Cultura 10 Haití

Cuando Cristóbal Colón llegó a las islas del Caribe dio inicio el genocidio de la población nativa, ya fuera por las nuevas enfermedades que trajeron los europeos, ya fuera por las guerras en contra de los nativos o por el sometimiento que sufrieron. Hacia el siglo XVII ya se enfrentaban las principales monarquías europeas por el control de la región caribeña: ingleses, franceses, holandeses, alemanes y daneses se interesaban por colonizar y establecer puntos de operaciones que pudieran contrarrestar el predominio que tenía la corona española ahí. Ingleses, franceses y holandeses trataron de volcar la balanza a su favor por medio de cartas de corso (piratería) y después por medio de sus Compañías de Indias de tipo comercial. De la primera flota compuesta por tres navíos que enviaba Hernán Cortés con riquezas (oro, plata, joyas y otros objetos de valor) de México a España en 1522, dos embarcaciones fueron capturadas por el pirata francés Juan Florín antes de llegar a Sevilla. El monarca francés pudo darse cuenta de los bienes que podía extraerse de estas nuevas tierras.

Grabado de la Brevísima relación de la destrucción de Indias.

            Pero no sólo era posible hacer riquezas de los metales y objetos preciosos, por medio de la producción exhaustiva del azúcar de caña también podían adquirirse fortuna. De la experiencia agrícola en este cultivo que se venía realizando en las islas Baleares en el Mediterráneo y posteriormente en las islas del Atlántico más próximas a Europa y África (como las Azores, Madeira, Canarias y Cabo Verde) fue inmediato trasladarlo al Nuevo Mundo, al Brasil y al Caribe. El tráfico de la mano de obra esclava africana ya era redituable hacia el siglo XVII porque traficantes negreros ingleses, franceses, holandeses y portugueses triangulaban el negocio de las costas africanas (esclavos) a América (haciendas azucareras con trabajo esclavo) y las ganancias iban a parar a Europa. El Banco de Inglaterra se benefició enormemente de la venta de seguros de viaje de barcos negreros, y con las ganancias que reportaba la venta de esclavos. De igual modo florecieron varios puertos europeos como el de Burdeos en Francia con la venta de esclavos.

           

           

           Los piratas franceses tomaron como uno de sus centros de operaciones en el Caribe la isla de la Tortuga (al norte del actual Haití) a partir de 1629, y con el paso del tiempo llegaron a instalarse en la isla de la Española (la actual isla de Santo Domingo). Hacia 1644, la Compañía de las Indias creada por el ministro Colbert del rey Luis XIV, llevó los primeros esclavos a las tierras en poder de Francia. Ante el descuido de las autoridades españolas, los piratas fueron adquiriendo más tierras, y con los tratados que ponían fin a las guerras europeas, España se vio obligada a ceder un tercio de la isla de Santo Domingo a Francia, en la parte occidental, hacia 1697. Enseguida, los propietarios franceses orientaron la economía de Saint Domingue hacia la explotación agrícola y ganadera con mano de obra africana. Los esclavos eran trasladados de diversas partes de las costas occidentales africanas hacia el Caribe, algunas veces con escala en los puertos brasileños. Uno de los reinos africanos que proveía de esclavos a los europeos era el reino de Dahomey, que desde principios del siglo XVIII era gobernado por la familia real de la ciudad de Abomey, la cual ejercía su poder sobre otros reinos de la costa del golfo de Guinea, su economía giraba en torno a la trata de esclavos y es así como obtenía productos y mercancías de los europeos, como armas y alcohol.

Los prisioneros de las guerras entre estos reinos eran tomados como esclavos, en muchos casos los esclavos se convertían en miembros de la familia (a pesar de ser extranjeros), y en otros casos el rey llegaba a tener un especial aprecio por su esclavo principal (al punto de llegar a ser “los ojos y los oídos del rey”). Sin embargo, una vez que eran vendidos a los europeos, los esclavos dejaban de ser personas y se convertían en mercancías, en un bien mueble carente de derechos al que había que sacarle el mayor provecho posible. Los africanos que eran trasladados creían que serían engordados para después ser devorados por los blancos. Una vez que llegaban a la colonia francesa de Saint Domingue: «La duración media de la supervivencia del esclavo no sobrepasaba los 7 años» debido a las condiciones tan duras de trabajo. La colonia americana contaba desde 1685 con el Código Negro, una especie de manual jurídico de reglas y normas que indicaba cómo tratar, poner a trabajar y castigar a los esclavos, promulgado por Luis XIV a instancias del ministro Colbert y legitimado por la iglesia católica.

