvimiento de las mujeres en Occidente es que el Corán permite que un varón pueda tener hasta cuatro esposas, bajo la condición de tratarlas bien, a todas por igual y de mantenerlas económicamente, porque en la vida pública los varones son quienes trabajan, aunque en algunos países islámicos esto varía. Del mismo modo la primera o las demás esposas deben estar de acuerdo y aceptar a la otra prometida del marido, de lo contrario no se realiza la integración a la gran familia. La gran mayoría de las bodas se hacen en común acuerdo con las familias involucradas, y la idea es que no quede ninguna mujer fuera de la comunidad, desprotegida o sin la protección de un varón, ya sea su padre, hermanos o el marido. No tratar bien a sus mujeres o maltratarlas va en contra del dogma del Corán, lo que hace a los musulmanes sociedades muy tradicionales y conservadoras, y una de las religiones que más se enfrentan y se confrontan con las ideas y la cultura de Occidente.

Fuentes:

Alessandro Bausani, El Islam en su cultura. Tr. Mastrangelo. 1ª reimp. México, FCE, 1993.

Claude Cahen, El Islam, desde sus orígenes hasta el comienzo del Imperio Otomano. Tr. Palao. 13a ed. México, Siglo XXI, 1991 (Historia Universal, 14).

David Waines, El Islam. 3ª ed. Madrid, ediciones Akal, 2008.