El Islam es una de las tres más grandes religiones originarias de la zona desértica del Medio Oriente (las otras dos son el judaísmo y el cristianismo). La palabra Islam viene a significar algo así como sumisión, y es entendida como una sumisión a Dios, y Dios recibe el nombre de Alá, Allah o Alla. El origen geográfico del Islam se encuentra ubicado en la parte occidental de la península arábiga. Antiguamente, las tribus semi-nómadas y nómadas del desierto arábigo se reunían en un par de oasis al pie de unas colinas en esta región, paso obligado de las rutas comerciales de caravanas que venían de África, atravesaban el Yemen, al sur de la península, y llegaban a Iraq y Siria hacia el norte, en esa zona de oasis surgieron las ciudades de Yatrib o Yaztrib, y La Meca, esta última era lugar de peregrinación debido a su carácter religioso, donde se hallaba un templo muy antiguo en el centro de la ciudad, denominado La Kabaa. En dicho templo se veneraban gran cantidad de dioses, porque las tribus árabes eran politeístas, es decir, creían en varios dioses, entre ellos figuraban objetos de veneración como piedras o figuras talladas, lo que podemos denominar fetichismo, de fetiche, es decir, el objeto mismo es considerado el ídolo en sí y se le adora como tal. Pero también adoraban árboles, al amor, la bondad, la lluvia, al Sol, un dios principal llamado Hubal, otro que estaba por encima de todos llamado simplemente Alá, que tenía tres hijas, deidades femeninas muy poderosas: Al-Lat, Al-Uzza y Al-Manat.

El clan familiar que se dedicaba a las caravanas comerciales y que se encargaba del cuidado del templo de La Meca era de la tribu Quraish, a la cual pertenecía un niño que nació hacia el año 570 dC, llamado Muhammad, también conocido como Mohamed o simplemente Mahoma, que al momento de nacer había muerto su padre y poco después falleció su madre, quedando huérfano y desamparado. Según las tradiciones árabes del desierto, la parte paterna de la familia se hace cargo de los hijos, porque eran los varones quienes trabajan y las mujeres se dedicaban a las actividades domésticas. El abuelo paterno se hizo cargo de Muhammad, pero a la muerte de éste quedó bajo el resguardo de su tío Alí, quien a su vez tenía un hijo, Alí, primo de Muhammad, con quien compartió su infancia y adolescencia. Muhammad tuvo un episodio al que se le considera premonición de su futura vida. Siendo niños, se les aparecieron dos ángeles vestidos de blanco, uno de ellos retuvo a Muhammad y le abrió el pecho, le extrajo el corazón, se lo limpió con nieve de las lejanas montañas y se lo volvió a poner en su lugar, dando a entender su pureza de corazón.
Ya mayor, Muhammad se casó con una viuda quince años mayor que él, Cadidja o Kadiya, porque según las tradiciones árabes del desierto, las mujeres no deben quedar solas y desamparadas, sin la protección de un varón. Muhammad se hizo cargo del negocio de Kadiya de las caravanas de camellos que iban de La Meca a Damasco, en Siria, donde entró en contacto con grupos cristianos bizantinos y en su paso por Yaztrib con las comunidades judías que ahí vivían, lo cual probablemente influyó en sus revelaciones y posteriores sermones sobre la existencia de un único dios (Alá). Muhammad acostumbraba ir a lugares apartados, algunas veces a una cueva, a meditar y rezar, y alrededor del año 609 dC se le empezó a aparecer el arcángel Gabriel, quien la primera vez le mostró una tela con letras inscritas y le insistía en que las leyera. A partir de estas apariciones y revelaciones fue considerando la idea de la existencia de un solo y único Dios (Alá) todopoderoso, omnipresente y creador de todo el Universo, epifanías que duraron casi toda su vida hasta su muerte. Al principio fue muy cauto, pero poco a poco el arcángel Gabriel le fue indicando que lo comunicara a sus más próximos y cercanos, así fue como convirtió al Islam a su esposa Kadiya, a su primo Alí, a su tío y a un pariente Abu-Bekr. Hasta que el ángel Gabriel le ordenó comunicar el mensaje de un único dios públicamente, momento en que empieza su prédica en La Meca. Pero los sacerdotes y los grupos más conservadores empezaron a darle la espalda y considerarlo charlatán, a pesar de las profecías de antiguos poetas y adivinos de la venida de un último profeta con el mensaje verdadero.