Saint Domingue se convirtió en la Perla de las Antillas por proveer a Francia de una riqueza invaluable a partir de la comercialización de la caña de azúcar y otros productos agrícolas como café, cacao, maderas e índigo (para teñir telas). Esta riqueza estaba basada en la deshumanizada explotación de la mano de obra y en el traslado de esclavos provenientes de África. Hacia finales del siglo XVIII, Saint Domingue se había convertido en la mayor productora de azúcar, con una producción de 80 mil toneladas de dicho producto, el cual iba a parar principalmente al puerto de Burdeos, ciudad que había invertido 100 millones de libras en la colonia pero que recibía a cambio el equivalente a 218 millones de libras en mercancías más las ganancias de las reexportaciones de éstas a las ciudades europeas de Nantes, Havre, Amsterdam y Hamburgo.

Desde finales del siglo XVII se habían manifestado diversas revueltas de esclavos en las Antillas, algunas de las cuales habían tenido éxito y muchos esclavos conseguían huir y vivir escondidos, en libertad, a los que se les llamaba cimarrones, y estas revueltas tuvieron repercusiones en algunas partes de África. Hacia 1750 se rebeló un esclavo, François de Mackandal, quien trabajaba en un molino de caña en la colonia francesa de Saint Domingue, se dice que era houngan (sacerdote del vudú) y que se convirtió en cimarrón. Rebeló a otros esclavos en contra de sus dueños blancos, fabricó venenos para que fueran ingeridos por los franceses, fue capturado y condenado a la hoguera en la ciudad de Cap-Haitien en 1758. Dice la leyenda que mientras sufría inmolación se convirtió en pájaro que se fue volando para regresar a África.

Hacia principios de siglo XVIII la familia real de Abomey, en el reino de Dahomey, buscó extender su poder a través de la centralización del culto religioso. Algunos vudús (dioses, espíritus) fueron impuestos en todo el reino como divinidades públicas, fue el caso de Agasú, antepasado de la familia real de Abomey, que de acuerdo con la leyenda era resultado de la unión de una mujer con una pantera. Agasú era el fundador religioso de la rama familiar de las Adja, y todos los pueblos sometidos por Abomey debían construir templos dedicados a él. A cambio de esto, se asimilaron los vudús más importantes de los pueblos vecinos sometidos, como sucedió cuando Dahomey conquistó la localidad de Savi, y se integró su culto al vudú Dangbe, la serpiente buena, a la capital del reino. Muchas de estas prácticas y cultos vudús pasaron a la colonia francesa del Caribe a través de los esclavos.

A diferencia de las tres grandes religiones (cristianismo, islamismo y judaísmo) que jerarquizan a sus representantes, en el vudú no hay una burocracia centralizada, tampoco un ritual rígido, tampoco basa sus dogmas en un libro impreso, se transmite oralmente, y en el caso de trazarse signos gráficos (veves), éstos tienen que ver con invocaciones a los loas (espíritus, fuerzas sobrenaturales). En ese sentido el vudú, o mejor dicho el loa Legba, Papá Legba, quien robó el secreto del mundo a Dios y se los dio a los humanos, es el encargado de abrir caminos, es invocado en primer lugar en las ceremonias y es el guardián de las entradas. Comparado con el dios griego Hermes por ser un dios de la palabra, en Dahomey es quien traza las trayectorias individuales, en Benín posee un carácter fálico asociado a la paternidad, en Haití se le sincretizó con el santo católico San Pedro (por abrir las puertas) para esconder su culto de las miradas de los sacerdotes católicos, en Cuba es Elegba u Ogú, en Brasil es Eshú y está asociado con el diablo.

Veve del loa papá Legba

Los primeros misioneros católicos que visitaban Saint Domingue denunciaban, censuraban y prohibían el culto que algunos esclavos hacían a la serpiente (probablemente Dangbe), asociada al demonio en el Génesis de la Biblia. Estas prácticas religiosas de los esclavos eran satanizadas y condenadas, y la labor de los misioneros era desterrarlas y adoctrinar en la fe cristiana a los esclavos, quienes sincretizaban sus dioses con los santos, santas e imágenes católicas que les presentaban aquellos, dando origen a la mixtura de prácticas y deformaciones religiosas. Debido a que los esclavos que llegaron a la colonia americana provenían de diferentes regiones de África, las prácticas religiosas se fueron mezclando entre ellas, incluso con los cultos indígenas que aún sobrevivían en algunos lugares recónditos de la isla, donde también se ocultaban los cimarrones. Por ejemplo, el rito rada honra a espíritus provenientes de Dahomey o de la zona de Guinea, que son considerados buenos; el rito kongo es el que se ofrenda a los de la rama bantú, y son de índole violenta; y el rito petro, originados en el mismo Santo Domingo y que tienen un carácter más vengativo, incluso ofensivo.