La pequeña comunidad islámica (que recibe el nombre de umma, que significa comunidad) tuvo que fragmentarse, una parte de ella partió para la actual Etiopía, donde hasta la fecha se encuentra una de las más antiguas tradiciones islámicas fuera de Arabia. Hacia el año 622 dC Muhammad y la umma tuvieron que salir de La Meca bajo amenaza de muerte, para entonces habían fallecido su esposa y su tío, saliendo para la vecina ciudad de Yaztrib, que a partir de ese momento recibió el nombre de Medina, la ciudad del profeta. A esta huida se le llamó la Hégira, y es el momento a partir del cual los musulmanes (musulmán significa sometido, entendido como sometido a la voluntad de Alá) cuentan el tiempo, cuentan sus años: al año que Occidente denomina 622 dC, los musulmanes lo denominan el Año Cero de la Hégira, y por esta razón, en el año 2023 ellos están en el año 1445 de la Hégira. En la ciudad de Medina, los dos grupos árabes más importantes estaban enfrentados, y se eligió a Muhammad como el juez de esta disputa, debido a su fama de honesto y persona recta que lo había caracterizado cuando se hizo cargo de las caravanas comerciales. De este modo, el profeta se volvió no sólo gobernante, sino también juez y máxima autoridad religiosa, es decir, reunió tres poderes en su persona, por eso, en los países islámicos no están separados estos poderes.

La umma se hizo fuerte en Medina, al punto de que se convirtieron los judíos y cristianos que se encontraban en la ciudad, formaron un ejército y le hicieron la guerra a La Meca, la yihad, que significa esfuerzo, entendido como el esfuerzo hecho por los musulmanes para llevar el mensaje de Alá a todas las personas, muchas veces traducida como guerra santa. Así fue como Muhammad sometió a La Meca, destituyó y destruyó a todos los demás dioses y convirtió a la ciudad en el centro religioso de su nueva religión, el Islam, y Medina figuró como la capital, y de tanto en tanto le iba dictando a un escribano o escribiendo él mismo el texto de sus revelaciones y dogmas, que luego todas juntas conformaron el Corán, el libro sagrado de los musulmanes. Pero el profeta falleció en el año 10 de la Hégira (632 dC). Cuenta la leyenda que el alma de Muhammad viajó hasta Jerusalén, en la noche, donde oró con otros profetas del Antiguo Testamento (que hablaban de la venida de Dios, y Mahoma fue el último y el más grande), y finalmente ahí en Jerusalén su alma se elevó al cielo para encontrarse con Alá, por eso, esa ciudad es sagrada también para los musulmanes, y en el lugar donde el alma de Muhammad se elevó se hizo construir la Mezquita de la Cúpula de la Roca o de la Cúpula Dorada.

La obra de Muhammad fue continuada por Abu-Bekr, nombrado califa, que significa sucesor, palabra entendida como sucesor del profeta, seguido de Omar, Osmán y Alí (el primo de Muhammad), que extendieron la religión islámica fuera de la península arábiga. Esto se debe al carácter proselitista del Islam, que consiste en divulgar lo más posible el mensaje del profeta, el llamado a la fe, que se hace tres veces, hasta que los infieles o no creyentes acudan a él. La tradición semi-nómada de las tribus del desierto contribuyó a la expansión de la religión, de caravanas andantes y altamente comerciales, pero la decadencia en la que se encontraban el cristianismo y otras religiones y reinos de Medio Oriente en esos años, ayudó también a que muchos pueblos abrazaran con fervor el Islam, debido asimismo a su característica de ayudar a los desprotegidos, porque Muhammad había sufrido en su infancia e inculcó esa costumbre a todos.

En poco tiempo, el Islam se extendió a Egipto, todo el norte de África y penetró hasta España (donde se instauró 8 siglos y dejó una marcada influencia), casi se abre paso a Francia, de no ser por la batalla de Poiters, donde el rey de los francos, Carlos Martel, detuvo su avance. El Islam se asimiló en el reino de Mali con su capital en Tombuctú, en África occidental, controlando todo el comercio de camellos que se hacía a través del desierto del Sahara. Por el otro lado, el Islam penetró en Palestina, Siria, el actual Iraq, Persia (donde confluyeron ambas tradiciones, culturas e historia para darle mayor riqueza) y más allá hasta el Asia central, los grupos étnicos del sur de la actual Rusia, mucha población de la actual India se convirtieron, los pueblos del Oeste de China también, gracias a las caravanas comerciales que se encontraban con la Ruta de la Seda, por barco penetró en la costa este de África y llegaron hasta la lejana Indonesia, donde hoy día el Islam es la religión oficial. Cuando los turcos, una tribu del centro de Asia, se convirtió al Islam empezaron a avanzar hacia Medio Oriente hasta ocupar lo que hoy es Turquía y aún avanzar más en el siglo XV y tocar a las puertas de Viena, amenazando la cristiandad europea. El mundo islámico floreció y se enriqueció sinigual en el mundo conocido de la época, cambiando la capital de las distintas dinastías del califato, de Medina a Damasco, y luego de Damasco a Bagdad, donde alcanzó su mayor esplendor, mientras Europa estaba sumida en la Edad Media. Otras ciudades importantes fueron El Cairo, Samarcanda, Granada, Córdoba y después Estambul.
Algunos reinos cristianos de Europa se sintieron ofendidos por la ocupación de los Lugares Santos (en Palestina) porque consideraban infieles a los musulmanes, a pesar de que éstos siempre permitieron la existencia y el culto de cristianos y judíos, pero también había asesinatos, robos y violaciones a los peregrinos cristianos, razones por las que el Papa hizo un llamado a formar ejércitos cristianos y recuperar Tierra Santa. Esto desembocó en una serie de campañas militares religiosas conocidas como Las Cruzadas, por las banderas y ropas con una cruz que portaban los soldados y sacerdotes. Las Cruzadas enfrentaron a los musulmanes con los cristianos entre los años de 1095 y 1291, los cristianos formaron varias órdenes de caballeros religiosos que iban a pelear a Medio Oriente, incluso llegaron a ocupar ciudades importantes y establecer reinos cristianos, enclavados en las actuales Palestina, Líbano, Siria y sur de Turquía, masacrando a la población musulmana hasta que los musulmanes pudieron expulsarlos. La tolerancia al interior del Islam era muy amplia, pues permitía a otras personas y comunidades seguir perteneciendo a sus religiones, lo único que tenían que cumplir era con un impuesto, razón por la cual muchos se convertían al Islam (para no pagar ese impuesto), además de tener otros beneficios civiles, judiciales y comerciales si se convertían. Los musulmanes consideran a los judíos y a los cristianos como «gente de libro», porque en sus libros contienen sus dogmas sagrados, en el caso del judaísmo la Torá principalmente, en el de los cristianos la Biblia, y los musulmanes el Corán. Sin embargo, los musulmanes consideran a judíos y cristianos como atrasados, porque no siguen el mensaje del último de los profetas de Dios: Mahoma.
Los musulmanes rezan o deben de hacer cinco plegarias a Alá, por la medianoche, en la mañana al salir el Sol, al mediodía, por la tarde con el ocaso y por la noche. Son cinco los pilares que todo musulmán debe seguir: 1. La oración (las plegarias a Alá). 2. La limosna (proteger a los más desamparados). 3. El ayuno (que se hace durante el mes del Ramadán, acto que conmemora la ocasión en que Mahoma recibió el mensaje y en el cual se recluyó para orar y meditar. No se toma alimento alguno a excepción de agua mientras hay luz de Sol, quienes están exentos son las mujeres embarazadas, los enfermos, los ancianos y los infantes). 4. La peregrinación (que consiste en que todo musulmán y musulmana deben realizar al menos una vez en su vida la peregrinación a la ciudad de La Meca, asistir vestidos de blanco de preferencia a la mezquita del centro, dar siete vueltas a la Kabaa y si es posible tocar la piedra negra que se encuentra en una de las esquinas de la edificación, que en realidad es un meteorito que cayó del cielo –enviado por Alá- y se incrustó en la esquina donde faltaba el último ladrillo del templo, según la leyenda). Y 5. La profesión de fe (que debe hacer de tanto en tanto tiempo por parte de cada creyente públicamente y frente a la umma, finaliza con la frase: “No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”).


El Islam, al igual que el judaísmo y el cristianismo, es una religión altamente vestida, es decir que tapa el cuerpo humano con prendas, tanto en el caso de los hombres como de las mujeres, aunque cada vez se deja sentir la influencia de Occidente en la moda y las formas de vestir. Se aconseja a las mujeres a usar velo en lugares públicos y a los hombres a taparse el cuerpo, algunas veces también la parte superior de la cabeza, tal vez esta tradición se deba a ser pueblos del desierto, donde las túnicas y velos son de gran ayuda durante las tormentas de arena, tan incómodas al rostro. La cuestión que más choca con el desenvolvimiento de las mujeres en Occidente es que el Corán permite que un varón pueda tener hasta cuatro esposas, bajo la condición de tratarlas bien, a todas por igual y de mantenerlas económicamente, porque en la vida pública los varones son quienes trabajan, aunque en algunos países islámicos esto varía. Del mismo modo la primera o las demás esposas deben estar de acuerdo y aceptar a la otra prometida del marido, de lo contrario no se realiza la integración a la gran familia. La gran mayoría de las bodas se hacen en común acuerdo con las familias involucradas, y la idea es que no quede ninguna mujer fuera de la comunidad, desprotegida o sin la protección de un varón, ya sea su padre, hermanos o el marido. No tratar bien a sus mujeres o maltratarlas va en contra del dogma del Corán, lo que hace a los musulmanes sociedades muy tradicionales y conservadoras, y una de las religiones que más se enfrentan y se confrontan con las ideas y la cultura de Occidente.
Fuentes:
Alessandro Bausani, El Islam en su cultura. Tr. Mastrangelo. 1ª reimp. México, FCE, 1993.
Claude Cahen, El Islam, desde sus orígenes hasta el comienzo del Imperio Otomano. Tr. Palao. 13a ed. México, Siglo XXI, 1991 (Historia Universal, 14).
David Waines, El Islam. 3ª ed. Madrid, ediciones Akal, 2008.