Desde finales del siglo XVIII se venía desenvolviendo el movimiento abolicionista, es decir, en contra de la esclavitud, especialmente en Gran Bretaña. A las voces de blancos en contra de la trata se sumaban los testimonios de ex esclavos que habían logrado educarse y escribían sus historias de vida. La abolición convenía a los dueños de fábricas de la incipiente Revolución Industrial porque así evitaban la competencia desleal: a los esclavos no se les pagaba, a los obreros de las fábricas sí, de manera que se buscaba imponer el régimen asalariado en el trabajo; a los esclavos había que mantenerlos, darles de comer y dónde vivir, a los obreros no. Si la Constitución de los recién formados Estados Unidos de América de 1787 no otorgaba la libertad a los esclavos, la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789 de la Revolución Francesa sí lo hacía, al menos en el texto, y por ende, tenía que aplicarse en todas las colonias que pertenecían a Francia, pero muchas veces en la práctica no se llevaba a cabo.

Entre los esclavos de Saint Domingue ya se tenía el antecedente de la rebelión del “Negro de Mackandal” (como se le llamaba), el descontento era generalizado por los malos tratos que recibían y las excesivas condiciones de trabajo. Algunos cimarrones que vivían en las tierras altas de la isla se organizaron con otros esclavos para reunirse la noche del 14 de agosto de 1791 y llevar a cabo una ceremonia vudú en Bois Cayman, o Bosque de los Cocodrilos para otras fuentes, cerca de la localidad de Le Cap, al norte de la isla. Al frente de la ceremonia se encontraba el houngan (sacerdote vudú) Dutty Boukman, invocando al loa de la guerra (el orixá Ogum para los pueblos yoruba del actual Nigeria), junto con la mambo (sacerdotisa vudú) Cécile Fatiman, a quien “se le subió a la cabeza” o “fue cabalgada” (ser poseída) por el loa Ezili Dantor (espíritu de la venganza y la rabia) y sacrificaron un jabalí negro o cerdo criollo negro, para beber su sangre en comunión. En la ceremonia se le declaraba la guerra al Dios de los blancos por ser tan cruel con ellos y la sangre ofrendada servía para poder vencer a los franceses.

La ceremonia de Bois Cayman sucedió de la mano del descontento de los esclavos en varias ciudades de Saint Domingue y de la difusión de las ideas de la Revolución Francesa. Así fue como estalló la revolución popular en Haití (que viene de la palabra Ayiti de los indígenas taínos y que significa montañas altas, lugar a donde se habían refugiado), dirigida sobe todo contra los dueños y amos de esclavos franceses, que trajo consigo la intervención de las tropas de Gran Bretaña (que estaban en guerra contra la Francia de Napoleón) y que finalmente culminó en la declaración de independencia de Haití en 1804, primer país de América Latina (y además con una enorme mayoría de población negra) en conseguirla. Se dice que Dutty Boukman murió en combate, pero varios ex esclavos que habían sido educados y occidentalizados continuaron la lucha, líderes como Toussaint Louverture, Dessalines, Petión y Christophe.

A raíz de la revolución que asoló al país, de las luchas por el poder que siguieron, de la represión que aplicó el caudillo y después auto-nombrado emperador Jacques Dessalines, muchos haitianos huyeron a la isla cercana de Cuba y otros a la ciudad de Nueva Orléans (todavía posesión francesa) extendiendo y difundiendo el culto vudú en estas áreas. Fue el caso de la mambo Marie Laveau, quien se casó con un inmigrante haitiano y practicó el vudú en la ciudad hacia 1830, cuando Louisiana pasó a formar parte de los Estados Unidos muchos personajes iban a consultar a la sacerdotisa. Los gobiernos independientes de Haití siempre trataron de prohibir, al menos en los textos, la práctica del vudú, con el objetivo de aproximarse a la iglesia católica, y a su vez al reconocimiento del gobierno francés y de otros países cristianos, pero la práctica del vudú continuó entre el pueblo.

Fotografía de Kim Lang sobre un remake de Marie Laveau

Para ser reconocido como país independiente, Haití tuvo que pagar mucho dinero al gobierno de Francia, el cual no iba a permitir que le quitaran la riqueza generada por su antigua colonia a base de trabajo esclavo. La indemnización ascendía a 150 millones de francos y una reducción del 50% en los impuestos a las mercancías francesas que entraran al país. Para pagar esa cantidad, Haití se endeudó con bancos franceses, lo que le tomó al nuevo país 122 años pagar su independencia. Si Haití es considerado uno de los países más pobres por la instituciones financieras internacionales se debe a una historia de explotación y a la voraz sed de enriquecimiento de las potencias (Estados Unidos ha invadido el país en varias ocasiones) sin importarles el coste humano.

Cuando Simón Bolívar, el caudillo venezolano que se proponía liberar los países del Sur de América del yugo español llegó fugitivo a Jamaica y después pasó a Haití, se encontró con el presidente Petión, quien le brindó su apoyo con soldados y vituallas para regresar a Colombia y lograr su cometido. A cambio, Petión le solicitó a Simón Bolívar que liberara a todos los esclavos negros que encontrara a su paso. Al regresar a tierra firme y proseguir con su lucha, Bolívar liberó en primer lugar a los esclavos de las haciendas de su familia y después a otros esclavos que se encontraba a su paso. El impulso que dieron las tropas haitianas a la lucha por la libertad fue significativo en la lucha de independencia de Sudamérica.

Bolívar en un mural del mexicano Fernando Leal

Con la primera invasión de tropas estadounidenses a Haití hacia principios del siglo XX, se empezó a construir el estereotipo del zombie en la cultura popular y el cine gringos. Por los testimonios de los soldados que se encontraban en contacto con las prácticas vudús y las noticias sobre ello, hacia los años 30 apareció una película de zombies (que obviamente eran negros y causaban terror a las protagonistas blancas) y hacia 1968 apareció el filme La noche de los muertos vivientes del director George Romero, que le otorgó las características que hoy en día asociamos a los zombis de las películas de terror. La palabra zombie o zombi proviene del tronco lingüístico bantú, de la región del Congo, donde nsoumbi significa diablo, y en Angola zumbi puede ser traducido como fantasma. El hechicero vudú, llamado bokor, es el encargado de fabricar unos polvos llamados poudree, que Wade Davis de la Universidad de Harvard trató de descifrar sus ingredientes en 1982, que entre otras cosas contenían «huesos de muerto, ojos de lechuza, ancas de rana y veneno de pez globo, que contiene tetrodrontixina, capaz de atacar el sistema nervioso, produciendo parálisis y reduciendo la respiración».

Se dice que cuando se acabó la esclavitud en Haití, los bokor, los hechiceros de magia negra, encontraron la forma de embaucar personas ya fuera por un castigo o porque debían alguna deuda. Se les suministraban los polvos y caían muertos. El bokor los desenterraba y por medio de una efusión de hierbas (que contiene datura) los traía a la vida pero en estado vegetativo, obedientes, para que trabajaran para ellos en las plantaciones. A principios del siglo XX existía en Haití una compañía azucarera gringa que requería mano de obra, la Hasco, y los bokor la proveyeron con mano de obra dócil, hasta que la esposa de uno de los zombificados le dio sal, alimento con el cual se rompe el hechizo, según se dice. Cuenta la leyenda que fue de este modo que los zombis volvieron en sí y ajusticiaron al bokor para luego volver a sus tumbas.

Para realizar este tipo de prácticas, se invoca al Barón de Samadi, el loa que se encarga del mundo de los muertos, quien a su vez dirige a los guedes (espíritus de los difuntos) y que preferentemente habita cerca de los cementerios. El Barón de Samadi cabalga a la persona que necesita de su ayuda, usa sombrero y traje negro, le gusta beber ron y fumar en exceso, habla mucho y es desinhibido, se le asocia con la resurrección, con la idea de poder superar la muerte y volver a la vida. Es él quien se encarga de recibir las almas de los fallecidos y de las fiestas dedicadas a los muertos.

El Barón de Samedi

Fuentes:

Fray Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

Alfred Cosby, El intercambio transoceánico.

Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos.

Ortega y Medina, El conflicto anglo-español por el dominio oceánico.

José Luis Martínez, Hernán Cortés.

Coquery-Vidrovitch y Mesnard, Ser esclavo en África y América.

Breve historia de la esclavitud, serie documental de Cattier, Gélas y Glissant para la DW.

Hurbon, Los misterios del vudú.

Dolores Hernández, La revolución haitiana.

Marc Augé, Dios como objeto.

Los Misterios del Vudú, documental de Planet Doc, 2014.

“La multimillonaria multa que Haití le pagó a Francia por convertirse en el primer país de América Latina en independizarse”, artículo de la BBC, 2018.

Miguel Acosta, Antología de Simón Bolívar.

Juan José Revenga, Amanecer zombi.

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